Hosni Mubarak heredó en octubre de 1981 las riendas del poder y siguió adelante con las reformas económicas y políticas que había comenzado Sadat. El nuevo presidente consiguió que en 1989 Egipto volviera a ser admitido en el seno de la Liga Árabe como miembro de pleno derecho, después de su expulsión tras la firma de los acuerdos de paz con Israel, así como que la sede permanente de esta organización regresara a El Cairo. Además, si bien mantendría sus estratégicas alianzas con EEUU e Israel, se resistió públicamente en varias ocasiones a las presiones de Washington y se negó a una normalización total de sus relaciones con Tel Aviv, de donde retiró su embajador en 1982, tras la invasión israelí de Líbano. Sin embargo, este ―éxito‖ en la política exterior, que permitiría al régimen la recuperación tanto de parte de su influencia regional, como de la legitimidad perdida por Sadat, no se reflejaría con el mismo fulgor en el interior. La política del ―inftitah‖ iniciada por Sadat arrastraba numerosas deficiencias que continuarían con Mubarak y que desembocarían en un mayor endeudamiento y dependencia de Occidente149. Además, y a pesar de que ciertos sectores de la población se vieron favorecidos por la introducción de nuevas medidas liberalizadoras, estos beneficios no llegarían a las clases populares, que por el contrario sufrirían sus consecuencias. Esta realidad se reflejaría en un cada vez mayor descontento de las clases desfavorecidas cuya mayor expresión quedó plasmada en el levantamiento de una parte del cuerpo de policía en 1985, coincidiendo con
149
Robert Naiman. ―La deuda externa árabe: Arma de control político de EEUU‖. Nación Árabe, No. 42, otoño de 2000.
una caída internacional de los precios del petróleo150. La apertura al sector privado aparejada a la apertura económica, que a la larga favoreció una alianza entre el poder político y la elite económica, traería como contrapartida el aumento del déficit por cuenta corriente151. Además, la deuda externa alcanzaría en 1988 los 48 mil millones de dólares (lo que suponía el doble de la deuda con la que Mubarak se había encontró al llegar a la presidencia)152, entre otras cosas debido al ya citado descenso de los precios del petróleo, además de al aumento del déficit comercial, que provocó que la inflación superara el 20% hacia 1991153. Por esto, y para mantener el flujo de las importaciones y la seguridad alimenticia, Egipto, endeudado y sin fondos, necesitó recurrir en 1991, al igual que había hecho Sadat, a los Programas de Ajuste Estructural (PAE) del Fondo Monetario Internacional (FMI) dando comienzo a un nuevo periodo de adaptación económica154.
En el terreno político, Mubarak se propuso, asimismo, continuar con la ―liberalización democrática‖ iniciada por Sadat, dando marcha atrás a algunas de las leyes restrictivas de la última época del anterior rais. En este sentido, promovió una mayor libertad de prensa, un afianzamiento del multipartidismo con la creación de más partidos, así como una más amplia capacidad de actuación de las fuerzas políticas en los sindicatos. Sin embargo, como en la era de Sadat, estas reformas siempre postergadas, se quedarían en una mera fachada, soportada por una férrea estructura inamovible controlada por el Partido
150 Los altercados, que estallaron en El Cairo el 25 de febrero de 1977 se extendieron a varias provincias y no
se terminaron hasta la intervención del Ejército.
151 Esta connivencia ha llevado a la oposición a referirse en numerosas ocasiones al ejecutivo como ―El
Gobierno de los Empresarios‖, debido al alto porcentaje de empresarios que ocupan cargos ministeriales y puestos de responsabilidad dentro del régimen.
152
Helen Chapin Metz, ed. Egypt: A Country Study. Federal Research Division of the Library of Congreso. Washington, 1990. http://countrystudies.us/egypt/104.htm [consultada 13/8/2008].
153 Hoda Abdel-Ghaffar Youssef. ―Towards Inflation Targeting in Egypt. Fiscal and institutional reforms to
support disinflation efforts‖. European Economy. Economic Papers. No. 228, septiembre 2007.
http://ec.europa.eu/economy_finance/publications/publication9495_en.pdf [consultada el 13/8/2008].
