PARTE II – El Museo de La Plata: un
Capítulo 4. Avances analíticos: de lo etnográfico, de la historia y de la comunicación del Museo de
4.2. Sobre el Museo de La Plata: historia
4.2.1. El Museo de La Plata
Francisco Pascasio Josué Moreno fue el primer director del Museo de La Plata. Él mismo relata sobre su creación:
[…] en mayo de 1884, recibí del entonces Gobernador de la Provincia Dr. Carlos d’Amico, el encargo de proyectar un museo que reemplazára en el mas corto tiempo posible al Museo público de Buenos Aires que iba á federalizarse en breve. Realizado ese acto el 4 de Setiembre de dicho año, el Exmo. Gobierno decretó con fecha 17 del mismo mes, “juzgando que el progreso de la Provincia así lo requiere”, la fundación del “Museo de La Plata”; y por otro decreto de igual fecha, la construccion de un edificio adecuado á ese objeto. (Moreno, 1890:13, ortografía original)
Se realizaron algunas aperturas previas, hasta la apertura total al público en 1888 (Teruggi, 1994).
Francisco Pascasio Moreno nació en el seno de una familia que desarrollaba sus actividades en íntima relación con el comercio, las finanzas y la política. Su padre, Francisco Facundo Moreno, tuvo una importante participación en diferentes actividades económicas, muchas de ellas privadas, como en diferentes asociaciones y espacios políticos de la ciudad de Buenos Aires. Francisco Pascasio crece en el medio de estas relaciones, las que serían clave para poder solventar sus expediciones y constituir sus colecciones. Éstas relaciones entabladas por su padre, le permitieron a Moreno hijo, también, la aproximación a asociaciones socioculturales que le sirvieron para fortalecer una red de relaciones vinculada a los aspectos científicos (Farro, 2009).
El apoyo de su padre fue constante, y se vio reflejado en espacios obsequiados a Francisco Pascasio para ubicar su biblioteca y su primer edificio para montar sus colecciones. También realizó las gestiones correspondientes ante Sarmiento para que se le otorgase a su hijo el título de Doctor Honoris Causa por la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de Córdoba, en noviembre de 1878 (Farro, Op. Cit., pp. 42-43). Ante su escasa formación académica, el rápido reconocimiento académico de Moreno, potenciado por las relaciones políticas de su padre, produjo la crítica de la comunidad académica. En esos espacios ya había tomado contacto con Burmeister, Zeballos, Ameghino, y Holmberg.
Francisco Pascasio Moreno se consolida económicamente ocupando puestos importantes en las empresas de su padre, lo que le permite enfocarse en sus proyectos personales. Logra armar sus colecciones a raíz de la posibilidad de participar de diversas expediciones como agregado: su principal preocupación era incrementar su colección de cráneos (la que había sido caracterizada como incompleta, en sus primeros tiempos de coleccionista) y de objetos trabajados en piedra
(como por ejemplo puntas de proyectiles). Éstos materiales eran altamente demandados por los antropólogos franceses y alemanes embarcados en investigaciones de antropología comparada, el evolucionismo y la necesidad de demostrar la existencia de razas primitivas (Farro, Op. Cit.). Su relación con las personas que ocupaban lugares jerárquicos en los grupos aborígenes fue clave para el acceso a estos objetos y restos humanos: “[…] ya en 1874 Sarmiento lo había puesto en relación con el cacique Inacayal llevándolo al domicilio de Moreno en Florida 128. Allí Moreno agasajará al cacique y su comitiva y negociará los términos del apoyo local necesario para el
desarrollo de la expedición.” (Farro, Op. Cit., p. 48). Así lograba Moreno permisos y
habilitaciones por parte de los “indios amigos”32 del sur de Argentina para sus recorridos y apropiaciones33. No todas las relaciones con las comunidades originarias fueron entabladas de esa manera: en su viaje al País de las Manzanas, Moreno no es autorizado a cruzar la cordillera, decisión tomada por un parlamento convocado por Sayhueque (Delrio, Op. Cit., p. 42; Farro, Op. Cit., p. 51). En 1876-7 integra, como agregado, la expedición que el Gobierno nacional realiza para explorar, con fines de colonización, la zona del río de Santa Cruz. Al regresar Moreno dona sus colecciones para la conformación del Museo Antropológico y Arqueológico de la provincia de Buenos Aires (Farro, Op. Cit.)34
32 Durante la conquista militar se identificaron diferentes perfiles: los que colaboraban con el Gobierno nacional eran considerados indios amigos.
