HISTORIA DEL FERROCARRIL DE CÓRDOBA A BELMEZ
5.10.0. Noticia sobre el acto de inauguración de las obras de la línea
Como en toda gran obra en la que se implican varias fuerzas vivas de la sociedad, la línea de Córdoba a Belmez tuvo su acto de inauguración que se revistió de toda la solemnidad posible.
En la copia del acta de la ceremonia de la vía férrea de Belmez, realizada el 21 de abril de 1857 por José Sánchez Guerra, miembro del Juzgado del Distrito de Córdoba, se daba fe de que en esa fecha “como a la una del día”, se reunieron “a media legua de esta
población y en su término, en el sitio denominado el Bujadillo o la Florida, sito en la margen izquierda del río Albardado, en el puntal que está por debajo de las Pedreras”, el
oficial de Fomento del Gobierno Civil y el secretario del mismo, este en representación del gobernador; oficiales del Gobierno Civil; el secretario de la Junta Provincial de Beneficencia; el arcediano del Cabildo de la Catedral de Córdoba y lector del Seminario
Conciliar de San Pelagio, ambos en representación del Obispo de la Diócesis; el alcalde y teniente de la villa de Belmez; los regidores y el secretario del Ayuntamiento de la misma; el jefe del negociado de Ferrocarriles de la Provincia de Córdoba; el alcalde y regidor de la ciudad de Córdoba; Luis Valera y Luis Ramírez de las Casas Deza; Catedráticos en representación del Instituto Provincial; miembros de la Sociedad Económica de Amigos del País; el redactor del Diario de Córdoba; el alcalde constitucional de la Villa de Espiel; el ingeniero y director facultativo del ferrocarril y el representante de la empresa concesionaria Romá y Compañía “y multitud de personas
venidas para este acto”.
Allí, “bajo una tienda de campaña levantada al efecto en aquel lugar, de figura
cuadrangular”, cubierta de una lona de colores y adornada con un cortinaje de seda, con
la entrada mirando hacia Belmez, se estableció un altar con todos los ornamentos para la solemne ceremonia religiosa. Además, alrededor de la tienda figuraban también “distintos adornos alegóricos” de carácter civil y “marcando un trozo de camino de la
loma hacia el puntal en dirección a Espiel en línea recta, cuyo eje se designaba por gallardetes de color azul y blanco” también se había marcado “el resto de la lineacion del camino por banderas de color encarnado y amarillo, puestas en línea a todo lo que la vista podía alcanzar, y en el cual, se veían ejecutadas obras en un gran trecho, marcándose todos los estados de ellas”.
Se dio principio al acto religioso concelebrado por el arcediano, el vicario, el cura párroco de Belmez y otros sacerdotes. Tras los cánticos sagrados, el primero bendijo las obras y las herramientas. Luego, tomó un instrumento de plata con forma de zapapico o espiocha con mango de caoba y lo puso en manos del gobernador, que se dirigió en comitiva precedida por las autoridades y se detuvo a poca distancia sobre el lugar de los trabajos que ya estaban empezados, aunque hasta ese momento no había tenido lugar el acto solemne debido a las múltiples ocupaciones del delegado provincial del Gobierno.
Entonces, uno de los asesores leyó el texto de la ley de concesion promulgada por las Cortes el 13 de junio de 1856, que fue sancionada y publicada el 18 del mismo mes y año, mediante la cual se otorgó a Francisco Romá y Compañía la concesión de este ferrocarril, de servicio particular, que partía de los criaderos carboniferos de Espiel y Belmez e iba a enlazar con la prolongación del ferrocarril de Sevilla a Córdoba en las Ventas de Alcolea.
A continuación, el representante del “Gobernador levantó con la espiocha
algunos pedazos de tierra, que colocó sobre el carretoncillo que echó á rodar, vertiéndole á larga distancia”. Después, colocó en el centro del camino en un hoyo abierto al efecto
una caja rectangular, “como de una tercia”, en la cual, se depositó un pliego de papel sellado en 1857, el año en que se realizaba el acto, “y de cada uno de los sellos de la ley;
un plano y memoria sobre el trazado del camino, un ejemplar de la ley de concesión publicada en la Gaceta del día” 19 de junio de 1856, número 1263, “y una moneda de cada clase de oro, plata y cobre de las acuñadas en este año, la cual caja cerrada hemeticamente, fue enterrada en el hoyo de que ya se ha hecho expresión”. Tras ello, se
dio un viva a la reina que fue contestado por la multitud con los cual, el gobernador delegado declaró inauguradas solemnemente las obras.
Los obreros, que esperaban esta señal tendidos á lo largo del camino se pusieron a trabajar en la faena que tenía designada cada uno, con lo cual se dio por terminado un acto del que el gobernador ordenó que se abriese una memoria “por duplicado, para que
para los usos a que la destinaba” que fue firmada por este y por muchas de las
personalidades asistentes, la de Córdoba por unas y la de Belmez por otras distintas (AHMC, 1857: C – 805/2).
Días después, La Gaceta de Madrid dijo que el 20 de abril de 1857 se verificó la inauguración de las obras del ferrocarril de Córdoba a Belmez con la presencia de las numerosas autoridades, personalidades civiles y eclesiásticas y los organismos diversos citados en el documento anterior, así como “los vecinos de Belmez y pueblos contiguos,
y con el mayor júbilo, por ver que ya se acometía la empresa que les ha de traer la riqueza y la prosperidad mediante la exportación del carbón de piedra que producen las abundantes minas de aquel territorio” (Anónimo, 05/05/1857: Gaceta de Madrid Núm.