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Una trampa divina

In document Edwin Bello - Pureza Sexual LTX (página 63-67)

En esa soledad tan mía, con un dolor tan habitual, sentí por primera vez la mano de un Padre que me conocía y no me rechazaba, a pesar de que yo lo había rechazado tantas veces. Sentí cómo esa mano amorosa y llena de bondad se posaba sobre mí para reconfortarme. En la soledad de ese cuarto me sentí abrazado y arrullado, como si hubiera vuelto a ser aquel pequeño niño maltratado de cinco años de edad. Entonces, sintiéndome como un niño acorralado y confundido, comprendí que mi Padre quería que me rindiera entre sus brazos para protegerme y decirme: «No temas, todo va a estar bien. Yo estoy contigo».

Imprimí aquel cuestionario y, al tenerlo entre mis manos, sentí una voz dentro de mí que me dijo: «Ahora conoces el nombre de tu enemigo. Ahora sabes cómo es la cara del que te ha esclavizado durante todos estos años. Tu enemigo se llama la lujuria sexual». Eran las cuatro y media de la madrugada. Salí del cuarto con un sentimiento de urgencia que nunca antes había experimentado y sentí, también, cómo se levantaba un gran peso de mis espaldas. Así que sin pensarlo dos veces, entré al cuarto donde dormía mi esposa, Solimar.

Con aquel papel en la mano, la desperté tocándola en el hombro. Levantó su cabeza con un sobresalto y me preguntó si me pasaba algo. Le dije: «Perdona por despertarte a estas horas, pero necesito que veas esto». Por primera vez, mi esposa tenía delante de ella un historial de toda mi vida sexual, de todas las conductas que realizadas. El secreto se había roto. Así que le dije: «Ya sé, por fin, lo que me pasa... He estado atado a la lujuria sexual toda mi vida y necesito ayuda».

Había comenzado el proceso de restauración. Dios me había tendido una trampa divina para abrirme los ojos y llevarme a conocer el nombre del enemigo que tantas veces intentó destruirme. Por primera vez, podría hablar de mi pasado; podría llamar a mi enemigo por su nombre; podría mirarlo cara a cara sabiendo quién era. El juego de escondites había finalizado.

Ahora, la lujuria sexual tendría que enfrentarse contra mí a plena luz del día, bajo mis condiciones, sin más mentiras y trampas en la oscuridad de la noche. Ya sabía lo mismo que sabía yo: Sus días estaban contados.

Aunque estaba comenzando la batalla, esa noche llenó mi vida de esperanza. Poco tiempo después, le seguí los pasos a mi esposa y acepté a Jesucristo como mi Señor y Salvador, cuando nuestra amiga de luchas, Irma Schmidt, fue a la casa para llevarme su mensaje de salvación.

Aunque la lujuria sexual no se fue de inmediato, recibió una estocada de muerte. A pesar de las muchas caídas que faltaban todavía, mi Padre nunca me abandonaría en el proceso de desterrar a este enemigo de mi vida. Aquel abrazo que Él me dio en mi vieja prisión disfrazada de cuarto fue para siempre. Tenía treinta y seis años de edad.

silencio. Puede ser que sus trampas de confusión y engaño te hayan mantenido peleando con un enemigo que no tiene nombre, que no tiene rostro. Hoy te digo: Si tu enemigo se llama la lujuria sexual, Dios ya lo ha derrotado en la vida de muchísimos como tú y como yo. Rompe el silencio. Rompe la vergüenza. No tienes que vivir más en secreto llevando tu dolor por dentro.

Dios te da la oportunidad de enfrentar a este enemigo cobarde cara a cara, con el sol resplandeciente sobre ti. Ahí, donde la oscuridad no lo protege, la lujuria sexual se derrotará en tu vida si es que te atreves a vivir una vida de pureza radical y extrema. ¿Qué tienes que hacer? ¡Comienza a creer en una vida pura! ¡No te quedes más callado! ¡Deja de servirles a la mentira y a la doble vida! ¡Desenmascara a la lujuria sexual en tu vida! Haz alianzas con personas que te amen y que puedan escucharte sin juzgarte.

Entre más hables de tu vida atada a la lujuria sexual, más se desvanecerá su fuerza. Esto se debe a que la lujuria sexual detesta la luz, detesta la verdad, detesta que las personas rompan el silencio y el aislamiento y se unan para luchar en su contra. Sobre todo, construye una relación con Dios sólida, intensa y constante, como si Él fuera el aire que necesitas para vivir, porque así es Él en realidad. No te estoy hablando de religión, de meterte en una iglesia todo el tiempo; ni siquiera te estoy hablando de cuánto lees la Biblia, ni de cuánto tiempo oras. El que mide todas esas cosas no ha entendido que estar agarrado de Dios, conversar con Él, depender de su gracia, de su amor, es una manera de vivir a tiempo completo. Hoy le pido a ese mismo Dios que me fue a visitar para abrazarme en el cuarto que fue mi prisión por años, que vaya a visitarte a tu prisión, pues uno solo de sus abrazos derretirá todos los barrotes que te han aprisionado. ¡Hoy puede ser el primer día de una nueva vida para ti, libre de las garras de este asesino de purezas!

