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Ley de la maduración de las acciones (kamma o karman)

8. La enseñanza escatológica de Buda

8.1. Ley de la maduración de las acciones (kamma o karman)

El budismo niega achacar la responsabilidad de la creación a nin- gún Brahma-Creador, y niega también la teoría de que todo ocurra sin razón, por azar (ahetu-vada). Buda se expresaba así: «Los seres vivos son los resultados de sus propios kamma (actos). Tienen kamma por matriz. Kamma son sus padres, los kamma son sus árbitros, los

kamma los clasifican en inferiores y superiores»43. La energía de los

actos físicos o/y mentales, y sus correspondientes reacciones, produ- cen el renacimiento de los seres. Se renace como resultado de accio- nes realizadas en las anteriores existencias: buenos kamma producen frutos agradables, malos kamma dan resultados amargos. De ahí tam- bién la diversidad entre los seres vivos: quienes obraron bien renace- rán en familias ricas, con salud excelente, etc, y la desventura se apo- derará de los malvados; los altibajos mismos de una existencia con- creta pueden resultar asimismo de los kamma de esta vida o de las anteriores. De esta forma el budismo alienta el bien y desalienta el mal, siempre a escala individual, no siendo pensable en esta actitud nada similar a la lucha de clases como forma de denuncia comunita- ria de los males estructurales. La misma insistencia budista en la benevolencia, en la compasión, y en la igualdad ontológica de todos

42. Cfr. Ling, T: Las grandes religiones de Oriente y Occidente cit, I, pp. 233-234 43. Majjhima-Nikaya, III, 206.

los seres humanos, que invita a trabajar para cambiar la situación des- dichada de los demás (lo cual conlleva por otra parte buenos kamma para su agente), no siendo poco, sin embargo no plantea la exigencia de un cambio estructural de las desigualdades sociales, el régimen de castas, etc.

Sin embargo, no todo lo que sucede en la vida es el resultado ine- vitable de los antiguos kamma, la actual vida no está predeterminada por las anteriores. Según el mismo Buda, las diversas circunstancias existenciales tienen causas variadas, entre ellas los antiguos kamma. El Abhidamma enseña que la ley del kamma es sólo una de las cinco leyes naturales, pudiendo ser las otras cuatro la ley atmosférica, la biológica, la física y la psicológica.

Más aún, las consecuencias de los antiguos kamma son evitables; de lo contrario, si se estuviera obligado a hacer frente a todos los kamma anteriores, nadie podría entonces borrar la negatividad acu- mulada y escapar al eterno retorno cíclico. A diferencia de la predi- cación de Jina Mahavira, que instaba a practicar penitencias y disci- plinas severas para erradicar el estigma de los antiguos kamma, Buda enseñaba la salvación mediante un cambio radical hacia el progreso interior, dando así prioridad a los actos presentes (kiriya-vadin) más que a la obsesión por los pasados.

Así pues, «según el Maha-Kammavibhanga-sutta budista existen tres clases de kamma:

– Los kamma cometidos en la vida presente, cuyos resultados se encuentran limitados a esta vida (ditthadhammavedaniya). Si estos kamma no encuentran la ocasión de producir resultados antes de la muerte de su autor, su energía potencial se convier- te en nula y no tiene resultados futuros.

– Los kamma muy fuertes, que producen resultados no en la vida presente de su autor, sino solamente en su vida siguiente (uapa-

pajjavedaniya). Si no encuentran la ocasión de producir resulta-

dos durante la vida siguiente de su autor, su energía potencial se convierte en nula y no tiene resultados futuros.

