Giorgio Agamben, a través de una serie de investigaciones que tienen su punto de partida en su obra Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida, centradas en la noción de biopolítica de Foucault, exhibe lo que considera el punto ciego de la teoría política y que articula por un lado, poder jurídico-soberano y biopolítica, y por otro, el efecto de totalización de la gubernamentalidad y el de individuali- zación de las tecnologías del yo.
En Agamben existen dos diferencias respecto a los anteriores aná- lisis foucaultianos de la biopolítica. Primero, mientras Foucault se había centrado en la mayor parte de su obra, fundamentalmente, en el análisis de la microfísica del poder, de los dispositivos específicos a través de los cuales el poder circula en la sociedad, dejando de lado, o construyendo un vínculo débil e impreciso con la teoría del estado, para Agamben es necesario comprender que el paradigma del poder soberano y la biopolítica se coimplican y deben buscarse sus articula- ciones y complementariedades (1998: 15). Es más, para Agamben, la formación de un cuerpo biopolítico es la aportación original del po- der soberano.
La segunda diferencia es que mientras para Foucault la biopolítica es una forma de racionalidad específica del poder moderno, que surge a partir del siglo XVII, para Agamben se trata de un arcano del poder,
arcana imperii, que puede rastrearse hasta la antigüedad greco-latina. La clave de lectura biopolítica de Agamben pasa por identificar las formas de relación (exclusión-inclusión) de la zoé, es decir la nuda vida natural, con y en el poder como relación que teje la trama de la vida políticamente cualificada o bios. Existe una ambigüedad que da lugar a deslizamientos interpretativos en el propio Aristóteles, que distingue entre el simple vivir, propio de la primera, y el vivir bien, propio de la vida política. La relación entre ambas no es sólo de ex- clusión, sino también de implicación. La vida políticamente cualifi- cada supone, implica necesariamente la nuda vida.
El interrogante que se formula Agamben al respecto guía su inves- tigación ¿por qué la política occidental se construye sobre la base de la simultánea implicación/exclusión de la vida?, o dicho en otros tér- minos, ¿en qué forma la nuda vida al mismo tiempo es excluída y habita la polis?
La política sería entonces el umbral, la articulación entre el vi- viente y el logos. La categoría central de la política no sería entonces, la relación amigo-enemigo como sostuvo Carl Schmitt, sino el par nuda vida/existencia política.
La pareja categorial fundamental de la política occidental no es la de amigo-enemigo, sino la de nuda vida-existencia políti- ca, zoé-bios, exclusión-inclusión. Hay política porque el hom- bre es el ser vivo que, en el lenguaje, separa la propia nuda
vida y la opone a sí mismo y, al mismo tiempo, se mantiene en relación con ella en una exclusión-inclusiva. (1998: 18)
Los distintos regímenes o compromisos, por decirlo así de inclu- sión-exclusión, conducen a la paradoja de una nuda vida que es, mu- chas veces prescindible pero que por otra parte se considera sagrada. Es necesario, entonces, emprender una genealogía de las relaciones, de las tensiones, de la economía de los intercambios entre nuda vida y poder soberano, de las formas de politización de la vida.
Lo específico de la política moderna, no sería para Agamben, como vimos, la aparición de la biopolítica, el hecho de que la vida se haga objeto del cálculo y la manipulación estatal, sino el proceso por el cual el espacio de la zoé y de la bios tienden a solaparse y confundirse cada vez más, a través del mecanismo de la excepción. Soberano, decía Carl Schmitt, es quien decide sobre el estado de excepción. La norma jurídica como expresión de poder necesita un orden sobre el cual imponerse. Ninguna norma puede aplicarse al caos, de ahí la paradoja de la excepción.16 El soberano es tal porque decide el estado
de excepción y funda el orden fáctico que posibilita el orden jurídico, pero esa decisión es una decisión sobre la nuda vida. Y sobre quienes podrán ver su vida integrada en el orden político.
Ello es así porque el estado de excepción, y el soberano que sobre él decide, están tanto dentro como afuera del orden jurídico y políti- co, teniendo entonces el poder de modificar las formas de politización de la zoé, o nuda vida. Es decir, de decidir sobre la vida o la muerte. Hacer o dejar morir. Hacer o dejar vivir, por evocar la «fórmula de Foucault». «La nuda vida queda apresada en tal fractura en la forma de la excepción, es decir, de algo que sólo es incluido por medio de una exclusión» (1998: 21).
El estado de excepción devenido cada vez más normal es el vector de confluencia para Agamben, de la creciente confusión entre bios y
zoé. Al mismo tiempo es la bisagra entre biopolítica y poder soberano
16 «La paradoja de la soberanía se enuncia así: ‘El soberano está, al mismo tiempo,
dentro y fuera del ordenamiento jurídico’ o bien: ‘Yo, el soberano, que estoy fuera de la ley, declaro que no hay un afuera de la ley’» (1998: 27).
jurídico. Su paradigma es el totalitarismo y sus dispositivos biopolíticos, pero también en las democracias liberales la faz disci- plinaria de la biopolítica. En tanto la racionalidad es la misma, existe continuidad entre unas y otras formas políticas.
Con la zoé entrando en la política, la nuda vida es objeto de la biopolítica, al mismo tiempo que sujeto de la política democrática. El vínculo es la excepción y de ahí la posibilidad de deslizamientos en- tre los puntos extremos de la democracia y el totalitarismo, y la per- manencia de las técnicas biopolíticas en todo el espectro.
En consecuencia, para Agamben, las formas específicamente mo- dernas de politización de la zoé, se dan tanto en el totalitarismo, como en la «sociedad del espectáculo» y del hedonismo consumista con- temporáneo. Su fundamento común es el estado de excepción. Pero excepción ¿de qué? Dijimos que la excepción y el, o los que deciden sobre ella están en una relación ambigua con el derecho, no están ni dentro ni fuera y ello, le o les, permite modificar la índole de las relaciones entre nuda vida y política, o la forma por la cuál la nuda vida es politizada.
En los estados modernos, el discurso de los derechos humanos y de la ciudadanía es el modo de sacralizar la nuda vida y de inscribirla en el derecho (1998: 160). A tenor de ese discurso, el simple nacimiento de los seres humanos (en tanto que libres, iguales y dotados de derechos innatos) marcaría el fundamento de la bios. Sin embargo, sabemos que esto no es así, y la clave de análisis biopolítico nos muestra cómo el estado de excepción devenido permanente y expresado en la guerra, la limpieza étnica, el genocidio y también el genocidio social, despojan constantemente a la nuda vida de ese estatuto jurídico. Los estados son sin duda, biopolíticos, su objetivo son las poblaciones.
La biopolítica nos provee entonces de claves críticas para el análisis de los derechos y de la ciudadanía de una fecundidad no explorada y que en este trabajo sólo podremos señalar, más adelante, a grandes rasgos.