III. Marco Metodológico
III.1. Enfoque y modelo de análisis
III.1.1. Enfoque psicocultural
En el presente estudio se tendrá en cuenta una visión de la psicología cultural próxima al individuo, en contraposición por ejemplo a la visión macro cultural señalada por Carl Ratner. En este sentido y aunque la visión de Ratner sobre la psicología macro cultural no es la que se tendrá en cuenta en la presente investigación, vale la pena mencionar brevemente que Ratner (2011) plantea que la psicología macro cultural es tanto una teoría psicológica como una disciplina. Este autor considera que la psicología se origina en factores macro culturales – instituciones sociales, artefactos y conceptos culturales- y que las características psicológicas expresan rasgos de esos factores macro culturales.
En la línea del enfoque que se utilizará en la presente investigación, uno de los primeros autores en hablar de una psicología cultural fue Jerome Bruner en su conocido libro titulado Actos de significado. Más allá de la revolución cognitiva. En este libro este autor propone un enfoque histórico e interpretativo para entender los productos culturales del ser humano. Propone que la psicología se ocupe esencialmente del significado, ya que considera que el significado debe ser el concepto fundamental de la psicología, junto con los procesos y transacciones que se dan en la construcción de los significados. Para este autor esto la convierte inevitablemente en una psicología cultural, en una psicología centrada en el significado y orientada culturalmente. Estos planteamientos sirven de base para la presente investigación.
Señala que la cultura es la que moldea la vida y la mente humanas, la que confiere significado a la acción situando sus estados intencionales subyacentes en un sistema interpretativo. Esto lo consigue imponiendo patrones inherentes a los sistemas simbólicos de la cultura: sus modalidades de lenguaje y discurso, las formas de explicación lógica y narrativa y los patrones de vida comunitaria mutuamente interdependientes.
La psicología cultural no busca negar la biología o la economía, sino mostrar cómo las mentes y las vidas humanas son reflejo de la cultura y la historia tanto como de la biología y los recursos físicos, utilizando las herramientas de interpretación de las que siempre se ha servido el investigador de la cultura y la historia. Para Bruner (2006) no existe una sola explicación del ser humano, ni biológica ni de otro tipo. En última instancia, ni siquiera las explicaciones causales más poderosas de la condición humana pueden tener sentido y plausibilidad sin ser interpretadas a la luz del mundo simbólico que constituye la cultura humana.
Una psicología sensible a la cultura debe basarse no sólo en lo que hace la gente, sino también en lo que dice que hace, y en lo que dice que la llevó a hacer lo que hizo. También se ocupa de lo que la gente dice que han hecho los otros y por qué. Y, por encima de todo, se ocupa de cómo dice la gente que es su mundo. Decir y hacer constituyen una unidad funcionalmente inseparable en una psicología orientada culturalmente.
La psicología orientada culturalmente no desprecia lo que la gente dice sobre sus estados mentales. Por el contrario, el supuesto fundamental de este tipo de psicología es que la relación entre lo que se hace y lo que se dice es, en el proceder normal de la vida, interpretable.
Esta psicología adopta la postura de que existe una congruencia públicamente interpretable entre decir, hacer y las circunstancias en que ocurren lo que se dice y lo que se hace. Es decir, existen relaciones canónicas establecidas por mutuo acuerdo entre el significado de lo que decimos y lo que hacemos en determinadas circunstancias, y esas relaciones gobiernan cómo conducimos nuestras vidas unos con otros. Además, existen procedimientos de negociación para desandar el camino cuando esas relaciones canónicas son violadas. Esto es lo que hace que la interpretación y el significado sean fundamentales en la psicología cultural.
La psicología cultural, casi por definición, no puede preocuparse de la conducta sino de la acción, que es su equivalente intencional, y más concretamente, se preocupa de la acción situada (situada en un escenario cultural y en los estados intencionales mutuamente interactuantes de los participantes). Las verdaderas causas de la acción humana son la cultura y la búsqueda del significado dentro de la cultura.
Al estudiar un concepto determinado la psicología cultural impone dos requerimientos o criterios estrechamente relacionados entre sí (Bruner, 2006). Uno de ellos es que estos estudios deben centrarse sobre los significados en función de los cuales se define ese fenómeno tanto por parte del individuo como por parte de la cultura en que éste participa. El segundo requerimiento o criterio es prestar atención a las prácticas en que el significado de ese concepto se alcanza y pone en funcionamiento. Hay que explorar no sólo el significado, sino también su utilización en la práctica. Para que resulten viables en una psicología cultural, los
conceptos deben llevar consigo una especificación acerca de cómo hay que usarlos tanto en la acción como en el discurso que rodea a la acción.
