3 5 El clero y las revueltas contra el reparto
Capítulo 4. Las reformas borbónicas y el contexto de la Gran Rebelión
6. Otros disturbios sociales contra la alcabala
146 Algunas revueltas locales contra el incremento de la alcabala también tuvieron lugar en la sierra
central y norte del virreinato de Perú. La más importante estalló en Huarás el 7 de marzo de 1780 y es bastante evidente que estuvo dirigida contra el alza del impuesto de alcabala al 6 %. No obstante, para eximirse de responsabilidad, el comisionado don Antonio Enderica la atribuyó al cobro del tributo, pese a que Yungay se levantó cuando todavía no había llegado el revisitador 145 .
147 Es importante señalar que aunque la provincia de Huaylas tenía una vasta población indígena
(en 1796 fueron censados 20 935 indios), la población mestiza era también sustancialmente numerosa, habiéndose registrado 15 971 mestizos 146. En realidad, las protestas surgieron
como resultado de haberse empadronado a seis cholos como tributarios en la revista local que se había llevado a cabo, aparte de la intención de cobrar la alcabala dos veces y de registrar arbitrariamente las propiedades, sin indicar el monto del gravamen impuesto 147 . Es
interesante notar que Huaylas se dedicaba exclusivamente a la producción de granos y azúcar, los cuales se comerciaban en las provincias circundantes (Bueno, 1951: 71).
148 La revuelta se materializó el 8 de marzo, durante las festividades de Carnestolendas. Indios y
mestizos se reunieron en el cerro y marcharon en dirección a la plaza mayor agitando banderas
148. Ese mismo día tuvo lugar un movimiento similar en Pasco, esta vez contra don Miguel de
Enderica, el administrador de alcabalas. En su recuento de los sucesos, el visitador Antonio de Areche observó que «los habitantes de Pasco tenían un activo comercio, así como frecuentes comunicaciones con Huaylas, el origen de estos escandalosos atropellos» 149 . Esta evidencia
apoya la hipótesis de que aquellas provincias que mantenían fuertes vínculos comerciales entre sí, estaban más predispuestas a que por ellas se difundiera el descontento social. Además de esto, la receptoría central de alcabalas de Huaylas estaba precisamente ubicada en Pasco, como puede observarse en el cuadro 22.
149 El visitador Areche parece haberse mostrado perplejo ante el caso particular de Jauja, donde los
ingresos por concepto de la alcabala se incrementaron de 3 000 pesos en 1778 a 20 000 pesos en 1779 150 . Pero a pesar de este notable crecimiento, y aunque Jauja estaba localizada cerca de
Pasco y Huaylas, no participó del descontento y protestas contra el impuesto de alcabala. Areche concluía que todo el resentimiento que surgió en contra de la reforma fiscal, se derivaba de la creencia ampliamente difundida de que las reformas habían sido llevadas a cabo para sus fines personales y, de ninguna manera, ordenadas por el virrey 151 .
Cuadro 22 – Administración de las Reales Alcabalas
150 Sin embargo, los pueblos de Chongos y Mito (ambos situados en la jurisdicción de Jauja)
estuvieron comprometidos en un levantamiento local algunos meses más tarde. El 26 de julio de 1780 Paulino Reynoso, un arriero mestizo natural de Chongos, encabezó un alzamiento apoyado por sus hermanos Antonio y Gregorio Reynoso 152 . Primeramente izó una bandera en el techo
del cabildo y luego repicó las campanas para convocar al pueblo a rebelarse contra el cobrador de impuestos, don Juan de Ugarte 153. Posteriormente, Paulino Reynoso adujo ser inocente
declarando que «él recién había ingresado de Yauyos cuando tuvo lugar la revuelta» 154 .
151 Las revueltas contra la alcabala en la sierra norte y centro no se convirtieron entonces en
movimientos de largo alcance. Ello puede explicarse, en primer lugar, porque las regiones norte y centro no tenían rutas comerciales tan bien trazadas y desarrolladas como en el caso del sur andino y, en segundo lugar, porque otras circunstancias particulares confluían en alentar la difusión de un mayor descontento social en el sur. En especial, debe recordarse que las provincias surandinas todavía estaban sujetas a la mita de Potosí, y también al masivo pago del tributo, ya que la población indígena era allí mayor que en otras regiones. Más aún, la incorporación del Alto Perú en el recientemente creado virreinato del Río de la Plata, pudo con mucha razón haber hecho a la región más sensible a la presión económica y, por lo tanto, a la inestabilidad social.
