• No se han encontrado resultados

ESPECULACION DEL SUELO

In document La Protohistoria - Pedro Guirao.pdf (página 114-121)

CAPITULO XIV EL CÍRCULO Y LA CRUZ

ESPECULACION DEL SUELO

Antes de iniciar este capítulo, reiteraremos, una vez más, por si las dudas, que no somos expertos en nada, que sabemos un poco de todo, recogido aquí y allá, en nuestra azarosa existencia, pero que no estamos dispuestos a mantener nuestros trece ni siquiera en si vivimos o estamos en este mundo como "difuntos" de otra existencia mejor.

Por ignorar, tenemos una vaga idea de lo que es agrimensura, estudiamos trigonometría, ¡pero no se nos ha olvidado, porque jamás se presentó la ocasión de utilizarla!, y volvemos a insistir en que las matemáticas no han sido, ni son, nuestro plato fuerte.

Esto, que puede considerarse como un inconveniente para tratar de hurgar en los secretos de la Geometría Hermética, no es así, y perdónesenos nuestra audacia, porque entendemos, y estamos tratando de demostrarlo, que las matemáticas nada tienen que ver con la Geometría Hermética, la cual se inició y se practicó antes de que existieran los números y sus aplicaciones, base de nuestra actual y confundida civilización y cultura.

Sin embargo, más poetas que filósofos, nos hemos aventurado en una ciencia olvidada con el espíritu alegre y desenfadado de quien tiene en el juego las mejores cartas, gracias a lo cual esperamos salir airosos de la partida.

Y hemos hecho este pórtico aclaratorio, porque ahora vamos a sustentar una teoría altamente especulativa que, a modo de vieja nave llena de grietas y fisuras, puede hacernos naufragar al primer vaivén de las olas, dejándonos indefensos e inermes.

Hay que ser, como mínimo, sincero para presentarse ante la gente y decir que se tiene algo, no nuevo, sino distinto. Y sinceridad no nos falta, aunque no sea suficiente... ¡y lo sabemos!

Todo esto viene a cuento porque la propiedad del suelo, por si lo ignoran, es más antigua que la misma geometría, digamos, aplicada. Ya en el selva; el primate delimitó su territorio, tratando de convencer a sus adversarios de que aquel terreno le pertenecía. ¡Y hasta es fácil deducir que el primate luchó por conservar su "propiedad"!

Los naturalistas nos dicen que en el reino animal esto es muy frecuente y, entre individuos de la misma especie, se respetan las demarcaciones hasta que llega un individuo que se cree más fuerte. Aquí tampoco podemos insistir mucho al respecto, pero deducimos que es así.

Imaginamos que después de salir de la animalidad, si es que esto sucedió realmente, el hombre se enfrentó al problema de delimitar su territorio.

"!Esto es mío!"

¿Imaginan cuantas guerras, sangre derramada, intrigas, emboscadas, luchas, fratricidas o no, enconos, resentimientos, odios y rencores, por no encontrar más comparaciones, debió costar a la humanidad, desde sus albores hasta la fecha, esa deleznable frase? ¡El hombre enfrentado con el hombre por la posesión de algo, bien sea una cueva, una morada lacustre, una presa, un fruto o una charca de agua!

-¿Por qué es tuya? -¡Yo la vi primero!

-¡Aquí he vivido siempre! ¡Lo heredé de mi padre! -Es mía... porque sí!.

Es obvio que argumentos no han faltado jamás para discutir el derecho a la propiedad. Y también se hace obvio suponer que no siempre las discusiones debían acabar forzosamente en lucha.

-¡Está bien! La repartimos y la mitad para cada uno.

Esta fórmula flexible de reparto debió ser un gran triunfo para el hombre primitivo, porque demostraba su capacidad de entendimiento, su cordura y raciocinio, así como su inteligencia.

La inteligencia es, según los más ilustres filósofos, lo que nos diferencia de los animales. Por tanto, una vez apuradas las amenazas y hasta las luchas, el hombre procedió "inteligentemente" a repartirse el territorio. Puede, sin embargo, que hubiera un "inteligente" mediador y fuese éste el que sugiriese la partición en litigio, con lo que daríamos entrada en la sociedad al famoso abogado, cuya función tan altos favores ha hecho a la Humanidad.

