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LA PRIMERA IN V A SIÓ N IN G LESA El desem barco

In document Historia Argentina-Ibanez Cosmelli José (página 52-55)

La expedición zarpó del Cabo de Buena Esperanza el 14 de abril de 1806. Estaba integrada por seis naves de guerra al mando del co­ modoro Popham y cinco trans­ portes. Las tropas de desembarco fueron puestas a las órdenes del brigadier Beresford, quien — por °rden de Baird— sería el gober­ nador de los dominios españoles a conquistar.

Viajaba con destino al Río de la Pla- el conocido regimiento N 5 71 de ri- fleros escoceses, con su jefe el general Ijponisio Pack.

El convoy recaló en la isla de Santa Olería, cuyo gobernador facilitó un des­ tacamento de infantería y algunos ca­ rn es, que fueron embarcados en una ®ave mercante.

El total de las fuerzas británicas as­ e d i a a unos 1.600 hombres.

La escuadra cruzó el Atlántico en dirección al Río de la Plata y el 8 de junio llegó al cabo de San­ ta M aría, ubicado a la entrada del estuario. A l día siguiente, la flota fue observada — a pesar de la ne­ blina—- por el vigía de Maldonado, quien comunicó la inquietante no­ vedad al gobernador de M ontevi­ deo, don Pascual R uiz Huidobro. En la certeza de que se trataba de naves enemigas, el último se apresuró a inform ar al virrey y puso en estado de alerta los ele­ mentos de defensa.

Sobremonte envió a Montevideo las pocas fuerzas veteranas de que disponía, pues creyó en un ataque contra esa plaza, basado en el ta­ maño de las naves y la escasa pro­ fundidad de las aguas frente a Buenos Aires.

Popham exploró el estuario y luego convocó a un consejo de gue­ rra, para resolver en definitiva so­ bre la ciudad donde se efectuaría el ataque: Buenos Aires o M on tevi­ deo. Los oficiales — con excepción de Beresford— votaron por la capi­ tal del virreinato.

En la mañana del 24 de junio, las naves inglesas pasaron frente a la Ensenada de Barragán, en esa época al mando del capitán de na­ vio Santiago de Liniers. Las bate­ rías de la costa abrieron fuego e im pidieron acercarse a los inva­ sores.

En la tarde del 25 de junio, las tropas británicas desembarcaron en Quilmes. “ Desde la altura — escri­ be Groussac— grupos de gauchos a caballo presenciaban el apeo de las casacas rojas, como los natura­ les de Guanahaní el desembarco de Colón: pronto cambiarían las co­ sas.”

Toma de Buenos A ires

E l 24 de junio — día anterior al desembarco— Sobremonte fes­ tejó con una función en la Casa de Comedias el cumpleaños de su

U n a d e la s fo rtifica cio n e s le v a n t a d a s por lo s e sp a ñ o le s en la E n s e n a d a d e B a r r a ­ g á n . E sa s d e fe n s a s e s ta b a n a c a rg o d e Lin ie rs c u a n d o se p ro d u jo la p rim e ra in­ v asió n in g le sa .

futuro yerno. A l promediar el es pectáculo, el virrey recibió un par te de Liniers, por el cual sr enteró de que naves enemigas ha bían pasado frente a la Ensenada. Debido a la confusión que pro­ dujo la noticia y a la desorganiza­ ción de las fuerzas defensivas, re­ cién el día 26 el subinspector de armas, don Pedro A rce, salió al encuentro de los ingleses con unos quinientos jinetes y seis piezas de artillería. Tom ó posiciones frente al enemigo, sobre una elevación del terreno que cerraba el camino entre Quilmes y la capital del v i­ rreinato.

Beresford, que había agrupado su ejército y cañones en la playa, tras grandes pajonales, ordenó el avance en dos columnas, con el aguerrido regimiento 71 a la dere­ cha. Las baterías abrieron fuego sobre los milicianos de Arce, quie­ nes en gran confusión emprendie­ ron la fuga. Los ingleses ocuparon las barrancas de Quilmes, mientras los defensores cruzaron el Riachue­ lo por el puente de Gálvez y luego lo incendiaron.

Mientras tanto — en la madru- ada de ese día— el virrey había f cSpachado los caudales públicos rumbo a Luján en un convoy de

c a r r e t a s con escolta.-

El 27 por la mañana, los inva­ sores consiguieron cruzar el Ria­ chuelo y vencieron una últim a re­ sistencia opuesta por los m ilicia­ nos en el paso de Barracas, que llevaba directamente a Buenos A i­ res. Ante el curso de los sucesos, el acobardado Sobremonte se retiró con su fam ilia y algunos jefes m i­ litares a M onte Castro (actual Flo­ resta) donde redactó un ^ pliego explicativo de su fuga, “ mucho tnás indigno y vergonzoso que cualquier capitulación’'. De a llí se trasladó a Luján, donde se halla­ ban las cajas reales, pero ante la noticia de que un destacamento in ­ glés marchaba en busca de ese di­ nero, el virrey — con su fam ilia y

escolta— se dirigió a Córdoba, ciudad que pretendió transforaiar en “ capital provisional del virrei­ nato” .

