a su vez desarrollan dos niveles de análisis diferentes para un mismo concepto.
1.4. CUATRO PERSPECTIVAS CLÁSICAS SOBRE EL CAPITAL SOCIAL
1.4.4. EL CAPITAL SOCIAL EN NAN LIN
1.4.4.2. EL ENFOQUE DE REDES
La premisa de partida que Lin (2001) establece para describir este enfoque del capital social basado en redes se sustenta en que los individuos invierten en relaciones sociales con expectativa de retorno, siendo esta la base de la interactuación de los actores. La red, y no la comunidad o el grupo, serían por tanto para esta perspectiva el lugar donde se producen dichas interactuaciones, que a su vez conforman el medio por el que transcurre el intercambio de recursos. De este modo, el capital social es entendido como un activo que emerge de las relaciones entre actores y que está constituido por recursos escasos, a los cuales los individuos
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que carecen de ellos quieren acceder, y que a su vez aquellos otros que disponen de ellos quieren intercambiar con el fin de conseguir influencia (Lin, 2001)190.
Para Lin (2001) el individuo es el único que puede llegar a ser considerado como actor del capital social, ya que todos los recursos se ubican dentro de las redes sociales, por lo tanto, este capital social solo puede ser capitalizado individualmente, lo que descarta que el capital social pueda ser un bien colectivo o público. Las redes actúan como ente que distribuye y controla los flujos de interacción, o lo que es lo mismo, las redes actúan como gestores del intercambio dando paso o restringiendo el acceso a bienes, así como, dotando de estabilidad a los vínculos que las sostienen191.
La explicación que Lin (2001)192 atribuye a la participación de los actores dentro de las redes, así como, las razones para que éstos alberguen la expectativa de retorno, se sintetizan en cuatro argumentos.
El primero de ellos se refiere a que las redes sociales proporcionan información que permite al actor establecer mecanismos que le ahorran costes a la hora de obtener algún tipo de recurso, sea en dinero o tiempo. Se sigue pues, el mismo argumento sobre la rentabilidad de la capitalización de las redes sociales que describe Coleman (1988).
El segundo trata sobre la participación de los actores en redes sociales y hace referencia al posicionamiento que otorga el participar de esta estructura. Según Lin (2001) los lazos de los que disponga el individuo pueden ubicarlo en una posición privilegiada respecto a otros, sobre
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Lin (2001:29). “A theory of social capital should accomplish three tasks: First, it should explain how resources take on values and how the valued resources are distributed in society – the structural embeddedness of resources. Second, it should show how individual actors, through interactions and social networks, become differentially accessible to such structurally embedded resources – the opportunity structure. Third, it should explain how access to such social resources can be mobilized for gains – the process of activation.”
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Ibídem, p.24. “While the concept [social capital] has been applied to a wide range of actions (e.g. moving to a different community that is safer for one’s children, mobilizing participants in social movements; see Coleman 1990), and to both macro- (e.g., number of participants and scope of participation in voluntary and community organizations and social groupings; see Putnam 1993, 1995) and microlevels (e.g., job searches and promotions; see Lin, Ensel, and Vaughn 1981; Burt 1997) of research, there is a converging consensus (Portes, Burt, Lin) that social capital, as a theory generating concept, should be conceived in the social network context: as resources accessible through social ties that occupy strategic network locations (Burt) and/or significant organizational positions (Lin).”
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todo en términos de toma de decisiones, como puede acontecer en contextos como las organizaciones políticas o las administraciones públicas. De este modo, esta posición estratégica puede marcar la diferencia a la hora de estar en mejor situación de obtener recursos que otros actores que no tienen vinculación o se encuentran fuera de estas redes. El tercer argumento guarda relación con el anterior y describe que los lazos que se conciben en el entorno de una organización, grupo o estructura formal, pueden servir de aval para aquellos individuos que los poseen. Así, se sirven de este capital social para su propio beneficio actuando como parte de la estructura, no como agentes individuales. Este argumento es coincidente con la propuesta de Putnam (2011) que otorga al capital social que emana de las instituciones comunitarias la función de avalista de sus integrantes, ya que por el mero hecho de formar parte de dicha institución los miembros toman como propio el capital social institucional con la posibilidad de instrumentalizarlo para sus fines.
En último lugar nos encontramos el cuarto argumento expuesto por Lin (2001), en el que describe que las relaciones sociales son un instrumento que permite el reconocimiento de los individuos y, también, sirven para reforzar la identidad de los mismos. Por este mecanismo, el ser reconocido otorga cierto “aval” que permite el acceso a recursos y el mantenimiento de vínculos.
Este conjunto de argumentos son los que explican que los individuos tengan expectativas de retorno, permitiéndoles el acceso a bienes, además de hacer factible desde un punto de vista de la elección racional de que inviertan en redes. A su vez, los recursos pueden ser movilizados de un modo autónomo más allá de quien ostente su propiedad (Millán y Gordon, 2004). Esto resulta de suma importancia para Lin (2001) a la hora de desarrollar su propuesta donde las redes son estructuras que organizan recursos, además de posicionar a los actores para la obtención de los mismos, y donde la interacción es el mecanismo por el cual se distribuyen
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dichos recursos dentro de la red, de tal modo que los actores orientarán su conducta en relación a la posición en la que se encuentren dentro de la estructura.