"Mediar" significa "partir", o sea hallar una solución intermedia a la discusión, "Ni para ti, ni para mí; para los dos", ¿O debemos añadir para los tres, ya que no podemos dejar a un lado los buenos oficios del mediador?

Bromas aparte, ¿se imaginan el problema que se plantearon los primeros propietarios, pongamos de terreno, al tener que delimitar sus campos?

Sencillamente, ninguno, Se tomaban unos hitos, y si no los había, se colocaban piedras de demarcación y asunto concluido, "Desde aquí hasta allí, es mío; lo otro, es tuyo", ¿Fácil, no?

¿Y no sería esa la explicación a muchos menhires o piedras erguidas de la antigüedad, que eran hitos o señales para delimitar las demarcaciones?

Hemos visto a nuestros modernos agrimensores, provistos de teodolito y barra, pintada en rojo y blanco, marcar hitos que luego señalaban con una estaca clavada en el suelo, No hay nada más seguro como triangular un terreno, medirlo y saber los acres o hectáreas que tiene. Se extiende un certificado de medición, que se une a la escritura de propiedad, y ese terreno queda en posesión de tal o cual terrateniente.

Pero, ¿y antiguamente, no sabemos exactamente cuándo, cómo se medía un terreno, si por no tener, no tenían ni números, ni metros, ni teodolitos, ni sabían hacer un triángulo o un cuadrado?

Pues no lo crean, Aunque entre los primeros propietarios no existía el sistema métrico decimal, sí tenían algo muy útil para medidas relativas: el pie o la mano (que luego se convirtió en codo).

Puede que algún irónico nos diga que la zancada también pudo utilizarse para medir, y no lo dudamos, Para delimitar una demarcación se hace preciso que ambas partes acepten la medida, bien sea codo, palmo, pie, vara o los nudos de una cuerda. No importa. La medida patrón, como es el metro en la actualidad, es arbitraria, Han habido tantas y de tan diversa longitud que es imposible saber cuál fue la primera. Supongamos, por tanto, que se utilizó el pie, que es como una tercera parte del metro (0,305 metros, exactamente).

Ya tenemos una región agrícola y unos hombres que han delimitado sus terrenos.

Ahora, empecemos a especular, Satmet, por ejemplo, debe a su vecino Guht una jarra de trigo, o le ha pedido una cabra. Como no se la puede devolver, ¡Por sus cosas!, le ofrece una parcela de su terreno. Y Guht acepta. El terreno de Satmet disminuye así y el de Guht aumenta.

-Te daré toda esta tierra.

-De acuerdo -acepta Guht-. Voy a desplazar el hito.

Es justo. La piedra o piedras que señala la antigua demarcación ha de ser desplazada. El trueque se ha efectuado de conformidad entre ambos vecinos.

Pero, ¿y cuando no hay conformidad y sí astucia o mala fe? ¿Y si Satmet accede a retirar el hito y luego, en ausencia de su vecino, lo vuelve a colocar donde estaba? ¡Ah!

Se hace evidente que la tierra tiene que ser marcada... ¡Y medida!

En la Fig. 56 hemos puesto un ejemplo práctico de lo que, aún no podría ser llamada Geometría Hermética, sino geometria a secas, a fin de cuadricular un terreno, que previamente hemos delimitado sobre un mapa (sombreado) y que; como en el ejemplo, lo llamamos la propiedad de Satmet.

Ignoramos, y por eso estamos especulando, cuándo y dónde se inició esta forma de medición geométrica, que no difiere en mucho de la que emplean nuestros agrimensores en la actualidad. Pero de todo esto vamos a extraer aleccionadoras consecuencias y reveladores principios.

Imaginamos a Guht, hipotéticamente, tratando de averiguar cuánto terreno tiene en su poder, después del trueque, bien porque desee cambiarlo por cabras o porque desee repartirlo equitativamente entre sus tres o cuatro hijos.

