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Rómulo Betancourt es el padre de la democracia

In document La Lengua de La Demagogiabrit (página 155-157)

2. Códigos linguisticos: las palabras en el populismo

2.5. Discurso populista y habla popular:

6.1.8. Rómulo Betancourt es el padre de la democracia

Si durante un siglo de proceso político no hubo voluntad popu- lar debido a la interposición del personalismo, tal voluntad debe al fin ser creada también por el acto providencial de un solo hombre. La de- mocracia ha de tener un padre, que no es el pueblo, sino Betancourt.

Por ello, Juan Liscano escribe en una hoja de su poemario Nuevo Mundo Orinoco: “A Rómulo Betancourt, padre y partero de la demo- cracia venezolana cuyos orígenes cuya historia y cuyos mitos forma- dores de la nacionalidad, se evoca aquí.”76

“Padre de la democracia, lo ha llamado el pueblo”, dice Gon- zalo Barrios, asimilando a Juan Liscano con la totalidad de la na- ción.77 Jaime Lusinchi varía el mismo tema, hablando de la “última y definitiva etapa de su patriarcado democrático”.78 El cronista so- cial Samuel Robinson repite sin más el elogio de Barrios, pero en mayúsculas: el líder es “PADRE DE LA DEMOCRACIA”.79

Progresivamente, el título va quedando pequeño, a juzgar por la opinión de Alberto Finol, miembro del CEN del partido:

Así es Rómulo Betancourt, se le llamará el padre de la democracia venezolana (...), se le señalará que fue el inspirador fundamental de la democracia en nuestro continente, y sin embargo aún le quedan actividades que por sí solas lo encumbran en la historia.80

Betancourt, por lo tanto, habría no sólo creado los partidos y la demo- cracia en Venezuela, sino además, por su sólo ejemplo, en toda América.

De tal modo, el proceso de modernización por el cual un elemento jurídico impersonal (la mayoría) legitima al gobierno, queda inscrito simbólicamente dentro de las relaciones arcaicas y

76. Nota de Luís García Morales en: “Juan Liscano, un poeta y un político”. Multimagen de Rómulo. s, p.

77. Citado a su vez por Robinson, Samuel, en op. Cit, p. 144.

78. Ibídem, p. 166.

79. Ibídem, p. 37.

80. Citado por Coromoto Álvarez en, “Betancourt político, hombre y amigo”. Últimas Noticias. 1/3/1987, p. 7. Si ninguno de estos rasgos alude de manera ni siquiera remota

a las clases dominadas en Venezuela, por el contrario, sí refiere a otra realidad social, así como la sátira de Quevedo sobre los pícaros, con toda su exageración estrafalaria, informaba fidedignamente sobre la España de su tiempo. Las “cosas adecas” aluden a la apresurada in- tentona de una dirigencia de clase media de revestir los modos y sím- bolos del status de las clases dominantes, usando como vehículo la ostentación del poder político arbitrario.

Que estas modestas listas, elaboradas por dos de nuestros más grandes humoristas, tienen un valor que va más allá de la comprensi- ble sorna de escritores radicales hacia sus adversarios, lo demuestra la posteridad que han tenido. A partir de ellas, cualquiera puede detec- tar “cosas adecas” o inventar algunas que tengan aire de tales.

Como en el caso del kitsch, hay en juego en esta operación un conjunto de reglas claramente discernibles. Boris Izaguirre advertirá que es adeco usar Centurys con placas del estado Aragua,75 y José Ig- nacio Cabrujas que lo es brindar con Grand Marnier en el desayuno. Pero lo más adeco de todo es confundir estas prácticas arribistas con “lo popular” y lo “venezolano”.

En la encuesta sobre “Actitudes, Valores y Creencias Políticas”, la afirmación: “La mayoría de los dirigentes accióndemocratistas tienen origen pobre” fue considerada verdadera por 61 encuestados (56,83 %), falsa por 50 (41,66 %); se abstuvieron de contestar nueve encues- tados (7,5 %).

La creencia, en líneas generales, puede considerarse como nota- blemente arraigada: sólo el 41,66 % la rechaza de manera explícita. Es probable que, a través de ella, se llegue a la conclusión de que burlarse de los corrompidos magnates populistas es burlarse de los pobres, y, por interpuesta persona, del pueblo. Como si quemar a Judas fuera quemar a Cristo.

