3 5 El clero y las revueltas contra el reparto
Capítulo 5. La culminación del descontento social: la rebelión de Túpac Amaru
«El nombre de Túpac Amaru será recordado en la historia, como glorioso para esta gente, nefasto para los vasallos del lugar, y su ejemplo será desastroso para el futuro». (AGI, Indiferente General, 411) El 10 de noviembre de 1780, siguiendo las instrucciones del cacique José Gabriel Túpac Amaru, el corregidor de Canas y Canchis, Cuzco, don Antonio de Arriaga, fue ahorcado públicamente en la plaza de Tungasuca (Lewin. 1967: 444). Este significativo suceso simbolizó el inicio de un movimiento de masas sin precedentes, el que ha sido comúnmente identificado como «La Rebelión de Túpac Amaru». Esta se insertó en la coyuntura de descontento y agitación social iniciada por las medidas políticas y económicas contenidas en el programa de Reformas Borbónicas (Fisher, 1976: 114). Capítulo 5 – Portada del álbum Antigüedades peruanas, de Mariano Eduardo de Rivero y Juan Diego de Tschudi. Viena, 1850 Biblioteca «Manuel Solari Swayne» Musea de Arte de Lima Cummins, Thomas et al. Los incas, reyes del Perú. Banco de Crédito del Perú Lima, 2005: 299 1 Si se toma en cuenta que la rebelión estalló precisamente cuando el descontento social estaba alcanzando su punto más álgido, es posible entender que Túpac Amaru fuera capaz de canalizar los prevalecientes levantamientos sociales en su favor. En este caso concreto de la región surandina, la rebelión fue vista como una alternativa viable para lograr los objetivos por los cuales se había empezado a presionar insistentemente desde 1777, conflicto que creció en intensidad y violencia durante los primeros meses de 1780, que pueden describirse como el preludio de la Gran Rebelión (Lewin, 1967: 130-178; O’Phelan Godoy, 1976: 73). No sorprende, por lo tanto, que la rebelión de Túpac Amaru comenzara en el Bajo Perú y después se propagara sostenidamente por las provincias aymaras del Alto Perú que ya se hallaban en un evidente estado de intranquilidad social (Cornblit, 1976: 135, 136).
2 Es importante tener en cuenta que bajo la denominación de «rebelión de Túpac Amaru», se
cacique Túpac Amaru y sus parientes cercanos, y en segundo lugar, los numerosos levantamientos paralelos que, apoyándose en el nombre de Túpac Amaru (lo que no significa necesariamente que hubiera una conexión entre ellos), coexistieron en la misma coyuntura rebelde 1 . El presente capítulo se refiere esencialmente al primer aspecto, es decir, al
movimiento que lideró el cacique de Tinta y al que se incorporaron sus parientes y las provincias aymaras del Alto Perú.
3 Aunque la rebelión de Túpac Amaru ha sido vista frecuentemente como una ola general de
descontento e insurrección, es importante recordar que atravesó por dos fases razonablemente bien definidas. La primera fase, que podría ser descrita como la fase cuzqueña o quechua, fue personalmente organizada y llevada adelante por el cacique de Pampamarca, Tungasuca y Surimana, José Gabriel Túpac Amaru (Lewin, 1976: Cap. XVIII; Fisher, 1966: 219). Se considera que la segunda fase se inició luego de la captura del cacique, cuando las riendas del movimiento fueron tomadas por otros miembros de la familia Túpac Amaru, para articularse más tarde con los rebeldes del Alto Perú, encabezados por el jefe aymara Julián Apasa Túpac Catari (Lewin, 1976: Cap. XX; Vega, 1969: 77).
4 Para realizar esta investigación, los expedientes del juicio hecho en abril de 1781 a los 74
acusados de participar en la primera fase del movimiento, han demostrado ser de gran utilidad
2 . Esta información ha sido comparada con el juicio llevado a cabo a 32 rebeldes implicados
en la segunda fase del movimiento. Ellos fueron capturados en noviembre de 1781 en el Santuario de Las Peñas (Omasuyos, Alto Perú), adonde habían acudido para aceptar el perdón que les ofrecieron tácticamente las autoridades españolas. Algunas de las confesiones fueron tomadas en Las Peñas, mientras que otras fueron registradas más tarde en La Paz 3 .