MIS ARGUMENTOS SOBRE EL TEMA

189. Nos creemos muy fuertes, muy capaces de enfrentar las situaciones por nuestra propia cuenta, muy

dispuestos a guardar nuestros secretos... Con eso mismo cuenta la lujuria sexual: cuenta con tu orgullo y con tu falso sentido de autosuficiencia para derrotarte.

190. ¿Qué prefieres ser? ¿Una carta abierta, leída y conocida por todos, o una carta que nunca se conoció

hasta que se encontró y se leyó al final de tu vida, descubriendo un contenido de impureza? Hoy, Dios te da la oportunidad para reescribir tu carta y darle un epílogo de pureza y de victoria.

191. ¿Hasta cuándo guardarás el secreto de tu lucha contra la lujuria sexual? No esperes a que te

expongan en público. Ahí perderás mucho más.

192. En la batalla contra la lujuria sexual, más fuerte es el que reconoce su debilidad y pide ayuda que la

persona orgullosa que pretende luchar en soledad.

193. La atadura sexual es como ese calcetín roto que sigues usando. No te avergonzarás de él hasta que

tengas que quitarte el zapato que lo esconde. Remienda tu calcetín roto con el hilo restaurador de Dios. No esperes a quedar expuesto para actuar.

194. La impureza sexual te dirá que nadie va a enterarse de esa aventura sexual que tienes a escondidas

con esa persona. La verdad siempre se sabe. Lo que ahora ves como una aventura divertida y excitante, puede concluir como una historia trágica.

195. La lujuria sexual es como las sabandijas que detestan la luz y esperan a la oscuridad para salir.

Decide sacar tu atadura sexual a la luz. Solo entonces, rompiendo el secreto, podrás dar pasos en pos de tu libertad.

196. ¿Por qué millones de personas pelean dentro del cuerpo de Cristo contra la lujuria sexual a solas, en

secreto y en vergüenza? Unidos, seríamos un solo ejército contra el mismo enemigo. Unidos, lograríamos más.

197. Si Dios te sacó del aislamiento y del secreto, ¿crees en realidad que volviendo ahí podrás

mantenerte puro? ¡Los ejércitos no son de un solo soldado!

198. No te conformes con llamar a alguien para confesar que caíste en la tentación sexual; llama durante

la tentación para evitar la caída.

199. ¿Por qué será que nos cuesta tanto trabajo sacar la basura de la casa? Igual nos ocurre con la

basura de la lujuria sexual. No queremos «sacarla» al hablar con otros que están en la misma batalla. Sácala, porque arropará toda tu casa y, aunque la escondas, su olor te delatará.

200. ¿Cuándo fue la última vez que hablaste de tus tentaciones sexuales con alguien para buscar apoyo?

Recuerda que «el hierro se afila con el hierro». Buscando personas de pacto en tu vida te mantendrás afilado para la batalla. ¡No lo postergues más! (lee Proverbios 27:17)

201. Solo cuando te quites el disfraz y reconozcas frente a otros tu esclavitud al sexo, Dios te restaurará.

Entonces, no necesitarás un disfraz para aparentar una pureza que no tienes. ¡Decídete!

202. ¿Tienes alguna persona de confianza que te sirva de «ojos externos» para observarte y cuestionarte

cuando vea algo sospechoso en tus conductas? Mientras más tu carne te quiera meter en el lodo, menos querrá rendir cuentas para admitir su debilidad.

203. ¿Quieres saber de un arma poderosa para aniquilar a la lujuria sexual? Es un arma que se activa

cuando dos seres esclavizados por el sexo rompen los secretos para hablar sin máscaras sobre sus cadenas. ¿Te atreverás algún día?

204. La pureza sexual es contagiosa. Si caminas junto a otras personas puras, su pureza te alcanzará.

Entonces, te darás cuenta que si ellos pudieron vivir en pureza después de haber estado tan aprisionados, tú también podrás hacerlo. ¡Imítalos!

Atrévete a pedir ayuda, a romper tu silencio. Como resultado, verás cómo un Padre que te anhela puede restaurarte y liberarte para siempre de la lujuria sexual, pues Él es un Padre que levanta y sana a sus hijos caídos con su amor. Él es un Padre que te espera. Ven a Él porque sus brazos abiertos te recibirán. Nunca más estarás desprotegido. Agárrate bien fuerte de tu Padre. Él ya venció a la lujuria sexual por ti. Ahora, Él quiere darte a cambio una pureza inquebrantable para el resto de tu vida.

capítulo 10

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