3 5 El clero y las revueltas contra el reparto
Capítulo 4. Las reformas borbónicas y el contexto de la Gran Rebelión
1. El nuevo esquema de alcabalas
5 Las Reformas Borbónicas se pusieron en práctica en las colonias hispanoamericanas durante el
reinado de Carlos III de España, quien buscaba incrementar los ingresos de la Real Hacienda mediante la reforma de varias ramas del tesoro (Moore, 1966: 135). Estas medidas estaban contenidas en el Informe y Plan de Intendencias que fue especialmente preparado en 1768 por el visitador José María de Gálvez junto con el marqués de Croix, virrey de Nueva España (Lewin, 1967: 84). En el caso del virreinato del Perú, el programa económico se implementó bajo la supervisión del visitador José Antonio de Areche, cuyas constantes quejas contra el virrey Guirior indujeron a la Corona a reemplazarlo por el virrey Agustín de Jáuregui (quien ocupaba el cargo de Capitán General de Chile) el 22 de julio de 1780, pocos meses antes de estallar la Gran Rebelión (Moore, 1966: 135) 3 .
6 Desde 1770 en adelante, las medidas fiscales incluidas en el programa borbónico se introdujeron
gradualmente en las colonias. Me parece que tanto los nuevos impuestos, así como el reparto, estuvieron relacionados con una política económica específica. En el caso del reparto, la Corona esperaba estimular y controlar el desarrollo de un mercado interno. Los pequeños productores, propietarios de chorrillos, trapichillos y chacras, así como los artesanos, participaron de la expansión económica que coincidió con el repunte de la minería. No sorprende, por lo tanto, que se reajustara la alcabala para así incorporar a los sectores medios de la población que estaban beneficiándose de la expansión comercial. El efecto de las reformas económicas fue, de hecho, drenar al virreinato de la mayor parte de sus excedentes a través de impuestos y los monopolios estatales (Larson, 1978: 275), como puede observarse en el cuadro cronológico de las reformas fiscales borbónicas que a continuación presentamos. Cuadro 18 – Cuadro cronológico de las reformas fiscales borbónicas 7 1771: Ene. 21. Comienzan las averiguaciones que llevarán al establecimiento del virreinato del Río de la Plata. 8 1772: Mar. 30. Se establece por decreto real un incremento del impuesto de la alcabala del 2 al 4 %. 9 1773: Los artesanos son llamados a contribuir con el 4 % del impuesto de alcabala por ventas y reventas. 10 1774: Se establecen aduanas en Arque y Tapacarí (Cochabamba).
11 1774: Ago. 2. Revuelta en la aduana de Cochabamba. Se impone la alcabala sobre los granos. 12 1776: Mar. 11. José Antonio de Areche es nombrado por la Corona «Visitador General» del
virreinato del Perú, Chile y Río de la Plata.
13 1776: Jul. 6. Un nuevo incremento del impuesto de alcabala del 4 al 6 % es ordenado por un
decreto real.
14 1776: Jul. 26. Se ordena el establecimiento de una aduana en La Paz.
15 1776: Las «Ordenanzas» concernientes al Gremio de Plateros son distribuidas entre los
Gobernadores y Virreyes. 16 1776: Ago. 15. El Alto Perú es formalmente incorporado al nuevo virreinato de la Plata (Buenos Aires). 17 1777: Jun. 14. Un decreto real ordena se establezca un impuesto del 12 % sobre el aguardiente. 18 1777: Jul. 8. El virrey Cevallos prohíbe la exportación de piezas de oro y plata del virreinato de la Plata al Perú.
19 1777: Ago. 21. Se emite un decreto real, en relación a frenar las evasiones detectadas en la
recolección del impuesto de alcabala.
20 1777: Oct. 22. Revuelta contra la recientemente establecida aduana de La Paz.
21 1777: Nov. El virrey Guirior inicia una abierta campaña contra el contrabando de oro y plata. 22 1778: Mar. El virrey Guirior intensifica su campaña contra el contrabando. El «comercio libre»
comienza a operar.
23 1778: Mar. 24. El nuevo impuesto del 12,5 % gravado sobre el aguardiente es aprobado por la
Corona.
24 1778: Jun. 25. Se establece una aduana en Buenos Aires.
25 1778: Nov. 25. Se envía una circular a los corregidores para recordarles que cobren la alcabala al
6 %.
