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E l primer sitio de Montevideo se estu­ dia más adelante.

In document Historia Argentina-Ibanez Cosmelli José (página 77-79)

i r Después del desastre de H u aqui, los jefes criollos Castelli, Balcarce y Viamonte fueron fcWftmados a Buenos Aires y sometidos a pro­

ceso. Adem ás, los restos del ejército —refor­ jados con voluntarios— se enfrentaron con

los realistas en S ip e -S ip e (1 3 de agosto de 1 81 1), pero fueron nuevamente vencidos.

grano, comandante en jefe de las fuerzas expedicionarias que m ar­ charían hacia el Paraguay. La em­ presa tenía tres objetivos funda­ mentales: difundir los ideales de la Revolución, derrotar a los ene­ migos y apoyar el levantamiento de los patriotas paraguayos.

El ejército se concentró en la Bajada del Paraná, donde el im ­ provisado general logró reunir 950 hombres de caballería, seis caño­ nes y los pertrechos -necesarios.

Las tropas carecían prácticamente d.e instrucción militar y el cuadro de ofi­ ciales demostraba escasa preparación.

El armamento era poco eficaz y el ves­ tuario incompleto.

Con estos deficientes elementos, Bel- grano debía iniciar una operación que lo llevaría a más de mil kilómetros de distancia, a través de una ruta difícil, sin caminos y erizada de dificultades.

B ataila de P a ra g u a ry

A fines de octubre de 1810, el

ejército partió de La Bajada

(actual Paraná) y se internó por la Mesopotamia; al atravesar el norte de Entre Ríos, Belgrano fundó el pueblo de M andisoví y luego, al sur de Corrientes, erigió el de Curuzú-Cuatiá.

A mediados de diciembre, el ejército cruzó penosamente el río Paraná y una vez en territorio pa­ raguayo dispersó a una guarnición enemiga en Campichuelo.

Entusiasmado con el triunfo, Belgrano prosiguió su fatigoso aunque rápido avance en dirección a la Asunción. Por su parte, V e­ lazco — que era un hábil m ilitar—■ decidió atraer al ejército expedi­ cionario hacia el interior del te­ rritorio, privándolo de los víveres y recursos que pudiera hallar, al solo efecto de disminuir su efecti­ vidad, para finalmente enfrentar­ lo en una batalla sobre la línea defensiva del río Paraguay.

Las tropas de Belgrano conti­ nuaron la marcha hasta que, el 19 de enero de 1811, se enfrenta­ ron con el ejército paraguayo de Velazco en las proximidades del arroyo Paraguary (a pocas leguas de la Asunción).

E l ejército paraguayo practicó un movimiento envolvente y con­ siguió derrotar a las fuerzas de Belgrano, las que debieron retro­ ceder hasta el río Tacuary, afluen­ te del Paraná.

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C om bate n a v a l de San Nicolás

Belgrano comunicó a Buenos Aires el curso desfavorable de l a campaña en el Paraguay y solici­ tó el envío de refuerzos a la bre­ vedad. La Junta juzgó necesario satisfacer el pedido y creó — en setiembre de 1810— la primera es­ cuadrilla naval patriota, cuyo mando confió a Juan Bautista A zo-

pardo, a quien debían secundar H ip ó lito Bouchard y A n g el Hubac.

No fue tarea fácil organizar la flo­ tilla, aunque finalmente a mediados de febrero de 1811 se hicieron a la vela la goleta Invencible, el bergantín

Veinticinco de Mayo y la balandra América, a las órdenes de Azopardo,

Bouchard y Hubac, respectivamente. En total las naves llevaban doscientos tripulantes y 32 cañones.

La partida de la pequeña escua­ dra no pasó inadvertida a las au­ toridades de Montevideo quienes enviaron tras ella una flota de siete naves — de m ayor calado y armamento— a las órdenes del avezado capitán de fragata Jacin­

to Romarate.

