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Verbalización explícita de las impresiones subjetivas

In document La Lengua de La Demagogiabrit (página 51-54)

2. Códigos linguisticos: las palabras en el populismo

2.5. Discurso populista y habla popular:

2.5.5. Verbalización explícita de las impresiones subjetivas

Incluye Bernstein entre las características del “código elaborado”, el que las impresiones individuales son “verbalizadas por intermedio de la estructura de relaciones entre las frases y al interior de las frases, es decir de manera explícita”. Por contraposición, el código restringido, o “habla po- pular” comprende “impresiones individuales en estado implícito en la or-

24. Pérez Huggins, Argenis. Betancourt y Caldera. Discurso e ideología, p. 75.

25. Loc. Cit.

26. Mounin, Georges. Claves para la lingüística, p. 77. explica este predominio por la situación de diálogo, en la cual

“se instó a hablar de sí mismos” a los locutores; también por el predominio del uso del indicativo sobre el subjuntivo, ya que “el modo indicativo y el ‘yo’ se implican mutuamente: constituyen una exigencia irreversible”.22

En el discurso político analizado encontramos que sobre 203 ocurrencias la primera persona es utilizada 58 veces (28,5 %), y la tercera persona 145 (71,42 %). Este empleo de las personas verba- les casi invierte el registrado por Achábal, por lo menos en el aspecto formal. En efecto, el emisor del discurso emplea muy frecuentemente la tercera persona para referirse a sí mismo, con expresiones tales como “el partido”, “el gobierno que presido”, “la administración democrática”. Una parte significativa de tales terceras personas, de hecho disimulan la primera persona del singular.

Desde tal perspectiva, el emisor del discurso sí hace un número de autoreferencias significativamente frecuente. En la muestra amplia de tex- tos que analizamos a efecto de verificar los valores según el método de Rokeach (V. 5.1. y 5.2), verificamos que de 788 menciones del emisor y del receptor del discurso, 563 son automenciones del emisor, bien caracterizado como líder, como partido o como gobierno (71,44 % de las menciones totales). El uso real de la primera persona supera con creces el empleo de la misma en el habla popular: sólo que dicha primera persona está enmascarada en el discurso político, y no se jus- tifica por la situación de diálogo (el poder emite discurso, no dialoga). Después de todo, el uso abierto del “yo” en el discurso político tiene sus riesgos. Para desacreditar el manifiesto que Rojas Paúl lanzó desde el exilio en Curazao en 1892, se dijo que dicho documento “principia por yo y acaba por mí”.23 Y el actor cómico José Cadavieco satirizó durante décadas a Jóvito Villalba porque a éste se le es- capó un “yo y mi partido” al inicio de una arenga.

Es entonces perfectamente válida la conclusión de Argenis Pérez Hu- ggins en el sentido de que “en Betancourt, a través de un yo perfectamen-

22. Achábal, Juana. Op. Cit, p. 32.

mencionado hay 21 palabras que aluden, de manera directa o metafó- rica, a la emoción. En el párrafo inmediato declara su íntima frustra- ción al pensar que no podrán leer esas páginas compañeros caídos.29

Esta práctica es constante en mensajes de tal tipo. Así, llega a San Cristóbal “con la devoción que inspira su recuerdo a lo largo de los años y también con la honda emoción del venezolano y del gober- nante que se acerca a la puerta de la patria y observa desde ella la vasta extensión de la heredad”.30

En discurso de 6 de abril de 1948, en la apertura de la Novena Conferencia Interamericana:

Hablo a vosotros, representantes de los gobiernos americanos, en nombre de Venezuela, su gobierno y su pueblo. Y lo hago dominado por profunda y sincera emoción (...). Esta invocación emocionada no es soco- rrido pórtico para un discurso retórico más.31

En otro sitio:

Este es un día de verdadero júbilo para mí. Sentí una extraordinaria satisfacción cuando su Eminencia, el cardenal Quintero, estaba bendiciendo este Parque del Este, en cuya construcción ha puesto su mayor desvelo el gobierno que presido.32

Y en otro aun:

