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El perdón me abre posibilidades para el futuro

«Y el Señor estaba con José, que llegó a ser un hombre próspero, y estaba en la casa de su amo el egipcio». (Génesis 39.2, LBA)

La historia de José, en Génesis, comienza con la descripción de una de las traiciones más amargas que la Biblia nos narra. José disfrutaba de un cariño especial por parte de su padre, y de una capacidad sobrenatural para soñar. Era el más pequeño de la familia, aquel a quien sus hermanos debían proteger. Sin embargo ellos solo cultivaron amargos celos y envidia hacia él.

Cierto día, el padre lo envió al campamento de los pastores para que investigara cómo estaban las cosas por allí. Sus hermanos, al verlo llegar, decidieron hacerle daño. Era tal el odio que le tenían que incluso alguno habló de matarlo, pero otro sugirió no llegar a este extremo. «Como ellos alcanzaron a verlo desde lejos, antes de que se acercara tramaron un plan para matarlo. Se dijeron unos a otros: —Ahí viene ese soñador. Ahora sí que le llegó la hora. Vamos a matarlo y echarlo en una de estas cisternas, y diremos que lo devoró un animal salvaje. ¡Ya ver en qué terminan sus sueños! Cuando Rubén escuchó esto, intentó librarlo de las garras de sus hermanos, así que les propuso: — No lo matemos. No derramen sangre. Arrójenlo en esta cisterna en el desierto, pero no le pongan la mano encima. Rubén dijo esto porque su intención era rescatar a José y devolverlo a su padre» (Génesis 37:17-22, NVI).

Sin embargo, el corazón despiadado de sus hermanos se manifestó cuando, aceptaron no matarle, pero decidieron venderle como esclavo a una caravana de mercaderes ambulantes. «Entonces Judá les propuso a sus hermanos:— ¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y ocultar su muerte? En vez de eliminarlo, vendámoslo a los ismaelitas; al fin de cuentas, es nuestro propio hermano. Sus hermanos estuvieron de acuerdo con él, así que cuando los mercaderes madianitas se acercaron, sacaron a José de la cisterna y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata. Fue así como se llevaron a José a Egipto» (Génesis 37:26-28, NVI).

El perdón nos abre posibilidades para el futuro, José es un gran ejemplo de esto. Pero quien se entrega a la amargura y piensa en la venganza, puede cegarse y perder las oportunidades que Dios ofrecerá.

Veamos las ventajas de mantener el corazón perdonador: 1. Me enfoco en las oportunidades, no en la amargura

José mantuvo limpio su corazón de rencor y eso le ayudó a aprovechar una pequeña oportunidad que tuvo para avanzar hacia los sueños de grandeza que venían de Dios. «Cuando José fue llevado a Egipto, los ismaelitas que lo habían trasladado allá lo vendieron a Potifar, un egipcio que era funcionario del faraón y capitán de su guardia. Ahora bien, el Señor estaba con José y las cosas le salían muy bien. Mientras José vivía en la casa de su patrón egipcio, éste se dio cuenta de que el Señor estaba con José y lo hacía prosperar en todo. José se ganó la confianza de Potifar, y éste lo nombró mayordomo de toda su casa y le confió la administración de todos sus bienes. Por causa de José, el Señor bendijo la casa del egipcio Potifar a partir del momento en que puso a José a cargo de su casa y de todos sus bienes. La bendición del Señor se extendió sobre todo lo que tenía el egipcio, tanto en la casa como en el campo» (Génesis 39.1-5, NVI).

Veamos los cambios drásticos en la vida de José:

a. De ser el hijo amado por su padre, a ser vendido como esclavo. b. De vestir espléndidamente, a usar uniforme de esclavo.

c. De tener autoridad en casa de su padre, a obedecer órdenes para hacer los trabajos más modestos.

Todos estos cambios radicales tuvieron su origen en la maldad de sus hermanos, que le robaron su herencia, su dignidad, una verdadera relación de padre a hijo, e incluso parecía que le habían robado hasta sus sueños. Sin embargo leemos que, aunque debe haber sido muy doloroso, José se repuso rápidamente de la pérdida y se enfocó en la pequeña posibilidad que tenía frente a él. Y con la ayuda evidente de Dios, llegó a escalar posiciones hasta ser elevado a la máxima posición administrativa de la casa.

Quisiera preguntarle, amigo lector: ¿Qué habría hecho usted? Y me pregunto a mí mismo ¿Qué habría hecho yo? José pudo haberse enfocado en el dolor, en la pérdida, y desarrollar un tremendo rencor y una profunda rebeldía. Pudo haber sido un esclavo desobediente, manifestar problemas emocionales, o caer en una depresión. Pero gracias a Dios, lo vemos enfocándose en las oportunidades y desechando el rencor.

Poco tiempo después, José es traicionado nuevamente y enfrenta otra vez la necesidad de mantener limpio su corazón de ¡a amargura. Lucha contra sus sentimientos y conserva el favor de Dios.

La esposa de su jefe lo invita a tener una aventura con ella. Él se resiste y la rechaza por amor a Dios y fidelidad a su jefe. Ella, despechada y ofendida, decide acusarlo de intento de violación ante su marido. Potifar, a pesar de | la gran confianza que tenía en José, le cree a su mujer y envía a José a la cárcel. «Cuando el patrón de José escuchó de labios de su mujer cómo la había tratado el esclavo, se enfureció y mandó que echaran a José en la cárcel donde estaban los presos del rey. Pero aun en la cárcel el Señor estaba con él y no dejó de mostrarle su amor. Hizo que se ganara la confianza del guardia de la cárcel, el cual puso a José a cargo de todos los prisioneros y de todo lo \ que allí se hacía. Como el Señor estaba con José y hacía prosperar todo lo I que él hacía, el guardia de la cárcel no se preocupaba de nada de lo que dejaba en sus manos» (Génesis 39:19-23, NVI).

