Capítulo 2. Semiótica “El conocimiento no puede dar ni el más
3.3. El museo como organización
3.3.1. Problemáticas actuales de los museos Enfoque organizacional
La problemática museológica en la actualidad abarca grandes ejes conceptuales, y los museos, en su gran amplitud temática y su vastedad de objetivos, reúnen algunas características
que permitirían hablar de ellos con alguna generalización. La más fácil de identificar, quizás, sea la regional, dado que los museos responden a las condiciones políticas, culturales y económicas de los lugares en los que están inmersos. Es habitual entonces encontrar referencias de los museos de Europa y algunos países de América del Norte, y referencias a los museos de América Latina. Podemos sostener que las diferencias al interior de países extensos, como Argentina, también son importantes (las realidades presupuestarias de un museo de la provincia de Jujuy no son las mismas que las de uno de Córdoba, Rosario o Buenos Aires). Sin embargo, el atravesamiento cultural los pone en relación concreta, y es lo que permite considerar las posibilidades de generalización, diferenciación, comparación, etc.
Por lo tanto, definir qué es un museo en la actualidad, reviste la necesidad de hacer foco en diferentes cuestiones, en una gran cantidad de aspectos que se relacionan incuestionablemente.
Un posible punto de partida, al menos desde un ofrecimiento general ecuménico, es la definición de museo que ofrece el Consejo Internacional de Museos (identificado con la sigla ICOM por su nombre en inglés: International Council of Museums). El Consejo la propone como de “referencia dentro de la comunidad internacional”, y la desarrolla así: “Un museo es una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo.”26 De acuerdo a lo que se lee en la página web, el ICOM incorpora esta definición “conforme a los estatutos del ICOM adoptados durante
la 22ª Conferencia general de Viena (Austria) en 2007”27
26 En:
. Sin embargo, cuando se toma la
2011) 27 Ibídem.
definición que el mismo Consejo da sobre el concepto “Museo”, y que solamente incluye en el apartado Glosario, encontramos algunas diferencias:
Un museo es una institución permanente, sin fines de lucro y al servicio de la sociedad y su desarrollo, que es accesible al público y acopia, conserva, investiga, difunde y expone el patrimonio material e inmaterial de los pueblos y su entorno para que sea estudiado y eduque y deleite al público. (ICOM, 2006:14)
Como estas diferencias pueden deberse a situaciones de traducción al español, tomaremos la última definición citada, además porque es la que se encuentra en un documento específico de esta organización: su Código de Deontología. Allí también se aclara que es provisoria, se ajusta a la interpretación del código y puede ser revisada por el ICOM si éste lo considera pertinente en algún momento.
De manera que el concepto principal MUSEO, está en relación con otros conceptos que el ICOM entiende que deben colaborar en su definición. Entonces la consideración de los museos en la actualidad gira en relación a varios aspectos que tienen que ver con el patrimonio (material e inmaterial), el acceso, las posibilidades de colaborar con el desarrollo de la sociedad, y el de educar a partir de la exhibición.
Entre los años 1969 y 1979 el ICOM revisó su definición de museos e incluyó la referencia explícita a la educación (Alderoqui y Pedersoli, 2011:30). La educación y las figuras del educador o la educadora son fundamentales desde la perspectiva de la museología crítica, como expusimos en apartados anteriores (en este mismo capítulo).
En este marco se desarrollan las actividades de la mayoría de los museos. Como sabemos los museos pueden ser muy variados, perseguir diferentes objetivos y tener diversas limitaciones: existen museos desarrollados en base a objetos (como los museos del automóvil), pasando por otros que incorporan en sus colecciones otras temáticas, e incluso por aquellos en los que los objetos han dejado de tener el peso específico para ser la razón de su existencia: de ciencias naturales, de historia, de antropología o de la combinación de éstas y otras disciplinas.
Por las demandas sociales, las que también están previstas en la definición de museos, estas organizaciones han dejado de ser catedrales del conocimiento, templos sacrosantos, recintos para el deleite en silencio reglamentado por el “no tocar”. O mejor, un museo que aún se plantee en relación a las definiciones citadas, no podrá ser hoy un museo, debido a que no podrá cumplir con los objetivos que de él se esperan en la actualidad.
Las principales problemáticas actuales de los museos, al menos en relación a Latinoamérica podrían concentrarse en este grupo: considerar los valores culturales de las comunidades incluyendo los nuevos contenidos conflictivos; las implicancias de la cultura (incluso de su propia definición) y las políticas públicas; la construcción hegemónica de la identidad y la responsabilidad de la memoria; la asincronía de los museos entre presente-pasado-futuro (por lo cual resulta clave la revisión de sus objetivos); el estudio de los públicos (o las comunidades como propone la nueva museología) como orientador de las principales acciones, tomas de decisiones y definición de políticas museológicas y museográficas, estrechamente vinculado con las problemáticas educativas (Alderoqui y Pedersoli 2011; Castilla, 2010; Dujovne, 1995). Muchas de estas problemáticas se entrecruzan y relacionan cuando se las considera desde la comunicación organizacional.
Ernesto Gore (1999:42) sostiene que las organizaciones museísticas han pasado desapercibidas para las teorías de gestión, por diferentes motivos. Uno de ellos es que se trata de organizaciones “tranquilas”. Un museo será una organización “tranquila” en tanto haga poco, o se lo considere desde los viejos enfoques (principalmente los que toman al objeto como válido por el objeto en sí mismo, presentando una museografía en la que la contextualización está ausente, y se espera que el visitante genere por sí mismo sus propias conclusiones, produciendo un mensaje sólo para especialistas y engendrando así la diferencia y la exclusión, como los museos de fines del Siglo XIX en Argentina). Los objetivos de los museos (que varían de acuerdo a su especificidad: de arte, antropológico, arqueológico, etc.) tienen relación con la cultura, con su gestión, son instituyentes de lo que se propone como marco de generación de una identidad (local, nacional, regional, etc.), y gestionan (trasladan, estudian, intercambian, conservan, resguardan) objetos, restos, materiales que dan cuerpo a esa cultura. Se trata de una gestión de la cultura materializada en diferentes aspectos, e intangibles en otros28
Algunos museos en particular (como el que tomamos por caso de estudio) son gestionados por la Universidad, y están atravesados por las lógicas institucionales de esas organizaciones: en . En esas actividades se proponen modelos interpretativos que impactan en lo identitario, y como todo proceso de conformación de identidades deja afuera algo, de lo que se va a diferenciar, para proponerse de manera diferente a otra cosa. En este ejercicio se producen juegos de poder (Laclau, 1990, en Hall y du Gay, 2003:19). Por lo tanto, los museos en la actualidad no pueden considerarse como organizaciones “tranquilas”, y el grado de complejidad alcanzado por éstas ha sido comparado con el de las Universidades (incluso en el mismo artículo de Gore).
28 Como por ejemplo la elipse que conforma el edificio del Museo de La Plata, la que evoca la idea y concepción originales de evolución bajo las que Francisco Pascasio Moreno, pensó a este museo. Estas ideas constituyen el patrimonio intangible del Museo de La Plata.
la toma de decisiones, en el estilo de la gestión, en la conducción, en la participación, en la ocupación de cargos, en la concepción de lo político, etc.