Es particularmente satisfactorio para mí iniciar una gira hacia Oriente por mi pueblo natal, tan lleno de emoti- vos recuerdos para mí. Generalmente se considera que el hombre público, y más si ha sido un hombre públi- co que no ha vivido entre algodones, sino luchando y

29. Betancourt, Rómulo. Venezuela, política y petróleo, pp. 5-6.

30. Betancourt, Rómulo. La revolución democrática en Venezuela, p. 38.

31. Betancourt, Rómulo. América Latina: democracia e integración, p. 169.

32. Betancourt, Rómulo. Discurso del 6 de enero de 1962, en el Parque del Este. Op. Cit, p. 214. ganización de la frase: es un lenguaje de significación implícita”.27 En otras

palabras, quien maneja el “código elaborado” de las clases dominantes dispone de un instrumento que le permite verbalizar perfectamente sus impresiones subjetivas y comunicarlas eficazmente a través del código del lenguaje. Quien sólo dispone del “código restringido” del “habla popular” tiene dificultades para expresar su subjetividad: debemos inferirla a partir de otros signos distintos del código lingüístico (tono de voz, gestos). En alguna manera, está reducido a solicitar “interpreten mi silencio”.

Estas referencias a la subjetividad del emisor configuran la fun- ción expresiva del lenguaje que, según indica Olivier Reboul, “está centrada sobre el destinador del mensaje, aquél que habla o que escri- be”. Dicha función “no se limita a la emoción: ella aparece desde que el discurso comporta una información sobre su autor: su pasión, su creencia en el espacio y el tiempo”.28

En el lenguaje populista por regla general hay un énfasis en lo que pudiéramos llamar “la expresividad de la función expresiva”: el emisor informa continuamente sobre las pasiones y emociones que está experimentando. Conforme a las reglas del kitsch, que ha señalado Abraham Moles, tales emociones son las automáticamente previsibles (las banales), y están descritas en su mayor grado de acentuación. Son estereotípicas y casi invariables: el emisor siente “emoción”, cuando no “pasión” (inevitablemente honda, sincera o confesa) ante el conte- nido de su discurso o la presencia del que lo recibe (V. 2.4.5).

Así, el emisor populista se declara continuamente sacudido, alte- rado, conmocionado por aquello que comunica. En la primera intro- ducción a Venezuela, política y petróleo, Betancourt advierte al lector que “no leerá páginas escritas con tersa serenidad”. Luego, que escribe “como pienso y como siento”. Venezuela está “en su sangre y en sus huesos”; le “duelen sus dolores colectivos”; sería un “farsante si jugara a la comedia de la imparcialidad”; de allí la “pasión confesa” con que analiza sus problemas, y termina por ello comparándose con “otro gran apasionado”, don Miguel de Unamuno. En 16 líneas del párrafo

27. Bernstein, Basil. Op. Cit, pp. 31-40.

bre. Porque para nosotros la política no es discusión a la sordina, en trastiendas cómplices, sino abierto, público y vigoroso debate ante la opinión de las grandes cues- tiones nacionales. Así estamos cumpliendo ya, durante cuatro años, aquel compromiso solemne que contraji- mos con nuestro pueblo de venir como partido político a romper el pacto infame de hablar a media voz.34

En el breve párrafo concurren doce protestas de sinceridad, de diafanidad de intenciones y de alejamiento de “trastiendas cómplices”. No están de más: Betancourt preparaba en el más absoluto secreto el golpe militar que habría de estallar al día siguiente.

En el mismo sentido, en textos de otras fuentes:

“Continuamos hablando el mismo lenguaje de ruda franqueza para enfocar los problemas de la nación”.35

“Pérez Alfonzo desnudó también ante el país las verda- deras características de la economía nacional”.36

“Al utilizar esa técnica de la verdad despiadada, demos- trábamos confianza en nuestro pueblo”.

