1 2 El reparto y las relaciones de poder a nivel local
2. Repartos sin rebeliones
41 Contra lo que cabría esperar, el proceso de legalización del reparto entre 17511756 no provocó
una ola de descontento general. Es más, el reparto parece haber sido capaz de generar solamente revueltas locales, mas no rebeliones de gran alcance. De hecho, da la impresión de haberse insertado en una amplia plataforma de lucha, pero sin ser, necesariamente, el objetivo principal en los movimientos de mayor envergadura. En la primera coyuntura rebelde aparece como un punto en disputa, junto con la revisita general e incrementos en la mita, los cuales fueron en ese entonces las causas principales del descontento social. En la segunda coyuntura, la más directamente vinculada con la legalización del reparto, este no produjo un levantamiento general sino revueltas menores, locales y desarticuladas entre sí. En la tercera coyuntura rebelde el alza de las alcabalas y la apertura de las aduanas fueron los factores más importantes que propiciaron el levantamiento general. El reparto fue incluido dentro de un programa más amplio debido a que, para asegurar el apoyo de las masas indígenas, era claramente necesario ofrecerles su abolición, además de la supresión de la mita y del pago de tributo.
42 ¿Por qué el reparto no fue capaz de provocar por sí mismo un movimiento de mayor alcance?
En primer lugar, porque afectaba principalmente a la población indígena, y en menor grado a la población mestiza, particularmente solo cuando su actividad económica (como artesanos o arrieros) demostraba ser rentable para el corregidor. Los campesinos, en tanto que sector social aislado, eran tal vez menos capaces de promover una rebelión general. La mayoría de las revueltas que se desataron después de la legalización del reparto estuvieron, en realidad, dirigidas por mestizos, curas o caciques, los cuales tenían sus propias razones para objetarlo.
43 En segundo lugar, la legalización del reparto da la impresión de no haber generado mayores
tensiones al interior de la estructura económica colonial. Como el corregidor controlaba tanto los tributos como los repartimientos, se encontraba en posición de tomar medidas para equilibrar el excedente extraído de las comunidades indígenas. Muchas denuncias registradas demuestran claramente que los corregidores transferían pagos del tributo para cubrir sus propios repartos 43. Es más, como este sistema había estado operando desde el tardío siglo XVII,
tal vez su legalización no fue advertida rápidamente por la población indígena. Si se tiene en cuenta que las comunidades ya se hallaban sujetas al régimen de la mita, el cual les obligaba a proporcionar operarios a los obrajes y a las haciendas, la transición al sistema de endeudamiento de trabajadores mediante el reparto puede muy bien haber tenido un mínimo impacto inicial.
44 Por cierto, queda claro que el reparto provocó revueltas principalmente en provincias ya
afectadas por la mita, por los diezmos o por ambos. En 1756 los levantamientos que estallaron tras su legalización tuvieron lugar en las provincias de Tarma y Jauja 44. Tanto Tarma como
Jauja diezmaban, puesto que ambas estaban ubicadas en el arzobispado de Lima (Rodríguez Casado & Pérez Embid, 1947: 249). Además de esto, Tarma anualmente enviaba 104 mitayos a Huancavelica, y Jauja 181 (Rodríguez Casado & Pérez Embid, 1947: 249). Inclusive, ambas provincias fueron gravadas con un elevado reparto: Tarma con 216 500 pesos y Jauja con 150 000 (Carrió de la Vandera, 1966: 20). Por lo tanto, la correlación reparto-mita-diezmos parece haber estimulado el descontento en las provincias donde esta confluencia se daba. Otras provincias comprometidas en las revueltas de este período, tales como Vilcashuamán, Lucanas, Chucuito, Chumbivilcas, Lampa y Sicasica estaban asimismo sujetas a la mita. Mientras Vilcashuamán y Lucanas mitaban a Huancavelica, todas las demás enviaban mitayos a Potosí (Rodríguez Casado & Pérez Embid, 1947: 249, 264). Debe haber sido difícil para las comunidades indígenas tener que enfrentar conjuntamente los repartos, tributos y la mita.
