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Excepto en la medida en que that ha absorbido funciones distintas de las que le correspondían originalmente En un prin­

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en cuanto a su significación, aunque sólo fuera por

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20 Excepto en la medida en que that ha absorbido funciones distintas de las que le correspondían originalmente En un prin­

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formación lingüística es que cuando no puede derribar una cosa que obstruye su curso, la hace inofensiva, bo­ rrando totalmente su antiguo significado; saca partido de sus mismos enemigos. Y esto nos lleva a la segunda corriente importante de transformación, la tendencia a dar a las palabras, dentro de la frase, una posición fija, determinada por su relación sintáctica.

No hace falta trazar la historia de esta importan­ tísima corriente. Baste saber que, a medida que las" formas flexionales de la lengua inglesa se iban hacien­ do más raras, a medida que las formas de las palabras mismas perdían la facultad de expresar las relaciones sintácticas, la posición de las palabras dentro de la frase se iba haciendo cargo de funciones que originalmente le eran extrañas. En la frase the man sees the dog [‘el hombre ve al perro’], the man es subjetivo; en cam­ bio, en la frase the dog sees the man [‘el perro ve al hombre’], the man es objetivo. Exactamente paralelas a estas dos frases son h e sees the dog [‘él ve al perro’] y the dog sees him [‘el perro lo ve’]. E l valor subje­ tivo de h e y el valor objetivo de him ¿dependen total­ mente, o aunque sea en gran parte, de la diferencia de forma? Lo dudo. Podríamos sostener que sí de­ pende de ella si fuera posible decir the dog sees h e o

him sees the dog. En un tiempo se podían decir esas cosas, pero hemos perdido la facultad de hacerlo. O sea que el caso que se atribuye a he y a him procede, cuando menos parcialmente, de la posición de esas palabras dentro de la frase, ya sea antes del verbo, ya después. En consecuencia, ¿no sería más acertado de­ cir que h e y him , we y us, más que formas subjetivas y objetivas, son formas pre-verbales y post-verbales,21 del mismo modo que my y m ine son ahora formas pre-nominales y post-nominales del posesivo: my father

21 Excepto en las frases interrogativas: #m I? [‘¿soy yo?’], is

he? [‘¿es él?']. El énfasis es muy importante. Existe una fuerte tendencia a acentuar más las antiguas formas “objetivas” que las “subjetivas”. A ello se debe que en locuciones como he didn’t

go, did he? y como isn’t he? el acento recaiga en el verbo; no se

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[‘mi padre’], pero fathei m ine [‘padre mío’]; it is my

book [‘es mi libro'], pero the book is mine [‘el libro es mío’]? Una vez.más, es el modo de hablar del pueblo lo que comprueba que esta interpretación corresponde a la verdadera corriente de transformación de la lengua ingle­ sa, El pueblo dice it is me, no it is I [‘soy yo’]; esta última ' expresión es “correcta”, pero tan falsamente correcta como el whom did you see? que hemos estu­ diado: I ’m the one (o it’s m e) that will win out [‘yo soy el que saldré ganando’], we’re the ones (o it's us)

that will win out [‘nosotros somos los que saldremos ganando]: tales son las frases paralelas que se emplean hoy en inglés. No cabe duda de que it is I será algún día tan extravagante en inglés como c’est je (en lugar de c’est m oi) lo es actualmente en francés.

El it am I [‘soy yo’] de Chaucer muestra que la relación entre I y m e se concibe hoy de modo muy di­ ferente que en aquella época. En la frase de Chaucer, el aspecto decididamente nominativo de I basta para determinar la forma del verbo precedente [en primera persona], a pesar del it inicial [de tercera persona]. Es evidente que era más análoga al sum ego latino [como al español soy yo y al alemán das bin ich] que al inglés moderno it is I o a su forma coloquial it is me. Hay otro curioso testimonio que prueba que los pronom­ bres personales ingleses han perdido parte de su fuerza sintáctica original. Si he [‘él’] y she [‘ella’] fueran li­ sa y llanamente formas subjetivas, si no aspiraran, por decirlo-así, a convertirse en formas absolutas sin caso, como man o cualquier otro sustantivo, no podrían ha­ berse acuñado compuestos del tipo de he-goat [‘macho cabrío’] y she-goat [‘cabra’], palabras psicológicamente análogas a bull-moose [‘alce macho’] y m othei-beai [‘osa madre’]. Y he aquí otro caso: cuando ha nacido un niño, preguntamos: Is it a he or a she? [literalmen­ te, ‘¿es un él o una ella?’], como si he y she fueran equivalentes a ‘varón’ y ‘hembra' o a ‘niño’ y ‘niña’. En resumidas cuentas, podemos concluir que el sistema de casos del inglés actual es más débil de lo que pa­ rece, y que de una manera u otra está destinado a

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reducirse a una forma absoluta (desprovista de caso) para todos los sustantivos y pronombres, excepto los referentes a seres animados. Los sustantivos y pronom­ bres que designan seres animados tienen formas posesi­ vas que con toda seguridad se mantendrán por un período indefinido.