“El gobierno de AD no ocultó, detrás de amañadas ma- niobras, su interés en que subieran sueldos y salarios”.37

“Deber del gobernante animado del sentido de respon- sabilidad con el país y con la historia es el de no esca- motear verdades, o decirlas a medias, cuando la nación vive horas de dificultades”. (Mensaje al Congreso para solicitar la Ley de Medidas Económicas de Urgencia, 4 de mayo de 1961).38

“He creído necesario ser explícito y hablar claro”.39

34. Caballero, Manuel. Rómulo Betancourt y los partidos modernos, p. 92.

35. Betancourt, Rómulo. Op. Cit, p. 350.

36. Loc. Cit.

37. Betancourt, Rómulo. Op. Cit, p. 351.

38. Betancourt, Rómulo. Op. Cit, p. 359.

39. Telegrama al senador Abel Santos Stella, sobre la intervención al Banco Táchira, 27 de abril de 1961.

combatiendo, es una especie de robot con un cerebro electrónico, sin corazón y sin sentimientos. Esto es ab- solutamente falso. Precisamente por tener sensibilidad hay hombres públicos que no vacilan en entregar lo mejor de sus esfuerzos al mejoramiento de las condi- ciones de vida, en el orden político, económico y social del país donde nacieron y actúan.33

También está presente en la conducta pública. Al juramentarse como Presidente en 1959, llora. De esta circunstancia se enteran los que siguen la ceremonia por radio, ya que advierte, para los micrófo- nos: “¿qué hace un hombre como yo, llorando?”.

Esta presencia constante de la función expresiva en el mensaje popu- lista podría tener dos finalidades. En primer lugar, la de asegurar un con- tacto empático con el público: la emoción tiende a contagiarse, a crear a su vez emoción. Afirmar que se la siente es una invitación a compartirla.

Por otra parte, la alusión continua a las emociones del emisor cumple, tangencialmente, una función referencial; la de insinuar la sinceridad del comunicador. Alguien que se presenta como poseído de una emoción casi indominable no parece tener el suficiente con- trol de sí mismo como para mentir. Como el borracho, el apasionado supuestamente es verídico.

El orador se ocupa de recordar continuamente la veracidad, la franqueza, la falta de engaño que lo caracterizan, cualidades que que- dan comprobadas por la misma reiteración autorreferente. Es una práctica frecuente en todo tipo de mensaje de Betancourt. Así, en el discurso del 17 de octubre de 1945:

Ha venido esta noche, una vez más, Acción Democráti- ca a decir su palabra clara y sin esguinces; ha venido esta noche el Partido del Pueblo a hablarle al pueblo en su mismo lenguaje sincero y tajante de siempre, agarrando al toro por los cuernos y llamando las cosas por su nom-

aislamiento de tales rasgos permite situar la especifidad del estilo, y, posiblemente, algo de su eficacia agitativa.

Examinemos primero la previsibilidad lexical o banalidad de las asociaciones. Es este uno de los rasgos donde existe más con- tacto entre el discurso populista y el “código restringido” del habla popular. Hasta sus partidarios, como Gottberg, creen notar en los discursos de Betancourt, “verdaderos catálogos de expresiones car- gadas de volición y urgencia: repetiré machaconamente, reiterar, hasta el cansancio”.43

Más que en las expresiones, la reiteración está en la acumulación de léxicos previsibles y que no añaden información alguna. Que, en otras palabras, podrían ser suprimidos sin que el discurso sufriera vi- sible pérdida de significado. También Argenis Pérez Huggins ha ad- vertido esta redundancia: al efecto opina:

que tanto la retórica académica de Caldera como la retórica publicitaria de Betancourt, implican una vo- luntad de saturación múltiple en el plano significante, orientada a promover signos expansivos para la crea- ción de un sentido obvio. Tal metalenguaje mítico, de fuerte carácter redundante, permite ejercer una pre- sión psicológica en el receptor y movilizarlo para que se someta a las ‘evidencias’ impuestas.44

Como bien lo indicó Roland Barthes:

La tautología es el procedimiento verbal que consiste en definir lo mismo por lo mismo (‘El teatro es el tea- tro’). Se puede ver en ella una de esas conductas má- gicas de las que se ocupó Sartre en su Esbozo de una teoría de las emociones: nos refugiamos en la tautolo- gía como en el miedo, o la cólera, o la tristeza, cuando

43. Liscano, Juan, et al. Op. Cit. s, p.

44. Pérez Huggins, Argenis. Op. Cit, p. 82.

“En ese documento dije con diáfana sinceridad que sus primeros pasos como gobernante de los Estados Uni- dos eran indicio de una rectificación de rumbos”.40

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