E l 30 de mayo arribó a Córdoba un comisionado del ex virrey Cis neros quien informó a las autori dades de los sucesos ocurridos en
144
Buenos Aires. Esto motivó una apresurada reunión en casa del gobernador intendente G utiérrez
de la Concha, a la que asistieron Santiago de Liniers, el obispo Ore- llana, el deán de la Catedral, Gre gorio Funes, y algunos miembros
del Cabildo. Estas autoridades -— con excepción del deán Funes—• resolvieron desconocer la autori dad de la Junta erigida en Buenos Aires.
Recién el día 20 de junio se pro dujo la ruptura oficial de Córdoba con la Junta, pues el Cabildo de la primera juró al Consejo de Re gencia y comunicó a Buenos Aires que suspendiera la expedición al interior.
Ante la actitud asumida por las autoridades de Córdoba, la Junta — por intermedio de M ariano M o reno— resolvió iniciar una enér gica acción contra sus enemigos.
Los rebeldes de Córdoba habían dis puesto presentar combate al ejército de la Junta, para lo cual contarían con el apoyo de efectivos procedentes del Alto Perú, Montevideo y Paraguay.
Aunque en principio tenían buenas, probabilidades de éxito, lentamente el plan se derrumbó. La unión con las autoridades realistas del norte quedó desarticulada, la mayoría de las pro vincias aceptaron enviar sus diputados a Buenos Aires, el deán Funes se puso en comunicación con la Junta para denunciar los planes de los complotados y Moreno trabajó con gran energía pa ra destruir la conspiración.
La expedición al norte
De acuerdo con lo dispuesto en el acta del día 25, la Junta resol vió enviar una expedición sobre Córdoba y el A lto Perú, a fin de extender la Revolución e impedir el alzamiento de algunos núcleos
T
¿el interior, que se mostraban reacios al reconocimiento del nuevo
gobierno. . ,
E l ejército se organizo en base a voluntarios de los cuerpos ya existentes, en un total de 1.150 hombres. Comandante en jefe fue designado el coronel Francisco A n
tonio O rtiz de Ocampo, y segundo
el m ilitar de igual grado A ntonio
González de Balcarce; representan
te de la Junta fue nombrado H i
pólito Vieytes, y auditor de guerra Feliciano Chiclana, que partió más
tarde.
E l ejército se concentró en M on te Castro (actual Floresta) y de a llí se dirigió a Luján, donde inició la marcha hacia el interior del te rritorio el 13 de julio de 1810.
Poco antes de la partida, la Jun ta tuvo noticias confirmadas del golpe m ilitar y político que se pre paraba en Córdoba, Sucesivas notas de Moreno ordenaban la detención de los cabecillas y su inmediato envío a Bueno? Aires. Sin embar go, el 28 de julio y ante nuevas informaciones sobre los sucesos, la Junta ordena aplicar la pena má xima a los rebeldes “ en el m om en
to que todos o cada uno de ellos
sean pillados, sean cuales fuesen las circunstancias, se ejecutará es ta resolución” .
Ocampo ocupó sin resistencia la ciudad de Córdoba, mientras los contrarrevolucionarios escaparon rumbo al norte, pero fueron apre sados.
Aunque sobre los rebeldes esta ba dictada la pena de muerte, de bido a los ruegos de la población cordobesa, del Cabildo y del clero, Ocampo decidió rem itir los presos a Buenos Aires y enviar una nota con la justificación de su proceder,
Enterada la Junta del pedido de clemencia, insistió con energía en sli resolución anterior, comunican do a Ocampo que “ la obediencia
es la prim era virtud de un gene ral” . Inmediatamente, el vocal Cas
telli y Rodríguez Peña en carácter de secretario partieron con un con tingente para hacer cumplir la orden emitida por el gobierno.
Los prisioneros estaban camino de Buenos Aires, cuando la partida enviada por la Junta los encontró el 26 de agosto cerca de la posta de Cabeza de T ig re (actuál pro vincia de Córdoba). Los prisione ros fueron llevados a un bosque- cilio próximo — conocido con el
Un p elotón d e fu sila m iento, a ía s o rd e n e d e C a s t e lli, p o n e fin la v id a d e lo s con t ra rre v o lu c io n a rio s de C ó r d o b a . Fu ero n rem a ta d o s in d iv id u a lm e n te y se a firm a q u e French d e s c a rg ó su a rm a sobre la c a b e z a d e Liniers ( C u a d r o d e F ra n z V a n R iel.)