. En 1879 es designado por el Gobierno nacional en otra exploración a los Territorios del sur, esta vez nombrado oficialmente como jefe de la Comisión Exploradora. Moreno desobedece las órdenes del gobierno y modifica el recorrido de la expedición, en un clima muy tenso debido a las frágiles relaciones que se establecían por
33 Se sabe que años después el propio Inacayal repetía en los pasillos del Museo de La Plata “yo jefe, hijo de esta
tierra, blancos ladrones… mataron mis hijos, mataron mis hermanos, robaron mis caballos y a la tierra que me vió nacer, encima prisioneros… yo enojado” (Ten Kate, 1904, citado por Pepe, Añon Suarez, Harrison, 2008:26). 34 Pone por condición ser su director vitalicio. Se funda por ley el 13 de Noviembre de 1877 (Moreno, 1890:12). Después de muchas trabas por la oposición política a su creación, se inaugura al público el 1° de agosto de 1878 (Farro, 2009:87).
entonces con las comunidades originarias, en el marco de las intervenciones militares. “Moreno y sus acompañantes fueron protegidos por los caciques Inacayal, Foyel, Utrac –hijo de Inacayal–, y los mestizos Hernández y Gavino, hospedándose en sus tolderías y visitando las del cacique Pitchulao” (Farro, Op. Cit., p. 60). En ese marco Moreno es tomado prisionero por Sayhueque, quien lo utiliza para diferentes negociaciones con el Gobierno Nacional. A los pocos días Moreno logró escapar, regresó a Buenos Aires, pidió licencia de su cargo de director del Museo y viajó a Europa (Farro, Op. Cit.).
Estos relatos y fragmentos que hemos recuperado tienen por objeto dar cuenta de las posibilidades concretas de Moreno, ancladas en su gran capital social y en la manera en la que lo supo aprovechar. Las publicaciones de Moreno que resumen su actividad en las campañas y las vinculadas a otros momentos de su vida, se constituyen a partir de diferentes recursos retóricos que van construyendo su persona en relación a la imagen de explorador. Sus relatos son hagiográficos y colaboraron en ese fortalecimiento (volvemos a parafrasear a Farro, Op. Cit.)
Por la década de 1870 se desencadena una competencia por poseer cráneos de la Patagonia y la Pampa. Esto está enmarcado en el interés de la antropología del momento, lo que también llevó a Moreno a ser quien ponga a disposición gran cantidad de material. Son conocidas sus frases en relación al afecto generado por conseguir algunos cráneos de personas de alta jerarquía: “Ya sabrás que tengo una buena cantidad de cráneos y que el Tigre Catriel está en mi poder, más seguro que en la caja grande del escritorio […]” (Moreno en carta a su hermano Josué de abril de 1875, citado por Farro, Op. Cit., p. 47)
En 1884 el gobernador Carlos D’Amico, sucesor de Rocha, crea por decreto el Museo General “La Plata” (Flores, en Flores y Sempé, 2011), y Moreno es designado su director, por lo que debe interrumpir una expedición prevista para recorrer buena parte del país. Las colecciones
del Museo Antropológico y Arqueológico de la ciudad de Buenos Aires son trasladadas al Museo en La Plata, resultando escasas para la gran magnitud de la construcción (iniciada en 1884 y finalizada en 1889). Esas colecciones son sometidas a una programación museográfica diferente, con otros propósitos y alcances más vastos, por lo que debe acudir a compras, donaciones, canjes y nuevas expediciones al interior del país (Farro, Op. Cit., p. 95).
El Museo de La Plata tuvo un gran crecimiento y consolidó un importante proyecto de investigación de mucha relevancia. En el mundo, es un momento en el que los museos encaran una apertura a la comunidad (Dujovne, 1995). Sin embargo, se dan diferentes etapas de crecimiento y estancamiento del Museo de La Plata. En 1890 el mismo Moreno advierte que el tamaño del Museo no es acorde al proyecto que él tiene en mente: “He sido tratado de megalómano porque he pensado dotar á mi Provincia natal de un gran museo dedicando mi vida á conseguirlo” (Moreno, 1890:4, ortografía original). En varias oportunidades de ese escrito deja asentada la advertencia de problemas espaciales. Aquí puede verse el relato del sacrificio personal, e incluso unas líneas antes plantea que “[…] mientras que el director, que aquí reemplaza al conservador, ha limpiado en mas de una ocasion los pisos, buscando al mismo
tiempo los medios de llevar á adelante su empresa, próxima á naufragar” (Moreno, Íbid.,
ortografía original). Este escrito producido por Moreno, que aquí recuperamos, tiene como objetivo ser presentado ante las autoridades gubernamentales provinciales para solicitar mayor apoyo, por lo que también apelará al discurso nacionalista (otra característica habitual en su retórica).