26 1779: Feb. 28. Como muchos otros productos, la coca comienza a estar sujeta al 6 % del
impuesto de alcabala. 27 1779: Jun. El visitador Areche prohíbe la circulación del oro y plata que no haya sido sellado. 28 1780: Ene.1. Se establece una aduana en la ciudad de Arequipa, provocando disturbios. 29 1780: Ene. 14 y 26. Empiezan a aparecer pasquines, dirigidos contra el propósito de eregir una aduana en la ciudad del Cuzco. 30 1780: Mar. 12. Estalla una sublevación, dirigida contra la aduana de La Paz. 31 1780: Obr. 14. Se descubre la conspiración de Plateros del Cuzco. 32 1780: Jul. 31. Un decreto real ordena que todos los artesanos deben pertenecer a un gremio, y deben estar registrados.
33 1780: Nov. 14. La rebelión de José Gabriel Túpac Amaru estalla en Tinta, Cuzco. Fuentes: BM, Egerton 1811. Relación de Gobierno del Virrey Guirior; RAH, Colección Mata Linares, vols. 2: 107, 108; DOCUMENTOS, 1913, vol. 3: 75; M. de Mendiburu, 1874-1890, vol. 6, Virrey Manuel de Guirior; Fuentes (ed.), 1859, vol. 6: 233, 236, 239, 240. Don Francisco Gil de Tabeada y Lemos; B. Larson, 1978: 312; L. E. Fisher, 1966: 281; J. Lynch, 1958: 41, 42; R. M. Buechler, 1973: 45. 34 El 30 de marzo de 1772 una cédula real dispuso un incremento general del impuesto de alcabala de 2 % al 4 % sobre «los artículos coloniales e importados» 4 . Sin embargo, en octubre de 1773 algunas autoridades todavía dudaban en cobrar la nueva tasa, argumentando que no habían sido informadas claramente sobre qué mercancías estaban afectas al nuevo arancel 5. Más aún,
existen evidencias que permiten sugerir que hacia fines de la década de 1770 los hacendados de Arequipa todavía pagaban solo el 2 %, ignorando el alza del 4 % establecida por el virrey Amat en 1772 6.
35 En algunas provincias los ingresos por concepto de alcabalas se incrementaron más
rápidamente que en otras, debido a que con el establecimiento de las aduanas, la recaudación directa de los tributos comenzó a reemplazar al arrendamiento a terceros. Tal fue el caso de la aduana de Cochabamba, que comenzó a operar en Arque y Tapacarí en 1774, provocando protestas y disturbios (Larson, 1978: 53).
36 En efecto, el 2 de agosto de 1774 tuvo lugar un levantamiento en Cochabamba en protesta
contra el nuevo método adoptado para la recolección de alcabalas a través de la aduana. Como medida de precaución, algunos comerciantes de la localidad sacaron sus mercaderías durante la noche y las depositaron en el convento de la Merced «para asegurar que estuvieran a salvo». La inquietud cundió incluso entre los artesanos, ya que éstos sospechaban que el régimen de aduanas iba también a ser aplicado sobre sus productos. Por cierto, las autoridades buscaron aplacar sus temores recordándoles que los gremios ya estaban sujetos al pago de la alcabala y, por lo tanto, este impulso no debía ser novedad para ellos 7 . Sin embargo, no queda claro si los
artesanos estaban efectuando regularmente los pagos por concepto de alcabala y si observaban su reajuste, antes de que entrara en vigencia el inflexible sistema de aduanas.
37 Por otro lado, los comerciantes indígenas estaban recelosos de los nuevos dispositivos y se
mostraban reacios a someter sus productos al control aduanero, porque sospechaban que se les obligaría al pago de la alcabala sin considerar las exenciones legales existentes. La ley estipulaba que los indios gozaban del privilegio de no pagar alcabala sobre los productos de la tierra que cultivaban en sus chacras o que elaboraban por sí mismos. Sin embargo, debían pagarla sobre los bienes de Castilla que producían o comerciaban 8 .