La escuadrilla patriota navegó aguas arriba hasta San Nicolás y, enterada de la persecución, fondeó en esa zona para rechazar al ene­ migo (2 de m arzo).

Las naves de Romarate abrieron fuego y se generalizó el combate, mientras una batería levantada en la costa por los patriotas fue des­ truida. La dotación de la “ Veinti­ cinco de M a yo ” abandonó la lu ­ cha y Azopardo — después de he­ roico comportamiento— decidió ca­ pitular ante el enemigo.

Lamentablemente la pequeña

escuadra había sido derrotada, des­ pués de sufrir fuertes pérdidas.

B atalla de T acuary

Mientras tanto, Belgrano per­ maneció con sus tropas casi un mes en las proximidades del río Tacuary, hasta que el 9 de marzo fue atacado desde varias direccio­ nes por el ejército paraguayo bajo las órdenes del comandante Caba­

ñas. Éste dispuso un avance sobre

la línea del frente, mientras varias naves remontaban el río para ata­ car el flanco izquierdo y otras cruzaban las aguas a cierta distan­ cia, con el propósito de arrollar la retaguardia del ejército expedicio­ nario, que se batió heroicamente. Comprendiendo que toda resis­ tencia era inútil, Belgrano concen­ tró el resto de sus tropas al pie de Una pequeña elevación del terre­ no ,— llamada desde ese momento

Cerrito de los Porteños— y envió

un parlamentario al campo ene­ migo.

1 Cabañas dispuso que el cese de las hostilidades sólo sería posible con la retirada del ejército expe­ dicionario hasta la margen sur del

río Paraná, operación que debía realizarse al día siguiente. Belgra­ no aceptó el armisticio y en un escrito hizo presente los motivos que guiaron su empresa — de au­ x ilio y no de conquista— y los elevados ideales de la Revolución.

Consecuencias de la expedición

Si bien la expedición de Belgra­ no al Paraguay fracasó en el as­ pecto m ilitar, su prédica revolucio­ naria germinó en muchos espíri­ tus. El gobernador Velazco perdió prestigio en el transcurso de la lucha, mientras otros — entre ellos Fulgencio Yegros— demostraron mayor valor. E l descontento con­ tra las autoridades constituidas fue atizado por Pedro Sometiera, quien bregó por un movimiento a favor de Buenos Aires.

E l 14 de mayo de 1811 los revo­ lucionarios ocuparon los cuarteles de la Asunción y nada pudo hacer el gobernador Velazco; el mando pasó a una Junta Gubernativa de tres miembros: Pedro Juan Caba­

La p rim e ra e s c u a d rilla n a v a l p a trio ta d e tres n a v e s es v e n cid a p or u na flo ta re a lista d e siete e m b a rc a c io n e s en e l co m b ate d e S a n N ic o lá s . (Ó le o d e Ju sto Lyn ch.)

A sp e cto q u e p r e s e n ta b a la c iu d a d d e M o n te v id e o a fin e s d e l sig lo X V I I I , se g ú n un c u a d ro d e la p in to ra Lé o n ie M atth is.

llero, Fulgencio Yegros. y Gaspar Rodríguez de Francia.

Aunque la revolución paraguaya se había basado en las ideas pro­ cedentes de Buenos Aires, bien pronto el movimiento demostró su tendencia separatista, de acuerdo con el nuevo rumbo hacia el cual la orientó Bodríguez de Francia. Numerosos adictos al rey fueron apresados — entre ellos Velazco— , pero también se persiguió a los partidarios de los porteños, entre ellos Somellera.

El nuevo gobierno comunicó a la Junta de Buenos Aires que no aceptaría someterse a su autori­ dad, a la vez que solicitaba am­ plia libertad de comercio. Para aclarar el problema planteado, Belgrano y Anastasio Echeverría viajaron a la Asunción, donde fir ­ maron un Tratado ( 1 2 de octubre de 1811) por el cual aceptaban la segregación del Paraguay, país que iniciaba una vida autónoma.

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