El poder de las sociedades secretas en EE. UU.
Existen grupos de poder ilegítimo que manipulan cínicamente la política internacional de EE.UU. La pertenencia a sus filas de los más importantes magnates estadounidenses de la información asegura que el público jamás oiga hablar de la existencia de estas sociedades secretas.
La idea de que la vida social y política estadounidense está realmente regida por una reducida elite — una oligarqula en el más estricto sentido del término— está respaldada por un ingente cúmulo de hechos. V Según una estadística llevada a cabo por la Reserva Federal estadounidense, tan sólo un 2 por ciento de las familias norteamericanas tiene en sus manos el 54 por ciento de la riqueza del país.
V Actualmente otros grupos de inspiración religiosa se están haciendo un hueco en el mapa del poder oculto estadounidense. Desde la misma fundación del país, la vida política, económica y social de EF. UU ha estado determinada por un complejo entramado de sociedades secretas que en la actualidad toman la forma de inocentes «fundaciones» o «comités asesores», pero que en realidad s¡guen siendo los órganos a través de los cuales la oligarqula estadounidense perpeti~a su poder. En una era industrial, científica y nuclear, la vida en una democracia, al igual que en una sociedad totalitaria, está determinada por un puñado de hombres.A pesar de sus diferentes aproximaciones al estudio del poder en América, los académicos —tanto polí— ticos, científicos como sociólogos— coinciden en que la llave de las 1 decisiones políticas económicas y sociales está en manos de pequeñas minorías‘.
No son sólo los eruditos los que así opinan. La idea de que la vida social y politica estadounidense está realmente regida por una reducida elite —una oligarquía en el más estricto sentido del término— está respaldada por un ingente cúmulo de hechos algunos de los cuales repasaremos en las próximas páginas.
Según una estadística llevada a cabo por la Reserva Federal estadounidense, tan sólo un 2 por ciento de las familias norteamericanas tiene en sus manos el 54 por ciento de la riqueza del país. Si ampliamos ese porcentaje para abarcar al 10 por ciento de los norteamericanos más ricos,
descubriremos que se encuentran en posesión del 86 por ciento del capital. Este estudio excluye a empresas e instituciones, la inmensa mayoría de las cuales son propiedad de o están controlad as por el dos por ciento de ciudadanos citado anteriormente. Estas cifras no hacen más que revelar el insondable abismo entre ricos y pobres abierto en la sociedad americana. En los últimos diez años, la diferencia de salario entre empleados con educación universitaria y aquellos que no tienen cualificación ha crecido en más de un ciento por ciento.
En la idea de EE.UU. como tierra de igualdad y oportunidades hay mucho de mito. Desde luego que es un país en el que todos son iguales, pero algunos son más iguales que otros. Durante generaciones, para ser miembro de la elite dirigente se requerían ciertas condiciones imprescindibles. Había que ser varón, blanco y rico. Pero existía otra condición, no tan evidente pero igualmente imprescindible, para ser admitido en ciertos círculos. Era necesaria la pertenencia a ciertos clubes e instituciones que ayudaban a establecer claramente la separación entre la clase dirigente y la plebe a la que estaban destinados a gobernar.
El más importante, selecto y poderoso de estos clubes es el conocido como Skull and Bones (Calavera y huesos), una sociedad secreta ~ue cada año admite a un limitado cupo de estudiantes del último iño de la Universidad deYale.
‗Thomas R. Dye y L. Harmon Zeigler, The Irony of Democracy.An Uncommon Introducuon o American Polities, Duxbury Press, California, 1975. 1 Durante décadas, Skull and Bones ha sido uno de los viveros más importantes en los qtíe los cachorros de la oligarquía estadounidense aprendía el duro oficio de dirigir desde la sombra la nacion mas poderosa del planeta. En la actualidad, la sociedad no ha perdido un ápice de su poder ni de su leyenda —recientemente se ha estrenado una película sobre el tema—, si bien se han adaptado a los tiempos y se sabe que recientemente han admitido testimonialmente en sus exclusivas filas a algún que otro negro, algún gay e incluso algún estudiante extranjero. No obstante, las mujeres siguen estando ausentes de la sociedad, hasta el punto de que sus miembros afirman que si un día una mujer es admitida en «La Tumba» el sancta sanctorum secreto del grupo— habría llegado el momento de dinamitar el lugar.