5 Existen muchas versiones sobre la rebelión de Túpac Amaru, pero estas en general se han
restringido a una descripción detallada de los principales sucesos que tuvieron lugar durante la lucha, resumidos aquí en el cuadro 23. Sin embargo, esta es la primera vez que ha sido posible analizar y comparar los procesos judiciales que siguieron a la rebelión. Ambos juicios contienen un recuento completo de los antecedentes económicos y sociales de los rebeldes que cumplieron un rol activo durante la primera y segunda fase del movimiento. Esta nueva aproximación debe esclarecer ciertos aspectos concernientes a: 1. La organización interna de la rebelión: formas de expansión y estructura de la dirigencia. 2. Los rasgos de coincidencia y contraste entre la primera y segunda fase de la lucha. 3. La conjunción de factores que influenciaron la propagación regional del movimiento y la composición social de su dirigencia. Cuadro 23 – Tabla cronológica de los movimientos militares durante la Rebelión de Túpac Amaru Fuente: Vega, 1969: 143-156
1. La organización interna de la primera fase de la rebelión
1. 1. Los mecanismos de expansión
6 En términos de su gestación se puede afirmar que la rebelión reclutó a su dirigencia
básicamente de Tinta (Canas y Canchis), donde estaba situado el cacicazgo de José Gabriel Túpac Amaru. De acuerdo a las declaraciones de 74 de los acusados, es evidente que el 80 % de ellos eran originarios de pueblos ubicados en la jurisdicción de la provincia de Canas y Canchis. Procedían principalmente de Tinta, Combapata, Tungasuca, Surimana, Sicuani y, en menor número, de Pitumarca, Condoroma, Pampamarca y San Pedro de Cacha 4 . Sin embargo,
aunque este hecho podría a primera vista sugerir una influencia local profundamente enraizada en el movimiento, es claro que la rebelión alcanzó dimensiones regionales, propagándose también a la provincia de Quispicanchis y, en menor grado, a las provincias de Paucartambo, Chumbivilcas, Lampa y Chucuito 5 (ver Apéndice 1 y Apéndice 2).
7 Este apoyo local sugiere que Túpac Amaru fue capaz de movilizar a su propia gente. Debe
anotarse que de 25 caciques que se han logrado identificar como partidarios de Túpac Amaru, 12 tenían sus cacicazgos situados en Canas y Canchis 6 . Parecería entonces que Túpac Amaru
tenía prácticamente el apoyo total de su provincia, con excepción de los caciques de Coporaque y Sicuani, quienes desde el principio permanecieron apartados del movimiento.
8 La posición hostil adoptada por los caciques de Coporaque y Sicuani bien pudo haberse
derivado de un conflicto local previo. Hay testimonios que indican que el cacique de Coporaque, don Eugenio Sinanyuca, era en realidad el cobrador de impuestos del corregidor Arriaga 7 . Más aún, en las disputas que existían entre el cura de Coporaque y Arriaga,
Sinanyuca respaldó consistentemente al corregidor agravando las quejas indígenas contra el cura 8 . No es casual, por lo tanto, que en el momento de la rebelión y después que Arriaga
fuera ahorcado, el cacique de Coporaque no solo se abstuvo de prestar apoyo a Túpac Amaru, sino que inclusive se unió a las fuerzas realistas (Barriga, 1941-1948, vol. 2: 14). Por cierto, Sinanyuca no había aún sido confirmado en su puesto de cacique y, prestándole apoyo a las autoridades españolas, probablemente esperaba ser oficialmente corroborado en el cargo 9 . Cuadro 24 – Caciques rebeldes y leales a la Corona Fuentes: AGI, Audencia del Cuzco, Leg. 32, 33. Declaraciones prestadas por Antonio Bastidas, Blas Quiñones, Lorenzo Valer, Antonio Oblitas, Pedro Mendigure, Antonio Quispe, Pascual Mansilla, Andrés Castello, Diego Ortigoza; Fisher, 1966: 107; Barriga, 1941-1948, Tomo II: 14. 9 El respaldo local conseguido por Túpac Amaru adquiere mayor relevancia si tenemos en cuenta
que en ese tiempo el cacique rebelde llevaba adelante un proceso judicial con la familia Betancour, a fín de establecer la legitimidad de su reclamo sobre el cacicazgo de Tinta y el marquesado de Oropesa (Rowe, 1976: 50) 10 . El hecho de que los indios de Tinta siguieran a
Túpac Amaru casi al unísono demuestra que a pesar de no haberlo favorecido el fallo judicial, ellos consideraban a José Gabriel como su auténtico cacique. Más aún, en 1777 Túpac Amaru viajó a Lima con el objetivo expreso de liberar a los indios tributarios de Canas y Canchis de la mita de Potosí (CDIP, 1973, vol. II: 82). Obviamente, esto debió haberle dado prestigio entre la
gente de su cacicazgo, pudiendo haber provisto una oportunidad para establecer conexiones con los pobladores de los cacicazgos y provincias vecinas, como las de Quispicanchis, Lampa y Chucuito, que también estaban sujetas a la mita minera. Coincidentemente, como ya se ha señalado, todas estas provincias estuvieron profundamente involucradas en el movimiento (Rodríguez Casado & Pérez Embid, 1944: 264) 11 .
