Durante los meses venideros, Dios me llevó por un proceso de profunda reflexión sobre mi paternidad, sobre mi hombría, sobre lo que le dejaría a mi hijo como legado. Mi padre siempre me decía que una buena educación era el legado perfecto. Por otra parte, mi abuelo Alberto siempre me decía que lo mejor era la unión de la familia. ¿Habría algo más que resistiera en realidad el embate de estos tiempos?
Poco a poco entendí que el único legado perdurable que podía dejarle a mi hijo era enseñarle a tener una relación plena con Dios basada en una vida pura. ¿Por qué? Porque solo dándole un vistazo a mi vida sería suficiente para concluir que las
alternativas de mi padre y de mi abuelo (una buena educación y la unión de la familia), no pudieron hacerle frente a la lujuria sexual. Ante este formidable oponente, un título profesional acaba en la basura y una familia unida termina destruida.
Lo único que era duradero de verdad, y que podía servir de coraza para proteger mi vida y la vida de mi familia y la de mi hijo, era un legado de pureza y de amor a Dios. Eso le dejaría a Pedro Esteban; eso lo protegería por el resto de su vida. Sin embargo, ¿cómo darle forma a ese legado para que permaneciera y creciera con los años?
Con lentitud, Dios me llevaría de su mano para contestarme estas preguntas al recordarme la película de mi vida. Todo lo vivido, incluso mi abuso sexual y mi esclavitud al sexo, Dios lo había tornado para bien. Tenía un hogar lleno de paz y una sabia y valiente esposa a mi lado, a la que había aprendido a amar y a respetar, y tenía tres hermosos hijos.
Paso a paso, me había alejado del precipicio; paso a paso, las cadenas de la lujuria sexual se habían soltado. Ahora era libre de la mentira, de la doble vida, de un cristianismo hueco y lleno de apariencias. ¿Qué podía hacer con todo esto? La respuesta de Dios sería clara y contundente: «Construye el legado para tu hijo a través del servicio a otros. Da de gracia lo que recibiste de gracia. Ve, pues hay muchas vidas que aguardan para que las desaten».
Así, durante meses, escribí la misión y la visión de un ministerio que pudiera llevar un mensaje de pureza sexual y de esperanza al hombre en la iglesia que estaba atado a la lujuria. Seríamos un ejército de soldados. Lucharíamos unidos contra un enemigo común: la lujuria sexual. Nuestro Comandante en Jefe, Jesucristo, marcharía al frente de nosotros. Llevaríamos la bandera de una pureza sexual radical que no da treguas ni hace pactos con el enemigo. Reclamaríamos para nosotros una nueva hombría en Cristo; una que no se mide por el sexo ni por un falso machismo, sino por la integridad de nuestro espíritu. Entonces, a los pocos meses del nacimiento de mi Pedro Esteban, nació otro hijo que se fraguó en el corazón de Dios: El ministerio de pureza sexual «Hombres de Valor, Hombres de Verdad».
Estos pasados años han sido extraordinarios. La mano de Dios se ha posado sobre mi vida, sobre mi familia y sobre este ministerio como nunca antes. Su mano nos ha mostrado fidelidad, provisión, confianza y plenitud de gozo. Dios me ha permitido soñar con un ministerio que vaya al mundo a romper las cadenas y abrir las prisiones de miles y miles de hombres. En el momento que escribo estas líneas, las semillas de este ministerio han comenzado a germinar en otros países fuera de Puerto Rico, como México, Argentina, Colombia y Estados Unidos.
Hoy continúa creciendo el legado de pureza y de amor a Dios para mi hijo. Junto a mí, un grupo de valientes soldados sigue llevando el mensaje de pureza
sexual y de restauración a las naciones. Todo esto se debe a que servimos a un Dios que torna el dolor más profundo en gozo, la derrota más aparatosa en una rotunda victoria, la atadura más aplastante en la libertad más gloriosa.
¿Te atreves a soñar los sueños de Dios para tu vida? ¿Puedes verte dejando un legado extraordinario para tus hijos y para esa nueva generación que se levanta? ¡Atrévete a soñar como sueña Dios! Tú puedes dejar con tu vida restaurada un legado que revolucione al mundo. No es demasiado tarde para ti. Dios no se ha dado por vencido contigo. Él te espera. A decir verdad, Él esperará lo que tenga que esperar con tal de que vengas y comiences este maravilloso proyecto de tu vida restaurada. Y recuerda: Si Dios pudo rescatar a un hombre derrotado, atado a la lujuria sexual y al alcoholismo por más de treinta años, perseguido por el suicidio y la depresión, destruido por un pasado que lo deformó desde que era niño, ¿qué no podrá hacer contigo? Anímate. ¡Él te espera para construir juntos el más extraordinario legado para tus hijos!
