dinámica y abierta
que requiere mucha
flexibilidad y mucha
capacidad de reac-
ción.
142 Una escuela para cada estudiante
© narcea, s. a. de ediciones cuenta que los estudiantes imitan nuestras acciones, ¿qué debemos hacerles ver respecto del cambio?
TOMAR dECISIONES
Hace varios años, un estudiante, como parte de su traba- jo en una comisión para valorar ideas alternativas para la organización de la escuela, resumió los cinco tipos siguien- tes de toma de decisiones:
1. Basadas en la norma o en otros precedentes. Son deci- siones que se basan en la política del consejo escolar, en precedentes importantes o que vienen impuestas por la ley.
2. Aisladas. Decisiones que se toman dejando poco espa- cio o tiempo para la colaboración. Un ejemplo sería responder a una amenaza a la seguridad.
3. Contextuales. Son decisiones basadas en datos o en hechos.
4. Democráticas. Decisiones a las que se llega por vota- ción o por consenso.
5. Sabias o inspiradas. Decisiones que se toman porque no pueden negarse o evitarse.
Como docentes que debemos tomar muchas decisiones al cabo del día o a cada hora, sería prudente entender a fondo lo que nos empuja a tomar esas decisiones. Este es- tudiante recogió muy bien estos cinco tipos de decisiones.
Los dos primeros tipos recogen decisiones que no son difíciles de tomar, pues las leyes y los procedimientos ca- recen, generalmente, de matices grises. En su mayoría, son en blanco y negro y requieren pocas interpretaciones. Si la ley estatal nos exige que informemos a nuestro director o al organismo estatal de protección infantil competente acerca de todos los casos en los que sospechemos abuso infantil, no tenemos otra opción al respecto. Si un alumno o una alumna se cae en el patio de recreo y parece que ha quedado inconsciente, no podemos permitirnos el lujo de
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acudir a un reglamento ni de preguntar otras opiniones; acudiremos a las urgencias médicas.
Sin embargo, muchas de las decisiones a las que se en- frentan los profesores no están incluidas en estas catego- rías. La mayoría de nuestras decisiones se incluyen en la tercera y la cuarta categoría: contextual y democrática. Aquí es donde el profesor tiene margen de actuación, don- de se puede permitir el lujo del tiempo y de la flexibilidad, relacionados con la elección. También cuenta con menos estructura, por lo que recae en él más responsabilidad de acuerdo con su experiencia, el contexto, las relaciones que establezca y su sabiduría y experiencia para tomar este tipo de decisiones.
Los educadores tienen que hacerlo lo mejor posible al tomar decisiones contextuales, decisiones que se basan en datos cuantitativos o cualitativos. Con el fin de defen- der y justificar las decisiones, los profesores tienen que ser capaces de articular claramente el contexto que rodea su elección. Si una investigación amplia o unos datos indican que los estudiantes de bachillerato se desenvuelven mejor en los exámenes a media mañana, es defendible presionar para que el examen se haga a media mañana. Si en la cafe- tería concurren demasiados alumnos y empiezan a apare- cer conductas inaceptables, tiene sentido limitar el número de estudiantes que entren en la cafetería.
Aunque estos ejemplos son clarísimos, las escuelas y las aulas no siempre operan así. Hay que prestar más atención al marco de referencia o a las circunstancias que puedan influir en las decisiones. Prestar atención a los datos, los re- sultados de encuestas o la opinión de los demás, sirve para influir en las decisiones de forma positiva. A menudo ocu- rre que, las personas que no se desenvuelven muy bien en la recogida y uso de la información se ponen muchas veces a la defensiva. En contraste, están quienes pueden expli- car con claridad el contexto de sus decisiones y raramente tienen que hacer frente a preguntas duras. Las decisiones tomadas en contexto son reflexivas. Por regla general, la reflexión conduce a la reflexión.
144 Una escuela para cada estudiante
© narcea, s. a. de ediciones Las escuelas y las aulas también pueden constituir un es- pacio para el proceso democrático; un lugar en el que el discurso público lleve a un grupo a una decisión comparti- da. Este es un campo en el que los educadores tienen que asumir más responsabilidad. Los profesores que permiten que sus alumnos participen en los procesos de decisión no solo les enseñan valiosas competencias ciudadanas, sino que también incrementan la probabilidad de que los es- tudiantes apoyen posteriormente la decisión a la que se llegue. Sin duda, esto supone más trabajo. Nadie ha dicho que la democracia sea fácil, pero creo que es la mejor for- ma de tomar decisiones.
A veces, los profesores toman una decisión porque, sim- plemente, lo correcto es hacerlo. Son éstas las decisiones sabias o inspiradas. Son decisiones que tienen tanto sentido que no tomarlas sería un error. Por ejemplo, un estudiante entrega tarde un trabajo; habitualmente, eso supone au- tomáticamente una nota más baja; el profesor descubre que el abuelo del estudiante falleció dos días antes. Una decisión inspirada, adecuada, sería no castigar en este caso al estudiante. Otro ejemplo sería permitir al estudiante in- teresado por la educación infantil realizar prácticas en una guardería para el proyecto del último curso.
Creo que la satisfacción del profesor en su trabajo y el éxito están directamente relacionados con el método de toma de decisiones que empleen. Si dedican la mayor parte del tiempo a controlar, legislar e impo- ner normas, me temo que experimen- tarán tristeza y frustración en el traba- jo. Si los profesores pueden tomar la mayoría de sus decisiones analizadas, o mediante prácticas democráticas, pre- veo un resultado más positivo.
ENCONTRAR NuESTRO CAMINO
En cierta ocasión estuve hablando con un grupo de pro- fesores de secundaria sobre la transición de sus alumnos al