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EL PATIO DE ATRÁS

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Los PLANES DEL IMPERIO

Capitulo 11 EL PATIO DE ATRÁS

La presencía de EE. UU en Latinoamérica

En Honduras, Guatemala, Chile, Argentina, El Salvador y Nicaragua millones de hombres, mujeres y niños fueron

torturados y asesinados por militares y escuadrones

de la muerte entrenados por la CIA. EE.UU. proporcionó formación, dinero y medios técnicos para la instauración en cada uno de esos países de brutales aparatos de represión. los miembros de la brutal y odiada Guardia

Nacional somocista tuvieron que

ser evacuados M país a bordo de un avión fletado por el gobierno estadounidense y camuflado con insignias de la Cruz Roja.

Desde que en 1954 una contundente operación de la CIA derrocó al presidente electo Jacobo Albenz Guzmán, Guatemala

ha sido víctima indefensa de toda suerte de abusos por parte de operativos a las órdenes de la Central de Inteligencia.

Según sus propios informes, la CIA vaticina un porvenir de inestabilidad en diversos países de la región, lo que, en segunda lectura, significaría que no des~

carta futuras intervenciones.

La poli tíca de EE. UU en Latínoamérica durante la segunda mitad del siglo xx constituye uno de los episodios más siniestros y vergonzosos en la historia de una nación que alardea degarante de libertades. Golpes de estado, dictadores sanguinarios, escuadrones de la muerte, desaparecidos, asesinatos políticos, torturas y represión han sido durante décadas el único legado que la nación más

poderosa del mundo ha bríndado a sus vecinos del Sur.

Cuando el 7 de octubre 2001 George W Bush decía: «Si un gobierno patrocina a los proscritos y asesinos de inocentes, se ha convertido

a su vez en proscrito y asesino», probablemente olvidaba, interesada

o fortuitamente, que a lo largo del siglo xx ningún gobierng ha patrocinado a más

asesinos, golpistas, tiranos, torturadores y dernf proscritos de las leyes internacionales que el de EE.UU.

George Keenan, uno de los principales artífices de la política eiC, terior de EE.UU., sentenció en 1948 que, ya que su país estaba en P41

s

lón de la mitad de las riquezas mundíales y contaba tan sólo c es el 6 por ciento de la población del planeta, el propósito de la políti, ca exterior de EE.UU. debía ser el de

mantener esa disparidad, aw‘ a costa de hacer un daño irreparable a los ideales de la dernocracil, desarrollo y derechos humanos. Años después Martin Luther Kit¡ 1 viendo la dirección que tomaban las políticas exteriores de su país, a<@,‖ vertía que cuando la preocupación por la estabilidad se antepone a justicia, el resultado inevitable es una política exterior destructiv‖ En el editorial del New York Times del 6 de agosto de

1954, a pro¡% sito de la instauración de una dictadura proestadounidense en Gu‖ temala, se daba un claro aviso a navegantes: «Los países subdesar5 llados con recursos ricos tienen ahora una lección objetiva en

altos costos que debe pagar uno de ellos cuando se enloquece de natismo nacionahsta.»‘ Más recientemente, Madeleine Albright, a cretaria de Estado de la administración Clinton decía algo pareci4@@,‘ «Uno de los objetivos prioritarios de nuestro gobierno es el de aí‖,‘ :,urar que los intereses econ mi

ó Ícos de EE.UU. puedan extendersél 9 escala planetaria.»‘

Mientras los soviéticos ejecutaban y deportaban a cientos de d@ les de disidentes con el pretexto de mantener la revolución a salvo>,, las acechanzas del decadente capitalismo, los estadounidenses semb ban América Latina, Corea del Sur, Malasla e Irán de dictadores y cópatas sin escrúpulos que llevaron el dolor y la muerte a un nú1n‖

igualmente elevado de hogares inocentes. Casualmente, el 11 de tiembre de 2001, el día de los terribles atentados contra el Pentag,_,_ y las Torres Gemelas, se cumplían 28 años del golpe de Augusto‘@‘@, ti nochet en Chile contra el presidente elegido por el pueblo: Salvi, Allende.