Obsérvese, por otra parte, que la antigua serie de casos está siendo invadida por dos nuevas categorías: una relativa a la posición dentro de la frase (pre-verbal o post-verbal) y la otra a la clasificación (seres anima­ dos, objetos inanimados). E l hecho de que los sustan­ tivos y pronombres posesivos referentes a seres animados tiendan a distinguirse cada vez más de los sustantivos y pronombres que designan objetos inanimados (the man’s, pero of the house; his, pero of it), y que, en genera], sólo los pronombres referentes a seres anima­ dos distingan entre formas pre-verbales y fofmas post­ verbales22 es de enorme interés teórico. Muestra cómo la lengua inglesa, a pesar de que aspira a una for­ ma cada vez más analítica, no revela en modo algu­ no una tendencia hacia la expresión de conceptos “puros” de relación, a la manera de las lenguas indo­ chinas.23 La insistencia en el carácter concreto de los conceptos de relación es, evidentemente, más vigorosa que la fuerza destructiva de las corrientes más genera­ les y persistentes de la historia y prehistoria del inglés de que tengamos noticia.

La tendencia a la eliminación de la mayor parte de las distinciones entre los casos y la tendencia- corre­ lativa a conferir máxima importancia gramatical a la

colocación de las palabras dentro de la frase corren pa­ ralelas a la última de las tres grandes corrientes de trans­ formación de que hablábamos, y en cierta medida se ven dominadas por ella. Esta tercera corriente es la tendencia a la invariabilidad de las palabras. Al exa-

22 El grupo they : them referido a cosas puede considerarse

como una especie de préstamo de la categoría de seres animados, a la cual pertenece propiamente desde el punto de vista psico­ lógico.

minar la frase whom did you see? hice notar que el énfasis retórico inherente al pronombre interrogativo pierde parte de su fuerza por el hecho de que whom es palabra variable (who, whose, whom). Este afán de lle­ gar a una correspondencia simple y libre de matices entre la idea y la palabra, la cual ha de ser lo más in­ variable que sea posible, es muy fuerte en inglés, y explica una serie de tendencias que a primera vista no parecen tener nada que ver la una con la otra. Ciertas formas sólidamente establecidas, como la -s de la tercera persona singular del presente en works [‘ (él) trabaja’] o la -s del plural en books [‘libros’] han resistido a esa pre­ ferencia por las palabras invariables, posiblemente por­ que simbolizan cierto poderoso afán de forma que no al­ canzamos a comprender por completo. Es interesante observar que aquellos derivados que se apartan lo bas­ tante de la noción concreta de la palabra radical para poder llevar vida de centros conceptuales indepen­ dientes no sucumben a esa corriente. En cuanto el derivado está en peligro de parecer mero matiz del concepto inicial, mero juego artificioso sobre ese con­ cepto, tiende a ser absorbido por la palabra radical, a perder su categoría de derivado. Las palabras inglesas aspiran a estar separadas una de otra, no son amigas de amontonarse en grupos con núcleos de sentido lige­ ramente divergentes, cada uno de los cuales se desvía un poco de los demás. La palabra goodness [‘bondad’], que designa una cualidad, que constituye casi un sus­ tantivo de relación y que se apoya en la idea concreta de good [‘bueno’], aunque sin afirmar necesariamente esa cualidad — compárase la frase í do not think much of his goodness [‘no tengo mucha confianza en él’]— , está tan separada de good que no hay peligro de que sea absorbida por esta palabra. Del mismo modo, el término uriable [‘incapaz’] puede sostenerse al lado de

able [‘capaz’], porque destruye la esfera de influencia de esta última palabra; desde el punto de vista psicoló­ gico, una ble es tan distinto de able como pueden serlo

blundering [‘torpe’] o stupid [‘estúpido’].

Otra cosa ocurre con los adverbios terminados en

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-ly. Dependen demasiado de los adjetivos correspon­ dientes para tener la vitalidad que la lengua inglesa exige de sus palabras. La frase do it quickly! [‘hazlo rápidamente’] suena pesada. El matiz expresado por

quickly está demasiado cerca del expresado por quick [‘rápido’]; sus esferas de concreción son demasiado pa­ recidas para que las dos palabras puedan convivir en buenos términos. Lo más probable es que los adver­ bios en -ly queden descartados en un futuro no muy lejano, en virtud de esa circunstancia y a pesar de su evidente utilidad. Otro ejemplo del sacrificio de for­ mas muy útiles a esa antipatía por los matices es la desaparición del grupo whence, w hither, henee, hither,

thence, thither [‘de donde’, ‘adonde’, ‘de aquí', ‘hacia acá’, ‘de allí’, ‘hacia allá’]; no pudieron mantenerse en el habla viva porque chocaban demasiado con las es­ feras de significado representadas por las palabras w heie,

here y tliere [‘donde’, ‘aquí’, ‘allí’]. Al decir w hither nos damos cuenta de que estamos repitiendo la idea contenida en la palabra where; el hecho de que whi-

ther añada a where un importante matiz de dirección nos irrita en vez de satisfacernos. Preferimos reunir en una sola palabra la idea estática y la de dirección

— where do you live? [‘¿dónde vive usted?’] lo mismo que where are you going? [‘¿adónde va usted?’]— , o, si es necesario, exagerar un poco el concepto de direc­ ción: where are you running to? [‘¿hacia dónde corre usted?’] .

La naturaleza de esa tendencia a destruir las fami­ lias de palabras queda patente en el hecho de que no nos repugnan los matices en cuanto tales: lo que nos disgusta es que nos impongan una forma característica para expresarlos. En realidad, el vocabulario inglés es rico en palabras casi sinónimas y en grupos de pala­ bras psicológicamente muy emparentadas, pero esos cuasi-sinónimos y esos grupos de palabras no se ven asociados por razones etimológicas. Nos gusta tanto

believe [‘creer’] como credible [‘creíble’], porque se mantienen aparte una de otra: good [‘bueno’] y well [‘bien'] se llevan mejor que quick y quickly. E l voca-

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