10 Es importante anotar que la mita jugó un rol vital en la organización interna del movimiento.
No es pura coincidencia que los caciques de las provincias sujetas a la mita de Potosí demostraran disponer de mayores recursos para movilizar a su gente. La mita, a pesar de su rol en términos de la explotación económica de la mano de obra indígena, parece haber preservado los lazos comunales entre las provincias del sur andino. Esto podría explicar por qué la región surandina y especialmente las provincias afectadas por la mita minera, estaban más dispuestas a gestionar una movilización masiva de la población indígena, comprometiéndola a una insurrección de largo alcance. Las comunidades que acostumbraban enviar su cuota de mitayos una vez al año demostraron ser igualmente capaces de enviar una cuota de indios para reforzar las tropas rebeldes.
11 Después de Canas y Canchis, la segunda provincia que tuvo un alto porcentaje de gente
comprometida en el liderazgo de la rebelión fue Quispicanchis. Diez de los doce líderes acusados que provenían de esta provincia fueron condenados a muerte luego del juicio; representaban el 17 % de los convictos. ¿Qué conexiones tenía Túpac Amaru en Quispicanchis? Un elemento importante, que hasta ahora no ha sido debidamente tomado en cuenta, es el que concierne a la red de parentesco que dio sustento a la rebelión. Por ejemplo, uno de los acusados, Patricio Noguera, hijo de Antonia Túpac Amaru, estaba casado con una mujer de Acomayo 12. Antonio Bastidas, cuñado de José Gabriel vivía en Urcos 13 . Pedro Mendigure,
arriero de Pomacanchis, era esposo de Cecilia Túpac Amaru 14 . Coincidentemente, Francisco
Túpac Amaru, quien también era arriero, declaró que su mujer era natural de Pomacanchis 15. Cuadro 25 – Mitayos enviados a Potosí en 1780
Fuente: Canete y Dominguez, 1952: 310. Razon de los indios que vienen a la Real Mita de esta villa y las provincias que contribuyen segun se saco el ano 1780, con el numero de los que existian y los que faltaban.
12 El papel que jugó el factor parentesco en la difusión del movimiento podría explicar por qué
Quispicanchis fue más susceptible a la rebelión que las otras provincias. Existen también algunas evidencias que indican que una rama de la familia Túpac Amaru estaba establecida allí. Durante los juicios que siguieron a la rebelión, Josef Amaro (un anciano de 80 años de edad, natural del pueblo de Zanca, Quispicanchis) declaró que él era «... parte del tronco de descendencia de Túpac Amaru y que a él le tocaba gobernar» 16 . La presencia de parientes de
Túpac Amaru en Quispicanchis debió haber estado relacionada con los recursos económicos que la provincia ofrecía al comercio regional. No en vano numerosos obrajes, así como plantaciones de coca, estaban localizados allí.
13 Es preciso recordar que de seis arrieros que estuvieron implicados en el proceso judicial,
cuatro eran parientes cercanos de Túpac Amaru. Es por lo tanto probable que todos ellos participaran en la misma empresa doméstica, hecho que pudo haber reforzado sus lazos de parentesco. Juan Túpac Amaru se describía a sí mismo como pequeño agricultor y arriero 17 .
Francisco Noguera y Pedro Mendigure declararon que también ellos ejercían como arrieros. Más aún, el cuarto, Francisco Túpac Amaru, indicó durante el juicio que él acostumbraba cubrir la ruta Cuzco-Potosí 18 .
