Libro:
La Protohistoria (Tapa)
(Contratapa)
LA PROTOHISTORIA
Por Pedro Guirao
¿Hubieron otras historias, desconocidas del hombre moderno, que pudieran estar entroncadas con los mitos y las leyendas de la Antigüedad? Naturalmente, paleontólogos y antropólogos nos aseguran que el hombre hollaba el suelo de nuestro planeta en el pleistoceno inferior, o sea hace dos millones de años.
Los más atrevidos historiadores nos han hablado de una "primhistoria", anterior a la prehistoria, deducida parcialmente de los hallazgos arqueológicos que aún se yerguen en distintos lugares de La Tierra. Sumer, Catal Hüyuk, Jericó, Glozel, Stonehenge o Egipto, sin ir mucho más lejos, nos sugieren civilizaciones antiguas, cuyo nivel de cultura y conocimientos no dejan de ser sorprendentes. Y es estudiando todo ese material cuando alguien pensó en que, en vez de ser pueblos que avanzaban hacia el progreso, más bien parecían restos aislados, desconectados o supervivientes de civilizaciones anteriores más sabias y florecientes, ¡como si se hubiera producido una interrupción en la continuidad, y se hubiera salido de una época de oscuridad, que se inició hace unos 12.000 años!
"La protohistoria" persigue la finalidad de demostrar que, efectivamente, hubieron civilizaciones técnicas, no superiores a la nuestra, pero sí distintas. y utiliza un procedimiento hasta ahora poco estudiado, como es la geometría de Hermes, o Hermética, exponiendo los principios más elementales de esta primera ciencia del hombre, aunque supone, por la tradición, que estos conocimientos nos habían sido revelados por seres que vinieron de otros mundos.
Partiendo del relato de Platón sobre la Atlántida, la impresionante obra de las Pirámides de Gizeh, anteriores al Diluvio, y de una geometría olvidada, aunque no ya enteramente inútil, "La Protohistoria" se remonta a un pasado que puede tener, incluso, más de cien millones de años, o muchísimos más!, y haberse originado en algún planeta, incluso, que ni siquiera exista.
"La Protohistoria" revela aspectos de la geometría hermética tan sorprendentes, como que sirvieron para construir las Pirámides de Egipto.
La Protohistoria
PEDRO GUIRAO
EDICIONES TOPELA. Cerdeña, 536 BARCELONA - 24 © Pedro Guirao Hernández, 1978
Printed in Spain
Dep. Leg.: B. 13.753-1978 ISBN: 84-7387-101-4
Portada y Compaginación: Josep M.a Caselles Composición portada: Francois Grandi
Imprime: Ciac. Mata, 32. Barcelona.
Dedicatoria:
A los Hermanos de la Luz, a las fraternidades del Amor y la Verdad, a los que aman
la razón y la justicia y a los que viven en la esperanza y la fe en el futuro... A todos
los hombres de este planeta, con el afecto de
Pedro Guirao
INDICE página
Prólogo ... 003
Capítulo I El punto y el circulo ... 005
“ II El círculo y el triángulo ... 012
“ III ¿Quién fue Heres-Toth? ... 024
“ IV La palabra y la sabiduría ... 031
“ V ¿Procedemos de otros mundos? ... 040
“ VI La geometría piramidal ... 046
“ VII Cosmogonía y "cloning" ... 058
“ VIII La geometría invisible ... 064
“ IX ¿Tharsis o Tartessos? ... 073
“ X Geometría prehistórica ... 083
“ XI El cuadro mágico ... 087
“ XII América incógnita ... 093
“ XIII La prueba irrefutable ... 100
“ XIV El círculo y la cruz ... 106
“ XV Especulación... del suelo ... 114
“ XVI ¿Enoch o Hermes- Toth? ... 121
PROLOGO
Queremos empezar aclarando, sin lugar a dudas, lo que entendemos por Geometría Hermética y que, como su nombre indica, se relaciona con Hermes-Toth o Taautos, también Mercurio y otros nombres más, perdidos en la nebulosa de los tiempos pretéritos. Los nombres con que los antiguos conocieron a este supuesto dios pueden ser tantos como lenguas o dialectos se hablaran en la más remota Antigüedad, no sólo en regiones determinadas de nuestro planeta, como pudiera ser la cuenca del Mediterráneo, sino también en lugares y países que ni siquiera existen, destruidos por cataclismos geológicos, guerras o plagas.
El mundo en que vivimos no siempre tuvo la configuración geológica que hoy conocemos, ni podemos esperar a que se conserve por siempre como es ahora. Los planetas, como todo lo que nace en el Universo, se transforman durante el transcurso de su vida y acaban por morir. Ese destino inexorable es igual para un insecto, una planta, un animal, un hombre, una roca o un mundo. Del mismo modo, el tiempo que transcurre desde el nacimiento a la muerte es absolutamente desigual para todos.
Aunque digamos que el promedio de vida del hombre actual es de setenta años, con eso no aclaramos la duda de si los años tuvieron siempre la misma cantidad de 365 días, o si estos días eran más largos o más cortos que ahora, porque el tiempo por el que nos regimos está en función de las vueltas que La Tierra da sobre sí misma y de las que da alrededor del Sol, de su mayor velocidad o lentitud o de muchos otros factores que los sabios no han tenido en cuenta.
Porque, ¿estamos seguros de que nuestro planeta ha mantenido siempre idéntica distancia al astro rey y su velocidad es constante, como de 29,8 Km/s? ¿O acaso sabemos cómo y cuándo se formó La Tierra?
Ni siquiera sabemos si en épocas pasadas, gracias a las míticas fuentes de la eterna juventud, o a remedios o elixires cuya fórmula se haya perdido, los hombres vivían ochocientos o mil años, como los personajes bíblicos, desde Set a Noé, sin omitir a Matusalén, que vivió novecientos sesenta y nueve años. Aunque tampoco debemos preocupamos mucho de estas cuestiones, ya que su relativismo es notorio y mil años de una existencia letárgica, insípida o semi hibernal no pueden ser comparados con unos pocos de intensa actividad, de estudios, acción, emoción o pasión.
Una teoría cosmológica mantiene que el Universo en que vivimos, del que somos una insignificante partícula, es algo así como un inmenso globo hinchable en expansión y que luego se neutralizará para iniciar la contracción; o sea que se dilata y se contrae en latidos o pulsaciones que duran ochenta mil millones de años. Los divulgadores de esa teoría, entre los que debemos mencionar a E.P. Hubble, Kuiper, V. Kundt, Weizsäcker, Hoyle, Robert H. Dicke, y muchos más que omitimos por no ser esto una guía de "vips" de la Astronomía, mantienen que la última explosión de materia y energía se produjo hace unos trece mil millones de años - días más o menos!- y ahora nos encontramos en período de expansión, faltándonos, por tanto, unos 67.000.000.000 años para el siguiente "latido". Durmamos, pues, tranquilos por ese lado.
Ahora bien, los mismos sabios nos aseguran que nuestra querida Tierra posee una antigüedad de poco más de cuatro mil quinientos millones de años y se formó gracias a los
subproductos de la formación del Sol, cuyos anillos y remolinos de partículas y polvo cósmico nos dieron este bello planeta azul que nos alberga.
Podríamos haber dicho "que nos ha dado la vida", de no ser que nuestro concepto biogenético difiere bastante de lo comúnmente aceptado por la Ciencia, ya que, como trataremos de demostrar más adelante, tenemos motivos racionales suficientes para creer que, aunque la vida humana pudo originarse aquí, poco más o menos como hoy la conocemos, el "soplo" espiritual o la manipulación psíquica que nos dio la inteligencia, nos llegó del exterior.
Tocaremos, por tanto, el origen extraterrestre de la inteligencia humana dentro del contexto inherente al realismo fantástico, del que somos fervientes defensores, pero también dentro de un realismo geométrico y hermético tan demostrable como las hirientes púas del rosal al que tratamos de arrebatar sus rosas; y esas púas han de herir vanidades, han de hacer rechinar los dientes o morderse los puños a los que quisieran ver ocultas y olvidadas nuestras fórmulas.
La Geometría Hermética que vamos a presentar aquí puede arrancar ronchas dolorosas en las conciencias de quienes, guiados por las anteojeras puestas al ser desasnados, han creído a pies juntos, ciegamente, dogmáticamente, todo cuanto les han dicho y que han aceptado sin hacer preguntas.
Sabemos que el Mensaje del pasado, las obras arqueológicas más reveladoras, como podría ser la Gran Pirámide, supuestamente llamada de Keops, o de Jufui, o Hrw-Jnum-Jufu, o Sufis, o Chemmis, y que nosotros llamamos de Hermes-Toth, todavía existe, lo podemos ver y tocar, y está diciendo al mundo: "!Nadie ha podido destruirme! ¡Todavía se puede leer en mí, no con palabras, ni con símbolos o jeroglíficos de dudosa interpretación, sino en un lenguaje tan claro como el que hablan los astros, los planetas y las galaxias! ¡Soy la voz de la Ciencia más antigua del Universo! ¡Yo me expreso en la lengua inextinguible del cosmos, en cuyo ámbito nacen, viven, se mueven y mueren los mundos, cuyas trayectorias son líneas geométricas inmutables! ".