‗ Noam Chornsky, Washington y elfascismo en el Tercer Mundo, Siglo XXI, Mé]dC0, 2The Wali StreelJournal, 21 de enero de 1997.

Cuando Salvador Allende -un marxista comprometido- perdió por sólo tres puntos las elecciones presidenciales chilenas en 1958,

xi iones, que se EE.UU. decidió que el resultado de las pró Ínias elecci realizarían en 1964, no podía dejarse en manos del azar m‖ de la democracia3. La intervención de Washington en el proceso electoral fue decisiva para que Allende no saliera elegido. De hecho, se sabe que una empresa

privada estadounidense, la ITT, proporcionó directamente fondos y 1 1 1 91 a alguno de los adversarios políticos de Allende.

Finalmente, el ele ido fue Eduardo Frey, del Partido Demócrata Cristiano. Para las siguientes

elecciones, las de 1970, la CIA se embarcó no sólo en una campaña de desprestigio personal contra la figura de Salvador Allende, sino en un esfuerzo

propagandístico a gran escala destinado a inculcar en la población chilena el rrn'edo al adveninúento de un régimen marxista.

Pero en 1970 los chilenos decidieron no votar a favor de los candidatos de la CIA. Nixon y Kissinger ordenaron expresamente a la Central de Inteligencia que se impidiera por todos los medios que el

J nuevo presi . te llegara siquiera a ‗urar el cargo. Esta primera intentona fue abortada a raíz de la muerte de uno de los oficiales más leales a la Constitución chilena, el comandante René Sclineider, que perdió la vida en el transcurso de un intento de secuestro con el que los conspiradores golpistas pretendían mantenerle temporalmente fuera de juego. Allende se mantuvo en el poder hasta el 11 de septiembre de

1973, cuando murió en el palacio presidencial durante el golpe de estado liderado por el general Augusto Pinochet.

Sin la ayuda de EE.UU., el golpe de Pinochet seguramente no habría podido llevarse a cabo y, de haberlo hecho, no habría podido niantenerse una dictadura de 17 años sin una incesante campaña de terrorismo de estado amparado por Washington‘. Pinochet se convirtió en uno de los dictadores más represivos y sanguinarios de la historia. Durante los primeros cuatro años del régimen, más de 3.000 personas fueron torturadas y asesinadas en los calabozos de Pinochet. La CIA no Sólo apoyaba

tácitamente estas actuaciones, sino que además dio em-

‗William Biurn, Killin - U S. Military and CIA Interventions Since World War II, Black Rose Books g Hope , Buffalo, pqy,

1998.

4 Actividades de la CIA en Chile, Archivo de Seguridad Nacional estadounidense.

pleo a algunos de los más atroces de estos verdugos, como en el caso de Manuel Contreras Sepúlveda,jefe de una de las unidades de policía secreta más ternibles del régimen.

En la actualidad, los responsables de la CIA afirman que todo esto es «cosa del pasado», que

manejan «criterlos nuevos». Es posible que sea así pero, dados los antecedentes, es disculpable que no nos lo terrrn'nemos de creer.

En Honduras, Guatemala, Chile, Argentina, El Salvador y Nica~ ragua millones de hombres,

mujeres y niños fueron torturados y asesinados por militares y escuadrones de la muerte entrenados por la CIA.

Operación Cóndor

Durante el periodo comprendido entre finales de los sesenta y principios de los setenta, EE.UU. vio con creciente alarma cómo el Cono Sur, el territorio que consideraba su «patio trasero», se

encendía con una ola de enfrentarrúentos armados que amenazaban su tradicional hegemonía en la zona. En Uruguay, los Tupamaros asestaron golpes políticos espectaculares ‗. En Argentina, el marxista Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y los Montoneros se embarcaron en una despiadada lucha callejera contra las fuerzas de seguridad y los escuadrones de la muerte. En Bolivia, Hugo Bánzer salía a duras penas victorioso de un sangriento enfrentamiento con los populistas de izquierda. Brasil también fue escenario de un alzamiento armado izquierdista duramente reprimido por el ejército.