En el modelo de red, Lin (2001) considera que la propuesta de Coleman (1988; 2011) sobre el cierre de la estructura limita la interrelación de las mismas, la creación de puentes entre ellas. Según Lin, esto estaría mediado por los cierres efectivos, lo que impediría que diferentes redes puedan interactuar movilizando recursos. En este sentido Lin (2001) concibe el cierre en función del tipo de lazos, e introduce la distinción de Granovetter (1973) entre lazos débiles y fuertes, pero otorgándoles una función reguladora al mismo tiempo que niega que unos tengan más validez que otros para la consecución de recurso193. Igualmente, la clausura para Lin estaría en relación con los lazos y, principalmente, con la posición en la que se encuentra el individuo dentro de la red y no con una interacción de un cierre efectivo dentro de una misma estructura, tal como propone Coleman (1988).
El argumento de Lin (2001) gira en torno a tres elementos que se relacionan mutuamente: la posición dentro de una red dando un posicionamiento más o menos jerárquico en relación a los recursos; los recursos y bienes que circulan por la red o son susceptibles de ser movilizados; y la interacción que conforma el movimiento que desplaza esos recursos por la estructura.
En relación a la asimetría en red, o posicionamiento jerárquico, el autor argumenta que este desequilibrio aumenta las expectativas de intercambio y permite la inversión, ya que se espera un retorno en la distribución de recursos por parte de quien quiere seguir en una posición más aventajada. Por un lado, también funciona para aquel que espera que dicha interacción le otorgue un mejor posicionamiento, siendo este un factor de ordenamiento de los actores. Las
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Millán y Gordon (2004:741) “Unas redes densas tienen ventaja en cuanto a mantener o preservar recursos; las débiles, para obtener nuevos recursos. Las primeras facilitan acciones expresivas; las segundas, instrumentales.”
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interacciones que se rigen por este principio tienen un patrón de interacción que a su vez es un patrón de vinculación a los recursos194.
Haciendo referencia a los patrones de conducta que describe Lin (2001), Millán y Gordon (2004) establecen dos tipos diferentes según la similitud entre individuos que interactúan con el fin de mantener los recursos de los que ya se dispone u conseguir nuevos. Estos dos tipos de interacción son: la homofílica (acción expresiva) y la heterofilia (acción instrumental). La primera se caracteriza porque ambas partes poseen una misma posición dentro de la red y unos recursos semejantes. La interacción homofílica comporta menor costo en las transacciones, además de que en muchos casos se instrumentalice para el mantenimiento de intereses “corporativos”. En cambio, la segunda se comporta de modo opuesto. La interacción heterofílica, se produce entre quienes no tienen un nivel equiparable de recursos y distan mucho de estar posicionados en lugares semejantes dentro de una estructura. No es que los actores solo sean distintos, es que también son asimétricos jerárquicamente. Por tal motivo, las relaciones heterofílicas son mucho más complejas, ya que los intereses de los actores son en muchos casos divergentes195 porque interactúan posiciones a la vez que individuos conjugando a la vez la consecución de nuevos recursos con el control o la manipulación196. Lo que le permite a Lin (2001) elaborar una teoría de capital social red es la convicción de que: a) la red organiza los recursos; b) la posición de los actores en la estructura es un elemento determinante al igual que la fuerza de los vínculos que se disponen; y c) que la acción que estos desarrollan hacia su consecución para el cumplimiento de sus propios objetivos personales es lo que permite referirnos a todo esto como capital social.
194 Lin (2001:38) 195 Ibíd. pp.49. 196
Como podemos comprobar, la propuesta de perspectiva de red de Lin (2001) obvia fundamentos como que el capital social se comparte entre actores que se reconocen mutuamente como iguales, tal como Boudieu (1988) o Putnam (2002; 2011) proponen. Sobre todo este último, que defiende que las relaciones asimétricas tienen ciertas inercias difíciles de salvar ya que la cooperación entre actores que jerárquicamente están en las antípodas provoca que la cooperación no se entienda como un bien común, sino como un interés de mantenimiento de una posición de superioridad. Para Putnam (2011) el capital social es algo que se genera entre actores que se reconocen como iguales, donde las instituciones comunitarias tienen un papel fundamental porque su función es establecer espacios de encuentro que equiparan a sus miembros por el mero hecho de pertenecer a un mismo grupo.
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Nan Lin (2001) adopta como base de su planteamiento la teoría de intercambio desarrollada por Homans (1999) para elaborar su enfoque de redes. Desde esta perspectiva el capital social se establece como un recurso individual. El eje fundamental de su propuesta gira en torno a la idea de que en la interacción que se produce entre actores también se ven implicados los recursos que estos poseen; de este modo, a través de la naturaleza de la interacción también se determinará el tipo de vinculación a los recursos.
La influencia de Homans (1999) y su teoría del intercambio en Lin (2001) es mucho más destacada y abierta que en el caso de Coleman (1988). Según Millán y Gordon (2004) centrar el capital social en el individuo evita la tensión existente entre la libertad de acción y las limitaciones que impone la estructura, lo que permite enmarcar dicha acción en un plano micro. Dentro del ámbito micro la acción individual se caracteriza por gozar de mayor independencia, debiendo distinguir entre las condiciones limitadoras y los medios empleados para lograr objetivos concretos197.