La importancia de Skull and Bones no radica en que se trate o no de un grupo de jovencitos empeñados en extraños ritos en una cripta subterránea, sino que el grupo liga a esos jovencitos, elegidos indistintamente entre los estudiantes más brillantes de la universidad y entre aquellos descendientes de las familias más poderosas —Bush padre e hijo fueron Skulls2— con lazos que les acompañarán durante el resto de sus vidas. Ser miembro de los Skulls supone para estos jóvenes ni más ni menos que su iniciación en el mundo de la alta política y/o el gran capital. Los miembros más viejos del grupo —senadores, gobernadores, altos ejecutivos e incluso presidentes se convierten en protectores de los más jóvenes, despejándoles su camino a la cumbre y asegurándose de que serán ellos los que hereden los sillones que algún día dejarán vacantes.
Uno de los aspectos más interesantes de esta sociedad secreta se centra en el gran número de sus miembros que tras abandonar la universidad entran a formar parte durante un tiempo de la plantilla de los servicios de inteligencia. Se ha especulado abundantemente sobre el grado de <>infiltración» de los Skulls en centros de poder tan importantes como la CIA, máxime cuando al menos un director de la agencia —George Bush padre— y varios de sus altos cargos de los últimos anos han sido identificados como Skulls. No sería de extrañar, pues la Webster GriffinTarpley y Antón Chaitkin, George Bush:The Unauthorized Biographv, Iixccutiuc I>¡sell~gen~w Review,Washington, 1992. Agencia serviría a los Skulls como una especie de «posgrado» en el que podrían aprender in situ lo que se mueve entre las bambalinas del poder.
La cantera de la CIA
Un ejemplo de la implicación de los Skulls con los trabajos de inteligencia es el del reverendo William Sloane CoffinJr. En EE.UU. se le conoce como un sacerdote que realizó una importante labor de
oposición a la guerra de Vietnam desde su parroquia de Riverside, en Nueva York, pero pocos saben que el reverendo pacifista fue reclutado por la CIA poco después de graduarse enYale en 1949 y que antes de eso había sido iniciado como Skull.Aunque su pertenencia a la Agencia fue relativamente corta, sirve para ilustrar cómo ésta ha empleado a los Skulls como cantera desde sus mismos orígenes.
El de Coifin no es el único caso;William E Buckley es uno de los más conocidos lideres de opinión de la derecha estadounidense y durante algún tiempo también compatibilizó el doble vínculo de pertenecer a la CIA y a esta sociedad secreta. Según diversos expertos en el tema, la relación de Buckley con la agencia se fraguó en 1954 en Ciudad de México, donde trabó amistad con el jefe de la estación local de la CIA, E. Howard Hunt, uno de los personajes más siniestros de la inteligencia americana, encausado años después por el escándalo Watergate> y al que diversas fuentes no dudan en relacionar con el asesinato del presidente Kennedy. Entre 1981 y 1982, Bucldey fue subsecretario de Estado para la Asistencia en Seguridad, Ciencia y Tecnología, con la misión de supervisar la ayuda militar estadounidense a los regímenes amigos, especialmente las dictaduras latinoamericanas.
Entre las más memorables intervenciones de este personaje destaca la justificación de las operaciones secretas de la CIA en Chile, que culminaron con la muerte del presidente democráticamente elegido Salvador Allende, como algo «necesario», ya que «sólo en virtud de la ayuda encubierta de EE. UU. pudieron sobrevivir las instituciones li Santiago Camacho, op. cit. bres chilenas en vista de las cada vez mayores medidas represivas del régimen de Allende». Desde luego, Buckley sabia mucho de las «institudones libres» de Chile a juzgar por sus contactos con la DINA, la sangrienta policía secreta de Pinochet. En septiembre de 1976, agentes de la DINA asesinaban en Washington al ex diplomático chileno Orlando Lettelier y parece ser que el entonces senador Buckley no está del todo libre de pecado con respecto a este caso. Tanto el FBI como el Departamento de Justicia confirmaron en su momento que dos de los agentes de la DINA implicados en el asesinato — Michael Townley y Guillermo Novo— habían mantenido una reunión con Buckley en su despacho de NuevaYork el 14 de septiembre de 1976, una semnana antes del atentado. Incluso se ha podido determinar que Buckley fue quien pagó los billetes de avión del citado Guillermo Novo.
Algún tiempo después, un agente de la CIA llamado David Adee Pbillips fue acusado de formar parte de la conspiración para asesinar a Letteher y organizó un fondo de ayuda para hacer frente a los previsiblemente elevados gastos legales. Entre los contribuyentes de ese fondo estaban el ex director de la CIA William Colby, el antiguo inspector general de la agencia Lymnan Kirkpatrick y, aparte de otros prominentes personajes de la comunidad de inteligencia estadounidense, un personaje que teóricamente nada tendría que ver con este asunto: James Buckley Podríamos citar algunos casos más, como el de Hugh Cunninham, Skull de la promoción de 1934 que, tras haber pertenecido al extinto Grupo Central de Inteligencia, sirvió en la CIA desde su fundación en 1947 hasta retirarse en 1973 como director de entrenamiento de la Agencia.William Bundy, Skull de la promoción de 1939, sirvió en los servicios de inteligencia durante la Segunda Guerra Mundial.