Si dispone de un tendal, medirá su terreno, de hito en hito, recurrirá a palitos, piedras o rayitas y establecerá una numeración o su equivalente. Examinando cada palmo de terreno, sea rectangular o irregular, acabará por sabér cuántos palmos o pies tiene la superficie que le pertenece. Esto es elemental para un ser racional. Paso a paso, o palmo a palmo, haciendo rayitas sobre un guijarro, podemos establecer una cantidad de palmos o pasos. Si contamos con los dedos de la mano, cada dedo puede ser un palmo, y así sucesivamente.

Guht, sin darse cuenta, estaba convirtiendo la geometría en aritmética. Marcó nuevos hitos, dividió su terreno y se lo dejó a sus hijos en partes aproximadamente iguales. ¿No es posible? ¡Naturalmente que sí, y con tiempo habría podido hasta medir toda la superficie de la Tierra!

No obstante, hay otros procedinlientos más prácticos para medir el terreno y el más antiguo, a nuestro modesto entender, es el de la cuadriculación. Tomamos la "medida", repetimos sobre una línea recta tantas veces como la "medida" entre en la recta y sumamos. Trazamos otra recta perpendicular a la anterior, volvemos a contar cuantas veces entra la

"medida" en ella, sumando repetidas veces la "medida", y obtendremos la superficie del cuadrado o rectángulo que buscamos.

Como los terrenos no siempre son cuadrados, la triangulación -ya que un triángulo es la mitad de un cuadrado- nos puede servir para hilar más fino.

Ya tenemos, por tanto la "medida" local, aceptada por la comunidad, y un concepto geometrico con el que vamos a seguir especulando, puesto que el suelo, poco a poco, va adquiriendo mayor valor, y más si se se encuentra en las inmediaciones de una gran urbe. ¿Nos comprenden?

Si se fijan en la Fig. 56, verán la forma irregular del terreno propiedad de Satmet, que, para mayor "inri" posee un camino que lo cruza hasta el río, y que no le pertenece, por ser de la comunidad. Satmet ha buscado a un geómetra para que le diga cuántos "codos" tiene su terreno.

Fig. 56. Geometría Hermética aplicada a la Agrimensura. Sobre un cuadrado de 64

casillas ABRACADABRACADABRACA equivale a 20 casillas. Si cada casilla tiene 100 codos, la propiedad de Satmet tendra 2.000 codos.

El geómetra ha tomado medidas y ha dibujado un mapa en donde el terreno de Satmet aparece con bastante precisión, como si hubiera sido observado a vista de pájaro. Como ha seguido fielmente las líneas de los" hitos, los ángulos coinciden.

Después, el geómetra ha buscado el centro del terreno, sobre la tablilla, el pápiro o donde haya trazado su plano. Ha sacado un compás y ha buscado el círculo, de suerte que un punto de la circunferencia coincida con uno de los vértices del terreno, o sea, el que está justamente colindando con el río. Obsérvese que la circunferencia pasa holgadamente fuera de los demás vértices o hitos del terreno.

Con el círculo así trazado, el geómetra sólo tiene, pues, que medir el radio AO y luego cuadricular, sobre el papel, todo el círculo. En el ejemplo la cuadriculación es muy simple. Por medio de los semicírculos ha obtenido el cuadrado y la división de éste en 16 casillas. Una subdivisión, partiendo todos los cuadros por la mitad, lo ha convertido en un cuadrado de 64 casillas (como un tablero de ajedrez).

Después, ¡Y esto es lo que nosotros aportamos, ¿cómo no?, a modo especulativo! ha marcado con signos "mágicos" los cuadros comprendidos dentro del terreno de Satmet, en el bien entendido que ha sido más meticuloso que nosotros y ha compensado geométricamente todas las irregularidades del terreno, incluyendo el camino, que no pertenece a Satmet, hasta obtener veinte cuadritos completos, de los sesenta y cuatro que hay en su cuadratura. Para no confundirse en las mediciones de los cuadritos que pertenecen a Satmet, repetimos, los ha marcado con signos mágicos. Luego, los ha contado.

