Estrategias de manejo Referencias L. García Torres
Caracterización
Las malezas conocidas como avena silvestre incluyen a Avena fatua L. (Foto la.) y ciertas sub- species de A. sterilis L., de las cuales las más conocidas son comunmente denominadas A. ludoviciana Dur. (A. sterilis subesp. ludoviciana)
y A. sterilis (A. sterilis subesp. sterilis, también conocida como A. macrocarpa
Moench.).
Las especies de avena silvestre poseen las florecillas de la espiguilla articuladas al raquis, las que al madurar se separan y caen al suelo,
característica que las distingue de las especies cultivadas. Una clave para distinguir las especies de Avena, basada en caracteres morfológicos
distintivos, ha sido propuesta al efecto (Thomas y Jones 1976). En la Foto 1b se muestran espiguillas de las avenas silvestres A. fatua, A. ludoviciana y A. macrocarpa. También se ha desarrollado una clave sencilla para distinguir las avenas silvestres de otras malezas gramíneas y cereales, basada
principalmente en características de las lígulas y aurículas, así como en los pelos de la vaina foliar. A. fatua germina principalmente durante la primavera y, en menor grado, en otoño, mientras que A. ludoviciana y A. macrocarpa
germinan principalmente durante el otoño. El patrón de comportamiento de estas especies es afectado en alguna medida por las condiciones ambientales y los biotipos existentes. Generalmente, la germinación de las semillas de avena silvestre tiene lugar favorablemente con temperaturas de 10-12°C, la que disminuye a cuando la temperatura se reduce a 5°C o asciende a 18°C. Todas las especies de avena tienen un período de latencia relativamente largo. La temperatura durante la maduración afecta el desarrollo de la latencia. Al momento de la cosecha la latencia puede ser muy alta, de hasta 90%, pero se reduce con el tiempo, hasta alrededor de 25 a 50% a los 4 a 6 meses
posteriores, o sea durante su período normal de germinación.
Aunque se considera que la luz no afecta la germinación de la semilla, la
labranza del suelo generalmente parece elevar la brotación. Aunque la mayoría de las plántulas brotan de semillas ubicadas en los 6-8 cm superiores del
suelo, la avena silvestre puede brotar desde profundidades de 15-20 cm. Las semillas de avena silvestre pueden sobrevivir en el suelo hasta un máximo de nueve años. Sin embargo, en tierras cultivables, cuando nuevas producciones de semillas se previenen, las poblaciones suelen declinar rápidamente, no existiendo más presencia de plantas después de 4 a 6 años.
Al brotar, la plántula de avena silvestre se presenta como una simple hojuela estrecha, susceptible a la competencia temprana. Luego se inicia el
crecimiento vegetativo, lento al principio, para alcanzar el estadio de 5 a 6 hojas en 4 a 8 semanas. Aunque las plántulas de avena silvestre pueden ser más pequeñas que las plantas de cereales, ellas generalmente poseen una tasa de asimilación neta superior, lo que permite que la maleza sobrepase la plántula de cereal.
aisladas podrán producir semillas. Generalmente, en ausencia de competencia se pueden producir plantas muy grandes con una alta capacidad reproductiva (de 5 a 12 tallos y de 400 a 800 semillas por planta). Las semillas de avena silvestre pueden ser trasladadas a grandes distancias mediante diversas actividades realizadas por el hombre; por ejemplo, a través de semillas de cultivos para la siembra y para la alimentación del ganado, con la maquinaria agrícola, en sacos, paja, heno o ensilado. El viento, las aves y las pieles de animales también pueden ser vías importantes de diseminación natural. La diseminación por el hombre se puede evitar o, al menos, se puede reducir si se toman medidas efectivas, mientras que la diseminación natural no puede ser evitada. En todo caso, el control de bajas infestaciones, mediante la
eliminación de algunas plantas introducidas en un área previamente no infestada, debe ser adoptado.
Distribución. La avena silvestre es un problema serio a escala mundial.
Durante la última década la intensificación de la producción de cereales, el uso de cosechadoras combinadas y la aplicación de los herbicidas contra malezas de hoja ancha, han favorecido la propagación de la avena silvestre en la
agricultura de clima templado.
A. fatua es la avena silvestre característica de regiones templadas del noroeste de Europa, de Norteamérica, Sudamérica (Argentina y Uruguay), Australia y Sudáfrica. Ambas sub-especies de A. sterilis se presentan en regiones con clima mediterráneo, como el sur de Europa, el norte de Africa, el Medio
Oriente, también en Queensland (Australia) y en Kenya. A. ludoviciana parece ser la más ampliamente distribuida y abundante. Esta especie está más
extendida al norte que A. sterilis, lo cual sugiere que la primera es más resistente al invierno que la última.
Importancia. La avena silvestre puede causar serias reducciones del
rendimiento en los cultivos. La competencia responsable de la reducción del rendimiento se inicia probablemente alrededor del estadio de 3-4 hojas de la cebada y el trigo. El período de mayor reducción de la masa de la planta cultivable a causa de la competencia de la maleza se desarrolla durante la elongación del tallo. Los principales factores que influyen sobre la interacción competitiva son la fecha de siembra del cultivo, las densidades de éste y de la avena silvestre, y los períodos relativos de brotación de ambos. Generalmente, la cebada es el cereal más competitivo con Avena, mientras que el trigo, la avena cultivable y el centeno son muy similares en su comportamiento y suelen ser menos competitivos que la cebada. Las plantas cultivables dicotiledóneas también son pobres competidoras con la avena silvestre. Algunos autores han desarrollado ecuaciones para relacionar las reducciones del rendimiento de los cultivos con las densidades de avena silvestre (Dew 1983; Saavedra et al.
1989).