Entre 1951 y 1961 trabajó en la CIA. Más tarde se dedicaría a la política. Durante la guerra de Vietnam fue asistente para asuntos asiáticos del Secretario de Estado, periodo durante el cual se mostró en sus intervenciones públicas sumamente favorable a la intervención de EE.UU. en el Sudeste asiático: La preservación de los valores liberales, para América y para otras naciones, requiere el uso de todo el poder de los EE.UU., incluyendo, si es necesario, sus más sombrías aplicaciones.
Las «sombrías aplicaciones» a las que se refería Bundy consisten básicamente en el apoyo a dictadores, la revocación de gobiernos legítimos y democráticos, el asesinato político y similares. De todo esto sabía mucho Dino Pionzio, Skull de la promoción de 1950, que en 1970 era el jefe de la sucursal de la CIA en Santiago de Chile, siendo el principal responsable de la campaña de
desestabilización que sufrió el gobierno de Salvador Allende y colaborador imprescindible del golpe de estado del general Pinochet. En la actualidad es miembro de la Asociación de Antiguos Funcionarios de Inteligencia.
Cabe mencionar que la mayoría de los presuntos Skulls son vistos habitualmente en un exclusivo lugar de retiro en California conocido como el Bohemian Club en el que se reúnen con carácter anual para celebrar un rito en mitad del bosque del que sólo existen algunas fotografias borrosas tomadas con teleobjetivo a gran distancia. También cabe resaltar que la pertenencia a los Skulls parece tener un claro carácter hereditario, bien de padres a hijos —como en el caso de los Bush—, o entre hermanos —como los Bucldey.
El CFR
Sin embargo, el poder de los Skulls palidece cuando echamos un vistazo a otro grupo al que han terminado perteneciendo desde su creación todos los miembros de esta sociedad secreta universitaria63, todos los presidentes estadounidenses de las últimas décadas junto a los miembros de sus gabinetes, la mayor parte de los componentes del legislativo, del cuerpo diplomático y de los presidentes de los mayores bancos y empresas del país; un grupo que según muchos analistas, es el verdadero gobierno en la sombra del país. El Consejo de Relaciones Exteriores (Council of Foreign Relations, CFR) tiene su sede en la Harold Pratt House de la neoyorquina East 68th Street. Es una organización fundada en 1921, que desde 1922 viene publicando una in fluyente revista: Fore¡gn Affairs. Según la página web de esta publicación ~, la fundación del CFR se debe a: [...] varios participantes estadounidenses en la Conferencia de Paz de Paris que decidieron que había llegado el momento de que más ciudadanos particulares estadounidenses se familiarizaran con las crecientes responsabilidades y obligaciones internacionales de EE.UU.
Y así ha sido desde aquella fecha. De hecho, los miembros del CFR, más que «familiarizarse con las responsabilidades y obligaciones internacionales de EE.UU.» son actualmente quienes dictan y controlan esas responsabilidades. Tanto es así, que en la actualidad es casi imposible acceder a un puesto político de relevancia —incluida la Casa Blanca— sin ser miembro del GFR, una institución que no aparece recogida ni en la legislación ni en la constitución estadounidense y cuyos miembros no son elegidos democráticamente. No es propiamente dicha una sociedad secreta como el caso de los Skulls; su existencia es pública y notoria, pero no por ello deja de ser un club privado y exclusivo que tiene prácticamente secuestrado el poder politico en EE.UU.
Desde sus mismos origenes, el CFR fue concebido como parte de una red de grupos de influencia destinados a intervenir poderosamente en el curso de los acontecimientos internacionales. Según una publicación de esta organización fechada en 1936, varios rruembros especialmente influyentes de las diversas delegaciones concurrentes a la Conferencia de Paris de 1919 se reunieron discretamente el 30 de mayo de aquel año en el hotel Majestic de la capital gala <>para discutir la creación de un grupo internacional que pudiera aconsejar a sus respectivos gobiernos en materias de política internacional». Una segunda reunión fue convocada el 5 de junio en la que «los planificadores decidieron que seria mejor tener organizaciones separadas en los diferentes países para que colaborasen unas con otras».