38 Como resultado del evidente resentimiento creado por la instalación de la aduana de
Cochabamba, el doctor Miguel Josef de Allende y Maldonado, procurador de la cuidad, declaró que el motivo de la conmoción era la contribución nueva que se intentaba establecer, «pretendiendo pagen alcabala todos los gremios de tocuyeros, sastres, zapateros, herreros, jaboneros y últimamente se pague este derecho de los trigos, y maíces que en esta provincia
cogen los hacendados y en ella venden» 9 . Frente a esta última medida, no sorprende
encontrar que los comerciantes de granos, trajinantes y viajeros itinerantes estuvieran también comprometidos en las revueltas (Larson, 1978: 332). Con el fin de acabar con los desórdenes locales, el doctor Allende y Maldonado recomendó que la recaudación del nuevo impuesto fuera temporalmente suspendida. Debido a que los principales productos cochabambinos eran precisamente los granos y tocuyos, los motivos para evadir la decretada contribución deben haber sido particularmente importantes en esta provincia 10 .
39 La revuelta contra la aduana fue seguida por averiguaciones concernientes a la naturaleza del
nuevo esquema fiscal. La mayor parte de las preguntas indagaban sobre la propuesta de incorporar a la población indígena en el sistema reformado y trataban de dilucidar si productos tales como el chuño, papas, ají, harina de maíz, queso y boquillas (pescado), que anteriormente habían estado exentos de impuestos para los comerciantes indígenas, iban a estar sujetos al nuevo gravamen 11 . Los documentos reflejan las dudas y desconfianza que tenían los
comerciantes y productores sobre las nuevas medidas económicas. Por lo tanto, las protestas contra la aduana de Cochabamba pueden ser vistas como la primera señal de la lucha que se desencadenó entre la población colonial y la Corona, como consecuencia del endurecimiento de la política fiscal. Fue la experiencia de la aduana de Cochabamba la que estimuló que afloraran toda una gama de resentimientos locales, que demostraban que sería virtualmente imposible implementar las reformas propuestas sin generar el descontento y la intranquilidad social.
40 Dos años después, la administración colonial alcanzó un punto decisivo. En 1776 se creó el
virreinato de Río de la Plata, y el Alto Perú, que desde los inicios del período colonial habían formado parte del virreinato del Perú, fue súbitamente incorporado al nuevo virreinato (Lynch, 1958: 62; Buechler, 1973: 45). Muchos testimonios indican que esta división alteró gravemente las rutas comerciales que ya estaban bastante bien definidas, y que se habían desarrollado entre el Bajo y el Alto Perú durante los dos siglos anteriores. En términos comerciales, Buenos Aires estaba indudablemente mejor ubicado que Lima para controlar el mercado regional del Alto Perú 12. Más importante aún, los ingresos del virreinato del Perú fueron en un inicio
severamente afectados por la división, ya que importantes yacimientos mineros, como Potosí y Oruro, fueron transferidos al nuevo virreinato (Céspedes, 1947: 146) 13 .
41 Debe señalarse que no solo los productores y comerciantes mestizos y criollos participaban en
el circuito comercial del sur andino, sino también los caciques e indios acaudalados. Tal fue el caso de los caciques de Pacajes, Sicasica y Paria, que mantenían un antiguo y dinámico comercio con la región del Desaguadero en el Bajo Perú 14. Incluso el cacique rebelde, José
Gabriel Túpac Amaru, llegó a desarrollar una importante empresa de arriería que cubría la ruta comercial Cuzco-Potosí-Salta 15 .
42 De acuerdo con los testimonios disponibles, es posible detectar un notable incremento en «el
desde la década de 1760 en adelante 16. Esta expansión de las actividades comerciales que
realizaban los indios bien pudo ser el resultado de los requerimientos del reparto, especialmente porque la población indígena estuvo exenta del pago de la alcabala y, por lo tanto, en capacidad de conseguir algunas utilidades. La mayor parte de los productos coloniales con que comerciaban los indígenas no fueron afectados por el alza inicial del 4 % declarada en 1772, pero fueron gravados posteriormente por el nuevo incremento al 6 % ordenado en 1776. Al mismo tiempo, se establecieron aduanas en ciudades importantes situadas a lo largo de la ruta comercial de Potosí, tales como Arequipa, Cusco y La Paz, con el fin de asegurar un control más estricto sobre las transacciones económicas entre el Bajo y el Alto Perú.