Y, como sabiendo el lado de un cuadrito, sabe su superficie, el geómetra ha dicho a Satmet, al acabar su trabajo:

-Tu propiedad tiene dos mil codos. Si la quieres vender, sé de un hombre que te dará dos denarios por codo, o sea cuatro mil denarios.

¡Satmet se habría hinchado como un pavo real, porque tener cuatro mil denarios era tanto como ser un hombre rico! Pero no vendió su terreno, lo conservó hasta que le ofrecieron cuatro denarios por codo. Entonces, vendió la mitad y obtuvo lo mismo que le había ofrecido el geómetra, reservándose la mitad de la tierra. ¡Ah, Satmet, qué sagaz fuiste!

Metáforas aparte, a más de un lector le habrá sorprendido ver los "signos mágicos" formando una abracadabrante palabra, en torno a la cual se han urdido sobrecogedoras fábulas. Y, sin que estemos absolutamente seguros del porqué lo hemos hecho, se nos ocurrió, hace ya algún tiempo, cuando empezábamos con esto de la Geometría Hennética que, efectivamete, cuando la trigonometría ni se había soñado, pero sí intuido, ya habian hombres que medían terrenos por el mundo.

Fig. 57. Cuadrados superpuestos y variaciones en blanco y negro.

Aquellos geómetras utilizaban procedimientos medievales, muy en la línea del ejemplo de la Fig. 56, pero se reservaban el secreto de su trabajo, dándole un aire misterioso y mágico, para lo que el ABRACADABRA, al que podían añadírsele tantas letras como fuera preciso, a fin de llenar los triángulos o cuadros del terreno en medición, era una simple clave mnemotécnica que desconcertaba al campesino o al terrateniente -un campesino más rico, pero campesino al fin-, haciéndole creer que su ciencia era muy complicada y, por tanto, la medición valía más que otra medición menos "abracadabrante".

¡Tretas del oficio que hasta permitían vender parcelas de cielo al incauto que estuviera dispuesto a pagar por ellas!

Debemos remitir al lector al principio de este capítulo, donde aclaramos el propósito que nos guía, e insitimos en que esto es una pura teoría y la Fig. 56, un ejemplo. Ignoramos si todo ello fue exactamente así, se le parece un poco o nada tiene que ver con la realidad. De todos modos, con esa demostración especulativa estamos dispuestos a realizar la medición de cualquier terreno, ¡de no muy dilatadas dimensiones!, y estamos convencidos de no errar en muchos metros.

Fig. 58. Dibujo hexagonal.

Plácenos, al mismo tiempo, insertar...las Figs. 57, 58 y 59, que, aunque no tengan absolutamente nada que ver con lo que hemos expuesto en este capítulo, sí les ayudará a formarse una idea todavía más clara de la que tengan ya, acerca de la utilidad "práctica" de la Geometría Hermética. Lo malo de todo ello es que la geometría plana o euclidiana ya ha recurrido a la hermética en innumerables ocasiones -¡sin consultar con nadie!- y la ha utilizado como si fuera propia, tanto en arquitectura, como en mecánica, ornamentación o agrimensura, despreciando lo que, por ignorancia o por falta de profundidad, no ha considerado útil a su trabajo.

Así fue, precisamente, cómo se fue perdiendo la esencia ancestral de la Geometría Hermética, que salía del claustro o la bóveda del astrólogo y "mago" para ir aportando su colaboración a otras ciencias y trabajos, lo que nos ha llevado, con el tiempo, a olvidar su origen milenario y a creer que todo ha surgido del Renacimiento o poco más allá, cuando la verdad es que mucho antes de construirse las pirámides de Egipto ya se utilizaba esta geometría, se construían pueblos y ciudades y se delimitaban los territorios con líneas geométricas invisibles.

Esto no es una panacea, ni un elixir maravilloso capaz de curar todos los males. Pero sí es el fiel reflejo de la evolución constante de la inteligencia del hombre, que nos sitúa en la alternativa de tener que aceptar, o bien que la descubrió el hombre, paso a paso, línea a línea, y a través de muchísimos siglos, pudiendo haberse perdido y recuperado después, o bien que nos fue revelada por inteligencias superiores.