14 Su declaración confirma la observación hecha por Flores Galindo y Mörner, de que existió una
conexión entre la propagación geográfica del movimiento y el territorio comprendido en el circuito comercial de Potosí que conectaba al Bajo con el Alto Perú (Mörner, 1976; Flores Galindo, 1976: 287). El manifiesto de Túpac Amaru que convocaba a la rebelión fue, en efecto, distribuido a otros caciques por los arrieros de la región que operaban en sus rutas normales, encontrándose con sus contactos usuales, sin levantar mayores sospechas. El método que usó Túpac Amaru para este propósito consistía en escribir los mensajes en bretañas u otras textiles, los cuales eran después escondidos cuidadosamente en los pellones que llevaban las mulas 19 .
Así, Túpac Amaru se movía eficientemente a dos niveles: como cacique, suministrando hombres y provisiones para la rebelión y como arriero, asegurando la efectiva expansión del movimiento. Consecuentemente, el gremio de arrieros parece haber cumplido un papel importante organizando y propagando la rebelión, como ya lo había hecho durante las revueltas precedentes de Arequipa y La Paz.
15 Es más, Canas y Canchis era el centro del tráfico de arrieros del sur andino. Las mulas que se
enviaban anualmente del Tucumán al Perú para proveer el reparto de los corregidores, hacían su primera parada en Tinta (Tablada de Coporaque) y desde allí eran distribuidas a Huancavelica y Pasco (Céspedes del Castillo, 1947: 69). Por lo tanto, la importancia local de la actividad de los arrieros podría explicar que cuatro miembros de la familia Túpac Amaru participaran en ella. Debió haber sido, indudablemente, una ocupación que rendía ganancias (Cushner, 1980: 166) 20 .
16 La influencia que logró el gremio de arrieros en la organización de la rebelión puede también
explicar por qué las revueltas que tuvieron lugar entre enero y marzo de 1780 contra las aduanas de Arequipa y La Paz, cesaron abruptamente cuando estalló la Gran Rebelión en noviembre. Según las fuentes consultadas, parece que la influencia de los arrieros se desarrolló principalmente entre octubre y abril, porque «desde fines de mayo a agosto, se perdían muchas mulas como resultado de la falta de pastos, las fuertes lluvias y las intensas heladas» 21 . En
resumen, debido a que varios de sus parientes cercanos eran arrieros, Túpac Amaru pudo estar en estrecho contacto con el gremio de arrieros de la región y utilizó los circuitos de arrieraje para organizar y expandir la rebelión. Debe también tenerse en cuenta que Túpac Amaru era
peyorativamente conocido como el «cacique arriero», ya que era propietario de 350 mulas (de Mendiburu, 1874-1890, vol. XI: 31, 32; Fisher, 1966: 30) 22 .
17 Sin embargo, no fue solo a través del sistema de parentesco o del gremio de arrieros que Túpac
Amaru organizó la rebelión. También confiaba con la solidaridad de numerosos caciques que lo apoyaron, suministrando hombres y provisiones. Por cierto, los patrones de comportamiento social andinos, tales como el apoyo mutuo entre parientes, la mita como vínculo comunal y la solidaridad entre caciques, fueron utilizados por Túpac Amaru y parecen haber funcionado eficientemente en la organización de la rebelión.
18 De ocho caciques que estuvieron implicados en los procesos judiciales que tuvieron lugar en
Cuzco, cuatro tenían sus cacicazgos en Quispicanchis. Thomasa Tito Condemaita, cacica de Acos, fue ahorcada y descuartizada como resultado de su comprobada participación en la rebelión 23 . Asimismo, Marcos de la Torre, Fernando Urquide y Lucas Collque, caciques de
Acomayo, Pirque y Pomacanchis, respectivamente, fueron desterrados a la prisión de Valdivia en Chile, donde cumplieron largas condenas 24 .
19 Sin embargo, es importante determinar hasta qué punto los caciques de Quispicanchis
estuvieron directamente comprometidos en los planes y decisiones de Túpac Amaru o si, más bien, su papel se limitó a secundarlo. Dos de los caciques, Marcos de la Torre y Thomasa Tito Condemaita, declararon que habían respaldado al movimiento para hacer cumplir un decreto real por el cual Su Majestad facultaba al rebelde a abolir los corregimientos, el reparto de mercancías y las aduanas 25 . Como prueba de ello, el indio Cristóbal Rafael confesó que se
había unido a las tropas rebeldes porque cuando se proclamó un edicto de Túpac Amaru en su pueblo, toda la gente siguió a los rebeldes, y como alcalde de Papres (Quispicanchis) él fue con ellos 26 .