MIS ARGUMENTOS SOBRE EL TEMA
784. Tu historia de ataduras a la lujuria sexual es una guía de malas decisiones que puedes usar para
aconsejar a tus hijos. Algún día podrás decirles cuán bajo caíste y hasta dónde Dios extendió su mano para alcanzarte. Entonces, tus hijos sabrán que tus consejos no se basan en un libro que leíste, sino en un libro que viviste. Por eso, te escucharán. 785. Un hombre que utiliza a su propio hijo para cometer actos de depravación sexual lo podrán llamar enfermo, basura, monstruo y mucho más... También lo podrán llamar un hombre desesperado que nunca se atrevió a hablar con otro hombre de sus luchas sexuales. Mi deseo es que Dios te dé un corazón dispuesto a compadecerse de otras personas atadas al sexo sin control.
786. No quieras enseñarles a tus pequeños fidelidad y compromiso si vives una vida de adulterio. Si lo
que vives es el adulterio, lo que aprenderá tu hijo es el adulterio. ¿Es ese el tipo de enseñanza que quieres proveer en tu hogar?
787. Podrás dejarles a tus hijos bienes materiales y recuerdos de viajes y fiestas. Podrás llenarlos de
bonitos regalos... pero cuando crezcan, lo más que atesorarán será el ejemplo y el tiempo que les diste. Sé un ejemplo de pureza y de integridad porque tus hijos están detrás de ti siguiendo tus pasos.
788. La pornografía contamina tus ojos con las imágenes de hijas explotadas que tienen un padre como tú.
¿Y si fueran tus hijas? No uses las hijas de otro padre para satisfacer tus caprichos sexuales. Puede ser que un día otro hombre haga lo mismo con las tuyas.
789. ¿No sabes que la primera gaveta que tus hijos desearán abrir es esa que tienes bajo llave? Si no
quieres contaminar el corazón de tus hijos con tu pornografía, no la tengas en tu casa. La basura huele mal aun cuando esté bien escondida.
790. Un joven que violó a una compañera de escuela... quizá sea un joven que nunca habló con su padre,
ni obtuvo un buen ejemplo suyo sobre la sexualidad sana. ¿Serás tú ese tipo de padre?
791. Si tu padre te dejó una herencia de lujuria sexual, te pregunto: ¿Vas a dejarles a tus hijos la misma
herencia? No propagues la impureza sexual que heredaste para que tus pequeños no tengan que vivir lo mismo que tú viviste.
792. El machismo de este mundo lleva a los padres a enseñarles a sus hijos que para ser hombre uno tiene
que iniciarse sexualmente lo antes posible. No lo creas. No seas tú el instrumento que la lujuria sexual utilice para corromper la inocencia de tus hijos.
793. Si vives una vida impura, ¿cómo crees que podrás enseñarles pureza a tus hijos? La pureza hay que
vivirla y tus hijos aprenderán hipocresía.
794. Cuidado con lo que la lujuria sexual te pida que escondas en ese archivo de tu computadora, ¡no sea
que ese mismo archivo le abra los ojos de tu hijo al mundo de la pornografía y de la impureza sexual! Deshonroso reconocimiento sería que te conviertas en la persona que inició a tu hijo en la perversión pornográfica.
795. ¿Les muestras a tus hijos que tu cuerpo es un arma y que vestir de manera seductora te da el poder
para controlar y lograr favores? ¡No te lamentes cuando copien tus patrones, ni cuando idolatren su cuerpo y lo usen para seducir!
796. Cuando la lujuria sexual te incite a tirarte a la calle para perder tiempo, piensa en las veces que por
falta de tiempo no saliste al parque a jugar con tu hijo. ¿Hasta cuándo vas a permitir que la lujuria te siga robando?
797. Cuando estás con tu hijo y tus ojos miran con lujuria sexual a mujeres en la calle, no pienses que él
no se da cuenta. Con tus miradas le enseñas a tu hijo que las mujeres son simples objetos sexuales que puedes desvestir con tus ojos.
798. ¿Cómo te sentirías si vieras a tu hijo saliendo de un prostíbulo o de un club de nudistas? Así se siente
tu Padre cuando te ve a ti haciéndolo.
799. La lujuria sexual te hace un huérfano de la pureza... Es más, te deja sin una herencia moral que te
enorgullezca de tu pasado y sin razones para mirar al futuro. Necesitamos a un padre que nos diga: «Sígueme. Guíate con mis pasos». ¡Ese Padre es el que ahora te espera y te anima con su pureza!
800. Un hijo es siempre buena compañía cuando tengas que salir a la farmacia, al mercado, a la
gasolinera. Él puede ser, sin saberlo, un aliado de luchas para combatir a la lujuria sexual. ¡Siéntete orgulloso de tu hijo! ¡Coméntale algún día que su compañía te ayudó a caminar en pureza!
Gracias por haberme acompañado en este viaje de Dios sobre mi vida. Ha sido un viaje difícil, lleno de valles, desiertos, montañas escarpadas, precipicios y planicies. Sin embargo, ahora puedo ver que cada paso era necesario para llevarme hasta donde estoy y para que pudiera darme cuenta de que, si llegué hasta aquí, es porque la diestra de mi bendito Dios me llevaba paso a paso durante todo el trayecto. ¡Ese mismo Dios espera por ti! Ahora, continúa tu caminar, pues Él te lleva también de la mano para que, un día, puedas contar tu propia historia. ¡Es mi oración y mi anhelo que este viaje mío haya sido de bendición para ti!