A las tres de la tarde del día 27 las tropas inglesas penetraron triunfantes por las calles de Bue­ nos Aires, “ a tambor batiente y banderas desplegadas” .

El coronel de la Quintana, que era el jefe militar de mayor jerarquía en Buenos Aires, consideró inútil toda re­ sistencia . y comunicó que — por man­ dato de Sobremonte— debían las auto­ ridades presentes trasladarse a la For­ taleza para firmar “ una honrosa capi­ tulación” .

Una vez en el Fuerte, Beresford asumió el cargo de gobernador y obligó a que los vencidos firmaran “ las condiciones concedidas por los generales de Su Majestad Britá­ nica” .

Las tro p a s in g le s a s d e se m b a rc a n en la s p ro x im id a d e s d e Q u ilm e s y e n p e r f e c t a fo rm a c ió ', se d irig e n p a r a o c u p a r a B u enos A ire s . La ilu stra ció n re p ro d u ce un g r a b a d o d e l a n o 1 8 0 6 ,

A n tes d e la o cu p a ció n d e B uenos A ire s , e l v irre y S o b rem o n te h a b ía e n v ia d o la s c a ja s re a le s a L u ja n , donde^ fu e ro n d e p o s ita d a s en e l C a b ild o . C u a n d o los in v a so re s d o m in a ro n la situ a ció n , se a p r o p ia r o n d e los c a u d a le s , con a n u e n c ia d e l v irre y y d e l p ro p io C a b ild o ( A c u a re la d e F. Fortu ny.)

Los ingleses en Buenos A ires

Luego que el coronel de la Quin­ tana aceptó con su firm a la rendi­ ción de las autoridades españolas — de acuerdo con órdenes del v i­ rrey— , Beresford dio a conocer un manifiesto, donde exponía a los habitantes de Buenos Aires el plan de acción política y administrativa a desarrollar durante la ocupación. La ciudad debió prestar juramento de obediencia al rey Jorge I I I de Gran Bretaña, mientras el jefe vencedor pretendía co n g ra cia rs e con la población mediante una se­ rie de disposiciones prudentes y moderadas. Aseguró el “ libre ejer­ cicio de la religión católica” , la protección a la propiedad privada,

el normal funcionamiento de los tribunales de justicia y la libertad de comercio “ semejante a la que disfrutan todas las otras colonias de Su Majestad” .

Como trofeo de la victoria, Be­ resford obtuvo la anuencia del v i­ rrey para la entrega aproximada de un m illón doscientos m il pesos fuertes, producto de los caudales — que fueron apresados en Luján— y de los fondos que habían que­ dado en Buenos Aires 1.

Com bate de Perdriel

Era evidente que la capital del virreinato había sido ocupada por los ingleses debido a la negligen-

S í ^ “ *5 I1” ínillón- fue enviado a Londres en la fragata “ Narcisus” . E n aquella o m n l » ; ? 65. fu f on subidos en carros alegóricos y desfilaron en medio del júbilo popular, que aclam aba los nombres de Popham y Beresford.

3 U n a parte de este dinero fue repartida entre los principales jefes británicos y el resto,

yor sigilo y luego de abrir sendas bocas en casas próximas las galerías avan­ zaron con rapidez, pero al poco tiempo fueron abandonadas las obras, por cau­ sas que se ignoran.

La primera reacción organizada contra los ingleses se produjo en la campaña, donde Juan M a rtín de

Pueyrredón consiguió equipar una

fuerza de setecientos hombres, en­ tre milicianos y vecinos. Las acti­ vidades de los conjurados — entre los que figuraba M artín Rodrí­ guez— llegaron a conocimiento de Beresford, quien al frente de qui­ nientos soldados los enfrentó — el 1 de agosto— en la chacra de

P erd riel, distante a cuatro leguas

de Buenos Aires.

Luego de breve combate, los bri­ tánicos consiguieron dispersar a sus bisoños adversarios, quienes, sin embargo, lograron apoderarse de un carro de municiones. ineptitud de las autoridades

encargadas de su defensa. La hu­ m illante actitud del virrey y la de­ bilidad de los jefes españoles sir­ vieron para acentuar los síntomas de reacción entre los habitantes, quienes trataron de expulsar por la fuerza a esos invasores, diferen­ tes en origen, religión e idioma. No en vano, Buenos Aires había sido reconocida anteriormente por la corona española con los títulos de “ muy noble y m uy lea l” .

A los pocos días de la ocupación, dos ingenieros catalanes -Felipe Sen- tenach y Gerardo Esteve y Llac— , con la ayuda financiera del acaudalado co­ merciante M artín de Álzaga, propusie­ ron construir dos túneles que llevasen uno a la Fortaleza y otro al cuartel del regimiento N 9 71 (La Ranchería). Allí debían colocarse cargas de explo­ sivos destinadas a volar esos lugares ocupados por el grueso del enemigo.

In document Historia Argentina-Ibanez Cosmelli José (página 52-55)