HISTORIA DEL FERROCARRIL DE CÓRDOBA A BELMEZ
4.1.0. El primer estudio geológico de la cuenca minera de Belmez
Aunque resulte extraño, existe una relación indirecta entre esas familias malagueñas pertenecientes a unas elites económicas, de las que ya se ha hablado, y unas riquezas escondidas en el subsuelo que deseaban hacer suyas, aunque se encontraban muy alejadas del lugar en que vivían.
Pero, esto ocurrió mucho después de que Pierre Guillaume Frédéric Le Play, un importante ingeniero de minas que viajó por toda Europa para desempeñar su labor, estudiase las posibilidades de la cuenca minera de Belmez, que aún no había sido explotada. Tras su visita en 1834, redactó una memoria que se publicó en la revista
Annales des Mines. Sin duda que los componentes de estos grupos familiares debieron
conocer dicho texto para que obrasen en consecuencia…
Posiblemente, el estudio de Le Play fue el primer trabajo de investigación sobre el potencial minero que ofrecía el territorio comprendido entre el sur del Tajo y el norte del Guadalquivir, una investigación realizada en un momento temprano para una actividad que luego tendría mucha trascendencia en la economía del país.
En las primeras décadas del siglo XIX, el valle del Guadiato era una pequeña porción de ese espacio geográfico citado, aunque muy grande en extensión, en realidad. Con respecto a la economía de sus gentes, al igual que la de la España Seca, habría que decir que tenía un fuerte carácter agropecuario y estaba muy marcada por el autoabastecimiento.
El estudioso José Antonio Torquemada indica que “para la elaboración del
Catastro del Marqués de la Ensenada se preguntaba a cada municipio si en él había minas, salinas o alguna clase de industria. La contestación que en 1754 se le daba en Belmez era tajante: “No hay minas ni salinas”. En este mismo sentido respondieron
Fuente Obejuna y Villanueva del Rey, sin embargo, aunque Espiel pasaba por alto esa cuestión, todos hicieron “referencia a la existencia de molinos harineros, tahonas y
fraguas en sus respectivos términos municipales como único atisbo de la existencia de industrias, aunque niegan la existencia de molinos de papel, batanes u otro tipo de artefactos” (2011: 86).
Debido a lo dicho la industria era inexistente, salvo la regentada por pequeños empresarios cuyo trabajo principal era realizado por ellos mismos, sus familiares y algún empleado ocasional. Por ello, cuando se detecta la riqueza minera de la zona es cuando esta va a dar un cambio radical y para ello fue necesaria la presencia en la zona de extranjeros que de manera interesada llegaron hasta allí y fueron capaces de detectar las riquezas escondidas en el subsuelo.
Efectivamente, cuando se produjo la invasión francesa y se llegó a establecer un asentamiento militar en la comarca serrana “no era raro que los belmezanos hicieran de
guías en estos reconocimientos, por lo que los franceses tomaron buena nota de los yacimientos minerales de la Sierra de los Santos y de las minas de carbón del Guadiato”
(Torquemada, 2011: 87).
En el año 1808, Alexandro Laborde publicó Itineraire descriptif de L´Espagne et
tableau elementaire des diferentes branches de l´Administration et de l´industrie de ce Royaume y cuatro años después dio a conocer Voyage pittoresque et historique de L´Espagne; la Guide du voyageur en Espagne, de Bory de Saint-Vincent, aparece en
1923; MacKenzie escribió tres años más tarde A year in Spain by a young american; y Richard Ford en Gathering from Spain y alguna otra obra suya más fueron algunos de los precedentes que crearon un estado de cosas para que se produjese la visita de Le Play mediante la que realizaría su estudio posterior indicando las posibilidades mineras de la cuenca (Torquemada, 2011: 87).
La estructura de su trabajo se divide en tres grandes bloques. En primer lugar, alude a la configuración de los suelos, luego se refiere a los caracteres de las rocas y de los minerales útiles y acaba con una serie de comparaciones con lo que podía encontrarse en el resto de Europa. El texto lo completó con algunas ilustraciones que él mismo dibujó de lugares emblemáticos por lo que pasó, con la confección de un mapa geológico y minero y con otras en los que se mostraban cortes longitudinales del terreno.
Con respecto a la zona geográfica sobre la que se va a hablar en esta tesis, el autor dijo que era un terreno desconocido, por lo cual “la science n´a point encore établi
dans cette partie de l´Espagne ces points de repère si communs aujourd´hui dans l´Europe” (Le Play, 1834: 297). Sobre el espacio analizado comentó que Extremadura y
la parte de Sierra Morena que la limita al sur formaban una región mediterránea alejada de las grandes rutas de comunicación, conocida principalmente por sus vastos pastizales abandonados a los rebaños de ovejas. “A la vue des solitudes que traverse la route de
Madrid à Badajoz, on conçoit aisément que peu de voyageurs aient été tentés de s´écarter de cette route et d´appeler l´attention des naturalistes sur ces montagnes désertes” (Le Play, 1834: 298).