El Congreso regala a Alcántara el título de “GRAN DE- MOCRATA” y a poco en los documentos políticos que el Presidente y los ministros publican se hacen referencias reiteradas a la necesidad nacional y a la decisión presiden- cial de fundar la REPUBLICA DEMOCRÁTICA, así, con mayúsculas en todas las ocasiones, tal vez para dar a entender que en esta oportunidad el término tiene que ver más con el título dado a Alcántara, que con la orienta- ción política del régimen. Es DEMOCRATICA la repú- blica en cuanto pertenece al GRAN DEMOCRATA.83

Para quien entendiere por democracia la interacción entre parti- dos, podría encontrar numerosos padres de la misma entre los funda- dores del Partido Liberal: Tomás Lander, Antonio Leocadio Guzmán. Como hemos dicho, fundaron un partido en toda regla; recurrieron a la opinión impresa y a la movilización popular urbana como medios ordinarios de lucha; propusieron el sufragio universal como medio de expresión de la soberanía del pueblo y lograron imponerlo –tras cruenta guerra civil– a partir de la Constitución de 1864.

La actuación de este partido fue generalizando –con las limitacio- nes de la época y de la pobreza imperante– las bases de una praxis de- mocrática formal durante el siglo diecinueve. En el presente, tal práctica fue interrumpida por las dictaduras de Gómez y de Pérez Jiménez. Be- tancourt no fue factor determinante del fin de ninguna de ellas. Por el contrario, protagonizó un golpe de mano contra un gobierno legítimo, liberal, respetuoso de todo tipo de derechos y que daba pasos hacia la reinstauración del sufragio universal. De dicho golpe habrían de nacer un breve ensayo electoral de tres años, y otra dictadura de una década.

Alfredo Tarre Murzi, quizá para contrarrestar la naciente sacraliza- ción de Betancourt, afirma en su biografía del sucesor de Gómez: “A Ló- pez Contreras le corresponde, sin duda alguna, el papel histórico de haber iniciado en el siglo XX el proceso de la moderna democracia venezolana”.84 Medina Angarita estuvo a punto de completar dicho proceso.

83. Velázquez, Ramón J. Op. Cit, p. 22.

84. López Sanin. López Contreras, de la tiranía a la libertad, p. 414. autoritarias del patriarcado. Se completa así el cuadro de apropia-

ción simbólica de una forma de gobierno, primero por un partido, luego por un hombre. Si AD es “la democracia” y Betancourt es el padre de la misma, los opositores quedan excluidos del campo así definido: son la no democracia, o, por lo menos, no son parientes ni compadres de ella. O son malos hijos, que al oponerse a Betan- court le pegan a su familia.

La atribución, desde luego, puede ser aceptada o rechazada des- de el punto de vista subjetivo, pero en el nivel histórico no se sostiene: la democracia ha tenido demasiados padres, muchos de ellos verda- deramente insólitos. Juan Vicente González llamó a Boves “el primer caudillo de la democracia venezolana”. Juan Uslar Pietri extiende el honor de tal denominación a José Félix Ribas, ardiente patriota de origen aristocrático que movilizó a pardos y esclavos.81

Asdrúbal González se acerca a atribuir tal carácter a Piar, ejecu- tado, en su opinión, no por la alegada insubordinación sino por sus proyectos de llevar la guerra de colores al campo patriota. De acuerdo a Asdrúbal González, “Bolívar recogió banderas de las manos ensan- grentadas de Manuel Piar, y luchó al lado de los esclavos por la liber- tad de estos, con los pardos por eliminar definitivamente las barreras de las castas, con el pueblo para que tuviera una patria, y un ideal, y una bandera”.82 Es el mismo punto de vista de Francisco Herrera Lu- que en su novela Piar, Caudillo de dos colores.

En cuanto a Bolívar, en todos sus proyectos constitucionales sentó la soberanía popular como base del gobierno. Ello había sido una constante en los anteriores pronunciamientos independentistas.

José Antonio Páez tuvo, además del modesto título oficial de “padre de Venezuela”, los no menos modestos y oficiales de “sostene- dor del poder civil” y de “fundador de la República”, conceptos ambos afines a la democracia.

Como bien señala Ramón J. Velázquez, ya en 1877:

81. Uslar Pietri, Juan. Historia de la rebelión popular de 1814, pp. 91-197.

Completo acuerdo 7,5 % De acuerdo 25 % Mediano acuerdo 21,25 % Ni acuerdo ni desacuerdo 10 % Mediano desacuerdo 7,5 % En desacuerdo 11,25 % Completo desacuerdo 6,25 % No saben, no contestan 11,25 %

Como se puede observar, los tres primeros rubros de personas que expresan diversos grados de acuerdo con la idea totalizan el 53,75 % de los encuestados. La rechazan en diversos grados el 25 %. Entre los que son neutrales y los que no contestan, se llega al 21,25 %.

La propaganda populista progresivamente va relegando al olvi- do la gloria, y quizá hasta la memoria, de siglo y medio de forjadores de la patria y de la democracia.

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