¿No nos creen? ¿Escribimos exaltados por la fantasía o el prejuicio? ¿Estamos fanatizados por nuestros propios desvaríos y elucubraciones? ¿Nos ciega la soberbia, la pasión o la locura? ¿Debíamos haber nacido en tiempos de Nicolás Copérnico, de Kepler o Galileo para ir con nuestros huesos a una pira inquisitorial, por herejes, como ocurrió con Giordano Bruno? ¿Estamos obligados al respetuoso silencio, a fin de no alterar el reposo eterno de los que vivieron y murieron creyendo haber morado en un planeta en forma de baldosa y en cuyos lados se caían a los abismos las naves que se aventuraban en tales "non plus ultras"?
Y una última pregunta: ¿estamos obligados a silenciar lo que hemos descubierto con nuestro propio esfuerzo, durante muchos días de estudios geométricos, sin más ayuda que una regla y un compás, para que los presuntos sabios, egiptólogos, piramidólogos, empoltronados muchos de ellos en bien remunerados sitiales de la cátedra, puedan seguir manteniendo insensateces como las que el paupérrimo Faraón Keops, 4.700 años a. de J.C., con ayuda de cien mil esclavos -¡versión de Heródoto!- se hiciera construir un templo funerario en el que reposar sus huesos, cuando aquella supuesta tumba estaba construida muchos miles de años antes de que Keops naciera de madre?
¡Demonios de pregunta; creíamos que no se acababa nunca! Por medio de la Geometría Hermética vamos a demostrar:
Que hubieron civilizaciones técnicas superiores a la nuestra actual;
que hubieron hombres, supuestamente considerados como "dioses" o semidioses, llegados del espacio exterior, y que tuvieron trato carnal con las mujeres aborígenes, a las que les hicieron hijos;
que existió un Paraíso Terrenal, morada de aquellos dioses, y que sus enviados se extendieron por toda la tierra conocida de entonces, enseñando a los hombres a cultivar cosechas, a construir edificios, a fabricar herramientas y armas y... ¡predicaron la verdad, el amor y la fraternidad entre los hombres!
¡Y que existieron lugares como la tierra de Mu, la Atlántida, muy anteriores a la civilización minoica, y que las fechas dadas por los arqueólogos a las civilizaciones mayas, olmecas, incas, etc., son falsas y mucho más antiguos sus vestigios de lo que se nos quiere hacer creer!
Todo esto y mucho más vamos a demostrar palpablemente por medio de la Geometría Hermética, casi sin números, ni medidas arbitrarias, porque la auténtica geometría, mucho más antigua que el hombre, no necesita medidas para su demostración.
Los matemáticos no pueden dividir exactamente 10 entre 3 (3,3333..).
Nosotros, en cambio, una línea cualquiera sí podemos dividirla en tres partes exactamente iguales. ¿Nos creen ahora?
"De Misor nació Taautos, quien descubriera la escritura y fuera el primero en formar letras. Los egipcios le llamaron Tbor, los alejandrinos Tutb y los griegos Hermes. "
Filón de Biblos.
CAPITULO I
EL PUNTO Y EL CIRCULO
No existe en el Universo ningún astro o planeta que sea o haya sido cuadrado, triangular, romboideo o rectangular. Es más, la línea recta no existe en ninguna parte, tanto en el cielo como en la Tierra.
Acéptese esto como exacto y cierto o déjese este libro antes de continuar. Aquí pueden leer los ciegos, aunque sea al tacto; los sordos y mudos, aunque sea por señas; los crédulos y los incrédulos, aunque sean escépticos, y todos los que estén vivos y deseen saber.
Incluso pueden leer los que adoran a otros dioses, porque la Verdad es de todos, como lo es la Luz, mas no así las sombras. Los que moran en la oscuridad, sin querer ver los colores, no pueden leer nuestras palabras... Les está prohibido por sus negras conciencias!
Sabed, os decimos, y os lo vamos a demostrar, que el punto tampoco existe. Digamos, sin embargo, que necesitamos un Punto Cero para poder construir el arquetipo de nuestra
geometría, y que ese punto cero se encuentra en cualquier lugar de una línea recta hipotética que habremos de trazar con una regla.
Ignoramos, por otra parte, cuándo el primer ser, ya fuese aquí o en otro mundo, hace un millón o cien mil millones de años, se hizo las reflexiones que nosotros nos hacemos ahora. ¿Se mueven los astros en línea recta? ¿Existe, aunque sólo sea hipotéticamente, dicha línea?
Prestemos atención, aunque sea dentro de la pequeña escala de nuestro Sistema Solar. Los planetas giran en tomo al Sol siguiendo líneas orbitales elípticas, o sea, grandes curvas concéntricas. y así sabemos que se comportan los restantes mundos, ya sea trazando líneas parabólicas o hiperbólicas, que son curvas también, pero abiertas y mucho más amplias, de radios inmensos.
No existe excepción, salvo... Bueno, a pequeña escala, en nuestro reducido mundo, un tallo puede crecer recto o un curso de agua puede seguir un cauce rectilíneo. Incluso, la erosión puede desgastar una roca y dejar su superficie plana y lisa, como si el hombre la hubiese pulido. Pero esto es accidental y siempre a pequeña escala.
El hombre, no obstante, lleva en su mente la obsesión volitiva de dominar a la naturaleza. Ya sea porque le fue mandado por su Creador o porque germinó él mismo esta idea, el caso es que casi desde su origen, cuando empezó a razonar y comprender, su idea fue la de llegar a convertirse en dios o, al menos, en semidiós. ¡Y todavía no ha renunciado a tan arcana ambición, ni renunciará mientras sea hombre, porque si tal hiciera se convertiría, según cree, en animal!
El hombre, racionalmente hablando, está dispuesto a todo con tal de ascender en la escala social; pero no hará absolutamente nada para renunciar a los logros obtenidos. Si tal cosa hiciera es que se ha vuelto loco y, por tanto, es ajeno a su voluntad.
Sea esto verdad o no, nosotros estamos dispuestos a mantenerlo como un axioma. Somos hombres y sabemos cómo piensan la mayoría de los hombres, aunque no sabemos cómo piensan los gatos o los leones.
Hemos estado sobre la fina arena de una gran playa y hemos visto las líneas curvas que las olas han dibujado en ella. Instintivamente, hemos sentido deseos de dibujar nosotros también. El dedo índice o la punta de un palo, caña o piedra afilada, nos ha servido para hacer una línea que hemos dado en llamar recta. En realidad, no es más que una sucesión de puntos... Miles de pequeños espacios trazados uno a continuación de otros, exactamente igual a lo que hace la punta de un lápiz afilado sobre un papel blanco.
A eso hemos llamado Línea Recta. Se lo llamaron así Euclides, el matemático griego que fundó la famosa Escuela de Alejandría, allá por el siglo IV antes de J.C., lo mismo que hizo Pitágoras, el filósofo de Samos, el discípulo de Anaximandro y Ferécides, que fundó otra no menos famosa escuela en Crotona, allá por el año 530, donde, además, se enseñaba la metempsícosis o sea la reencarnación de los espíritus. Y, precisamente por estas cosas, y no por otras, se persiguió a Pitágoras y se le hizo morir, se supone que en Metaponto, en medio de las llamadas y de algunos de sus discípulos, aunque todavía se diga, como demostró él, que "En todo triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos."!
Y si los que pretendieron ahogar en llamas la doctrina pitagórica, así como sus continuadores, no se hubieran cuidado sistemáticamente de destruir la prueba más evidente de que el sabio de Samos aprendió estas y otras cosas entre los sacerdotes egipcios, ahora podríamos demostrar palpablemente a muchos de ustedes que esa misma proporción geométrica que conocemos ahora como el Teorema de Pitágoras se halla en los cuadrados de las tres grandes pirámides de Gizeh, llamadas de Keops, Kefrén y Micerinos, porque la
Gran Pirámide de Keops, con sus supuestos doscientos treinta metros de lado, está en relación con los lados de la de Kefrén y Micerinos (supuestos 215 y 108,5 metros de lado, respectivamente). Mejor dicho, estaba, porque la devastadora acción de los hombres impide ahora demostrar esta verdad universal).
(¿Creemos captar algunas sonrisas conmiserativas e indulgentes entre algunos escépticos lectores? Sí, eso parece. No importa, no nos molestamos.)
En Abu Sir existen aún tres pirámides. Una se llama de Neferirkare, y tiene 110 metros de lado; otra se llama de Niuserre y tiene 82 metros de lado; la tercera, conocida con el nombre de Pirámide de Sahure, sólo tiene 76 metros de lado.
Veamos lo que ocurre si les aplicamos el Teorema de Pitágoras: Neferirkare: 111 x 111 = 12.321
Niuserre: 82 x 82 = 6.724 Sahure: 76 x 76 = 5.776
6.724 + 5.776 = 12.500.
Y la diferencia con el cuadrado de la Pirámide de Neferirkare bien podemos atribuirla a error de medición, mínimo por cierto, o a desgaste producido por los agentes de la naturaleza. ¿Y por qué no también a ligero error de cálculo?