– Los kamma extraordinariamente fuertes, que producen resulta- dos en no importa qué momento favorable, en no importa qué vida venidera del samsara. Su efectividad es indefinida (apara-

La teoría de los kamma no conlleva, por lo tanto, ni un determi- nismo, ni un fatalismo, puesto que los resultados de ciertos kamma disminuyen o aumentan por el efecto de contra-acciones eficaces, y puesto que no todos los kamma producen obligatoriamente resulta- dos: algunos nunca llegan a una madurez suficiente para producir frutos, otros no los producen a causa de cambios en la existencia de su autor. Por ejemplo, los resultados de todos los antiguos kamma de un arhat liberado de las cinco últimas impurezas mentales (deseo de existencias materiales sutiles, deseo de existencias inmateriales, orgu- llo, inquietud, ignorancia) se hallan limitados a una sola vida presen-

te, por la sencilla razón de que no habrá renacimiento para él»44.

Lo innegable es que, frente a la hipótesis de la retribución auto- mática, hay en el budismo una filosofía de la maduración (vipaka) de los actos. El acto se compara a una planta que produce un fruto (phala), el cual madura lentamente, y cuando está maduro se des- prende caeyendo indefectiblemente sobre quien ha realizado el acto; «pero como la maduración del fruto puede ser lenta y durar más que una vida humana, el autor del acto se ve obligado a renacer para reci- birlo. Con esta alegoría se explica a la vez la justicia inmanente e ine- xorable que rige la retribución de los actos y el encadenamiento del ser responsable de éstos a una nueva existencia. Para que un acto dé su fruto es preciso que haya sido decidido con conocimiento de causa, que haya sido querido, pero no es necesario que haya sido realizado materialmente, puesto que la volición es un acto mental; la esencia del acto, la parte del ser que asume la responsabilidad, y la acción corpo- ral o vocal que materializa la decisión no es más que una consecuen- cia de ésta. Si una simple resolución, aun si no es seguida de efecto y permanece ignorada por los demás, puede conducir al autor al infier- no o al paraíso, el acto involuntario o el cometido por error, en cam- bio, no producen fruto. Al lado de los actos buenos (kushala) y de los actos malos (akushala) hay que colocar los actos indeterminados (avyakrta), que son estériles y moralmente neutros. Pero, una vez deci- dido el acto, nada ni nadie, ningún dios ni práctica ritual, ni remordi- miento alguno o pesar, podrá impedir que su fruto se forme y madu- re y alcance a su autor, tarde o temprano, en condiciones enteramen-

44. Wijayaratna, M: El budismo en el país de Theravada. In Delumeau, J: «El hecho religioso». pp. 451-452.

te determinadas por el acto mismo. La moral búdica es, pues, una moral de la intención, más que una moral de la acción, y descansa en la noción bien clara de una responsabilidad exclusivamente personal y por tanto más implacable.

De esta teoría de la maduración de los actos se sigue que el acto bueno encadena al ser tanto como el acto malo y que, a fin de libe- rarse para siempre de la existencia, es necesario renunciar a toda acti- vidad. En realidad, el problema no es tan simple de resolver, pues todo ser posee en sí numerosísimos frutos en diversos grados de maduración, de modo que, aun cuando cesara de obrar por comple- to, no por ello dejaría de renacer varias veces para recogerlos, de buen o mal grado. Además, y sobre todo, no basta desear no obrar para poner fin a toda actividad, pues ésta queda condicionada por el conjunto de las pasiones, de los vicios y de los errores, y es de todos estos lazos de los que importa liberarse en primer lugar. Por eso, la via de la liberación consiste esencialmente en luchar contra los erro- res y las pasiones hasta su aniquilación completa y definitiva. Cuando esto último haya sido alcanzado, la actividad, la que reporta sus fru- tos y retiene al ser en el ciclo sin fin de las existencias dolorosas, cesa- rá inmediatamente y el hombre seá entonces liberado. Pero no se podrían vencer los errores y las pasiones sin las armas eficaces que son las diversas virtudes y por ello importa ante todo adquirirlas y cultivarlas cuidadosamente. Como las virtudes nacen de las buenas acciones, haciendo el bien se pueden sembrar los gérmenes de las que se recogerán en las existencias futuras, desarrollando a su vez las

que se han adquirido en la vida presente»45.