A los regímenes respaldados por EE.UU. en todo el continente les había salído un enerni'go común y resultaba, por tanto, lógico que la respuesta a este adversario fuera igualmente colectiva. Se trataba de una guerra santa contra la izquierda, lo que incluía a cualquiera que desafiara el statu quo, con las armas o con la palabra. Cualquiera que no se ajustase al guión, que expresase en alto ideas poco apropiadas o que secundase cualquier forma de movilización social pasó a ser un ene- ‗ Rogelio García Lupo, El Paraguay de Stroessner, Ediciones B, Buenos Aires, 1989.

liligo del Estado y, como tal, candidato a ser erradicado de cualquier forma y a cualquier precio. 1 1 1 los tecnicos pa EE.UU. proporcionó formación, dínero y medi ‗ Í

ra la instauración en cada uno de esos países de brutales aparatos de repreÍón. Es posible que, además, la intervención norteamericana si fuera decisiva en

la puesta en marcha de la llamada «operación Cóndor», una

conspiración de los ser-vicios de inteligencia de distintos países sudamericanos (Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia y Perú) con objeto de intercambiar información sobre presuntos elementos subversivos y colaborar en su persecución. En el marco de la operación se perrrutio a operativos de inteligencia o de las fuerzas armadas de los países participantes desplazarse libremente en el territorio de los otros para secuestrar o asesinar a sus conciudadanos. De esta forma, un exiliado

político podía ser secuestrado y llevado a través de las fronteras, torturado y desaparecido, sin autorización judicial alguna.

Antes del inicio de la operación Cóndor, la CIA insistió mucho en la necesidad de una mayor coordinación entre los servicios de inteligencia de la región. La agencia estadounidense hizo de celestina, concertando los primeros encuentros entre oficiales de seguridad argentinos

y uruguayos para discutir la vigilancia de los exiliados políticos. También se concertaron

encuentros entre líderes de los escuadrones de la muerte brasíleños con sus equivalentes argentinos y uruguayos.

Para ayudar aún más en este esfuerzo antisubversivo, la división de Servicios Técnicos de la CIA suministró equipos de tortura eléctrica a brasileños y uruguayos y adiestró en su manejo a los interrogadores que habrían de utilizarlos.

Nicaragua

en Centroamérica. En 1979, el Frente Sandinista de Liberación Nacional conseguía

hacerse con el poder en Nicaragua a pesar del apoyo rmilitar que los estadounidenses habían dado al hasta entonces dictador Anastasio Somoza. Los miembros de la brutal y odiada

Guardia Nacional somocista tuvieron que ser evacuados del país a bordo de un avión fletado por el gobierno estadounidense y camuflado con insignias de la Cruz Roja‘. A partir de entonces, los norteamericanos pusieron todo su empeño en socavar al nuevo regimen, a

pesar de que en 1984 unas elecciones democráticas dieron a los sandinistas el apoyo popular. La propaganda del gobierno Reagan describía la Nicaragua de la época como un nido de sedición, tierra de asilo del terrorismo internacional y quebrantadora de los más elementales derechos humanos dentro de sus fronteras, acusaciones todas ellas desestimadas por prestigiosos analístas internacionales de reconocida solvencia.

Con el triunfo de la revolución sandinista comenzaba en Nicaragua un nuevo período lleno de ilusión, pero también de dificultades. El país había quedado destrozado por la guerra, las víctimas habían sido muy numerosas y EE.UU. mostraba una cara abiertamente hostil ante las nuevas autoridades micaragüenses.

No obstante, la presunta horda roja retratada por la propaganda norteamericana promulgó el

Estatuto Fundamental de Derechos y Garantías del Pueblo Nicaragüense, una moderna constitución en la que, entre otras cosas, se reconocía el derecho incondicional a la vida de los seres humanos y se abolía la pena de muerte para cualquier delito y en cualquier circunstancia, algo que hoy día en los muy democráticos EE.UU. aún es algo de ciencia~ficción. El cambio de régimen

se produjo sin purgas ni lincharmientos, ni cazas de brujas. Lo que sí se llevó a cabo fue una eficaz política de nacionalizaciones y una

reforma agraria, ambas destinadas a equilibrar los desatinos y abusos perpetrados durante la dictadura somocista. Finalmente se perruitió la creación de partidos políticos y se convocaron elecciones libres en 1984.