Aunque nos hayamos apartado un poco de la línea recta, sabemos perfectamente que los primeros geómetras trazaron todo tipo de figuras antes de averiguar que el radio de una circunferencia dividía el círculo cerrado en seis partes exactamente iguales.
No queremos hacemos muy fuertes a este respecto. Ignoramos si esta verdad geométrica la descubrió el hombre que trazaba rayas sobre la arena de una playa o, como dicen algunos libros antiguos y sagrados, fue Akibeel, el "elohim" que bajó del cielo, confundido entre los ángeles negros o "caídos", quien la enseñó a los hombres.
Y no debemos insistir en ello, puesto que tenemos otras versiones menos "bíblicas", aparte de que el Libro de Enoch está considerado como apócrifo por la Iglesia católica, y que, si no han sido aceptadas tampoco, al menos existen fisuras suficientes para que se filtre un rayo de luz. Esta información procede de Platón.
Aquí nos vemos obligados a ejecutar eso que los anglosajones llaman el "bystand" y que viene a significar algo así como "mantenerse a la expectativa". De Platón y de su relato de la Atlántida se ha hablado tanto ya que nos parece exagerado. A Solón de Atenas y al sacerdote de Sais, en las obras de "Critias" y "Timeo", se les ha conferido excesiva representatividad y no hay nada que confirme o corrobore estos hechos. ¡Lo dijo Platón y punto final, como si el filósofo y discípulo de Sócrates fuese un dios infalible de la corte olímpica! y no debemos olvidar que es muy difícil averiguar ahora si todas las obras que se le atribuyen fueron escritas por él, ya que algunas de ellas, especialmente las de su tercera época, han sido consideradas como apócrifas, o sea, que las escribió otro u otros y las firmó con su nombre. y piénsese que entre estas obras puestas en entredicho, están el "Timeo" y el "Critias", entre "Parménides", "Cratilo", "El Sofista", "Filebo", "El Político", "Las Leyes", "Fedro" y los últimos libros de "La República".
No obstante, como el tiempo es la mejor panacea balsámica y ya que de retórica también se vive, en la actualidad, todo catalogado y clasificado, los eruditos helenistas consideran que todo es auténtico y se lo atribuyen a Platón, aunque algo lo hubiera escrito San Agustín. ¿Que más da?
A nosotros nos basta con saber que Platón aprendió de Sócrates y éste aprendió de Pitágoras. Y sabemos, además, que la geometría fue antes que la Aritmética, o, dicho de
otro modo, que la Geometría es una Verdad que ha sido demostrada por medio de la matemática.
Los griegos, como otros muchos pueblos de la antigüedad, estudiaron el cielo, ya fuese desde el punto de vista astronómico o astrológico, que, para el caso, es lo mismo. Y se nos ha dicho que Pitágoras viajó a Egipto, a la Galia, donde conversó con los sacerdotes druidas, y hasta que estuvo en Mesopotamia, la región en donde había predicado Zoroastro.
Sin embargo, los griegos no fueron el pueblo más antiguo, aunque haya sido su literatura la que más haya influido sobre nuestra cultura. De Grecia, como de Italia o de España, hay que creer siempre la mitad de lo que nos cuenten y aún así, esa mitad hemos de aceptarla mezclada con fantasía, ensoñación, exageración o distorsión. ¿Cómo vamos a escribir la historia basándonos en leyendas y mitos?
Pero vayamos con Platón, quien nos dijo en "Critias":
"Han transcurrido en total nueve mil años desde que estalló la guerra, según se dice, entre los pueblos que habitaban más allá de las Columnas de Hércules y los que habitaban al interior de las mismas. Esta guerra es lo que hemos de referir ahora desde su comienzo a su fin. De la parte de acá, como hemos dicho, esta ciudad era la que tenía la hegemonía y ella fue la que sostuvo la guerra desde su comienzo a su terminación. Por otra parte, el mando de la guerra estaba en manos de los reyes de la Atlántida. Esta isla, como ya hemos dicho, era entonces mayor que la Libia y el Asia juntas. Hoy en día, sumergida ya por los temblores de tierra, no queda de ella más que un fondo limoso infranqueable, difícil obstáculo para los navegantes que hacen sus singladuras desde aquí hacia el gran mar."
Y más adelante, Platón describe el otro aspecto de la cuestión:
"En el transcurso de esos nueve mil años, hubo numerosos diluvios...
En el transcurso de un período tan largo y en medio de esos accidentes, la tierra que se deslizaba desde los lugares elevados no dejaba, como en otras partes, sedimentos notables, sino que rodando siempre, acababa por desaparecer en el abismo. Y tal como podemos advertir en las pequeñas islas, nuestra tierra ha venido a ser, en comparación con lo que fuera entonces, como el esqueleto de un cuerpo descarnado por la enfermedad."
A muchos investigadores les ha parecido esta parte del relato como la descripción de algo "que se dice", "que se comenta" y que sólo tiene de sorprendente su exactitud a la verdad, porque, a excepción de los fenicios o cananeos, nadie se aventuraba en aquellos tiempos más allá de las Columnas de Hércules, o sea del Estrecho de Gibraltar. Y si ya en tiempos de Platón se decían tales cosas, ¿qué habríamos de decir ahora, con tanto cabo atado, con otros informes, con los relatos bíblicos, el descubrimiento de las ruinas de Troya y la singular homogeneidad de las pirámides descubiertas en muchos lugares del mundo, incluso en Francia?
Por si todo esto no fuera suficiente, bajo las aguas del Atlántico, en las proximidades de Bimini, se han realizado descubrimientos arqueológicos submarinos, de origen muy antiguo, que viene a confirmar la existencia de la Atlántida.
Ahora bien, cuando tratemos de establecer geométricamente que fueron los sabios de Atlántida los que establecieron una colonia en "la Libia", muchísimo antes de que el faraón Menes hubiera desviado las aguas del Nilo en las cercanías de Jartum, y que en la meseta pétrea de Gizeh, por razones que luego enumeraremos, unas incomprensibles y otras comprensibles y de mucho peso, se levantaron tres pirámides pétreas, similares a la que se alzaba en el centro de Poseidonis, a modo de Templos de Iniciación, el lector paciente comprenderá de modo claro y cabal por qué estamos dando tantos rodeos y atando tanto
cabo suelto, a fin de que no se escape ningún dato importante de los muchos que hemos ido recopilando en nuestra larga y meticulosa labor ordenadora.
Por eso hemos de volver con Platón, para que nos acabe de informar acerca de algo que después nos será útil para nuestra tesis. Y aquí sí que rogamos el máximo de atención, puesto que el mito y la historia andan entremezclados y de sabios es saber separar lo sutil de lo grosero, y la verdad de la mentira.
"Según se ha dicho ya anteriormente -sigue diciendo Platón- al hablar de cómo los dioses habían recurrido a echar a suertes la tierra entre ellos, ellos dividieron toda la tierra en partes, mayores en unas partes, menores en otras. Y ellos instituyeron allí, en su propio honor, cultos y sacrificios. Según esto, Poseidón, habiendo recibido como heredad la isla Atlántida, instaló en cierto lugar de dicha isla los hijos que había engendrado él de una mujer mortal."
¿Hemos de asociar esto con el Génesis bíblico, cuando nos dice: "Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas", como una leyenda ancestral que recogieron para sí tanto griegos como hebreos, aunque también nos dice el Génesis que habían gigantes en la tierra por aquellos tiempos?
¿Se trata de leyendas locales que fueron haciéndose universales, por lo del "se dice, se comenta", o era el relato oral, transmitido de padres a hijos desde tiempos inmemoriales, que sirvió tanto a Moisés como a Platón?
Este último continúa en "Critias":
"Cerca del mar, pero a la altura del centro de toda la isla, había una llanura, la más bella según se dice de todas las llanuras y la más fértil. -¿Le faltó a Platón decir que en aquel Edén habían cuatro ríos: el Pisón, el Gihón, el Hidekel y el Eufrates; que en la tierra de Havila había oro, bedelio y ónice, y que en el centro había una montaña piramidal, O dicho de otro modo un árbol cuyo fruto permitía conocer el bien y el mal?- y cercana a la llanura, distante de su centro como una cincuentena de estadios, había una montaña que tenía en todas sus partes una altura mediana. En esta montaña habitaba entonces un hombre de los que en aquel país habían nacido originariamente de la tierra. Se llamaba Evenor y vivía con una mujer, Leucippa. Tuvieron una hija única. Clito. La muchacha tenía ya la edad nubil cuando murieron sus padres. Poseidón la deseó y se unió a ella. -( ¡Y esto pese a ser un dios llegado de ¿del 0limpo"...) Entonces el dios fortificó y aisló circularmente la altura en que ella vivía. Con este fin, hizo recintos de mar y de tierra, grandes y pequeños, unos en tomo a los otros. Hizo dos de tierra, tres de mar y por así decir los redondeó, comenzando por el centro de la isla, del que esos recintos distaban en todas partes una distancia igual."