45 El reparto también propició revueltas en los centros productivos coloniales tales como los
obrajes. Después de su legalización, los obrajes se vieron en dificultades para producir la cantidad de ropa de la tierra demandada por los corregidores para cubrir el arancel (unas 566 800 varas, lo que equivalía a unos 98 550 pesos).
46 Este hecho podría explicar por qué la agresión de los trabajadores textiles estuvo siempre
dirigida contra los administradores y mayordomos, quienes eran los supervisores directos de la producción. En 1756 tuvo lugar un levantamiento en el obraje de Usquil, Huamachuco, para forzar a la administración a pagar el salario rezagado de los trabajadores (Espinoza, 1957: 160)
45. En 1760 y 1768 los operarios del obraje de Pichuichuro (Abancay) se amotinaron contra sus
mayordomos 46 . En 1776 el corregidor de la Cajiga, propietario del obraje de Quivilla, fue
47 Recientemente, Jürgen Golte ha sostenido que desde la legalización del reparto hasta la gran
rebelión de 1780 «todas estas revueltas locales y provinciales se dirigían concretamente contra la persona clave del corregidor» (Golte, 1980: 147). Para fundamentar su posición, ha recurrido no precisamente a los juicios que siguieron a estos levantamientos, sino a testimonios secundarios, proporcionados principalmente por sacerdotes, quienes se debe reconocer que tenían poderosas razones para desear la abolición del reparto 48 . Es más, Golte incluye entre
sus fuentes una lista cronológica de revueltas locales publicada en 1976 asumiendo, de facto, que todos estos disturbios estuvieron dirigidos contra el corregidor 49 . Sin embargo, una vez
que contamos con los juicios que siguieron a la mayoría de estos alzamientos, y con toda la información sobre la cual se basó la lista cronológica de revueltas locales, la posible conexión existente entre los repartos y las revueltas se muestra bastante imprecisa, ya que de hecho se trata de un fenómeno más complejo.
Cuadro 15 – Correlación entre reparto, mita y diezmos
Fuente: A. Carrió de la Vandera, 1966: 22, Cuadro Estadístico
48 En primer lugar, intentaré evaluar la exactitud de la información proporcionada por los curas
de Arequipa sobre los levantamientos locales que, según ellos, fueron provocados exclusivamente por el reparto 50 . Es mi intención demostrar que esta fuente no es confiable,
puesto que arroja luz sobre un solo aspecto de problema desde un punto de vista parcializado; se debe por ello usar cuando mucho como evidencia complementaria, mas no como una prueba concluyente. Tal vez la información más notoriamente distorsionada que proporciona este documento se refiere a la rebelión que se desató en 1730 en Cotabambas contra el corregidor Juan Bautista Fandiño. El párroco de Yanque subrayó en su informe, «conocí en el Cuzco a fulano Fandiño, a quien en Ayomara mataron los indios por el repartimiento» 51 . Como ya se
ha señalado en el capítulo 2, Juan Bautista Fandiño fue muerto en Cotabambas —no en Ayomara — por estar llevando a cabo un censo o revisita para incrementar la mita de Huancavelica. Además, no hay que olvidar que el mestizo que lideró la rebelión contra Fandiño era sirviente del párroco local 52 .
49 En otro caso el informe del cura señala que «en la villa de Puno no han sido continuos los
alborotos y alsamientos muchos años contra el corregidor Novoa y Quadra» 53 . ¿Se referían
realmente a don Simón Lavalle y Cuadra? Y es que, de ser así, los hechos referidos parecen haber sido bastante diferentes. Don Simón Lavalle y Cuadra fue un juez de revisita atacado en 1758 en Huamachuco, cuando registraba la población local (Espinoza Soriano, 1971: 12-13) 54 .
La inexactitud del informe de los curas puede verse no solo en la forma en que habitualmente distorsionan los hechos, sino también en que, con frecuencia, confunden el nombre de las autoridades involucradas en los levantamientos locales. Tal es el caso de la revuelta que tuvo lugar en Pacajes de Berenguela en 1772, en la cual fue muerto el corregidor don Joseph del
Castillo y Agüero 55. El cura de Ochamayo sostuvo que «menos tiempo a que en... Pacajes
mataron al corregidor don Pedro del Castillo» 56 .