La CIA intentó por todos los medios sabotear esas elecciones y dar la impresión de que estaban amañadas, para lo cual contó con la colaboración de Arturo Cruz, un candidato cuya nuisión era presentarse a los cornícios y luego retirarse aduciendo falsas mamipulaciones, y el ac-

‗Andrew A. Reding, Revolution and Counterrevolution in Nicaragua, Thomas Walker, Boulder (Colorado), 1991.

tual presidente, Enrique Bolaños, que se reunió en 1984 con funciolonarlos

de la CIA con el fin de trazar planes para reventar las elecci nes -. Estas finalmente se

celebraron el 4 de noviembre, saliendo elegido el líder sandinista Daniel Ortega como presidente del país, y sin que los observadores internacionales pudieran apreciar irregularidad alguna. mientras se constituía este gobierno legítimo y democrático, una

parte importante de la Guardia Nacional se había refugiado en Honduras y Costa Rica, iniciando una guerra contra el régimen sandinista gracias a la ayuda y la financiación estadounidense. En guerra las atrocidades fueron mayores si cabe que las habidas durante la revolución y fue necesario instituir el servicio nulítar, algo que causó lógico descontento en grandes sectores de la población. El gobierno estadotifflidense apoyaba en secreto y de forma Ilegal a la Contra. Dado que el

Congreso prohibió estas actividades para poder financiar fraudulentamente a los rebeldes, se tuvo que recurrir a la venta clandestina de armas a un país enemigo, y sujeto a un embargo de

armamento decretado por la ONU, como era Irán. El gobierno de EE.UU. fue condenado por el Tribunal Internacional de La Haya y requerido, sin éxito, para que cesase en su guerra de agresión contra

Nicaragua. Como respuesta a este requerimiento, en 1985 EE.UU. decretó un embargo comercial contra el país centroamericano.

El batallón 316

Ya hemos visto en otro capítulo que la droga fue otro de los medios elegidos por la CIA para burlar el control parlamentario y financiar a la Contra nicaragüense‘. Nicaragua sufrió durante aquellos días una campaña de terrorismo financiado por Washington que llevó inuerte y dolor a míles de hogares inocentes. En la vecina Honduras la cosa era peor, si cabe. A principios de los ochenta la CIA reclutaba en este país al general Gustavo Álvarez Martínez,jefe de la policía na-

- Ibid.

‗Aparte de las investigaciones periodísticas citadas en el capítulo correspondiente, el docum ento oficial que mejor retrata esta situación

es el Informe sobre drogas, aplicación de la ley y Política exterior emitido por el comité del Senado presidido por el senador John E

Kerry.

cional y las fuerzas armadas de Honduras, para que organizara el conocido

como «Batallón 316», un «escuadrón de la muerte» encargado de la «desaparición», tortura y ejecución sumaria de aquellos ciudadanos que no mostraran la debida simpatía por el régimen. El general Álvarez era un reconocido admirador de los métodos de sus colegas de la dictadura argentina y manifestó en más de una ocasión

su intención de ponerlos en práctica en suelo hondureño. Cuando el embajador estadounidense Jack Binss comenzó a mostrar su

preocupación por lo expeditivo de los métodos del general, fue inmediatamente sustituido por John Negroponte, un diplomático mucho

más afin a las tesis que por aquel entonces imperaban en el Departamento de Estado. A pesar de que sus funcionarios le pusieron sobre la mesa pruebas

concluyentes de los graves atentados contra los derechos humanos que perpetraba el ejército hondureño, no sólo hizo

la vista gorda, sino que falseó los informes oficiales de la embajada para dar a la opinión pública y al Congreso una impresión de normalidad

que en absoluto era real‘.