Bien hasta aquí. Ahora, queremos recordarles un libro de Gilbert Pillot, leído hace seis años, al ser editado por Plaza & Janés, en 1971, que nos dejó perplejos. Nos referimos a "El código secreto de la Odisea". Según Pillot, Homero -cuya existencia real ha llegado a ponerse en dudarlo que hizo en la "Odisea" fue escribir un mensaje esotérico y hermético, a lo que tan aficionados eran los "escribas" de su tiempo, donde pretendía únicamente instruir a sus compatriotas en ciertos secretos náuticos que no debían conocer sus enemigos.
Una impresión semejante nos ha causado asimismo las repetidas lecturas que hemos hecho del Apocalipsis de San Juan, de El Cantar de los Cantares, de Salomón, y de otras obras universales en donde, obsesionados por nuestra criptomanía, siempre creemos ver mensajes ocultos.
De todo esto hablaremos más adelante con amplitud y cuidado. Ahora, queremos centrar nuestra atención, y la del paciente lector, en los círculos de Poseidón, al que suponemos un dios con grandes conocimientos geométricos. y nos llama la atención el número de recintos: dos de tierra y tres de mar. Lo normal hubiera sido, ya que trataba de proteger la "altura" en que vivía Clito, o sea un lugar terrestre, que hubiera hecho un recinto de agua, otro de tierra, otro de agua y, luego un cuarto de tierra. El último, según Platón, fue de agua. Pero como esto lo hizo en una isla, debió existir un sexto círculo terrestre, que bien pudo ser natural, y en donde no intervino Poseidón, y luego el mar abierto.
Siete círculos, ¿no? Acerca del SIETE hablaremos también ampliamente más adelante. Limitémonos ahora al cinco, de por sí un número altamente simbólico, y recordemos, de nuevo, que los recintos distaban del centro de la isla, en todas partes, una distancia igual.
Naturalmente, hemos seguido con un compás las "instrucciones" de Platón, como las han seguido otros estudiosos del hermetismo geométrico, y el resultado ha sido algo parecido a un laberinto espiral, semejante a los que se han encontrado en los Altiplanos del Perú, así como en la región de Nazca, que siempre se ha interpretado como un símbolo... y nada más.
No debía ser fácil llegar hasta donde Poseidón tenía a Clito, una mujer terrestre que engendró una nutrida familia. Platón nos sigue diciendo:
"Allí engendró y educó él cinco generaciones de hijos varones y mellizos. -(¿Curioso, no? ¿Qué dicen a esto los ginecólogos?)-. Dividió toda la isla Atlántida en diez partes. Al primogénito de los dos más viejos le asignó la morada de su madre y la parcela de tierra de su contorno, que era la más extensa y la mejor. Lo estableció en calidad de rey sobre todos los demás. A éstos los hizo príncipes vasallos de aquél y a cada uno de ellos le dio autoridad sobre un gran número de hombres y sobre un extenso territorio. Les impuso nombres a todos; el más viejo, el rey, recibió el nombre que sirvió para designar la isla entera y el mar llamado Atlántico, ya que el nombre del primer rey que reinó entonces fue Atlas."
Atlas es un nombre de cinco letras, como Clito. Poseidón tuvo cinco generaciones de hijos varones y mellizos. O sea, diez hijos.
Y podemos asegurar que nuestro aborigen primitivo, trazando líneas sobre la arena de la playa, debió pasar muchísimo tiempo reflexionando sobre las propiedades del número cinco. La Biblia, que también encierra su mensaje esotérico, empieza diciéndonos que Dios hizo la Creación en siete días. ¡No se alarmen, ya hemos superado todo eso! y lo decimos así de claro porque los ciclos también se nos antojan círculos.
Vamos a suponer ahora, por ejemplo, que Poseidón no fuera un dios, sino un hombre que llegó a Atlántida procedente de otro lugar de La Tierra, de un mundo mucho más antiguo, como Gondwana, o Mu, o de alguna civilización que hubiera existido en el Pacífico, en el desierto de Gobi, en China o en Siberia. Supongámoslo únicamente, que nada nos cuesta.
Un hombre con conocimientos como los suyos pronto se vería rodeado de atlantes semisalvajes, a los que enseñaría su ciencia geométrica. y si educó a sus hijos en su antigua cultura. lógico es suponer que las tribus surgidas de estos príncipes se extendieran hacia la Libia, o sea, hacia Egipto... ¡Y hasta debemos suponer que aplicaran las propiedades geométricas del cinco a sus construcciones!
Nosotros hemos dividido un círculo en cinco partes y hemos logrado un pentágono. Pero nosotros poseemos unos conocimientos geométricos mucho mayores que los adquiridos por Platón de los pitagóricos. Y hemos tratado, por todos los medios, de relacionar geométricamente el dos, el tres, el cuatro y el cinco. (El gran salto lo daremos al llegar al seis).
Obsérvese la cruz "svástica" de la figura (1). Un esoterista como Schwaller de Lubiez, nos dice en "Le temple de l'homme", algo que puede desconcertar a cualquiera menos a nosotros: "El primer Número es Tres; el segundo es cuatro; el tercero es cinco; son los valores primeros de los lados del triángulo rectángulo sagrado y, por tanto, de aplicación a innumerables consecuencias".
Y es cierto. Pitágoras aprendió muy bien esta relación:
El cuadrado del Tres, más el cuadrado del Cuatro, es igual al cuadrado del Cinco. 3 x 3 = 9; 4 x 4 = 16; 5 x 5 = 25
9 + 16 = 25
¿Y no es curioso, amén de altamente singular, que un aborigen, trazando rayas sobre la arena, llegase a esta esotérica conclusión? ¿De qué podría servirle?
Esto podría ser una prueba de que Hermes-Toth, Akibeel, Poseidón, Quetzalcoatl, Kukulkán, Viracocha, Lug, Thor o Taautos -que todos estos nombres pudo tener o bien ser distintas personas-, bajó del "cielo" y enseñó geometría a los hombres.
¿No? Seguiremos con ello. ¡No hemos hecho más que empezar!.
Fig. l. "El primer número es Tres; el segundo es Cuatro; el tercero es Cinco; son los valores primeros de los lados del triángulo rectángulo sagrado y, por tanto, de aplicación a innumerables consecuencias" (Schwaller de Lubiez, en "Le temple de l'homme", París, 1968.)
"La solución aritmética de la cuadratura del círculo es imposible; esto es lo que se nos enseña.
La solución geométrica es posible y hace mucho tiempo que fue descubierta. Esto es lo que se nos oculta! ".
Paul Poësson, "El testamento de Noé".(l) (1) Publicado por "Editions Robert Laffont", 1972, y traducido en castellano por Plaza
& Janés, S.A., Editores (Julio 1974). N. del A.
CAPITULO II
EL CIRCULO Y EL TRIANGULO
La protohistoria puede esperar todavía un poco más para ser aireada bajo nuestro fantástico concepto; antes, creemos necesario hablar de lo que ha motivado esta obra, o sea de la Geometría Hermética.
Creemos que cuanto vamos a decir aquí pillará un tanto desprevenido a muchos de nuestros lectores, cuyo fuerte no sea, precisamente la geometría. Pero nada de cuanto expongamos aquí, aunque creemos que llegó de otro mundo, es difícil de realizar. Por el contrario, es más sencillo de lo que parece.
No obstante, la demostración exige que el lector se provea de una regla y un compás. Procúrese que la regla sea recta y que el compás tenga puntas muy finas. No se requiere en absoluto que la regla esté numerada; tampoco que utilicemos papel cuadriculado. En los tiempos en que se hicieron estos ejercicios, los Geómetras carecían de las ventajas del reticulado mecánico y las líneas que trazaban eran puras.
Piénsese, por ejemplo, que cuando se dibujaron los planos de la Gran Pirámide de Keops, o del Templo del Sol, en Teotmuacán, pongamos por caso, los geómetras disponían ya de compases de puntas de gran precisión aunque no podamos asegurar si eran de acero, bronce o de madera. De lo que sí estamos seguros, como vamos a demostrar cumplidamente, es que poseían unos conocimientos geométricos extraordinarios... ¡y simples!.
Tomaremos como ejemplo la Fig. 2. En ella vemos un círculo y dos triángulos, uno sombreado. Esto, que parece una señal de tráfico, es, por decirlo lisa y llanamente, el primer paso que debió dar el hombre para conquistar las más altas cimas del Conocimiento.
Fig. 2. El triángulo inscrito en el círculo. Principio de la Geometría Hermética.
Nuestros alumnos de E.G.B. saben que el radio de una circunferencia divide a ésta en seis partes iguales. Y 6 : 2 = 3. ¿Elemental, no? Es obvio que en un círculo podemos inscribir dos triángulos equiláteros, o sea, de lados iguales. Por medio de una línea horizontal y otra perpendicular (Figs. 3 y 4) podemos circunscribir también un cuadrado.
Sin embargo, la Geometría Hermética trata, esencialmente, de las relaciones del Círculo celeste con todos los polígonos terrestres y su representación máxima está, precisamente, en los dos triángulos entrelazados y de lados iguales, porque han sido trazados dentro del. círculo!
En Geometría Hermética siempre se opera partiendo de un Punto Cero, desde el que trazamos un círculo. Y debemos recordar que este círculo tendrá todos sus puntos equidistantes del centro. Para que no haya confusiones, aclararemos que Círculo y circunferencia es lo mismo.