154 Las directrices del FMI para la moratoria de la deuda egipcia y la concesión del crédito fueron: 1.
Estabilización macroeconómica. Prioridad a la inflación, la cuenta corriente, el déficit presupuestario y los tipos de interés. 2. Una política macroeconómica para fomentar la iniciativa privada, abrirse a la inversión extranjera y crear un marco de seguridad y eficacia a favor de la libre competencia. 3. Privatización de las empresas públicas, liquidación de las no rentables y reforma de las relaciones entre las empresas públicas, los bancos y el gobierno. 4. Liberalización de los precios locales, con la consiguiente eliminación de los subsidios del Estado a artículos de primera necesidad, hasta que sus precios alcancen los niveles internacionales. 5. Liberalización del comercio exterior (eliminando los aranceles y otras medidas proteccionistas). 6. Creación de un fondo social para el desarrollo que palie, en la medida de lo posible, los costes sociales del PAE.
Nacional Democrático y en última instancia por el presidente155. El propio Mubarak justificaría su ralentizada política aperturista asegurando en abril de 1987:
―Estamos introduciendo dosis de democracia en unas proporciones que seamos capaces de absorber. Estamos avanzando, pero necesitamos tiempo para que nuestra democracia esté totalmente desarrollada156‖.
La necesidad de una introducción gradual de reformas, que defendía Mubarak en los años ochenta es un concepto que continúa plenamente vigente dos décadas después. Esta misma idea se volvió a escuchar con especial profusión tras la victoria de los HH MM en las elecciones parlamentarias de 2005, con lo que el régimen quería indicar que el país seguía sin estar preparado para unas elecciones libres, ya que estas podrían conducir a la llegada al poder de una corriente islámica ―antidemocrática‖.
Mubarak, que no contaba con el carisma personal de Naser, ni con los grandes gestos de Sadat o su intención de apoyarse en el islam, buscó su legitimación en el desarrollo de un espíritu de tolerancia y conciliación dentro de un sistema político democrático157. No obstante, con una libertad de expresión e información coartadas, con una inexistencia de fuentes alternativas de información, con un control casi hegemónico de los medios de comunicación, unas elecciones fraudulentas, una libertad de formación y actividad de partidos políticos estrechamente controlada, unas fuerzas de seguridad opacas y
155 La política de Mubarak se caracteriza por grandilocuentes anuncios aperturistas que se contradicen con la
práctica política diaria y que nunca llegan a cumplirse. Algunos ejemplos han sido la supuesta disposición anunciada a la llegada al poder de limitar el número de mandatos presidenciales a dos, su compromiso con la independencia judicial y el imperio de la ley, su lucha contra la corrupción, la intención de suprimir la ley de emergencia anunciada en 1981 para cambiarla por una ley antiterrorista, o el anuncio realizado en 2004 de suprimir las penas de prisión por delitos de prensa. Ninguna de estas buenas intenciones se han llegado cumplir. Además, como asegura Al-Hawadi ―La mayoría de las leyes restrictivas emitidas durante el último ejercicio de Sadat […] fueron mantenidas por el nuevo régimen. Mubarak continuó controlando la mayoría de los poderes y su respeto por la ley sólo se dio en aquellas áreas que no amenazaban la supervivencia del régimen‖. Hesham al-Awadi. In Pursuit of Legimaticy… Op cit. pág 54.
156
Joshua A. Stacher. ―Democracy With Fangs And Claws And Its Effects On Egyptian Political Culture‖. Arab Studies Quarterly, verano, 2001. Cita a Maye Kassem. In the Guise of Democracy. Londres, Ithaca Press, 1999, pág. 54. Cabe notar que en la introducción de la iniciativa política presentada por los HH MM en 2004, se hace una referencia explícita a estas reformas democrárticas que nunca llegan.
157
Como asegura Al-Awadi muchas de sus políticas se fundamentaban más en la retórica y en gestos simbólicos que en reformas reales. Hesham Al-Awadi. In Pursuit of Legitimacy. Op cit. pág 49.
todopoderosas y una sociedad civil maniatada, en Egipto habría que hablar más de un presidencialismo autoritario que de un sistema democrático158.