Como ya se señalaba en la Introducción, diversos autores, en concordancia con los lineamientos planteados por Bruner (2006), hacen sus aportaciones acerca de lo que consideran las características más relevantes de la psicología cultural, sobre cuáles son sus objetivos fundamentales, y además, aportan sus propias definiciones de la misma.
En este sentido, Esteban (2008) plantea que la psicología cultural es un modo de hacer psicología que parte de la premisa que mente y cultura se constituyen mutuamente. Según este autor la psicología cultural con el fin de superar cuatro reduccionismos (a lo racional, a lo individual, a lo interno y a lo innato) postula que la vida mental incluye aspectos intelectuales y afectivos, que su origen es sociocultural, se distribuye entre las personas y los artefactos que utilizan, y tiene que ver más con los cuentos, mitos, relatos, historias y narrativas culturales que con los genes y neurotransmisores. Afirma que la unidad de análisis es la vivencia o el modo cómo las personas valoran, perciben, interpretan aquello que les sucede y rodea. Una vivencia que construye la cultura, las formas explícitas e implícitas de vida compartida, y que a la vez es construida por ella.
Para Serrano (2008) la psicología cultural no pretende configurarse como una amalgama de diversas aportaciones teóricas, sino como una mirada transversal, cuyo objetivo es comprender la constitución cultural de la psicología humana y entender al ser humano como un ser creado por y creador de cultura.
Esta mirada psicocultural, y la construcción del objeto de estudio que ella implica, pasa por la delimitación de un espacio que reúna y busque integrar, por un lado, las posiciones sociales que los agentes ocupan en una estructura social determinada, y por el otro, los mecanismos psicológicos (cognitivos, emocionales, motivacionales, etc.) que hacen posible que los agentes ordenen y clasifiquen el mundo, se guíen en él y, sobre todo, ejerzan sus acciones y lleven a cabo sus prácticas.
Serrano (1996, 2008) considera que la psicología cultural trata de comprender, explicar e interpretar el grado y la naturaleza de la correspondencia entre la “objetividad” de las categorías socioculturales, con su doble función estructural y estructurante, y la “subjetividad”
de las categorías psicológicas, tal y como son vividas y experimentadas por los agentes, a través de su capacidad estructuradora.
Una idea básica de la psicología cultural es que nuestras representaciones de la realidad (incluyendo la realidad social y la psicológica) se vuelven parte de las realidades que ellas representan. Un objetivo central de esta disciplina es examinar la manera en que las personas utilizan sus prácticas habituales, instituciones tradicionales, recursos simbólicos y materiales, y las concepciones heredadas de las cosas, para construir un mundo que tenga sentido y constituir un espacio vital en el cual puedan sentirse como en casa (Stigler, Shweder y Herdt,1992).
Esto implica que no es posible presuponer o asumir la existencia de una “unidad psíquica intrínseca” en los seres humanos. Por el contrario, los procesos decisivos para el funcionamiento psicológico pueden ser específicos para los sistemas de representaciones y las organizaciones sociales en los que están insertos y de los cuales dependen. La co- construcción dialéctica de una psicología cultural es un proceso complejo donde el self, la sociedad y la naturaleza crean conjuntamente al self, la sociedad y la naturaleza (Stigler, Shweder y Herdt,1992).
La psicología cultural se basa en la incertidumbre existencial humana, es decir, en la búsqueda de significado y en una concepción intencional de mundos “constituídos”. El principio de la incertidumbre existencial establece que los seres humanos, empezando en el nacimiento (y quizás antes) están altamente motivados a extraer los significados y los recursos de un ambiente sociocultural que ha sido organizado para darles significados y recursos para extraer y utilizar. Por su parte, el principio de los mundos intencionales (o constituídos) establece que los sujetos y objetos, practicantes y prácticas, seres humanos y ambientes socioculturales, interpretan la identidad de unos y otros y no pueden ser separados analíticamente en variables independientes y dependientes. Sus identidades son interdependientes, ninguno de los lados de este supuesto contraste puede ser definido sin utilizar las especificaciones del otro (Stigler, Shweder y Herdt, 1992).
Ningún ambiente sociocultural existe o tiene identidad independiente de la forma en que los seres humanos extraen significados y recursos de él, cada ser humano tiene su subjetividad y la vida mental se altera a través del proceso de extraer significados y recursos del ambiente sociocultural y de utilizarlo. Un ambiente sociocultural es un mundo intencional, debido a que
su existencia es real, factual y enérgica, pero sólo mientras exista una comunidad de personas cuyas creencias, deseos, emociones, propósitos y otras representaciones mentales se dirigen hacia él y son de ese modo influenciadas por él. Los mundos intencionales son mundos de artefactos humanos llenos de productos de nuestro propio diseño (Stigler, Shweder y Herdt, 1992).