Negroponte también supervisó la creación de la base aérea de El Aguacate, donde asesores estadounidenses entrenaban a la Contra mcaragüense. La base fue utilizada por el Batallón -316 como centro

clandestino de detención y tortura. En agosto de 2001 comenzó la búsqueda en la base de las 185 personas que se cree fueron asesinadas

y enterradas en aquel lugar.Ya han aparecido algunos de sus cadáveres. A pesar de ello, al regresar de EE.UU. el embajador declaró a la prensa que había hecho lo que había podido y que no s e arrepentía del modo en que se aplicaron las políticas de EE.UU. en Centroamérica `. En la actualidad, este incontrovertible defensor de la libertad y la democracia es el embajador

estadounidense ante las Naciones Unidas, nombrado inmediatamente después de los atentados del 11 -S.

Libre de cualquier posible interferencia externa, los resultados no

se hicieron esperar. El Batallón 316 hacía desaparecer a diario a periodistas, sindicalistas y estudiantes. Los desgraciados a veces aparecían

‗ Gary Cohn y Ginger Thompson, «A Carefidly Crafted Deception», 77ie Baltimore Sun, 18 de junio de 1995. ―‘ Gary Cohn y Ginger

Thompson, «Former Envoy to Honduras Says he did what he could», Vie Baltimore Sun, 15 de diciembre de 1995.

en fosas comunes o en la cuneta de algún carruíno, pero en la mayor parte de las ocasiones sus seres queridos se quedarían para siempre en

la duda sobre cuál fue realmente su suerte.Tal fue el éxito de Álvarez

y sus sicarlos en su empeño de exterrrunar a la disidencia hondureña, que en 1983 el presidente Reagan le recibía en el Despacho Oval y le condecoraba con la Legión al Mérito por «contribuir al triunfo de los métodos democráticos en Honduras» ―. Por aquel entonces, la presencia de

«asesores» estadounidenses en el país era tan numerosa que aquellos que aún tenían ánimo para bromear lo llamaban los «Estados Unidos de Honduras».

KUBARK

El Batallón 316 fue oficialmente disuelto en 1987, si bien es sabido

que muchos de sus efectivos pasaron a formar parte de otras unidades militares y de espionaje del ejército hondureño. El general Álvarez fue asesinado en 1989 posiblemente por alguna víctima de su

escuadrón de la muerte. Sus últimas palabras fueron: «¿Por qué me hacéis

esto?» Finalmente, y a pesar de todas las manipulaciones habidas, acabó por conocerse la verdad del genocidio ocurrido en Honduras, e incluso en 1995 fueron llevados ante los tribunales algunos de sus

protagonistas `.También comenzó a saberse de la colaboración de la CIA en la formación y el entrenamiento del Batallón 316. Incluso pudimos saber cómo los asesores estadounidenses enseñaban a sus

pupilos métodos más eficaces de tortura. A iniciativa del diario Baltimore Sun se desclasificó un manual de interrogatorios de la CIA, llamado en clave KUBARK, que sirvió como libro de texto para adiestrar al Batallón 316 en sus macabras artes. El manual es un texto

sofisticado, académicamente impecable y, sobre todo, cínico y deshumanizado.

` Gary Cohn y GíngerThompson, «Unhearted: Fatal Secrets», Yle Baltimore Sun, 11 dejunio de 1995. ` Gary Cohn y GingerThompson,

«Honduras Changes Soldier», The Baltimore Sun, 26 de julio de 1995.

Las técnicas que en él se describen fueron aplicadas sobre un gran número de prisioneros en todos los

escenarios de actuación de la CIA. Son varios los puntos a destacar en este documento, no siendo el menor de

ellos la referencia explícita de la agencia a sus propias investigaciones sobre control mental --- conocidas bajo

el epígrafe de proyecto AlkUltra---, en las que se basan muchos de los métodos desarrollados en el texto.

El recetario de la CIA abarca multitud de temas innovadores en el ámbito de la tortura: * Control psicológico: Evidentemente hay que conocer bien a la

víctima si se aspira a ejercer la coacción de una manera eficiente.

Hay que analizar su personalidad, sus miedos y debilidades para encontrar ese punto débil que, manipulado de

la manera adecuada, hará que el interrogado se desmorone. En este ámbito resalta la recomendación de que la

presión sea ejercida de una manera creciente,

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