El Hexágrama, o estrella mágica de seis puntas, se ha llamado también Sello de Salomón, y se obtiene por medio del círculo. Obsérvese bien la Fig. 2 y recuérdese que: todo parte de un círculo.
Nosotros operamos del modo siguiente: trazamos una línea recta, lo más fina posible, para lo cual afilamos bien el lápiz. Luego, elegimos un centro y marcamos un punto con un punzón afilado, que también puede ser la punta del compás. Incluso, utilizamos un cristal de aumento para que el punto se halle exactamente sobre la línea.
Luego, desde el Punto Cero trazamos el círculo, del tamaño que nos convenga. Jamás tomamos medidas, porque todas las figuras que obtengamos estarán en proporción al círculo.
En la Fig. 3 hemos trazado el círculo sobre la línea y nos encontramos con dos nuevos puntos, D y C, que son exactamente los que dividen la circunferencia en dos partes. Si desde D y C, con el mismo radio -ya que el compás no lo hemos movido para nada- trazamos dos semicírculos, nos encontramos con la división del círculo en seis partes iguales:
Fig. 3. El círculo trazado desde el Punto Cero (O). El radio OC divide la circunferencia en seis partes exactamente iguales. La línea AB, perpendicular a OC, divide la circunferencia en siete partes iguales. ¡Préstese mucha atención a esto!
Rogamos que se compruebe meticulosamente esto, con ayuda del compás de puntas, porque cualquier error que se cometa a partir de ahora irá ampliándose a medida que la tarea se haga mayor.
Compruébese desde el centro O y cada uno de los segmentos, y cuando se tenga la certeza de que la división del seis es perfecta, hágase la Triangulación o Hexágrama (Fig. 2). Señálense con el punzón los puntos de intercesión y obsérvese la Fig. 3, donde aparece una línea AB, de la que luego nos ocuparemos más ampliamente. Es uno de los lados del triángulo y su centro mismo es igual a la línea recta que divide el círculo en SIETE partes iguales.
Pues bien, el punto B y el D (Fig. 4) nos van a servir para hallar otra línea muy importante en Geometría Hermética: la perpendicular CD, que es otro diámetro del circulo, igual que XY.
Fig.4. Modo de obtener una perpendicular (CD) a XY. Se divide la circunferencia en
seis partes y se trazan semicírculos desde D y B. Repitiendo esta operación sobre ambos diámetros se dividen éstos en cuatro partes iguales. Es el origen del cuadrado mágico de 16 casillas.
Si tomamos el compás y trazamos semicírculos desde D y B, no hacemos más que hallar puntos simétricos por encima y por debajo de XY. Es como se hace habitualmente. Pero aquí hemos de insistir en que la precisión de trazado sea máxima, o mejor dicho, exacta. Comprobemos con el compás de puntas que las líneas CY, YD, DX y XC son exactas y ya habremos obtenido un cuadrado interior y circunscrito.
Suponemos que muchos de nuestros lectores saben cómo trazar un pentágono, para lo cual existen varias fórmulas. La más frecuente en la actualidad es obtener el perímetro de la circunferencia (3,1416 multiplicado por el diámetro y dividir este resultado por cinco). Pero eso no es Geometría Hermética, ni nos soluciona el problema con toda exactitud, porque el número "pi" tiene muchos decimales, aparte de ser un número transcendente.
Fig. 5. Modo de trazar un pentágono, a partir del triángulo inscrito en el círculo. AB
es mayor que el radio; y BC es mayor que AB e igual a la circunferencia dividida entre cinco.
Fíjense en la Fig. 5. Tenemos un círculo y un triángulo. Abrimos el compás y tomamos la medida AB (punteada). Trazamos un semicírculo desde A hasta BC. Volvemos a abrir otro poco el compás y tomamos la distancia BC. ¡Y precisamente esta abertura de compás es la quinta parte del perímetro de la circunferencia! Hagan la prueba y realicen la Fig.6.
Sabemos que, en la Edad Media, y suponemos que mucho tiempo antes, cuando los griegos estudiaban en Alejandría, estas cuestiones geométricas eran como un pasatiempo de la élite filosófica. Durante siglos, astrólogos, alquimistas, matemáticos, filósofos, etc., dedicaron gran parte de su "tiempo a trazar líneas sobre papeles o pergaminos. Entonces era un "hobby" muy difundido el solucionar problemas de Geometría y los aficionados solían reunirse, discutir y comentar sus hallazgos, o bien se guardaban celosamente sus descubrimientos. En otras palabras. buscar significados en las líneas era algo así como solucionar crucigramas. No debe extrañar a nadie que en la Edad Media surgiera el Arte Gótico, cuya geometría era, y sigue siendo, una de las más bellas y armoniosas de todas las culturas humanas.
Fig.6. El Pentágono o estrella mágica de cinco puntas, llamada Pentagrama.
En nuestros tiempos, con el auge de los deportes, y especialmente el fútbol, nadie se asombra de que salgan auténticos malabaristas del balompié. Por la misma razón, cuando había tanta afición a la geometría, se destacaron auténticos genios. Y por mencionar a alguien que cultivó estas artes, recurramos a la Biblia, la cual dice:
"Yo, pues, te he enviado un hombre hábil y entendido, Hiram-abi, hijo de una mujer de las hijas de Dan, mas su padre fue de Tiro, el cual sabe trabajar en oro, plata, bronce y hierro, en piedra y en madera, en púrpura y en azul, en lino y en carmesí; asimismo sabe esculpir toda clase de figuras, y sacar toda forma de diseño que se le pida.,," (2 Crónicas, 1, 14).
Más antiguo es, sin embargo, el diseño de la Gran Pirámide, y más complicado también, como veremos al tratar de la Geometría Hermética en la gran obra de Hermes-Toth.
Aún podríamos ahondar muchísimo más en las excelencias geométricas, sin ocultar nuestro ardiente deseo de propugnar la vuelta a las aficiones de antaño, ¡aunque ahora de modo más abierto y progresista!, y por ello trataremos de orientar al lector por el camino fácil y sencillo de una geometría que hace tiempo se distanció de la oficial o escolástica.
Observen, por ejemplo, la Fig. 7. tomemos cuatro dibujos geométricos. En ellos, como siempre, jugamos con el círculo, del cual podemos obtener un cuadrado perfecto, sin ayuda de escuadras ni cartabones. Sólo el compás y la regla. Uniendo puntos y trazando semicírculos no solo obtenemos un cuadro, sino una cruz, lo que demuestra que ésta es el símbolo celeste del círculo, como han mantenido los esoteristas y hermetistas de todos los tiempos, incluyendo a masones, rosacrucianos y celtas. En la Fig. 8 podemos observar las líneas esenciales de una cruz celta, cuyo simbolismo es altamente geométrico y basado en el círculo y el cuadrado (o cruz).
Fig. 7. La geometría Hermética revela cómo se obtiene el cuadrado, partiendo del circulo y demuestra que la cruz es un símbolo circular y celeste (¡No hay nada nuevo bajo el sol!
Fig. 8. Cruz celta, cuyo simbolismo es puramente geométrico y basado en el círculo y la
cruz (el cuatro).
La Cruz Celta de Gisors (Fig. 9), también es una prueba de cuanto exponemos. Hay quien ha llegado a suponer que los celtas eran descendientes de los atlantes y que se instalaron en Europa occidental antes o a raíz del hundimiento de su isla-continente. El "observatorio astronómico" de Stonehenge, en Salisbury (Inglaterra) también se supone que
fue erigido 2.600 años antes de J.C., por los astrólogos celtas que heredaron los conocimientos geométricos y celestes de Poseidón y Atlas.
En la Fig. 10 exponemos cuáles son los principios fundamentales de la Geometría Hermética. De un círculo y una cruz (las coordenadas de la geometría clásica, u ordenada y abscisa) obtenemos los puntos primarios de la división del círculo en seis partes, con lo que podemos inscribir un triángulo equilátero o isósceles (esto quiere decir de dos lados iguales). Pero, ¡mucho cuidado en confundir un triángulo equilátero con un isósceles, ya que no es lo mismo! Y remarcamos esto porque dentro del círculo vamos a inscribir más adelante diversos tipos de triángulos. Por ello, recordemos: el triángulo equilátero es el que tiene los tres lados iguales y el isósceles el que sólo tiene dos lados iguales.
Fig. 9. Cruz celta de Gisors (Francia), de una extraordinaria antigüedad, y, por
supuesto, anterior a la dominación romana.
Este tipo de triángulo, el isósceles, nos servirá después para las Cuadraciones o Cuadraturas que nos demostrarán la Cuadratura del Círculo. El equilátero es más simple y sólo lo utilizaremos para la división de la circunferencia.
El lector que haya decidido prácticar con nosotros, pronto se dará cuenta de estas diferencias. Y el que no lo haga, lo verá claramente en las figuras adjuntas, ya que esto es un tratado sumamente elemental de Geometría Hermética.