43 Pienso que 1776 fue, por muchas razones, un año crucial en el crecimiento del descontento que
alcanzó su clímax en 1780. En primer lugar, durante ese año el Alto Perú fue formalmente puesto bajo el control del virreinato del Río de La Plata (Lynch, 1958: 62). Al mismo tiempo, el 6 de julio un decreto real estableció un nuevo incremento del impuesto de alcabala del 4 % al 6 %, y aún más, otro decreto, expedido el 26 de julio, ordenó el establecimiento de la aduana de La Paz (Alto Perú). También fue en 1776 que el visitador Antonio de Areche se embarcó hacia las colonias con el propósito de supervisar personalmente la implementación de las medidas económicas dictadas por la Corona 17 .
44 Sin embargo, aunque estas medidas fueron promulgadas en 1776, el impacto real no se sintió
sino hasta los años inmediatamente posteriores a esa fecha. En lo que respecta al visitador Areche, este recién arribó al virreinato peruano en 1777, abocándose desde su llegada a la supervisión de la recaudación de la nueva tasa de alcabala (Moore, 1966) 18 . En agosto de ese
año se distribuyó una circular entre los corregidores de Chayanta, Paria, Oruro, Pacajes y La Paz, ordenándoles que ejercieran una mayor presión para asegurar una eficiente recaudación del mencionado impuesto (Documentos, 1912-1913, vol. III: 73, 75). Se deduce entonces que a partir de 1777, los corregidores no solo realizaban el reparto forzoso de mercancías, sino también cobraban las alcabalas. De este modo, su presencia estuvo en conflicto directo no solamente con los intereses económicos de los campesinos indígenas aquejados por el reparto, sino también con los de los propietarios de tierras y comerciantes mestizos y criollos, a quienes afectaba la recaudación del nuevo impuesto en cuestión.
45 Aunque en 1777 se propuso establecer un gravamen del 12,5 % sobre el aguardiente, en palabras
del virrey Guirior «porque ese licor era peligroso para la salud de los indígenas», el decreto real no fue aprobado sino hasta 1778 19 . Cronológicamente, esta medida coincidió con una fuerte
campaña encabezada por Guirior y respaldada por Areche, para poner coto al notorio contrabando de oro y plata que prevalecía en el virreinato 20.
46 Todas estas medidas fueron fuentes potenciales de descontento y frustración al interior de los
diferentes sectores de la población colonial. Los hacendados, obrajeros y comerciantes debieron haberse visto afectados por el incremento de la alcabala al 6 %, especialmente cuando esta
comenzó a cobrarse sistemáticamente. La alta tasa del impuesto sobre el aguardiente perjudicó no solo a los productores, sino también a los propietarios de las minas, cuyos operarios eran los principales consumidores. Por lo tanto, centros mineros como Cailloma (Arequipa), Condoroma (Cuzco), Oruro y Potosí (en el Alto Perú), deben haber tenido que ajustar su demanda al nuevo impuesto. Adicionalmente, los dueños de los yacimientos mineros también se vieron lesionados por las medidas adoptadas por Guirior para restringir el contrabando y evitar la circulación de la plata y el oro que no hubiera sido previamente sellado y fundido 21 . No sorprende, por lo
tanto, constatar que las utilidades de la minería se incrementaron desde 1778 en adelante, alcanzado su punto más alto en 1780, como se muestra en el cuadro 19. Esta impactante alza de la producción minera puede no obstante haber respondido a un control administrativo más eficiente, antes que a un incremente real de la cantidad de mineral extraído.
Cuadro 19 – Ingresos por concepto de minería en el Perú y Potosí (1776-1785)
Fuentes: Para Potosí: Lynch, 1958: 305. Apéndice II. Para Perú: Mercurio Peruano, 1791-1995, vol. II: 147.
47 La nueva política fiscal aumentó la presión sobre los productores y comerciantes sin distinción.
En 1779 incluso la coca fue incorporada a la lista de mercancías sujetas a la alcabala 22 . Esta
medida afectó más directamente a la población indígena en tanto consumidores y comerciantes, pero indirectamente también perjudicó a los dueños de minas y obrajes, ya que la coca era uno de los artículos incluidos en el pago en especies que se hacía a los trabajadores. La inclusión de los granos dentro de los alcances de la alcabala desde 1780 en adelante debe haber producido un efecto similar (Larson, 1978: 332). Las cifras concernientes a Arequipa, Cuzco, Cochabamba, La Paz y Potosí indican claramente un pronunciado incremento de los ingresos por concepto del impuesto de alcabala desde 1775 en adelante, alcanzando en 1779 el punto más alto para Potosí y La Paz, y en 1780 para Arequipa y Cuzco 23 .
