• No se han encontrado resultados

III. Marco Metodológico

III.1. Enfoque y modelo de análisis

III.2.1. Importancia del apoyo grupal a padres primerizos y futuros padres

En el pasado, la vida familiar cambiaba poco de una generación a otra y los adultos aprendían lo que necesitaban saber sobre cómo ser padres a través del modelaje y la experiencia directa. Actualmente el mundo enfrenta a los adultos con una gran cantidad de factores que afectan su habilidad para tener éxito como padres (Berk, 2004).

Los padres y madres contemporáneos buscan con avidez información sobre la crianza de los hijos a través de libros de divulgación, pero también han surgido cursos especiales de educación para futuros padres y madres diseñados para ayudar a las parejas a clarificar los valores relacionados con la crianza de los hijos, mejorar la comunicación familiar, comprender cómo se desarrollan los niños, y aplicar estrategias de crianza más efectivas. Aunque sus formatos varían, muchos de estos programas producen resultados positivos, incluyendo mejores interacciones de los padres y madres con sus hijos, actitudes parentales más flexibles y mayor consciencia de los padres/madres sobre su rol como educadores de sus hijos (Shumow, 1998; Smith, Perou y Lesesne, 2002). Otro beneficio es el apoyo social, es decir, oportunidades para hablar sobre sus preocupaciones y ansiedades con expertos y otros padres/madres dedicados que comparten la visión de que ningún otra actividad es más importante para el futuro de la sociedad que la crianza de los hijos (Berk, 2004; Buist, Morse y Durkin, 2003).

Estos programas facilitan la transición a la parentalidad. Se ha visto que los grupos de parejas liderados por un consejero son muy efectivos para aquellos futuros padres/madres que no son de alto riesgo, por ejemplo, parejas que se enfrentan a la pobreza o la crianza de un hijo discapacitado. En uno de estos programas, parejas que esperaban su primer hijo se reunieron una vez a la semana durante seis meses para hablar sobre sus aspiraciones para la familia y los cambios en las relaciones que provocaría la llegada del bebé. Diez y ocho meses después que el programa había terminado, los hombres que habían participado se describieron a sí mismos como más implicados con sus hijos que los hombres que no habían participado en el mismo. Tres años después del nacimiento, los matrimonios de todas las parejas participantes estaban intactos y eran tan felices como antes de ser padres. Por el contrario, el 15% de las parejas que no participaron en el programa se divorciaron (Cowan y Cowan, 1997). Para las parejas

con alto riesgo que luchan contra la pobreza o el nacimiento de un hijo con discapacidades, las intervenciones deben ser más intensivas, enfocándose en mejorar el apoyo social y sus destrezas como padres (Cowan y Cowan, 1995).

En el caso específico de los hombres que son o serán padres por primera vez se ha visto que no sólo hay muchos más libros dedicados a la maternidad que a la paternidad sino más grupos de apoyo o programas educativos dedicados a las madres que a los padres (Linton, 2000). La paternidad implica importantes retos, pero se ha visto que hay poca orientación, modelos o apoyo disponible para ayudar a los padres (Goodman, 2005). Sin embargo, cuando los hombres se transforman en padres es crucial para su desarrollo adulto estar con otros padres para hablar acerca de esta importante transición de la vida y en cómo los está afectando (Linton, 2000).

Tener hijos, ser padres, es un evento tan importante en la vida de los hombres que Linton (2000) señala repetidas veces que es fundamental que los hombres compartan este evento con otros hombres. Al tener el primer hijo tiene lugar una profunda y poderosa reorganización de la identidad del hombre. Mientras los cambios en el mundo exterior –rutinas diarias, horarios de trabajo, desorganización en la casa, grandes cambios en el tiempo que el hombre y su pareja pasan juntos- son muy evidentes, lo sentimientos que se suceden dentro del hombre permanecen misteriosos y confusos.

Linton (2000) al hablar de esta necesidad de los padres de compartir con otros padres recuerda su propia experiencia como padre primerizo y en sus propias palabras señala:

Yo estaba orgulloso y emocionado de convertirme en padre, pero también me sentía abrumado y desconcertado acerca de mi vida. Mi esposa y yo hablábamos acerca de nuestras experiencias, pero me faltaba algo. Comencé a darme cuenta que ella tenía muchas amigas con quienes podía hablar acerca de lo que era ser madre. Descubrí que no tenía amigos con quienes pudiese hablar y compartir mis sentimientos acerca de ser padre. Me di cuenta de que lo que necesitaba era hablar con otros padres. Necesitaba oír cómo otros padres se enfrentaban a todos los cambios en sus vidas y en sus relaciones (p. 16).