En la Fig. 10 hemos inscrito un cuadrado en un círculo y a éste en otro cuadro que es la mitad mayor que el anterior. Para demostrar que el cuadro interior es la mitad que el exterior sólo hemos de fijamos en las dos diagonales y en las ordenadas, ¡las cuales nos dividen el círculo en ocho partes iguales!
Aunque parezca de Perogrullo, si tomamos cuatro baldosas de cualquier pavimento, siempre y cuando sean cuadradas, apreciaremos una serie de líneas, dos de ellas formando una cruz y en ángulos rectos con las baldosas, y otras dos, imaginarias, que son las diagonales. Este simbolismo geométrico lo hallamos en la bandera británica, de origen céltico, y en la bandera nacionalista vasca.
No crean que esas líneas están así dispuestas por capricho y obedeciendo al antojo de quien la concibió. No es ningún capricho y expresan un arcano y remoto simbolismo hermético, ya que en la antigüedad estas cosas tenían mucha más importancia de la que les damos ahora y, especialmente, porque el significado se ha olvidado... ¡aunque no para todos!
Fig. 10. Principios fundamentales de Geometría Hermética. Las variaciones sobre el mismo tema son infinitas.
Después iremos viendo estos símbolos y comprobaremos la gran importancia que tienen y la influencia que han ejercido, y todavía ejercen, en nuestras vidas.
Nos consta que, en la actualidad, los arquitectos, además de obedecer a leyes geométricas, cuando diseñan los planos de sus construcciones, cuidan de la estética y de otros muchos factores que harán que un edificio sea sólido y bello, o funcional, económico, resistente, etc. Pues en la antigüedad, cuando el arquitecto-geómetra diseñaba el plano de una construcción, tenía en cuenta otras leyes o condicionamientos más sutiles, a una de las cuales se le ha dado el nombre de Número de Oro o medida aúrea.
Fig. 11. Polígonos inscritos en el círculo (3, 4, 5 y 6 lados).
Se ha dicho que este Número de Oro estaba basado en el pentágono, aunque otros estudiosos han afirmado que era el heptágono. En realidad, la medida aúrea puede obtenerse de muchos modos, pero todos han de estar relacionados con el círculo.
Se puede apreciar que en las grandes pirámides de la antigüedad, no aparece nada circular. Y, sin embargo, las pirámides no pueden hacerse si no trazamos antes un círculo. El cuadrado, por muy perfecto que sea, sólo puede trazarse por medio de círculos.
Cualquiera podrá decimos que no necesita compás para hacer un cuadrado y eso no es cierto. Las escuadras que se emplean en la actualidad han sido graduadas en ángulos rectos y la suma de cuatro de estos ángulos de 90º son 360º, o sea, los mismos que tiene la circunferencia.
Fig. 12. Esta "sinfonía" en blanco y negro da idea de la infinidad de variantes de la Geometría Hermética. En color estas variedades serían maravillosas.
En la Fig. 10 vemos un ejemplo de lo que decimos. El círculo ha sido dividido en doce partes iguales (3 x 4 = 12) por repetición del triángulo equilátero durante cuatro veces.
De esta suerte, podemos afirmar que en Geometría Hermética repetimos sobre los cuatro lados de un cuadrado -para lo cual aconsejamos ir invirtiendo el papel y repetir en cada lado lo que hemos hecho en el primero- los trazos de la figura que buscamos. Siempre se hace primero con lápiz, lo que nos da una sobredosis de líneas, muchas de las cuales eliminamos después al pasar a tinta china el dibujo.
También nos consta que estos dibujos lineales, llamados también de geometría artística, sirvieron en la antigüedad de entretenimiento, porque, al ir pintando de negro unos recuadros y dejando otros en blanco, se hicieron auténticas obras de arte. Las Figs. 11, 12, 13 y 14 son una muestra de ello.
En la Fig. 15 hemos inscrito varios polígonos regulares dentro de un círculo. Podemos ver el triángulo, el cuadrado, el pentágono y el hexágono. Si cuidamos de que todos estos polígonos tengan un punto común, como es el punto A superior, la serie de figuras que nos resulta es amplísima.
En realidad, en Geometría Hermética se admite que las líneas, en todas sus posiciones y longitudes, son infinitas. Esto es un axioma matemático que no puede ser demostrado.
Uno de los aspectos más interesantes y transcendentales de la Geometría Hermética se refiere particularmente a los cuadrados. Y nosotros decimos que un cuadrado es un polígono de cuatro lados iguales y de ángulos iguales, ¡precisamente de 90º grados cada uno!
Y aquí hemos de confesar que esta definición es relativamente moderna e impuesta por la necesidad. En realidad, el cuadrado, como la línea recta o el punto, no existe; es sólo una invención del Hombre, o, si mucho nos apuran, de la Mente del hombre. En el cosmos no existe nada cuadrado, ni recto.
Y, sin embargo, ya hemos visto que, trazando círculos y semicírculos, nos aparece una figura geométrica con todo el aspecto de un cuadro (Fig. 7).
El cuadrado es una figura hermética importantísima y por ello posee su equivalencia en el círculo, como no podía ser de otro modo. Si tomamos una línea recta de equis longitud y la dividimos en cuatro partes iguales, podemos formar un cuadrado. Esta misma línea, de idéntica longitud, dándole forma circular, será una circunferencia, a condición de que todos sus puntos equidisten del Punto Cero o centro.
La cosa está clara. En geometría clásica hallamos la longitud de la circunferencia multiplicando el diámetro por "pi" (3,1416) o sea, que tres diámetros y ese uno, cuatro, uno, seis de fracciones es igual a la longitud de la circunferencia.
Pero hemos de tener en cuenta de que el número "pi" ha sido hallado hace muy poco tiempo y tras numerosos cálculos y mediciones de aproximación. ¿Qué ocurría en la Antigüedad, cuando no operaban con números hasta desconocían el número "pi"? Sencillamente, que no lo necesitaban para nada.
Hay un ejemplo clarísimo. Tomen una cuerda y anúdenla. Siguiendo su longitud desde el nudo, volveremos a éste en cuanto hayamos recorrido su perímetro. Si esta cuerda anudada la colocamos formando un círculo, tendremos una idea bastante clara de una circunferencia. Pero si la misma cuerda y con el mismo nudo la colocamos formando un cuadro, ¡la longitud no habrá variado! Tendremos distinta figura, pero idéntica longitud.
Fig. 14. Variaciones del "septenario". Con el círculo dividido en siete partes se pueden obtener dibujos de gran belleza "mágica".
Pues bien, esto fue lo que planteó, no sabemos si en Alejandría o en Crotona, el famoso problema de la Cuadratura del Círculo, que luego se complicó al pretenderse hallar también, además de idéntica longitud de perímetro, idéntica superficie.
Y la cosa tiene una lógica aplastante, como nos demuestra la cuerda tomada como ejemplo. El área comprendida dentro de la cuerda anudada, sea la figura que sea, siempre será la misma; y la longitud de la cuerda, también.
Fig. 15. Polígonos inscritos en el círculo: triángulo, cuadrado, pentágono y hexágono.
También se puede inscribir un número infinito de polígonos.
Esto es tan evidente que no necesita demostración. Pero los matemáticos han pretendido demostrarlo y no lo han conseguido. Por eso se ha dicho que la solución al problema de la Cuadratura del Círculo es imposible.
Nosotros también lo hemos intentado, ¡naturalmente! y tampoco lo hemos logrado. Los números y las fórmulas nos dan, para un círculo dado, dos cuadrados distintos... ¡cuando sólo nos debía dar uno!
Sin embargo, por Geometría Hermética, en donde no intervienen los números, podemos hallar tantas cuadraturas como se nos antojen, ya que sobre un círculo cualquiera podemos situar tantos cuadrados como nos plazca. Lo malo está en que para demostrar esto hay que recurrir luego a una regla graduada, porque si no es imposible convencer a nadie, y entonces es cuando hallamos un cuadrado de perímetro aproximado al del círculo y otro cuadrado de superficie también aproximada a la del círculo.
Resumiendo, hemos de especificar que las líneas curvas son de naturaleza cósmica o celeste y las rectas son puramente terrestres, de escala local. Algo así como si sumásemos peras y manzanas y quisiéramos saber cuántas peras tenemos.
Como esta cuestión va a ser muy traída y llevada a partir de ahora, convendría que, quien lo ignore, se fije bien en las fórmulas geométricas clásicas para conocer la superficie y la longitud de una circunferencia.
Así, el área de la circunferencia es igual a "pi" r2 o lo que es igual a 3,1416 multiplicado por el cuadrado del radio; o bien 0,7854 multiplicado por el cuadrado del diámetro.
La longitud de una circunferencia se obtiene multiplicando el diámetro por "pi" (2 "pi" r) ó 6,2832 multiplicado por el radio.
¿Comprendido?
Pues nosotros vamos a tropezamos con la Cuadratura geométrica del círculo muchas veces, como en las Figs. 16 y 17, Y no le vamos a dar la más mínima importancia, puesto que ya empezamos a contemplar estas cuestiones con mentalidad distinta, o sea de geómetras herméticos.