nombre de Los Papagayos— y allí a las tres de la tarde se cumplió la sentencia. Cayeron arcabucea dos Liniers, el gobernador G utié
rrez de la Concha, el oficial teso
rero M oren o A llende y Rodríguez. Fue exceptuado el obispo Orellana
La victoria de S uip acha
Córdoba fue pacificada y desde allí la Revolución extendió su in fluencia por las provincias del norte y oeste. El 13 de agosto llegó a dicha ciudad el nuevo goberna dor intendente, Juan M a rtín de
Pueyrredón, quien procedió a des
tituir a los cabildantes anteriores. Ante la actitud asumida por Ocampo, la Junta dispuso quitarlo del mando del ejército y lo reem plazó por González de Balcarce', además, Vieytes fue sustituido por
Castelli, quien tomó en consecuen
cia la función de representante del gobierno de Buenos Aires, con atri buciones sobre la Junta de Comi sión.
El ejército avanzó hacia el nor tes precedido por una vanguardia
a las órdenes de Balcarce; ante la proximidad de las tropas, Cocha- bamba y Oruro — ciudades del Alto Perú— se plegaron a los re volucionarios.
E l virrey del Perú, Fernando de
Abascal, informado de los sucesos,
resolvió anexar a su territorio las provincias norteñas del A lto Perú, que hasta ese entonces pertenecían al virreinato del Río de la Plata; además, designó al general Goye-
neche presidente de esos territorios
y comandante en jefe de las tropas. Balcarce se aproximaba con sus efectivos, cuando el enemigo se adelantó hasta Tupiza, aunque luego tomó posiciones detrás del río Cotagaita. Sin esperar la lle gada de refuerzos, Balcarce atacó el 27 de octubre de 1810, pero fue rechazado y debió retirarse al sur.
Envalentonados por el éxito, las tropas realistas iniciaron la perse cución de los criollos, quienes se hicieron fuertes en la margen de recha del río Suipacha, donde re cibieron refuerzos. A llí Balcarce obtuvo la primera victoria para las armas de la Revolución, el día 7 de
A b o g a d o y p restig io so eco no m ista, M a n u e l B e lg ra n o es u n a d e la s g lo ría s m ás p u ra s d e la a r g e n tin id a d .
noviembre. Los jefes enemigos
Córdoba, N ie to y Paula Sanz ca
yeron prisioneros; enviados pos teriormente a Potosí, fueron ejecu tados por orden de Castelli.
La derrota de H uaqui
E l triunfo de los criollos en Sui- pacha motivó que el A lto Perú se plegara a la Revolución.
El ejército a las órdenes de Cas telli y Balcarce — el primero con amplias atribuciones como repre sentante de la Junta— avanzó hasta^ acampar en la margen sur del río Desaguadero.
148
Castelli entró en negociaciones con Goyeneche y aceptó firmar una tregua de cuarenta días, co nocida con el nombre de armisti
cio del Desaguadero.
La tregua benefició a los realistas y privó a los patriotas de una victoria que, en esas circunstancias, hubiera sido decisiva para la suerte de la Revo lución sudamericana.
El ejército expedicionario perdió la mentablemente un tiempo muy útil, en cuyo transcurso el campamento se transformó en un recinto de diver siones e indisciplina. Los soldados divi dieron sus opiniones de acuerdo con las noticias llegadas de Buenos Aires sobre divergencias e incidentes políti cos. El mando también se debilitó, pues algunos oficiales pretendían a Vía- monte como jefe supremo.
El ejército patriota se fraccionó en dos grupos, uno a las órdenes de Balcarce y otro bajo el mando de Viamonte, separados por una quebrada; por su parte los realis tas ocuparon las elevaciones y su pieron aprovechar el error táctico cometido por los criollos.
Goyeneche dividió su ejército en tres columnas y el 20 de junio avanzó resueltamente sobre las tropas expedicionarias. Los realis tas tomaron la quebrada — objeti vo del ataque— y luego cayeron sobre los flancos del disperso ejér cito criollo, que debió rendirse.
La derrota de las fuerzas revo lucionarias en Huaqui tuvo im portantes consecuencias. Las pro vincias del A lto Perú se perdieron definitivamente, el norte quedó desguarnecido y el gobierno de Buenos Aires — que sufrió un rudo golpe ante la opinión pública—- debió levantar el sitio de M ontevi
deo 1. Buena parte de los tesoros ¿el Alto Perú quedaron en poder je los realistas, aunque Juan M a r
tin de Pueyrredón — gobernador
intendente de Chuquisaca— consi guió rescatar de la Casa de M o neda de Potosí valiosas remesas de oro y plata y llevarlas a buen re caudo a Jujuy.
e x p e d i c i ó n a l p a r a g u a y