20 Todos los caciques admitieron haber creído que estaban poniendo en riesgo sus propio puestos
y sus propiedades si es que no cooperaban activamente con la rebelión. Thomasa Tito Codemaita señaló que Túpac Amaru sitió su casa y propiedades con el fin de obligarla a que lo apoyara 27 . Lucas Collque admitió haber enviado gente a Túpac Amaru porque temía perder
su cargo 28 . Por cierto tenían algunas razones para creer que sus puestos estaban
amenazados. Existe documentación como para sugerir que Túpac Amaru cambió a los caciques locales y a otras autoridades indígenas cuando estas rehusaron obedecer sus órdenes. Roque Surco fue, de hecho, «el indio designado por Túpac Amaru como cacique (de Sicuani) para reemplazar a Miguel Zamalloa», quien había tratado de matar al jefe rebelde 29 . Aun desde el
punto de vista de las autoridades españoles, una provincia era considerada que estaba bajo el control de Túpac Amaru cuando este removía caciques y justicias mayores 30 .
21 Creo que el papel cumplido por los caciques en el movimiento fue básicamente el de
coordinadores, sin tener poder de decisión, limitándose a preparar las condiciones materiales que demandaba la puesta en marcha de la rebelión. Contamos con testimonios que indican que
José Gabriel ordenó a la multitud reunida en Tungasuca «que fueran a sus pueblos y volviesen en ocho días, bien armados con garrotes y hondas», y escribió a los caciques con este fin 31 .
Las declaraciones de algunos de los acusados coinciden en señalar que los caciques eran los que suministraban provisiones y hombres a Túpac Amaru 32 . Hipólito Túpac Amaru recordó en su
confesión que «los caciques auxiliaron a su padre (Túpac Amaru) con todo... de Azillo venía plomo y de Carabaya alguna coca...» 33 . Tal era el caso de don Blas Pacoricona, cacique de
Lampa, a quien Túpac Amaru le pidió remitiera la coca que ya había decomisado 34 .
22 Túpac Amaru también consiguió abastecimientos confiscando las propiedades y los productos
almacenados por los corregidores. De la casa del corregidor de Belille se incautaron bayetas de Castilla 35 . Se procedió de manera similar con los corregidores de Lampa y Azángaro 36 .
Incluso se expropiaron algunas haciendas para suministrar alimentos a las tropas rebeldes. Ramón Ponce, quien fue nombrado cacique por Túpac Amaru, envió tres o cuatro pearas de ají y dos pearas de cecina, confiscadas de la hacienda Pisquicocha en Chumbivilcas 37 .
23 El platero Pedro Amaro fue nombrado justicia mayor de Lampa y obligado a enviar los
productos incautados de las haciendas de propiedad del cacique Diego Choqueguanca 38 .
Como el cacique Choqueguanca rehusó unirse a la rebelión, sus propiedades fueron destruidas. Mientras tanto, el cacique Vilca Apasa, quien había estado competiendo con Choqueguanca desde 1760 por el nombramiento oficial de cacique de Azángaro, se unió a los rebeldes (Fisher, 1966: 236) 39 . Enrolándose en diferentes facciones, obviamente reforzaron su previa rivalidad
y aprovecharon de esa oportunidad para enfrentarse en el terreno bélico.
24 Es importante tener en cuenta que en la medida que la rebelión de Túpac Amaru se propagó
más allá de los límites de la provincia de Canas y Canchis, disminuyó su fuerza. Aunque hubo quienes desde un inicio negaron apoyo a los rebeldes (como fue el caso de los caciques de Coporaque y Sicuani), la oposicón indudablemente creció en tanto se propagaba la rebelión, sin que hubieran garantías de conseguir el respaldo de los caciques vecinos. Por ejemplo, en Quispicanchis hubo igual número de caciques que estaban a favor de la rebelión como de los que estaban en contra 40 .
25 En las vecinas provincias de Calca y Lares, Cotabambas y Abancay, se dio una abierta resistencia
a Túpac Amaru 41 . Al entrar a Puno, la alianza que se había creado entre los caciques de
Lampa, Azángaro y Paruro probó ser una fuerza efectiva para impedir su avance (Fisher, 1966: 107). La oposición generada contra la rebelión pudo haber sido estimulada por los españoles al organizar tácticamente un escuadrón de indios nobles (Campbell, 1978a: 109). Esta fue una