HISTORIA DEL FERROCARRIL DE CÓRDOBA A BELMEZ
2.2.2. El matrimonio Loring-Heredia y su actividad cultural
La boda se celebró en 1850 y el viaje posterior se alargó durante seis meses en los que los esposos recorrieron Francia, Suiza, Alemania e Italia, visitando preferentemente museos, bibliotecas y parques y jardines. La experiencia acumulada hizo que Amalia ejerciese en el futuro de magnífica y culta anfitriona y se consagrase a una actividad que le llevó a crear en La Concepción una biblioteca enorme en la que destacaban los manuscritos relativos a temas malagueños; un centro de reunión para promover una tertulia intelectual, industrial y política, ya que la mujer siempre estuvo muy al tanto de esta; y un importante jardín botánico que fue ampliado paulatinamente con las aportaciones que iban haciendo periódicamente los capitanes de los barcos de la compañía naviera de los Loring, a los que se les encargaba que trajesen de sus viajes plantones de especies exóticas que se desarrollarán sin grandes problemas gracias al suave y húmedo clima malagueño de tipo mediterráneo.
Pero, la actividad cultural de los esposos no se detuvo ahí. El año siguiente, en una cantera de las afueras de la ciudad denominada Los Tejares de donde se extraía el barro para la alfarería, aparecieron dos textos jurídicos de origen romano grabados en bronce que una vez estudiados se conocieron como la Lex Flavia Malacitana y otro más de menor importancia (Ramos, 2005: 148). Enterado Jorge Loring, los compró y, con ello, los esposos iniciaron una colección arqueológica (Rodríguez, 2001: 10), que a veces se amplió mediante procedimientos ilegales.
Con respecto a este código de leyes locales se ha de decir que data del año 81 d. de C. Fue examinado in situ, o bien mediante copias facsímiles, entre otros, por Theodor Mommsen, verdadero iniciador de la manera moderna de estudiar la Historia de Roma, así como por Borghesi, Hübner, Henzen o Manuel Rodríguez Berlanga, amigo personal y cuñado de Jorge, ya que se casó con una de sus hermanas (Rodríguez, 2001: 9-38). Además de elaborar varios catálogos de la colección a lo largo de los años, Rodríguez difundió entre los especialistas el hallazgo y lo estudió a fondo, lo que le valió que le fuese concedido el título de Caballero de la Real Orden de Isabel La Católica.
El interés suscitado por el repertorio arqueológico se debió también a que este bronce legislativo fue uno de los seis objetos de extracción romana que llegaron a figurar en el conjunto, con lo que se convirtió en una de las más importantes compilaciones arqueológicas de carácter privado del país. Únicamente el Museo Borbónico Napolitano superó en dos el número de elementos de este tipo encontrados. La importancia de la colección del matrimonio se advierte si se conoce que en el resto de los museos de toda Europa tan solo existen otros catorce códigos estatutarios.
Entre los años 1854 y 1855 se produjo en Málaga una epidemia de cólera que puso de manifiesto la casi absoluta carencia de una infraestructura sanitaria en una ciudad de su importancia. Lógicamente, el Ayuntamiento constituyó una comisión destinada a paliar los efectos entre las capas sociales más necesitadas en la que se incluyó a personalidades locales como Jorge Loring.
Pero, la actividad económica de este no decayó por ello, por lo que también participó en el negocio de las ferrerías de La Concepción, de Agustín Heredia, en la puesta en marcha de La Constancia, en El Ángel y en La Industria Malagueña. Así mismo, en 1856 fundó el Banco de Málaga, junto a las familias Heredia y Larios, por lo que sería esta la primera conjunción de la tríada capitalista por excelencia (Jiménez, 1977: 43), aunque también estarían otras familias como los Rein, Huelin, Crooke y algunos grandes capitales más. Con la puesta en marcha de la entidad financiera, la elite burguesa pretendía estrechar relaciones comerciales entre los magnates malacitanos (Jiménez, 1977: 42).
Posteriormente, debido a su implicación en paliar los daños de la epidemia de cólera, se le concedió el marquesado de Casa Loring como premio a su esfuerzo en favor de la comunidad. Tras fundar el periódico El Correo de Andalucía, se lanzó desde sus páginas a un esfuerzo denodado para conseguir la implantación de un hospital público del que en aquellos momentos carecía Málaga y cuya necesidad se había puesto de manifiesto de manera dolorosa cuando apareció la temible enfermedad infecciosa.
La campaña desatada por el industrial propició que desde la capital de España se enviasen doscientos mil reales de vellón para que se adquiriesen los terrenos en los que iba ser construido. El 7 de mayo de 1859 se dictó una Real Orden mediante la cual se enviaba a Moreno Monroy con la indicación de que en la construcción del Hospital Civil de Málaga “se imitase en lo posible al Hospital de la Princesa, de Madrid, que a su
vez se había construido teniendo a la vista el de Larivoisier, de París, el cual, a su vez, se había inspirado en el del Departamento de Burdeos” (Estrada, 1970).
Entretanto, la colección arqueológica iniciada unos años antes se enriqueció con la compra de un mosaico de grandes dimensiones encontrado en Cártama en ese mismo año, que había aflorado al poner el nuevo solado de la habitación de una vivienda. En su iconografía aparecían reflejados los doce trabajos de Hércules. Los marqueses hicieron levantar todo el suelo y se le trasladó partido en grandes trozos hasta la Hacienda de La Concepción donde un especialista italiano, traído al efecto, lo montó de nuevo y reparó en lo posible su deterioro, rellenando con teselas blancas las zonas desaparecidas cuando a finales de la Edad Media se excavaron los cimientos de la casa.
La necesidad de su ubicación hizo que el matrimonio pensase en la construcción de un museo en cuyo suelo estuviese expuesta tal pieza excepcional. El edificio que debía albergarlo era un templo de estilo dórico que tenía las medidas interiores del perímetro del opus musivum heracliano. En su sala se albergaba entonces y en los años venideros un catálogo muy importante de estatuas de mármol y bronce, que también se diseminaban por el entorno ajardinado. Además, podía verse todo tipo de piezas, entre las que figuraban nuevos mosaicos, vidrios, relieves, armas, objetos de uso cotidiano y los códigos municipales de Salpensa, Bonanza y Osuna (Rodríguez, 2001: 32).
Al igual que la restante que poseyó el matrimonio, la oferta cultural de La Concepción se usó como una manera de proporcionar un placer intelectual y estético de
saber, los negocios y la política con la que poder relacionarse para hacer incursiones personales en cualquiera de estos campos en un futuro no lejano.
Mientras, la descendencia del matrimonio aumentaba progresivamente con el nacimiento de sus hijos Jorge, Manuel, Eduardo, María, Concepción, Tomás, Isabel y Amalia (Daza, 2005: 103). Al mismo tiempo, el carácter de empresario audaz del cabeza de familia siguió en aumento a tenor de una dinámica surgida muy poco tiempo antes. Esta inquietud inversora le hizo que soñase con tender un ferrocarril... Un medio de transporte que en aquellos momentos se consideraba imprescindible para seguir impulsando el progreso malagueño y al que se le concedían posibilidades casi ilimitadas.
3.0.0. LOS INICIOS DEL FERROCARRIL