Tal vez esta lección -que maduró de manera definitiva en 2005- se empezó a gestar en mí desde mucho tiempo atrás. Desde hace mucho admiro la visión, el carisma y la capacidad de ejecución de personas como don Francisco de Sola, don Enrique Uribe P., don Roberto y don Alberto Motta, don F. Alfredo Pellas, don Jorge Manuel Dengo, don Luis Poma y don Walter Kissling G. –entre otros grandes hombres y mujeres de la región- como los modelos del empresario productivo y del tipo de líder que nuestra sociedad necesita. Mi comprensión actual del papel de los empresarios –entendidos como visionarios emprendedores con y sin fines de lucro- se ha visto muy influenciada por el hecho de haberme podido acercar a través de INCAE y sus redes, a algunos verdaderamente notables como amigo personal, en algunos casos compartiendo iniciativas, juntas directivas y proyectos comunes. No quiero mencionar otros nombres porque seguramente dejaría algunos por fuera y eso no lo quiero hacer. Cuando los describa, ellos sabrán quiénes son.
Latinoamérica, desde tiempos de los grandes próceres de nuestra historia, desarrolló la visión equivocada de que el desarrollo dependía de los gobernantes –en algunos casos militares- y le ha dado un peso equivocado y excesivo al quehacer de los políticos en el proceso de desarrollo económico y social. Para mí es claro que un gobierno puede destruir el desarrollo y sus avances. Es también claro que los gobernantes crean condiciones –propicias o no- para la acción de los empresarios. Pero es más claro aun que el desarrollo económico, social -y cada vez más el ambiental- dependen de la acción de los empresarios productivos y sociales. Sin acción de los empresarios no hay progreso ni prosperidad en las sociedades modernas.
Si bien he definido de manera muy simple que un empresario es un visionario emprendedor –o sea que actúa para alcanzar su visión- su impacto sobre la sociedad y el medio es múltiple, complejo y definitivo de los niveles de desarrollo que se pueden alcanzar. Un empresario –grande o pequeño- es el creador fundamental de riqueza mediante la realización de inversiones; la generación de empleo; la creación de valor social y productivo a través de los bienes y servicios que aporta a la sociedad; y el uso productivo y de recursos naturales. Un país que da a los empresarios el espacio y el apoyo público necesarios alcanza mayores niveles de productividad en el uso de sus recursos, mayor innovación para beneficio de sus consumidores y más recursos –por vía de impuestos y responsabilidad social empresarial- para impulsar el cambio social y ambiental.
En tiempos recientes he tratado de impulsar una escuela de pensamiento en la que la responsabilidad social de los empresarios no se limita a los recursos que por filantropía personal o corporativa se inviertan en actividades fuera de las
empresas. La responsabilidad social de los empresarios empieza precisamente en la creación de riqueza a través de la inversión de su capital, de la generación de empleo, de la producción de bienes y servicios deseables que son ofrecidos a precios que el mercado acepta. Es también parte de la responsabilidad social el cumplimiento de todas las leyes relevantes –fiscales, laborales, ambientales, comerciales y otras- para una gestión empresarial que estimule el desarrollo del buen gobierno. Es parte de la responsabilidad social el trato y beneficios que se brinden a los colaboradores de una empresa y la justicia y transparencia con que se manejen las relaciones con suplidores y clientes. Es parte de la responsabilidad social asegurarse que todos los stakeholders son tratados con justicia, transparencia y respeto a las condiciones en que se establecieron las relaciones con ellos. La presencia, participación y actitud de la empresa ante las comunidades relevantes –geográficas, gremiales, profesionales, laborales y otras.- y el tipo de relaciones y actividades que se desarrollen con cada una de ellas, es parte importante de la responsabilidad social, como lo es también el impacto de la empresa, su cadena de valor y sus acciones sobre el contrato social y la estrategia nacional vigentes.
Sólo después de asegurar que la empresa contribuye en todos estos niveles es relevante pensar en acciones filantrópicas adicionales que proyecten el empresarialismo hacia nuevas formas de contribuir con el desarrollo social y ambiental. Y en este campo también han destacado los empresarios desarrollando organizaciones capaces de enfrentar importantes retos sociales y ambientales en las naciones y comunidades en que operan. Los empresarios son los gestores centrales del proceso de desarrollo. Con buen gobierno, su acción se magnifica y
crece, lo que lleva las naciones y sus ciudadanos a prosperar más rápida y claramente. Pero sin acción empresarial no hay gobierno capaz de desarrollar una nación. Si en el pasado hemos llenado nuestros libros de historia, nuestros museos y nuestras plazas de una historia política, geográfica y hasta militar, en el futuro debemos llenarlos de una comprensión clara del papel definitivo de los empresarios en el proceso de desarrollo.
Para los empresarios verdaderos –aquellos que ejecutan sus visiones del mundo y de la sociedad- toda mi admiración. Sin ellos no hay desarrollo posible, una lección que debe ser compartida por todos los estratos y segmentos de nuestra sociedad.
V E I N T I C I N C O