Y sin el propósito de hacer excesiva presión para que se crea, nosotros estamos convencidos de que la Geometría Hermética es más antigua que el planeta que actualmente nos alberga. Hay una poderosa razón cosmológica que nos induce a creerlo así.

Bien es cierto que el hombre puede ser más antiguo de lo que suponemos y su inteligencia haber alcanzado cimas insospechadas, para caer posterioremente en el

abandono, la apatía y la ignorancia, sin que se perdiese del todo el conocimiento adquirido anteriormente por otras generaciones. Es posible que así fuera. Pero es un mundo demasiado inmenso el que nos revela la G .H., demasiado vinculado al cosmos y a los astros que giran, van, vienen, nacen, mueren, para que nosotros podamos admitir el que estemos solos en la inmensidad del universo y que esa maravilla estructural de las líneas lo hayamos descubierto nosotros sólo con mirar al cielo.

Y otro argumento. Supongamos que no estamos solos, que hay razas extraterrestres que influyen, directa o telepáticamente, en nosotros y nos han transmitido sus conocimientos.

Fig. 59. Complemento. División del círculo en 28 partes (4 x 7 = 28). ¿Cuántas razas? ¿Sólo una, varias, muchas?

He aquí una pregunta inquietante. ¿Creen los chinos que sólo hay chinos en el mundo, encerrados dentro de la Gran Muralla? (¿Dónde diablos hemos leído nosotros esta frase? ¿Nos la habrán transmitido los extraterrestres? ¿Los de Ummo, los de Adamski, los de Duncan Lunan o los de Siragusa?)

Sigamos con la Geometría Hermética (G.H., que queda más yanqui) y permítasenos decir que en más de una ocasión, tal vez por influencia platónica, se nos ha ocurrido pensar si todo esto no nos habrá sido "transmitido", para que sea divulgado, por esa facilidad que tenemos para "decir cosas".

Digamos, de paso, que también hemos pensado en que los hombres podemos formar parte de una especie de inmensa colectividad mental, y que, de un modo u otro, estamos todos conectados a una Gran Mente común, de la que todos podemos extraer "recuerdos" o pensamientos, habidos o por haber, que sean afines a todos y que a nosotros nos parezcan propios y exclusivos.

¿Por qué no? Es algo sumamente parapsicológico y que no es la primera vez que se nos ha ocurrido, ni los únicos en "pensarlo". En la cabeza, dentro del cráneo, sólidamente protegido, tenemos un cerebro que es un verdadero enigma y en donde suponemos el origen de nuestras ideas, aunque bien podía ser una especie de ordenador, emisor o receptor, que, de un modo u otro, nos comunique con otros individuos, ya sean de aquí o de fuera.

Todo esto viene, sutilmente llevado con astucia, para cerrar este capítulo que, irónicamente, hemos llamado "Especulación... del suelo", a fin de poder presentar la Geometría Hermética como algo práctico en el pasado. Pero ignoramos si fue así, porque

nuestros registros "akásicos" no están muy afinados. Puede que se nos "haya ordenado" hacerlo, que se nos "haya ocurrido" a nosotros, que todo no sea más que una falacia, que hayamos perdido lastimosamente el tiempo y que no hayamos dado ni siquiera una en el clavo. Pero lo que es evidente a todas luces es que lo hemos escrito, que está aquí, para bien o para mal, y esto no es una entelequia, sino una realidad.

Por favor, ¡no nos pregunten más!.

Dijimos que no somos expertos en nada, que tenemos una vaga idea de lo que es agrimensura y que la trigonometría y los logaritmos que aprendimos hace muchos años se nos han desvanecido de la mente -¡o de la memoria!-, amén de que las matemáticas nos producen jaqueca.

Es recurriendo a los libros, ¡que no todos son tan doctos como se supone!, cómo sabemos que en la Antigüedad, en Asiria, Persia y Egipto, así como en la América maya e inca, se realizaban mediciones de terrenos por medio de aparatos arbitrarios y empíricos, porque la verdadera ciencia de la Agrimensura, derivada de las Matemáticas, data del siglo XV,

In document La Protohistoria - Pedro Guirao.pdf (página 114-121)