48 Es importante tener en cuenta que hasta 1779 las aduanas habían sido establecidas solamente en
el Alto Perú: primero en Cochabamba y luego en La Paz. Sin embargo, fue hacia 1780 que comenzaron a operar en el Bajo Perú y, a mi entender, esto contribuyó a acrecentar el descontento social, porque significó que ambos extremos del circuito comercial del sur andino quedaron bloqueados por controles aduaneros. El primero de enero se creó la aduana de Arequipa, hecho que provocó varios disturbios y enfrentamientos con las autoridades. De acuerdo a fuentes contemporáneas, los rebeldes atacaron el local recientemente habilitado, destruyeron sus oficinas, quemaron documentos oficiales y robaron tres mil pesos que allí se guardaban 24.
49 Como Arequipa tenía estrechos vínculos comerciales con las provincias cuzqueñas, las noticias
de los intentos por instalar también una aduana en el Cuzco se difundieron rápidamente. El 14 y 26 de enero aparecieron en la plaza central del Cuzco una serie de pasquines convocando a un alzamiento contra los aduaneros «que venían a imponer nuevos pechos sobre esta cuidad» 25 .
Sin embargo, la conspiración en marcha fue descubierta y los principales acusados fueron juzgados y condenados (Angles Vargas, 1975: 48-49).
50 No obstante, como reflejo de la abierta resistencia del Bajo Perú al sistema aduanero, se produjo
en el mes de marzo un levantamiento contra la aduana de La Paz. Como en el caso de la revuelta de Arequipa, los indios y los mestizos de La Paz, que se ocupaban en la arriería y el comercio, fueron los principales activistas en el alzamiento. Su objetivo central era oponerse a los aduaneros, quienes habían duplicado el cobro por concepto de alcabala, gravando artículos que usualmente estaban exentos de impuestos, e inclusive confiscaban los productos cuando los comerciantes no podían cumplir con los requerimientos del pago 26 .
51 Sin embargo, a pesar del evidente descontento social que las reformas económicas estaban
causando entre la población colonial, se expidió otra cédula real que esta vez afectaba a los artesanos. El 31 de julio de 1780 se impartieron las instrucciones que ordenaban a todos los artesanos afiliarse a un gremio para estar propiamente registrados, y así asegurar la adecuada recaudación de la alcabala en sus transacciones 27 . Más aún, hay evidencias que sugieren que
los textiles fabricados en los chorrillos, los cuales normalmente estaban exentos de la alcabala, fueron gravados en 1780, del mismo modo como estaban sujetos a impuestos los textiles producidos en los obrajes (Larson, 1978: 448, Apéndice 15; De Mendiburu, 1874-1890, vol. 6: 175, virrey Manuel de Guirior).
52 Por lo tanto, no solo los hacendados, obrajeros, propietarios de minas y comerciantes, sino
también los pequeños propietarios, dueños de chorrillos, tenderos, arrieros y artesanos se vieron de una manera u otra perjudicados por las reformas fiscales. No obstante, es obvio que las capas medias de la población estaban más expuestas a verse afectadas por la alcabala y las aduanas, ya que eran pequeños productores y comerciantes y, por lo tanto, tenían menos recursos para hacer frente a los nuevos impuestos.
53 En las siguientes páginas me propongo esbozar un perfil de la coyuntura en que se insertó la
rebelión de Túpac Amaru, analizando los sucesos que generaron el descontento social que alcanzó su clímax en noviembre de 1780 en Tinta, Cuzco. Aunque en este capítulo me ocuparé básicamente de las rebeliones que estallaron contra las aduanas (que se convirtieron en símbolo de la reforma fiscal administrativa), la rebelión de Urubamba (1777) también ha sido incluida en el estudio, ya que en términos cronológicos coincidió con la apertura de la aduana en La Paz. Sin embargo, debe recalcarse que la rebelión de Urubamba no estuvo dirigida contra el sistema de aduanas, sino contra la nueva alcabala impuesta sobre los granos, que afectaba directamente a los propietarios de tierras y comerciantes del valle de Oropesa, área tradicionalmente dedicada al cultivo de los granos. Si puede hallarse un rasgo común entre la revuelta de Cochabamba (1774) y la rebelión de Urubamba (1777), este es indudablemente el que ambas provincias eran importantes productoras de granos.