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El pueblo no está preparado para la democracia

In document La Lengua de La Demagogiabrit (página 157-159)

2. Códigos linguisticos: las palabras en el populismo

2.5. Discurso populista y habla popular:

6.1.9. El pueblo no está preparado para la democracia

Hemos visto que según la “Leyenda Blanca”, el populismo toma el poder violentamente para darle al pueblo el sufragio universal, secreto y directo. Este sufragio tiene sus limitaciones: sólo permite elegir cada cinco años un candidato presidencial y una lista de repre- sentantes al Poder Legislativo, preseleccionada en bloque por las altas dirigencias del partido.

Todo intento de ampliar la participación política más allá de esos límites ha sido categóricamente rechazado por Acción Democrática. En tal sentido, afirma Enrique Tejera París:

Así se habla mucho de que sería mejor votar indivi- dualmente por cada candidato. Que así los parlamen- tarios responderían directamente ante sus electo-

Opinará el lector que son inconvenientes tantos padres para una sola democracia. Por el contrario, por su esencia, la democracia ha de tener tantos padres como ciudadanos. No puede, por definición, ser la obra de un sólo individuo. En cuanto consiste en participación de todos y cada uno, otro no puede hacerla por nosotros.

Bien lo ha señalado el historiador Ramón J. Velásquez:

El pueblo venezolano siempre ha estado animado de un profundo sentido democrático. La democracia ve- nezolana tiene una voz en la conciencia popular. Es una conquista del pueblo, no una invención de los partidos. Se trata de un largo proceso de luchas por la libertad.85

Más aun, como lo indica Herrera Luque:

a Betancourt le incomoda el papel de ortopeda o de preceptor de esa niña difícil que se llama democracia y que lo será plenamente –y estas son sus palabras– en la medida en que pueda funcionar y vivir sin hombres providenciales.86

Lo cierto es que esta custodia no cesa. Porque, como lo vere- mos en la sección inmediata, la meta última del populismo no está en lograr la democracia, sino en asumir con mayor eficiencia la tarea histórica tradicionalmente reservada a las dictaduras.

En todo caso, la repetición de la consigna ha terminado por darle una cierta aceptación. En la “Encuesta sobre Actitudes, Creen- cias, y Valores Políticos”; la afirmación conforme a la cual “Rómulo Betancourt es el padre de la democracia”, suscitó los siguientes gra- dos de adhesión o rechazo:

85. Velásquez, Ramón J. “La vieja Venezuela caudillista y viciada sobrevive en la democracia”. El Nacional. 29/6/1984, p. D-48.

XIX”.89 Quien pide la ampliación de la participación política, por tan- to, se coloca fuera del campo histórico, y sobre todo del ocupado por AD: habita simultáneamente “la ciencia ficción” y “el siglo XIX”.

A similar peregrinación hacia el pasado condena el presidente Jaime Lusinchi a quienes piden la elección de representantes me- diante el voto uninominal: resucitarían los supuestamente enterrados “caudillismo” y “personalismo”:

Porque podrían inducir al caudillismo, el personalismo en Venezuela. Es evidente que hay que avanzar. Es evi- dente que hay que perfeccionar el sistema electoral. Es evidente que nuestro pueblo es hoy más culto que an- tes y que en tal sentido se corresponde una evolución de la manifestación de su sentimiento electoral, pero, desde luego, las cosas no se pueden dejar a la buena de Dios y permitir que puedan resucitar al caudillismo, el personalismo que tanto daño han hecho al país.90

Quienes piden la ampliación de la participación política no sólo están fuera del campo histórico: están asimismo descolocados geo- gráfica y nacionalmente. El secretario general de Acción Democrática para la época, Manuel Peñalver, rechazó categóricamente tales refor- mas argumentando que “no somos suizos”.91 En el mismo sentido, Te- jera París dice de los reformistas que son: “formados muchos de ellos en Estados Unidos”. El discurso populista coloca fuera de la venezola- nidad a todo aquello que no es accióndemocratista.

Enrique Tejera París recurre en esta práctica, y dice que “no de- bemos dejarnos influenciar por modelos extranjeros anticuados y menos seguros”; que el voto directo “facilita la influencia o soborno por parte de los intereses privados”; lo llama “falacia de la democracia directa”, y termina equiparándolo, sin razón alguna, “a volver al voto múltiple del siglo pasado, en el que los ciudadanos más ricos, más ins-

89. Tejera París, Enrique. Op. Cit, p. 19.

90. Lusinchi, Jaime. El Nacional. 15/3/1987, p. D-1.

91. Citado en El Nacional, 9/2/1987, p. D-2.

res. Pero este sistema es muy criticado donde existe (como en Estados Unidos) porque facilita la influen- cia o soborno por parte de intereses privados. En cambio las planchas permiten que el partido ejerza un control ético y lo que debemos tratar es de refinar ese mecanismo interno de control (...). En todo caso, debiera estudiarse bien la reforma para que no se pierda el control partidista y la disciplina de la Frac- ción Parlamentaria.87

La preocupación por el control del partido es reiterada tres ve- ces en el breve párrafo. El representante ha de deberle su condición al partido, y no al elector: rendirá cuentas a aquél y no a éste. Quizá el elector no las merece.

O quizá sea simplemente inepto para decidir. Expertos en cuestio- nes electorales como Nerio Rausseo coinciden en presentar la amplia- ción de la democracia como proceso erizado de dificultades insalvables para “la masa”:

De cambiarse el sistema por otro donde el voto no sea por partido, sino por nombre de personas, se crearía al venezolano la necesidad de un aprendizaje que no será fácil ni rápido (...). Se trata de un sistema adecuado para la masa, aún cuando para la élite no lo sea; no valen la pena modificaciones sustanciales del sistema electoral.88

Al comentar la tesis de ciertos politólogos quienes querrían ca- nales más amplios que “informarían al gobierno de los deseos de to- dos los conciudadanos”, Enrique Tejera París advierte que están en los “límites de la ciencia ficción”; al mismo tiempo que “conduciría —de hacerse realidad— a sistemas obsoletos y reaccionarios del siglo

87. Tejera París, Enrique. Contribución a la tesis organizativa de Acción Democrática, p. 19.

El gendarme, dueño e intérprete exclusivo (encarnación inclu- so) de este “derecho efectivo”, no ha concluido entonces su tarea.

6.1.10. El demócrata necesario se justifica por su eficacia

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