a su vez desarrollan dos niveles de análisis diferentes para un mismo concepto.
1.4. CUATRO PERSPECTIVAS CLÁSICAS SOBRE EL CAPITAL SOCIAL
1.4.2. EL CAPITAL SOCIAL EN JAMES COLEMAN
1.4.3.6. NORMAS DE RECIPROCIDAD Y REDES DE COMPROMISO CÍVICO
Desde la perspectiva de Putnam (2011), en contextos socialmente complejos la confianza social deriva de dos fuentes principales, las normas de reciprocidad o de las redes de compromiso cívico181. La funcionalidad de las normas como mecanismos de sanción efectiva es muy fuerte, siempre y cuando, como enuncia Coleman (1988) exista un cierre efectivo. En relación a la confianza, las normas se establecen porque el efecto de su existencia genera una reducción de costes de transacción y favorece la participación.
El capital social surge de una manera especial a través del uso de la norma de reciprocidad generalizada, ya que conjuga interés individual y colectivo. Putnam (2011) también señala que la norma de reciprocidad generalizada guarda una estrecha relación con la existencia de densas redes de intercambio social. En las comunidades donde se llevan a cabo intercambios de manera intensa durante largos periodos de tiempo se desarrollan formas de reciprocidad generalizada, de ahí que las normas sean fruto de una inversión tanto en transacciones como en tiempo.
Los vínculos que se establecen dentro de las redes determinan los grados en que la norma de reciprocidad se aplica, en las redes de compromiso cívico se producen normas de reciprocidad generalizadas que se asientan sobre relaciones horizontales de corte informal (Putnam, 2011)182. Por este motivo, las diferentes organizaciones comunitarias donde los individuos desarrollan actividades colectivas fomentan mucho mejor la cooperación para el beneficio mutuo. Pero no solo eso, también aumentan los costes de infracción o deserción, el
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Las redes de compromiso cívico son aquellas asociaciones de individuos que se forman en el seno de una comunidad alrededor de alguna actividad o tarea de corte público. Putnam (1993, 2000, 2003) se refiere a ellas como sinónimo de organizaciones de la “sociedad civil”, aunque este concepto no se define de un modo claro, ya que en muchos casos, hay elementos como la informalidad de las relaciones o la institucionalidad del marco donde se desarrollan que entran en contradicción, de este modo, un partido político, una ONGs o una asociación cultural pueden ser una red de compromiso cívico, y un grupo de amigos que se reúnen para jugar a los bolos también lo puede ser. Vemos por tanto que existe una imprecisión entre grupos formales, aquellos formalmente constituidos, y grupos informales.
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oportunismo frustra las expectativas de beneficio futuro, así como, de transacciones presentes de las que se pueda estar recibiendo algún tipo de rédito.
Otra característica que Putnam (2011) considera relevante sobre las redes de compromiso cívico es que son capaces de referenciar a los individuos. Como hemos visto con anterioridad, la predicción de actos por parte de agentes determina hacia la acción. A través de estas redes sociales se transmite información relevante sobre los individuos informando de su confiabilidad, evitando así la incertidumbre que refuerza los dilemas de la acción colectiva. De este modo, a mayor comunicación, mayor nivel de confianza, reforzando así la cooperación mutua.
Como última característica en alusión a las redes de compromiso cívico, Putnam (2011) vuelve a referirse a estas como producto de un proceso histórico exitoso porque nacen de la tradición cívica183 , fruto de esta tradición florece un “caldo de cultivo” que permite la proliferación de estas redes. Funciona como sustrato proporcionando una predisposición hacia la colaboración porque se erigen como hitos sociales en la resolución de problemas a nivel comunitario. A su vez, en aquellas comunidades donde no existen referentes históricos de tradición cívica, se hace mucho más complicado establecer niveles óptimos de confianza o compromiso cívico donde estas redes puedan arraigarse184.
Las redes respecto a su posición pueden mantener dos formas de organización, disponiéndose como horizontales, donde todos los integrantes de la red están en una misma posición ante la comunidad o estructura, o bien verticales, caracterizadas por disponer de algún tipo de jerarquía, lo que implica que siempre habrá algún agente que tenga un lugar preferencial y de mando. Putnam (2011) señala que en las comunidades con amplia tradición cívica existen mayores ejemplos de redes horizontales, por el contrario, en comunidades carentes de este
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Tradición cívica: conjunto de usos y costumbres dentro de una comunidad que favorecen la acción colectiva.
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Putnam (2011:247). Para el autor las actuales redes de compromiso cívico se asientan sobre el sustrato que han dejado antiguas organizaciones cívicas de corte gremial o tradiciones de ayuda mutua en trabajos colectivos, como siembra o cosecha en sociedades agrarias, en este estudio se retrotrae a estas prácticas gremiales y comunales en la Italia medieval.
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tipo de relación las redes que se establecen son de carácter vertical. En una red vertical la posición de superioridad de algunos actores respecto a otros provoca recelos, lo que hace imposible que se den casos de reciprocidad generalizada, pues los vínculos que se establecen derivan generalmente en relaciones de dependencia.