Para estos autores, la psicología cultural es el estudio de los mundos intencionales, del funcionamiento personal en mundos intencionales determinados, de la manera en que las tradiciones culturales y las prácticas sociales regulan, expresan, transforman y permutan la psique humana y de las maneras en que sujeto y objeto, self y otro, psique y cultura, persona y contexto, figura y fondo, practicante y práctica viven juntos, se necesitan entre sí, y se crean en conjunto unos a otros de forma dinámica y dialéctica. En las realidades psicosomáticas, socioculturales e inevitablemente divergentes que investiga el sujeto y el objeto no pueden separarse y mantenerse aparte debido a que son tan interdependientes que se necesitan el uno al otro para existir (Stigler, Shweder y Herdt, 1992).
La psicología cultural no sólo señala que las acciones están mediadas por el contexto, sino que considera que los individuos son agentes activos en su propio desarrollo y que la mente surge en la actividad mediada conjunta de las personas (mente “co-construida” y distribuida) y trata de fundamentar su análisis en acontecimientos de la vida diaria. Insiste en la importancia del “método genético” entendido de forma amplia para incluir los niveles histórico, ontogenético y microgenético de análisis y rechaza la ciencia explicativa causa-efecto y estímulo-respuesta en favor de una ciencia que haga hincapié en la naturaleza emergente de la mente en actividad y que reconozca en su marco explicativo un papel central para la interpretación, recurriendo tanto a metodologías de las humanidades como de las ciencias sociales y biológicas (Cole, 2003).
La psicología cultural trabaja a través de lo cotidiano, es decir, a través de la manera en que contamos historias, comemos, hablamos, cocinamos, socializamos, hacemos el amor, actuamos, dormimos, recordamos, percibimos, nos comportamos, entre otras cosas. Se ve reflejada en las prácticas cotidianas de nuestro mundo. Este planteamiento implica que la cultura no puede separarse de la mente. Por el contrario, considera que es un sistema dinámico del que la mente es una parte. La idea de cultura como un sistema dinámico es central para la metodología de la psicología cultural que tiende a enfocarse en procesos que recrean la cultura en lo cotidiano, más que en la medida de valores abstractos, rasgos de
personalidad o indicadores de macro-nivel. Esta re-creación es un proceso activo en el que las personas participan. La cultura no es el peso muerto de la historia llevado hacia delante por inercia, se rehace diariamente en lo cotidiano (Cohen y Kitayama, 2007).
Por su parte, Garcia-Borés (2000a) propone una psicología cultural socioconstruccionista enmarcada dentro del paradigma interpretativo, el cual ve lo psicológico como algo fundamentalmente circunscrito al significado, a lo simbólico. Es un planteamiento interpretativo que apuesta más por la comprensión que por la búsqueda de la explicaciones causales. Le interesa más el significado, el sentido, que los hechos. Asume que el científico sólo puede hacer interpretaciones sobre la realidad.
Para este autor la psicología cultural tiene una visión de ser humano (plano ontológico) que puede resumirse en los siguientes tres aspectos:
1. Centra la atención en la subjetividad, lo cual supone considerar a la persona como un agente activo con una actividad interpretativa de naturaleza simbólica, es decir, que recibe y otorga significados. Un ser que interpreta la realidad que le rodea y que se interpreta a sí mismo. La subjetividad habla de un ser humano como un agente activo, intencional y reflexivo.
En este sentido, lo que pasa a ser relevante desde el punto de vista psicológico, no es la realidad, sino como ésta es vivida por la persona. No importa tanto qué le ocurre a la persona sino qué significado tiene para ella lo que le ocurre, incluso, lo que cree que le ocurre.
2. Asume que el desarrollo psicológico es una construcción social, es decir, que la experiencia psicológica se constituye a partir de la interacción con los demás, es un proceso social, tiene un origen social. Por tanto, al hablar de la génesis de la subjetividad mencionada en el punto anterior se puede hablar de intersubjetividad. En consecuencia, el entorno social pasa a ser de gran importancia, ya que es en el campo intersubjetivo de la persona donde ésta extrae y negocia los significados sobre la realidad que configuran su experiencia psicológica. Un ser que se construye de y en lo social y donde, a su vez, lo social es construido por los seres humanos. La idea de construcción social incluye además una visión dinámica del ser humano, con una subjetividad (constitución psicológica) en permanente construcción y reconstrucción.