50 Confiando en la información sesgada de los curas, Golte ha fechado la revuelta de Urubamba
contra Pedro Lefdal y Melo en 1776, y la revuelta que se desató en Huamalíes contra don Domingo de la Cajiga en 1774 (Golte, 1980: 143) 57. Sin embargo, el levantamiento de
Urubamba en realidad tuvo lugar en 1777, mientras que la revuelta de Huamalíes se originó en 1776, lo que es dos años después de la fecha dada por Golte. Los expedientes de los juicios que siguieron a ambos eventos se encuentran en el Archivo General de la Nación (Lima), y la información referida al movimiento de Urubamba ha sido ya analizada y publicada (O’Phelan, 1977a) 58 .
51 Es más, según los procesos judiciales, muchas de las 64 revueltas identificadas por Golte como
«ligadas directamente a la institución del reparto», fueron en realidad provocadas por otras razones. Por ejemplo, la revuelta que tuvo lugar en Pichuichuro (1768) fue dirigida contra la administración del obraje 59 . En ese mismo año, en el juicio que siguió al motín desatado en
Chala, Chumbivilcas, el indio tributario Matías Guamán Urascagua declaró que:
«dicho alzamiento no ha tenido más motivo que los malos consejos e influjos de don Francisco Martínes, cura de Cocamani, que los amenazaba con azotes y excomuniones, enseñándoles legajos de papeles diciéndoles que eran títulos y despachos del Superior Gobierno, de pertenecer aquel pueblo al curato de Calamani y que no tiene jurisdicción en él el corregidor de Chumbivilcas, y que ellos lo habían creído así porque no saber leer...» 60.
52 Por otra parte, la revuelta de Mórrope, Pacora y Jayanca (Saña 1771) fue el resultado de una
disputa surgida entre los indios nobles Lorenzo Cucusoli y Eugenio Temoche por el nombramiento de cacique legítimo, posición que conllevaba el acceso a las tierras cacicales y a la fuerza de trabajo comunal 61.
53 Inclusive, la revuelta de Sodongo (Lucanas) en 1772 se debió a conflictos por tierras entre
comunidades indígenas, mientras que la revuelta de Casapalca en 1777 fue generada por la retención de los salarios a los trabajadores mineros 62 .
54 Se debe subrayar que la muestra presentada por Golte se inicia en 1765, una fecha tardía como
para mediar las zonas de impacto de la legalización del reparto (1751-1758) y la reacción que su institucionalización provocó entre los campesinos y las restantes autoridades locales, como los curas provinciales, por ejemplo. Según las fuentes de que disponemos, los siguientes levantamientos tuvieron lugar entre 1751 y 1765: 1. 1751 Urubamba (Cuzco). Revuelta contra el corregidor dirigida por los sacerdotes don Juan del Carpio, don Joseph de Mesa y don Simón de Seballos, en protesta por el encarcelamiento de un indio 63. 2. 1751 Ferreñafe (Saña). Revuelta indígena contra el corregidor y el cacique local don Nicolás Fayzo, a fin de evitar la división del cacicazgo de Ferreñafe 64. 3. 1755 Jauja. Conflictos por tierras entre don Juan y don Miguel de Posada, por un lado, y la comunidad indígena, liderada por don Juan Carlos Cusichaca, por el otro 65. 4. 1756 Usquil (Huamachuco). Una revuelta tuvo lugar contra la administración del obraje (Espinoza, 1957: 13) 66. 5. 1756 Angaraes. Levantamiento indígena a consecuencia de la ocupación de tierras comunales por españoles y mestizos, junto con protestas indígenas por su trabajo impago debido al reparto 67.