Moreno se propone organizar el Museo de La Plata de manera dual, tanto para exhibición como para estudio: “[…] es necesario tener en cuenta que debiendo ser el Museo de La Palta, un “museo de esposicion”, al mismo tiempo que un establecimiento de estudio, (estando en esto de
acuerdo con el deseo de Flower), la reunion de las materiales necesarios es mas dificil, porque
el número de estos indispensablemente debe ser mucho mayor” (Moreno, Op. Cit., p. 6,
ortografía original). Flower fue el director del Museo Británico de Historia Natural por ese entonces. También tomaría ideas del paleontólogo Alberto Gaudry vinculado al Museo de París, abierto al público en 1885. Pero es el evolucionismo de Flower el que permanece presente en el accionar de Moreno quien desde los inicios del Museo estructura el contenido de las salas a partir del anillo biológico “que princípia en el misterio y termina con el hombre […]” (Moreno, Op. Cit, p. 14, ortografía original) conformado por quince salas comunicadas entre sí. El estilo arquitectónico utilizado será el correspondiente a la época: neoclásico. La biblioteca empezará a desarrollarse con la donación de dos mil títulos que el propio Moreno hiciera al momento de su constitución.
De las propias palabras de Moreno podemos tener una descripción de la galería de antropología anatómica de los primeros años de esta organización: “Hay allí [en la galería referida] cerca de mil cráneos y ochenta esqueletos, nueve décimas partes de indígenas de la América austral, desde el hombre testigo de la época glacial hasta el indio últimamente vencido.” (Moreno, Op. Cit., 21). Esta colección estaba conformada por restos de individuos de la Patagonia (la más importante en ese momento) y de otras regiones de la Argentina y otros países (del Norte de la Argentina, del Chaco, de San Juan, de Perú y Bolivia y de Canarias).
Fue un observador de las conductas de los visitantes, y si bien era consciente del papel educativo de los museos, su concepción concordaba con la de la vieja museografía, que consideraba que los objetos deben comunicar por ellos mismos, y el mensaje del museo era pensado para especialistas: sostenía que las personas consideradas incultas debían hacer el máximo esfuerzo por entender lo que observaban, dando por sentado que no se comprendía todo
lo que se veía. Sin embargo, la función del museo era la de “cultivar” al pueblo. Esto permanece presente en el museo aún hoy, gracias a la conservación de la sala de osteología comparada, mantenida así para la reflexión del visitante en relación a las formas de exhibición de aquella época (González Pérez y Reca, 2009).
La concepción de museo que Moreno tenía en ese entonces era la de un centro de estudio para quienes estén interesados/as en investigar el origen de la humanidad en la región austral americana. Esperaba continuar incrementando el número de objetos y las colecciones a través de los viajes de exploración que por ese entonces mantenía el Museo de La Plata, y las que ya formaban parte de él eran las más importantes de la República e incluso fueron consultadas por especialistas europeos. Llegó a comparar su museo con la Smithsonian Institution. Sin embargo, ese museo imaginado por Moreno, bosquejado en las ideas y declamaciones que enunciamos, no llegaron a concretarse.
Farro (Op. Cit.) identifica dos momentos del Museo de La Plata en tiempos de Moreno. El primero está relacionado con la descripción que realizamos arriba, vinculado a la expansión de las colecciones del museo, por compra o como resultado de las exploraciones, y se extiende hasta 1892. La segunda etapa, que según el autor iría desde 1892 a 1902, está absorbida por la relación del Museo (y del propio Moreno) a la problemática de fijación de límites con Chile. Moreno pone a disposición del Gobierno nacional el Museo, como agente de exploración, siendo nombrado oficialmente como Perito en Límites en 1896. Por falta de especialistas y otras problemáticas, no se llegó a conformar la segunda parte del museo, concebida para especialistas, quedando solamente la destinada a exhibición para el público en general. La nueva atención del Museo, puesta en la cuestión limítrofe, hizo que Moreno se ausentara por largos periodos de la ciudad, dejó truncos algunos proyectos institucionales, se produjeron diferentes conflictos internos y puso
en evidencia la falta de un plan de tareas que coordine las distintas secciones del Museo y las colecciones. Esto fue reconocido por el propio Moreno, quien toma consciencia de que el haber asumido esas responsabilidades como perito lo ha desviado de sus tareas de dirección y cuidado del Museo (Teruggi, Op. Cit., p. 26).
Estas etapas también influyen en la definición de la Sección Antropológica del Museo, ya que la primera estuvo bajo el criterio ordenador de Moreno, quien la orientó hacia la cuestión de los grupos originarios que habitaron, principalmente, el país. En 1896 entra en la nueva lógica que ten Kate le da a las colecciones, quien se vincula de manera azarosa (no planificada) y esporádica con el Museo, hasta su posterior designación en un cargo de importancia en el exterior. Un nuevo criterio se establece para esta sección cuando llega al Museo Lehmann- Nitsche en 1897; reagrupa las colecciones y encara el primer catálogo sistematizado (Farro, Op. Cit.).
En estos párrafos hemos intentado caracterizar el aprovechamiento de los diferentes capitales (social, económico, cultural, etc.) de Moreno, que dieron lugar a concretas condiciones de producción que le permitieron posicionarse ventajosamente frente a diferentes adversidades hasta consolidar el Museo de La Plata, el que se mantuvo bajo una agenda de actividades muy vinculada a sus intereses personales.