Fig. 16. División del cuadro en 16 y 25. Los triángulos azy, bxw, cvu y dst señalan la división de 16 casillas. Los circulitos coincidentes sobre el círculo inscrito señalan los ocho puntos de la Cuadratura. El cuadro resultante tiene idéntica superficie que la circunferencia. Pese al aparente "embrollo", los triángulos con vértices en a, b, c y d son una repetición exacta sobre los cuatro lados.
Todo lo que hemos dicho acerca de la Cuadratura del Círculo está representado en los dos cuadrados de línea contínua que aparecen en la Fig. 17. Las líneas punteadas son trazos que nos han servido para establecer los puntos (circulitos) de coincidencia.
Claro está que nosotros no hemos hallado estos puntos de coincidencia por casualidad, ni mucho menos. Aquí sí que hemos dejado horas, días y meses, utilizando papeles milimetrados, cálculos hechos con toda exactitud, y una verdadera montaña de papel blanco. Sabemos que hay otros procedimientos más sencillos, y uno de ellos es ,el que se encuentra en la simbólica Cruz de Malta, que nos da una cuadratura exacta del perímetro -y de lo cual les hablaremos cuando toquemos la división del círculo en siete partes-, pero nosotros hemos llegado a través de la cuadriculación mágica, empezando por el Cuadro de 25 casillas.
Fig. 17. Demostración de la Cuadratura Geométrica del Círculo
Area) Cuadrado exterior (línea continua), igual a superficie círculo.
Longt.) Cuadrado interior ( " " ), igual a longitud de la circunferencia. ("Gran Maestre Pierre")
Y esto de la cuadriculación habremos de tocarlo en otro capítulo. Piénsese que para hacer un cuadrado y dividirlo en partes iguales, sólo necesitamos una escuadra y una regla graduada. Pero, ¿y cuándo se carecía de esto?
Y la Geometría Hermética puede dividir exactamente cualquier cuadrado en tantas partes iguales, o desiguales, como se quiera. Y esto que es algo parecido a brujería resulta en la práctica mucho más sencillo de lo que parece. Por ello estamos convencidos de que la geometría nos llegó del cielo, o sea que nos la trajo alguien de otro planeta y nos la enseñó como él la había aprendido. No exageramos; las deducciones que se pueden extraer, viendo cómo el círculo nos lleva, paso a paso, a unas divisiones exactas y establecidas por leyes inmutables, nos indican que el Conocimiento de Hermes-Toth era muy superior al que nosotros hubiéramos podido adquirir partiendo únicamente de trazar líneas sobre la arena fina de una playa.
Y si no nos creen, a las pruebas nos remitimos...
"He caminado sobre estos rayos tuyos como si tuviese una rampa bajo los pies por la que subir hacia mi madre, el viviente Ureo, en presencia de Ra. "
Esgrafiado 508 de los Textos de las Piramides
CAPITULO III ,
¿QUIEN FUE HERMES-TOTH?
No tenemos duda alguna acerca de que Gastón Maspero (1846-1916) fue un egiptólogo de campanillas ni de que sus descubrimientos arqueológicos aportaron un gran caudal al conocimiento de las antiguas dinastías egipcias, como son los textos litúrgicos descubiertos y descifrados por él (publicados en 1880-1881).
Los Textos de las Pirámides, de G. Maspero, completados posteriormente por los descubiertos por el suizo G. Jequier, así como los Textos de los Sarcófagos, y El Libro de los Muertos, junto al Libro del Día y el Libro de la Noche, etc. etc., nos han dado una visión bastante amplia de lo que era Egipto, cómo eran sus gentes, qué hicieron y cómo pensaban, desde Menes, fundador de la Primera Dinastía (5.619 años antes de J.C.) hasta el fin del período sotíaco de Menofres, con Diocleciano, 284 años después de nuestra era.
Existe un caudaloso Nilo, válganos el símil, de literatura de todos los tiempos, acerca de tema tan antiguo como apasionante, y, aunque hemos leído muchísimo, de antes y de ahora, no lo hemos leído todo, ni existe nadie capaz de hacerlo. No obstante, en la búsqueda imposible del origen del extraño dios, demiurgo o divinidad solar que ahora conocemos como Hermes-Toth, tan estrechamente relacionado con el origen de la Geometría Hermética, por todas partes hallamos señales y pruebas de la gran sabiduría de Hermes-Toth, "dios de la Ciencia, inventor de la escritura, visir y escriba de Ultratumba y geómetra
inimitable", a quien se simbolizaba unas veces como ibis y otras como mandril, tal vez tratando de sugerir su espíritu meditabundo.
En "Mitología Universal", Juan B. Bergua, nos explica:
"Otro, y no el de menor importancia de los demiurgos (era) Toth, al que el pueblo llamaba "Señor de las palabras divinas", y los teólogos "Lengua de Atum" (o Atón), era considerado como el inventor del lenguaje hablado y de la escritura. Así como de fórmulas mágicas que dominaban hasta a los propios dioses. Toth era la inteligencia divina y el Verbo divino, y, por consiguiente, el Verbo encarnado. Y, como dios de la Luna, el regulador del tiempo. El, pues, hacía reinar el orden en el Universo. En su calidad de contador de los dioses, era el dios de los escribas. Como "Grande de la Magia", reinaba sobre los magos. A causa de todas estas atribuciones, su culto gozó de particular favor entre los egipcios, lo que le valió el sobrevivir a otras divinidades. En la Época Baja se transformó en un dios cósmico universal, venerado con el nombre de "Hermes Trismegisto" (tres veces santo o grande). Como archivero de los dioses, era por ello mismo el patrón de la historia y él era quien anotaba cuidadosamente la sucesión de los soberanos escribiendo, en las hojas del árbol sagrado de Heliópolis, el nombre del futuro faraón que la reina acababa de concebir de su unión con el amo del cielo; escribía asimismo sobre largos brotes de palmera los felices años de reinado que la divinidad concedía a los reyes. Los textos le dan frecuentemente como compañera a Maat, la diosa de la Verdad y de la Justicia, pero en ningún templo se les encuentra juntos. En cambio, se le conocen dos esposas: Seshet y Nahmauit (la que arranca el mal). Con la primera había tenido a Hornub; con la segunda, a Nefer Hor. Toth era representado con cabeza de ibis coronada por una luna llena. Su fiesta principal, según Plutarco, se celebra el 19 del mes de Toth, a principios de año, algunos días después del plenilunio. Otras veces se le daba la forma de un cinocéfalo."
Tot, Thot, Thoth, Toth, Toyt, Taautos, o el Hermes de los griegos (llamado también Mercurio por los romanos), que por todos estos nombres se le conoce, se supone que fue un "gigante" nacido de "ángel" y de mujer terrestre. Así, al menos nos lo dice Francois Ribadeau Dumas en "Historia de la Magia": "Aquellos gigantes, nacidos de ángeles y de las mujeres más bellas de la Creación, fueron superhombres: tales como Hermes, Osiris, Orfeo y los demás grandes magos de la Antigüedad".
¿Hemos de tomar esto al pie de la letra? Por supuesto que no, pero sí tratar de hurgar, al menos, en la protohistoria, e ir más allá, si fuese posible, a fin de establecer, como pretende Robert Charroux, "si los hombres nacieron antes que los dioses".
¡Delicada y problemática cuestión, sin duda alguna! Hay quien ha supuesto, y no sin fundamento, que primero nacieron los hombres, cuyos actos más relevantes fueron conservados oralmente por sus descendientes, de donde nacerían los mitos y las leyendas, como todavía se habla de Alejandro Magno, Gengis Khan o Julio César, y luego surgieron los "dioses", que no fueron otra cosa que héroes o personajes relevantes, tipo Hércules, Atlas, Viracocha, Quetzalcoatl, o el mismo Toth. Pero, ¿por qué no suponer que estos demiurgos eran extraterrestres o bien iniciados por extraterrestres?
No es así, ni mucho menos, cómo se ha escrito hasta ahora la Historia, ni creemos que la especulación y la fantasía sea el modo más idóneo de hacerlo. Las pruebas que tenemos sobre la existencia de nuestro mítico y misterioso personaje son insustanciales, inconsistentes y dispersas; muchos pueblos hablan de él, pero suponemos que por razones de vecindad, como pudieran ser egipcios, fenicios, griegos o hebreos, quienes aceptarían, con escasas variaciones, la legitimidad de Toth desde... ¿digamos seis, ocho o diez mil años
antes de J.C.? Pero, ¿y mucho antes? ¿Qué era el Próximo Oriente hace doce, catorce o dieciséis mil años antes de J.C.?
¿Comprenden ahora cuál es el terreno que estamos hollando?
Vayamos algo más allá, como a unos 45 o 48 millones de años, / cuando según Robert, C. Radclife, del "National Geographic News" de Washington, hombres y animales se paseaban entre Europa y América, "sobre un puente de tierra seca, tendido sobre el Atlántico".
Robert M. West, profesor de Geología del Museo Público de Milwaukee (Wiscosin) y la doctora Mary R. Dawson, profesora de paleontología del Museo Carnegie de Historia Natural de Pittsburg, conjuntamente, han hallado fragmentos óseos de animales en la costa canadiense de Ellesmere, situada al norte del Círculo Polar Ártico.