6. 1756 Ninacaca y Carhuamayo (Tarma). Revuelta contra el corregidor, quien cambió al alcalde indígena nominado por los curas locales. Los clérigos lideraron el levantamiento 68. 7. 1757 Tarma. Un alzamiento tuvo lugar en Chacayán, Yanacocha, Tapu y Michivilca, estimulado por don Andrés Castellanos, quien advirtió a los indios que se les iba a gravar con las primicias 69. 8. 1758 Huamachuco. Levantamiento contra don Simón Lavalle y Cuadra, quien realizaba un recuento de la población local. El sacerdote Cristóbal Polo estuvo comprometido en la revuelta 70. 9. 1758 Otuzco. Los acusados de la revuelta de Huamachuco fueron encarcelados en la prisión de Otuzco, siendo luego liberados a consecuencia de un amotinamiento local 71. 10. 1758 Huarmacas (Piura). Un alzamiento tuvo lugar contra el sacerdote Juan Francisco Arriaga, quien fue acusado de haber expropiado las tierras comunales 72. 11. 1760 Pichuichuro (Abancay). Se desató un motín en el obraje, como resultado del cual varias oficinas fueron destrozadas 73. 12. 1761 Simbal (Trujillo). Un levantamiento dirigido por los indios forasteros de Huamachuco, quienes deseaban expulsar de su comunidad al sacerdote Fray Tomás de Villalobos 74. 13. 1764 Pueblo Nuevo (Saña). Una revuelta organizada por indios y mestizos, a fin de defender al sacerdote local, don Antonio de Villala, de los ataques del cobrador de impuestos 75.
14. 1764 San Luis de Huancapi (Vilcashuamán). Los indios se amotinaron contra don Juan Carrillo y Albornoz, quien vino al pueblo para cobrar el tributo y enviar la mita a Huancavelica 76.
55 Se debe notar que estos levantamientos locales estuvieron dirigidos no solo contra el corregidor
o el reparto, si bien este parece haber sido la causa subyacente de la diversificación de las revueltas durante la segunda mitad del siglo XVIII. Tengo la impresión que la competencia entre
hacendados, obrajeros, corregidores y sacerdotes por el control de las comunidades y de sus recursos económicos se intensificó después de la legalización del reparto. Esto explicaría por qué los levantamientos se centraron no solo en la persona del corregidor, sino también en los curas locales, en los caciques y en los administradores de obrajes y haciendas.
56 Es por lo tanto posible sostener que el sistema del reparto sirvió para exacerbar las
contradicciones ya existentes entre las comunidades indígenas y los grupos de poder coloniales que las presionaban para obtener beneficios económicos tales como el trabajo indígena gratuito, sus productos agrícolas y/o textiles, y sus tierras. Las protestas y estallidos de violencia en las comunidades fueron estimulados por un interés común: el sobrevivir a pesar de la concurrencia de las presiones económicas que debían enfrentar (tributos, repartos, mitas, obvenciones, etc.).
57 No sorprende, por ello, descubrir que de catorce revueltas registradas entre 1751 y 1765, tres
tuviesen por causa pleitos de tierras entre hacendados y curas. Dos fueron lideradas por sacerdotes contra las autoridades civiles quienes, según los clérigos, los estaban desplazando de su tradicional control sobre las comunidades. Otras dos revueltas estallaron en obrajes importantes, los que debieron haberse visto obligados a ajustar su producción a las demandas del reparto. Además, una de ellas fue provocada por una revisita y por el recuento de la población india y mestiza, y la otra por el cobro del tributo y el reclutamiento para la mita. Inclusive, algunos de los alzamientos tuvieron lugar para forzar al cura a abandonar su parroquia o, por el contrario, para defenderlo de los ataques del teniente del corregidor. De hecho, el tema del reparto solo aparece con claridad en uno de los levantamientos e, incluso entonces, en relación con otras demandas.
58 La influencia del reparto parece haberse vuelto más marcada durante la fase final de su
funcionamiento. A medida que crecían las deudas por él causadas, aumentaban las protestas de la población india por su trabajo impago. Al mismo tiempo, la competencia entre corregidores y curas por el control de la fuerza laboral y del excedente indígena se hizo más aguda, afectando la economía comunal de los campesinos. Sin embargo, como el reparto estaba pensado para estimular el mercado interno, algunos campesinos fueron forzados a expandir sus actividades comerciales, lo que podría dar cuenta del incremento en el tráfico de arrieros y trajinantes al interior de los mercados regionales. También hay evidencias de la propagación de empresas domésticas informales, como los chorrillos y trapichillos, durante la segunda mitad del siglo
XVIII. Parece, por lo tanto, que hasta cierto punto el reparto fomentó la aparición de modestos
centros productivos coloniales y el aumento de los pequeños comerciantes, dando como resultado el surgimiento de un incipiente sector social medio.