Agrega que la evolución de la familia estadounidense moderna, donde ambos padres trabajan, ha creado la necesidad y la oportunidad para los hombres/padres estadounidenses de participar más directamente en los primeros años de las vidas de sus hijos. Hoy en día se

espera que ellos sean un compañero más igualitario en la crianza de los hijos, lo cual significa ser más que sólo un “canguro”. Cuando los hombres descubren que ser padre les da un propósito y un significado de una manera que ninguna otra experiencia puede hacerlo, entonces ser “canguro” y el “cuidado infantil” se transforman en lo esencial de la paternidad. Transformarse en una persona más solidaria y compasiva, saber que tu vida sí puede hacer una diferencia y que tú puedes tener un impacto en la sociedad es de lo que se trata la paternidad. Incluso con todo el estrés y las frustraciones que vienen con los primeros años de la crianza y con todos los ajustes que hay que hacer a lo largo de la vida, nada humaniza más a los hombres que ser capaces de cuidar a los hijos.

En los grupos de padres que Linton (2000) lidera, muchos padres comentan cómo ellos nunca tuvieron un contacto cercano con sus propios padres, un hecho que los hace conscientes de lo importante que es estar presente en la vida de sus hijos. Otros padres sienten que estar con sus hijos es una opción más creativa que un posible ascenso profesional.

A medida que los nuevos padres comienzan a encargarse más del cuidado diario de sus hijos, se adentran en lo que tradicionalmente se ha considerado “territorio de mujeres”. Linton (2000) señala que muchos de los padres con los que ha trabajado dicen que luego de tratar de desarrollar una relación cercana con su recién nacido, se encuentran a sí mismos retirándose hacia un rol más tradicional y temen transformarse en los padres distantes que ellos mismos tuvieron. Para este autor es muy claro que si los hombres quieren desarrollar relaciones más cercanas y estar más involucrados en el funcionamiento de la vida diaria de sus familias, entonces tienen mucho que aprender. Y los hombres tendrán que ayudarse unos a otros y educarse a sí mismos acerca de la profunda satisfacción que viene de la paternidad.

Algunas veces parece como si se creara un vínculo natural entre las mujeres cuando se convierten en madres. Las mujeres parecen desarrollar una intensificación especial de la amistad cuando comparten la experiencia de la maternidad. En cambio, los hombres parecen acabar aislándose unos de otros a medida que surgen las responsabilidades familiares y realizan los ajustes necesarios (Linton, 2000).

A la pregunta de por qué los hombres no buscan el consejo y apoyo de otros padres, Linton (2000) responde que la sociedad parece forzar a los hombres a competir con otros hombres y que se han visto intimidados al punto de que ya no están dispuestos a arriesgarse a hacer nuevos amigos. A medida que los hombres tratan de entender su rol como padres,

puede ser demasiado desbordante buscar a otros hombres. No tener modelos de rol que les muestren qué tipo de amistades están disponibles para los nuevos padres les lleva a sentir que tienen que pasarlo solos. Este autor señala que su investigación clínica le ha enseñado que cuando los hombres se convierten en padres, es crucial para su desarrollo adulto estar con otros padres para hablar de esta importante transición vital y en cómo les está afectando.

A partir de la década de 1930 el estilo laboral en Estados Unidos, orientado a lo industrial y a las oficinas, ha causado que los hombres se aíslen unos de otros, lo cual se vuelve particularmente problemático cuando los hombres se convierten en padres. ¿Cómo los padres pueden entender los muchos cambios emocionales y psicológicos con los que se encuentran si no tienen a nadie con quien hablar, compartir y aprender sobre los muchos cambios que supone la paternidad? (Linton, 2000).

A medida que los hombres comienzan a hablar entre ellos de sus experiencias como padres, pueden comenzar a construir un puente hacia el tipo de relaciones importantes que los hombres una vez compartieron con otros hombres. Esto les permite tener una base común de experiencia sobre la cual relacionarse y puede comenzar a evolucionar un nuevo modelo de paternidad. La importancia de explorar y compartir con otros padres es de gran beneficio no sólo para los hombres sino también para sus hijos, sus parejas, sus familias, y en última instancia, también para la cultura y sociedad estadounidense (Linton, 2000).