"Hemos hallado animales primitivos, como el tapir, tanto en Montana y Wyoming, como en unas canteras próximas a París (Francia). También los hemos encontrado en la isla de Ellesmere, en Islandia y Spitzbergen. Eso confirma nuestra teoría de que existía una fauna común en Europa occidental y los Estados Unidos y demuestra la emigración animal en el período cenozoico."
A estas declaraciones del doctor Robert M. West podríamos preguntar: ¿Pensaba ya el hombre en aquellos tiempos? ¿Era La Tierra un planeta de escasa vida inteligente? ¿Llegaron nuestros antepasados, los "dioses", vieron el panorama que aquí reinaba y se volvieron a marchar para retornar más tarde?
¿Qué es lo que realmente estaba ocurriendo en alguna región del planeta?
Hemos planteado así estas preguntas por una razón que tratamos de analizar con todo detalle, aunque para ello sea necesario dejar de momento, a Hermes-Toth, para trasladamos al Monte Wilson, donde estuvo trabajando Edwin Powell Hubble (1889-1953) quien estableció la teoría de la expansión del Universo.
Pero... ¡Ah, el realismo fantástico afirma y mantiene que no estamos solos en el cosmos! Y si nos equivocamos, todo cuanto hemos expuesto aquí y en otras obras, será mentira.
Si observan la Fig. 18, verán que, con mayor o menor acierto, hemos representado, de perfil y de frente, nuestra galaxia, llamada Vía Láctea, que es una entre las cien mil millones de galaxias que componen el cosmos, y en ella podrán ver el lugar que ocupa nuestro Sistema Solar, que es un reducido grupo de planetas girando en derredor del Sol, ¡otro de los cien mil millones de astros que componen, a su vez, la Vía Láctea!
Fig. 18. La Vía Láctea sólo es una entre 100.000.000.000 (cien mil millones de
de estrellas; su diámetro es de cien mil años-luz. El Sol se halla a 33.000 años-luz del núcleo.
Sin embargo, a pesar de lo que digan astrónomos y astro físicos, no lo sabemos todo, ni mucho menos, respecto al Universo, ni respecto a nuestra Vía Láctea ¡Y mucho menos respecto a nuestro Sistema Solar!
Por ejemplo, los astrofísicos soviéticos de Moscú, Leningrado, Yakutsk y Rostow, según estudios y cálculos realizados por separado, han llegado a la sorprendente deducción de que el planeta Júpiter no es tal planeta, sino un sol en proceso de nacimiento como ha informado la agencia "Tass".
Esta información está apoyada en el hecho de que Júpiter aumenta de tamaño y que sus reservas de deuterio nuclear se expanden, por lo que, según cálculos, alcanzará la masa y la brillantez del Sol dentro de tres mil millones de años.
Hasta ahora se había creído que Júpiter era una estrella en extinción y hermana menor del Sol. La Agencia "Tass" ha dicho textualmente:
"La irradiación de Júpiter se debe a una reacción termonuclear interna que, lejos de disminuir, se encuentra en estado de ignición.
"La temperatura en el centro del planeta alcanza probablemente los 300.000 grados de la escala de Kelvin y sigue aumentando. Razonando sobre el contenido medio de deuterio en planetas y cuerpos pesados, los científicos han deducido que las reservas de carburante nuclear en Júpiter, lejos de haberse agotado, están, por el contrario, en estado de ignición. La masa del planeta crece constantemente gracias a la captura de cometas, meteoros y partículas gruesas de polvo de lluvia espacial."
¡Y, como resultado de este singular proceso de formación, en la Vía Láctea surgirá un nuevo sistema solar doble: el nuestro!
Sabemos muy bien que el Universo es un fabuloso conglomerado de materia y energía que se encuentra en continuo proceso de transformación, que vive, late, palpita, muere y renace; sabemos que la vida de los planetas posee un ciclo muchísimo más dilatado de duración que la vida humana, y sabemos que los setenta u ochenta años de promedio de nuestra efímera existencia no es absolutamente nada comparado con la vida de un mundo como La Tierra, pongamos por caso. Pero, como cualquiera de nosotros, también el planeta que suponemos cuna de la Humanidad tuvo un origen y habrá de tener un fin, ya sea de diez mil o cincuenta mil millones de años. ¿Qué importancia puede tener eso?
Como en nuestra galaxia hay cientos de miles de planetas semejantes al nuestro, y el cálculo nos hace suponer que hubieron otros tantos o más y que, de no cambiar las cosas, nacerán nuevos planetas y surgirán nuevos soles, la buena lógica nos hace deducir que sería altamente improbable que la vida, más o menos como nosotros la conocemos en la actualidad, se hubiera dado únicamente en La Tierra.
Es más, estamos por asegurar que la vida se ha dado en muchos lugares, antes y después, aunque no haya sido, precisamente tal y como nosotros la conocemos. El ambiente ha hecho que esa vida crezca y se desarrolle., o bien que se extinga. Nosotros somos la mejor prueba del crecimiento y el desarrollo humanos.
Pero nadie puede responder a la pregunta de si la vida se originó aquí o nos llegó de afuera, del mismo modo cómo nosotros hemos podido enviar gérmenes al cosmos, ya sea arrojando pequeños o grandes pedruscos de nuestro suelo, infectados de virus y bacterias. al hacer explosión alguno de los volcanes de la antigüedad. y enviarlos al vacío interestelar.
Se ha demostrado que esto es posible. Los cohetes de la NASA han impulsado al espacio a naves espaciales y astronautas del mismo modo que lo hizo el volcán Krakatoa (lndonesia), en 1883, causando al mismo tiempo, la nada despreciable cantidad de 37.000 muertos. Nadie sabe si los fragmentos de la isla desaparecida volvieron a caer sobre La Tierra o cayeron sobre algún distante planeta, o bien si todavía van errantes por el espacio. Pero lo que sí sabemos es que, anualmente, caen sobre nuestro mundo algunos miles de fragmentos minerales cuyo origen desconocemos, y algunos son de bastante consideración.
Pero no es sólo eso; hay algo más. Astronautas de la NASA han viajado hasta La Luna varias veces. Naves espaciales terrestres de la "Operación Apolo" han viajado hasta la Blanca Selene, se han posado en ella, han investigado su suelo y luego han regresado, gracias a lo cual, hoy disponemos de fragmentos lunares que están siendo investigados en numerosos laboratorios geológicos.
Y si el hombre ha logrado realizar tal proeza, ¿qué impide que otros hombres hayan hecho lo mismo desde otros planetas? Todo parece indicar que los "ovnis" son naves espaciales, tripuladas o no, procedentes de mundos remotos. ¿Por qué no? ¿Hiere eso acaso nuestro orgullo terrícola? ¿Y si nuestros antepasados, como afirman ciertos mitos y leyendas, llegaron aquí a través del espacio?
¡De eso, precisamente, estamos hablando!
¿Por qué no podría ser Dios el Jefe de algún mundo, cuyos cosmonautas llegasen algunos cientos de miles de años atrás, ya con todo su bagaje de conocimientos y la apropiada evolución biológica, y el "recuerdo inconsciente" de esa ascendencia, o bien la "grabación psíquica" del subconsciente sea lo que estamos tratando de "re-ligar" entre el ; aquí y el "más allá"?
Hasta hace poco, se creía que el hombre ha evolucionado desde el primate u "homo erectus" hasta el "homo sapiens" y no debemos olvidar que todo ello, esbozado con la mejor intención clasificadora, no ha contribuido a clarificar la verdad de nuestro origen. Teorías, tanto religiosas como filosóficas y antropológicas, han habido varias, pero no dejan de ser teorías, cuya demostración irrefutable aún no se ha llevado a efecto. Las declaraciones teológicas del Antiguo Testamento son cada día menos convincentes y más bien parecen algo así como la copia o transcripción de otros génesis más antiguos, todo lo cual tiende a desconcertar más que a orientar.
Y por si fuese poco, a las leyendas se han unido toda clase de teologías y cosmogénesis, entre las que se hace impreciso descubrir influencias de pueblos o culturas que si bien la historia afirma que estuvieron desconectados, pruebas recientes, como hallazgos arqueológicos o paleontológicos, desmienten, confunden, desorientan y hasta contradicen.
Ahora sabemos, por Edwin Powell Rubble y otros, que el argumento de las "insalvables distancias cósmicas" es algo así como la fútil excusa del mal pagador. Con medios adecuados -¡Y piénsese que los nuestros actuales todavía no son suficientes!- se puede viajar de un planeta a otro y, si mucho nos apuran, de un lado a otro de la Galaxia que, siendo espiral y estando en continuo movimiento desde hace quince mil millones de años, en algún momento pudo tener cerca de nosotros a otro mundo con seres dispuestos y preparados para dar el "salto al espacio",
¿ Vale esto o insistimos?
Vale, Volvamos con Hermes-Toth.
Fuese hijo de "dioses" y mujer terrestre, "ángel caído", astronauta o el hombre de nuestro ejemplo que trazaba líneas sobre la fina arena de una playa, de Hermes -Toth nos ha llegado la "versión" de un individuo muy sabio. (¿Cuál será la versión que llegará de Albert Einstein