3. Naturaleza de lo psicológico: la subjetividad está compuesta por un entramado de creencias, valores, pautas morales y pautas de comportamiento, elementos que tienen un origen social y que son de naturaleza simbólica, no son realidades sino representaciones de la realidad. El hecho de que sean de naturaleza simbólica los hace también de naturaleza cultural, puesto que la cultura (siguiendo las ideas de Geertz) es el mundo de las representaciones de la realidad, vigentes en un determinado contexto social y en un determinado momento histórico.
En el plano epistemológico, al igual que en el socioconstruccionismo, muchos psicólogos culturales se adhieren al paradigma interpretativo, esto implica resaltar las peculiaridades de la experiencia psicológica desarrollada en cada contexto cultural e histórico. Desde la psicología cultural se es consciente de que se habla desde una cultura concreta y en un momento histórico determinado (Garcia-Borés, 2000b).
En términos procedimentales, la psicología cultural, en tanto que cultural, mira a la cultura tratando de vislumbrar las connotaciones de determinados parámetros culturales, sus significados latentes, su lógica interna, su vigencia intra y transcultural, su estabilidad y transformabilidad. Y en tanto que psicología, se centra fundamentalmente en los efectos psicológicos de la internalización de la cultura, tanto en términos de constitución de la experiencia psicológica, como en términos de las problemáticas psicológicas derivadas de su asunción –o de las dificultades de asunción- de determinados parámetros culturales. La psicología cultural se dedicará al análisis de cualquier repercusión psicológica, especialmente si es problemática, derivada del hecho de desarrollarnos en contextos culturales e históricos específicos (Garcia-Borés, 2000a).
Un ámbito disciplinar que no se limita a estudiar una sola parcela de la vida psicológica, puesto que el impacto cultural no sólo atañe al individuo de un modo directo a través de la socialización, sino que abarca todas las esferas de lo psicológico: la cultura condiciona los modos de interactuar con el otro, el modo de relacionarnos afectivamente, el modo de funcionar grupalmente, el de organizarnos colectivamente, etc. La cultura influye en todas esas actividades y, a través de ellas, de nuevo en el individuo (Garcia-Borés, 2000a).
En este sentido, se considera que el espacio psicocultural es un espacio de significaciones construidas históricamente, un espacio que necesita más de la interpretación
comprensiva que de la medición estadística, aunque no rechace su valor descriptivo (Serrano, 1996, 2008).
Serrano (1996, 2008) señala que para la psicología cultural, el actor social no sólo reproduce las categorías socioculturales interiorizadas, sino que las recrea constantemente en el proceso discursivo mediante el que otorga sentido a sus acciones y a su vida entera. Vivir es, para el sujeto social, vivir interpretativamente. Y si bien es cierto que la vida es bastante más que la interpretación de la misma, sin esta última aquella carece de sentido y por tanto de las premisas necesarias para poder ser vivida, lo que implica que una psicología de las prácticas culturales no puede renunciar a incorporar en su aparato conceptual, tanto una noción específica de cultura como una concepción de ser humano en tanto que agente social y culturalmente contextualizado.
Se puede definir la psicología cultural como el estudio del comportamiento humano desde la cultura, desde el ser humano que construye su cultura para dotarse de sentido (Aguirre, 2000).
La psicología cultural se dedica al estudio de la influencia de la cultura en la vida psicológica. Se considera que la cultura es constitutiva de lo psicológico y no sólo un factor influyente. De igual manera, se le puede definir como el estudio del nexo intrínseco entre cultura y experiencia psicológica, o como el estudio del papel que la cultura tiene en la constitución de la experiencia psicológica de los seres humanos (Garcia-Borés, 2000a), o como el estudio del papel de la cultura en la vida mental de los seres humanos (Cole, 2003, p. 21).
Plantea que lo psicológico se hace de lo cultural, que si cambia la cultura, cambia el significado, cambian los modos de comprender de los seres humanos, y si cambian estos modos de comprender, cambian sus experiencias psicológicas (pensamientos, actitudes, sentimientos, emociones respecto al asunto de que se trate) (Garcia-Borés, 2000a).
La cultura se entiende como constitutiva y, a la vez, posibilitante y delimitante de lo psicológico. Posibilitante porque sin cultura no hay experiencia psicológica, y delimitante porque la cultura aporta los significados de la realidad, y el ser humano desarrolla una u otra experiencia psicológica en función del significado que atribuye a lo que le sucede (Garcia- Borés, 2000a).
Desde esta perspectiva, la experiencia psicológica individual es peculiar de cada uno, a esto apunta la idea de subjetividad. Pero a su vez, las subjetividades se parecen en la medida que han sido socializadas en un mismo contexto cultural donde comparten un mundo de significados. Por ello, los socializados en una misma cultura se parecen mucho: coinciden en