152 En resumen, me parece que cuando el reparto fue añadido a los pagos del tributo, los indios del
sur andino se vieron obligados a expandir sus actividades comerciales presionados por la necesidad. Tal fue el caso de muchos comerciantes indígenas que viajaban, por lo menos una vez al año, para vender productos nativos, principalmente los que estaban exentos del impuesto de alcabala 155 . Sin embargo, con el fin de conseguir algún beneficio marginal de su comercio,
optaron por hacer uso de métodos fraudulentos que les garantizaran acumular el excedente necesario para hacer frente a los pagos del tributo, repartos e impuestos eclesiásticos 156 . Se
dieron cuenta de que una buena manera de incrementar sus ganancias era declarar menos mercancías de las que realmente transportaban 157 . En términos puramente económicos, por lo
tanto, parece que el reparto fue, por un lado, capaz de incorporarse dentro de la economía colonial, contribuyendo a la reproducción del sistema y, de otro, sirvió hasta cierto punto como un estímulo para el desarrollo de la economía indígena, obligando a los campesinos a expandir sus relaciones comerciales. Aún así, en términos sociales el reparto significó una pesada carga para muchas comunidades indígenas.
153 Es bastante extraño que el desfase económico solo se hiciera evidente después de que se
establecieron las aduanas, cuando fueron puestas al descubierto las prácticas ilícitas con que comerciaban y obtenían ganancias marginales los campesinos. Más aún, su estabilidad económica debió haber sido parcialmente lesionada desde 1779 en adelante, cuando los productos que acostumbraban comprar y vender, tales como la coca, granos, papas secas y
textiles de chorrillos, fueron sujetos al nuevo esquema de alcabala (Larson, 1978: 448, Apéndice 15).
154 En el caso de los hacendados del sur andino, se ve que estaban efectivamente utilizando a los
cargadores y comerciantes itinerantes indígenas para evadir los gravámenes que les correspondían contribuir y así incrementar sus ganancias 158 . Probablemente esta práctica
engañosa hizo posible que acumularan un excedente.
155 La mayoría de los acaudalados hacendados del sur andino participaban en la producción de
aguardiente, granos y coca y, por lo tanto, era más beneficioso para ellos asumir los pagos correspondientes a los tributos indígenas y al reparto y, como contraparte, evadir la alcabala. Más aún, particularmente en el caso de Arequipa, se descubrió que en 1780 los hacendados todavía pagaban la alcabala en su antigua tasa del 2 %, no obstante haber sido incrementada al 4 % en 1774 y al 6 % en 1778 159. Esto prueba que en el sistema colonial, la evasión de impuestos
hizo posible que un considerable número de individuos retuviera las ganancias que de otro modo hubieran tenido que transferir al Estado. Como esta práctica probó ser una fuente de auto enriquecimiento, no sorprende que se ofreciera una abierta resistencia a las reormas fiscales y al endurecimiento de los impuestos.
NOTAS
1. De Mendiburu, 1874-1890, vol. 6: 310, Don García Hurtado de Mendoza. Véase también: Davies, 1974: 154: «Los arequipeños también temían que la alcabala destruyese la industria vinícola, el nervio central de la economía de la región». Para mayores detalles, véase: Escobedo Mansilla, 1976: 270.
2. BM, Additional (ms) 17,538. Real cédula del 15 de junio de 1751: «asegurando el lexítimo tributo y derecho de alcabala». Véase también: Moreno Cebrián, 1977: 281; Fisher, 1970: 15. Según Documentos, vol. 3, 1913: 74, los corregidores, en realidad, no siempre efectivizaban el pago de la alcabala de tarifa.
3. Véase también: Vicente Palacio Atard, 1946. No obstante esto, no creo que la implementación de las reformas borbónicas