De igual modo, la confianza y la cooperación social precisan del reconocimiento mutuo de los actores y de las expectativas de retorno en las transacciones. Por esto, quien se encuentra en una posición menos favorecida tiende a recelar de aquellos que están en una situación jerárquicamente superior. Esto entorpece y hace menos fiables los flujos de información, tal motivo conlleva que la información sea de mayor calidad y más fiable si se transmite a través de redes horizontales, porque no existen suspicacias sobre la utilización de esa información como elemento lesivo que pueda llegar a utilizarse para perpetuar una situación de superioridad.
Aquellas redes de compromiso cívico que, siendo horizontales, transcienden a las divisiones sociales, promueven una cooperación en un sentido mucho más amplio. Son redes que se adaptan a las estructuras comunitarias y, por esa razón, se caracterizan por poseer reservas de capital social. Putnam (2011)185 señala que estas redes de compromiso cívico son herramientas sociales que funcionan como soluciones a los dilemas de la acción colectiva, consecuentemente, si estas estructuras son más horizontales proveerán de mayores éxitos institucionales porque se extenderán y adaptarán mucho mejor a la comunidad en la que se encuentran.
A priori cabría preguntarse si las redes de compromiso cívico y los grupos de interés comparten unas mismas características dentro de la estructura social. En relación a esto Mancur Olson186 (1986) desde la teoría de la lógica de la acción colectiva pone en evidencia una diferencia sustancial entre estos grupos de interés y las redes de compromiso cívico. Para este autor esto
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Ibídem, p.249
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se explica porque los pequeños grupos de interés carecen de motivaciones para fomentar el desarrollo social comunitario, puesto que su principal objetivo es el sacar el mayor partido posible a su posicionamiento dentro de la estructura social. Estos grupos se aíslan para ejercer una presión sobre el conjunto, con el fin de obtener una respuesta positiva a sus demandas corporativas. Además de esto, este autor describe que en épocas donde no existe crisis social o económica la proliferación de pequeños grupos de interés provoca que estos sean mucho más densos, lo que trae como consecuencia un ahogamiento de la innovación y el decrecimiento económico. Consecuentemente, las demandas corporativas pervierten la estructura social impidiendo que nuevas formas de colaboración cívica surjan como respuesta a una situación de atomización general.
Tal como expusimos anteriormente las reservas de capital social generan dinámicas positivas (círculos virtuosos) que se comportan como atractores de capital social en forma de confianza, normas y redes, y que además, también ejercen una función acumulativa. En consecuencia, tanto las dinámicas de círculos virtuosos (positivas) como las de círculos viciosos187 pueden ser síntomas de procesos que dotan a la estructura de estabilidad188, colaborar siempre sería un equilibrio derivado de la primera dinámica y no cooperar nunca un equilibrio propio de la segunda.
Cabe tener en cuenta también otra forma de equilibrio estructural, la expuesta por el economista Robert Sugden (1986), que ha demostrado a través de sus diversas investigaciones la existencia de un equilibrio basado en la “reciprocidad valiente” que consiste en una colaboración recíproca prolongando esta indefinidamente, como si de un pulso se tratase. Esta
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Putnam (2011) define a los círculos viciosos como una dinámica social característica las comunidades incívicas caracterizados por generar desconfianza, la elusión de deberes, la explotación, el aislamiento de pequeños grupos, el desorden y el estancamiento.
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Ibídem, p.252. El equilibrio estructural desde la teoría de juegos se produce cuando una comunidad de individuos coincide en jugar de modo repentino al mismo juego en contra de otros, y donde a cada uno de ellos le interesa seguir una misma estrategia que los demás siempre que estos hagan lo mismo. Por este motivo la estrategia de “no colaborar nunca” o la de “colaborar siempre” conforman equilibrios estructurales. Tanto los procesos de deserción permanente como de ayuda recíproca son normas que se desarrollan en el seno de determinadas comunidades, siendo estables en muchos casos.
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reciprocidad valiente se produce cuando el objetivo es no ser el primero en abandonar, sino permanecer más que la otra parte. De este modo, este juego de ayuda mutua constituye para este investigador una forma de equilibrio estructural que se puede auto-sostener en el tiempo. También cabe destacar que las instituciones189 operan como patrones normativos que enmarcan los comportamientos colectivos, aun cuando estas sean ineficaces (North, 1990). Se da con mayor incidencia que un agente se adapte a las normas institucionales existentes a que trate de cambiarlas. La cultura organizativa y normativa dentro de una estructura, como los modelos de prácticas comunes, son elementos que refuerzan la norma institucional existente. Este es el motivo de que los cambios institucionales sean tan difíciles. Si bien las reglas formales son más fácilmente modificables, las reglas informales se encuentran mucho más arraigadas incluso cuando las primeras puedan ser modificadas externamente, a pesar de que esto no asegura un cambio de dinámicas dando resultados muy dispares.