Sobre el espacio geográfico dijo que la zona “ne méritait, sous aucun rapport,
l´oubli dans lequel il est tombé aujourd´hui” (Le Play, 1834: 298), aludiendo al
abandono de los campos. Con respecto a la orografía comentó que era un terreno complicado porque “Il n´existe peut-être pas de contrée qui ait un relief plus compliqué
que celle qui s´étend à l´est de la frontière de Portugal, entre le Tage et le Guadalquivir”
(Le Play, 1834: 300) e insistió diciendo que “quelquefois les ballons qui dominent les
plateaux les plus élevés sont très rapprochés l´un de l´autre; en sorte que, vues a l´horizon par un observateur placé á leur niveau, ces montagnes rappellent assez bien l´apparence d´une mer agitée” (Le Play, 1834: 313).
La riqueza que observó en su prospección ocular dio lugar a que hiciese una comparación de la zona con otros ricos yacimientos europeos. Dijo que “le minier lui-
même pourrait entrevoir pour l´avenir de nouveaux traits de ressemblance, et regarder les minerais, si communs à la surface des schistes et des grauwackes de l´Extremadure, comme les affleurements de riches filons semblables à ceux qui font, depuis tant de siècles, la richesse du Hartz hanoverien” (Le Play, 1834: 302).
Con respecto a los yacimientos de hulla advirtió que presentaban de manera abundante “des empreintes d´équisétacées et de fougerèr, ayant les caractères généraux
des espèces qu´on rencontre ordinairement dans le group carbonifère des autres contrées de l´Europe. Les roches imprégnées de ces végétaux ont elles-mêmes la plus grande analogie avec celles des autres terrains houillers”.
La roca que predominaba en la cuenca “est un conglomérat quartzeux passant a
un poudingue, dont les noyaux arrondis on quelquefois la grosseur du poing”. A medio
kilómetro de la población existen “affleurements de combustible au milieu de conches de
psammites contenant beaucoup d´empreintes végétales. Ces roches sont souvent imprégnées d´oxide de fer, en sorte que les échantillons à structure compacte et à cassure
Con respecto al uso que se le daba al carbón en la zona antes de conocerse sus aplicaciones dijo que “les habitants du pays extraient, pour leur usage, un peu de
carbon de terre para des excavations qui h´atteignent jamais plus de deux ou trois mètres de profondeur: celui que j´ai recueilli dans les affleurements et dans les déblais est très friable, mais il possède toutes les autres qualités d´une bonne houille”. Y añadió
que “l´indifférence qui existe dans la contrée pour ce genre d´industrie s´explique assez
par le défants de débouchés et de communications, et sourtout par l abondances des buissons sue les montagnes voisines” (Le Play, 1834: 347-348).
También opinó sobre los otros yacimientos de hulla que se encontraban próximos, como los que años más tarde se explotarían en Fuente del Arco, en Alanís y en Villanueva del Río. Sobre sus semejanzas dijo que “la superposition des bassins
houillères que je viens de décrire, ne peuvent laisser aucun doute sur le nature de la majeure partie de la contrée”.
De paso, como buen geógrafo, también comentó sobre la vegetación de Extremadura y Andalucía que “sont recouvertes de buissons épais, hauts de deux à trois
mètres ; qu´on ne peut traverser que par d´étroits sentier practiqués d´un villages à l´autre”. Estos macizos impenetrables “dans lesquels on a fait souvent avec sucées des tentatives de culture, croissent en général sur un sol de détritus formé aux dépens du terrain de transition, et sont compassés d´une grande variété d´arbustes qui dans le nord de la France, sont l´ornement des jardins”.
Así mismo, especifica sobre especies botánicas concretas cuando dice que pueden verse allí numerosas especies “de cistes arborescens, et sourtout le ladanifére, qu´on peut
regarder comme l´arbrisseau dominant en Extremadure, où il atteint quelquefois jusqu´a 6 mètres de hauteur”. A este bello arbusto se asocia “le pistachier lentisque, l´arbousier unedo, la bruyère en arbre, dont la racine donne un excellent carbon, le genêt d´Espagne, plusieurs espèces d´alaternes, le myrte commun qui abonde particulièrement sur les montagnes granitiques au sud du Pedroso, et enfin le laurier rose dont les trouffes épaisses remplissent le lit de tous les ruisseaux”. Sierra Morena
“entière est couverte de ces végétaux ; c´est leur feuillage sombre qui donne à l´ensamble
de cette chaine cette couleur obscure dont elle a tiré son nome (montagne noir)” (Le
Play, 1834: 377-378).
Con su acertado estudio, Pierre Guillaume Frédéric Le Play llamó la atención de los inversores extranjeros sobre las importantísimas riquezas del subsuelo de la Sierra, por lo que muy poco después comenzaron a posicionarse para acaparar el territorio, por lo que se le puede considerar como el descubridor de unas riquezas que guardaba un espacio casi virgen y que fueron extraídas poco a poco a lo largo de los años, para lo cual, se contó con el concurso de varios ferrocarriles que ayudaron a transportarlas.
Al inicio de este artículo se ha hablado de lo extraño que resulta que las elites malagueñas estuviesen relacionadas indirectamente con la riqueza del subsuelo de la cuenca minera del norte de la provincia. Y es que, para acapararlas, construyeron uno de esos trazados ferroviarios a lo que se ha aludido, en concreto, el que unió la ciudad de Córdoba con Belmez, motivo de esta tesis.