José no dejó que la traición y la calumnia secuestraran sus sueños. Aun en la cárcel, el sueño de estar en eminencia se cumplió, pues Dios estaba con él.

Una de ¡as grandes ventajas de guardar nuestro corazón de la falta de perdón, es que conseguimos el apoyo de Dios. El pastor Charles Stanley dice: «Dios toma total responsabilidad por la vida de un hombre que se compromete a vivir completamente en su voluntad». Cuando obedecemos los mandamientos de Dios, él asume la responsabilidad por los resultados.

3. Dios convierte el odio de mis enemigos en bendiciones

El tiempo continuó su paso y José, el soñador, tuvo la oportunidad de j interpretar los sueños de dos presos, compañeros suyos. Uno es condenado, pero el otro sale en libertad, tal como lo predijo. Dos años más tarde, este ex convicto, quien era copero en el palacio real, recuerda la interpretación de su sueño dada por José, lo menciona ante el rey de Egipto recomendándolo como alguien que puede interpretar sueños, debido a que el faraón egipcio había tenido un sueño inquietante.

Es José quien ofrece al faraón la interpretación más convincente, y también aprovecha la oportunidad para presentarle un plan de administración del Imperio Egipcio, y un audaz procedimiento basado en la misma interpretación de! sueño real. El faraón accede asombrado por su sabiduría, y le otorga la responsabilidad de administrar todo el país por ¡os próximos catorce años. Los primeros siete años deberá todo el imperio almacenar granos, porque los siguientes siete serán de una gran escasez y será necesario echar mano de las provisiones recolectadas durante los buenos años.

¡La historia de José es fascinante! Vemos cómo Dios transforma los ataques de odio de sus enemigos en ocasiones para cumplir los sueños que colocó en él. Si no hubiera sido vendido como esclavo, jamás habría llegado a Egipto, si no hubiese sido arrojado injustamente a la cárcel, no habría conocido al copero del Rey. Si como esclavo y preso, no se hubiera instruido en su momento en administración, jamás habría alcanzado la experiencia de disponer de la riqueza del imperio egipcio y gobernarlo. Sobrevivir como una persona con propósito, a pesar de todo ese odio e incomodidad, sólo pudo ser posible porque mantuvo limpio su corazón.

4. Disfruto la vida al enfocarme en las bendiciones presentes

José, estando ahora en Egipto en una clara posición de autoridad, pudo haber iniciado una etapa de venganzas, pero no lo hizo. Imaginemos por un momento la angustia que vivió la esposa de Potifar a! saber que José iba a estar en autoridad sobre su marido.

Pero José valoraba más un corazón limpio de amarguras, que el escarmentar a quienes le habían lastimado.

Sucedió también que la escasez de alimentos que había anunciado, a raíz del sueño del faraón, no sólo afectó a Egipto, sino a toda la tierra. Y sus propios hermanos llegaron a Egipto buscando comprar granos. José en lugar de vengarse, se muestra ante ellos y los invita a que emigren y se establezcan en la tierra de Gozén, la mejor zona de Egipto. Su padre Jacob aun vive, y José lo trae a vivir con él.

Un tiempo después, el anciano muere en Egipto. Esto desencadena una situación que contiene una profunda enseñanza.

Los hermanos suponen que José no se ha vengado de ellos por el amor y respeto profundo que sentía hacia su padre. Pero ahora, al no estar ya presente el padre, temen lo peor. «Al reflexionar sobre la muerte de su padre, los hermanos de José concluyeron: "Tal vez José nos guarde rencor, y ahora quiera vengarse de todo el mal que le hicimos. "Por eso le mandaron a decir: "Antes de morir tu padre, dejó estas instrucciones: Díganle a José que perdone, por favor, la terrible maldad que sus hermanos cometieron contra él. Así que, por favor, perdona la maldad de los siervos del Dios de tu padre." Cuando José escuchó estas palabras, se echó a llorar. Luego sus hermanos se presentaron ante José, se inclinaron delante de él y le dijeron: —Aquí nos tienes; somos tus esclavos. —No tengan miedo —les contestó José—. ¿Puedo acaso tomar el lugar de Dios? Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente. Así que, ¡no tengan miedo! Yo cuidaré de ustedes y de sus hijos» (Génesis 50:15-21, NVI).

Los hermanos de José estuvieron habitando en lo mejor de la tierra de Egipto, pero no lograron disfrutarlo plenamente pues estaban siendo presa de su pasado, temiendo la venganza de José. Sin embargo, en José aprendemos el secreto de su éxito: creer que Dios contempla el panorama completo, y convierte el mal que nos hacen en bien, de acuerdo con sus propósitos de ayudar a mucha gente, y esto prevalece por encima de todo.

Así, nosotros también podemos perdonar las ofensas de nuestros semejantes, sabiendo que Dios tornará los ataques en nuestra contra y los transformará en bendición, para nosotros mismos y para otras personas. Creer firmemente esto hará que, a pesar del dolor que podamos sentir, veamos buenas posibilidades en el futuro.