Una red mundial
De esta forma, en EE.UU. se creó el CFR, mientras que en el Reino Unido se establecía una organización hermana, el Royal Institute of International Affairs (Real Instituto de Asuntos Internacionales), con sede en Londres, también conocido como Chatham House Study Group (Grupo de Estudio Chatham House) y públicamente reconocida como una de las instituciones que asesoran al gobierno británico en temas de política exterior. Más tarde se crearía el Institute of Pacific Relations (Instituto de Relaciones del Pacífico), destinado a tratar exclusivamente aquellos asuntos
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relacionados con el Lejano Oriente. Organizaciones similares vieron la luz en París y Hamburgo Los 3.200v asientos del CFR pronto fueron ocupados por lo más granado de la oligarqula estadounidense. Los Skulls obviamente se reservaron su parte, pero pronto quedó claro que la nueva organización era demasiado grande y se estaba volviendo demasiado poderosa como para ser controlada por la pequeña sociedad secreta.
Hoy día, los iruembros del CFR ocupan posiciones clave dentro de la política, el gobierno, los medios de comunicación, las instituciones financieras, las corporaciones multinacionales, el ejército y el aparato de seguridad nacional. Sin embargo, poco sabríamos de este grupo y sus actividades de no ser por un sorprendente libro titulado Tragedia y esperanza escrito por el Dr. Carroll Quigley, que fuera mentor de Bill Clinton en la Universidad de Georgetown.
En su libro, escrito a lo largo de más de 1.300 páginas con rigor académico y exhaustividad enciclopédica, Quigley hace importantes revelaciones de primera mano sobre el papel del CFR y otras organizaciones similares en la vida política estadounidense: Laurence H. Shoup yWifliam Minter, «Imperial Brainlrust:The Council on Foreign Relarions and US. Foreigo Policy>‘, Monthly Review Press, NuevaYork, 1977.
Robert Anton Wilson, Everything is under Control: Conspiraci es, Cults and Cover-ups, Harper- Perennial, NuevaYork, 1998. Carroll Quígley,Tragedy & Hope:A History of the World m Our Time, MacMillan, Nueva York, 1966. Sé de las operaciones de esta red porque la he estudiado durante veinte años y durante otros dos, a principios de la década de los sesenta, me fue permitido examinar sus documentos y archivos secretos.
Según Quigley, el control real de estas organizaciones lo detentan hís grandes dinastías financieras de Europa y EE.UU., que las utilizan para extender su poder desde el ámbito económico al político. Los préstamos que la banca internacional hace a los gobiernos en momnentos de crisis ya le aseguran una importante influencia sobre muchos gobiernos. El papel de las organizaciones como el GFR seria el dc emplear esa influencia «sugiriendo» determinados cursos de acción pretendiendo ser un grupo asesor independiente.
En el esquema que Quigley presenta en su obra, el CFR cumple eí papel de ser una más de estas organizaciones, cuyo fin sería el establecimiento de un nuevo orden mundial, algo que, como veremos en el epigrafe siguiente, llevan décadas planeando con increíble meticulosidad. §1 nptiuctos del futuro Cuando se revisan a posteriori las publicaciones del CFR es fácil llevarse la impresión de que sus miembros tienen escondida en alguna cati ura secreta de su sede de NuevaYork una bola de cristal con la que son capaces de contemplar el futuro. Lo cierto es que esto es así porque son ellos los que en sus reuniones fabrican buena parte de lo que habrá de ser ese futuro. Según la publicación número 2.349 del Departamento de Estado norteamericano suscrita por el que fiaera secretario de Estado y miembro del CER Edward Stettinius, a finales de 1939 y por sugerencia del CFR, se creó un comité de problemas de posguerra. Dicho de Otra forma, recién comenzada la Segunda Guerra Mundial, cuando aun faltaban dos años para que EE.UU. entrase en la contienda a raíz del ata>.íue japonés a Pearl Harbor, el CER ya estaba planeando el reparto del llitíndo una vez los fusiles callasen. Un grado de anticipación sumamente sospechoso y que da alas a los que opinan que la participación estadounidense en la guerra no tuvo nada de accidental.
En 1946, la Fundación Rockefeller invirtió 140.000 dólares en patrocinar a un equipo de historiadores para que redactaran la crónica de cómo entró EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial. Se trataba de contrarrestar la versión de los historiadores revisionistas que, como ya hemos visto, afirmaban que el pueblo estadounidense, completamente opuesto a la participación de su país en la contienda, había sido hábilmente manipulado por la administración Roosevelt bajo la influencia del CFR. Los Rockefeller estaban interesados en alejar del CFR toda sombra de sospecha, ya que su papel en esta organización ha sido del máximo protagonismo y, curiosamente, las «sugerencias» del CFR siempre
se encuentran acordes con los intereses económicos de la familia>. Un ejemplo de esto lo podemos ver en la guerra de Vietnam, una desastrosa aventura apoyada en sus orígenes por el CFR. Así, durante la década de los sesenta, toda una generación de jóvenes estadounidenses sufría y moría en las junglas de Asia, mientras la industria armamentística engullía vorazmente cientos de miles de