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LAS TRANSFORMACIONES DEL LENGUAJE 179 equivocación, que dentro de unos cuantos siglos ni el

In document Sapir Edward - El Lenguaje (página 180-183)

en cuanto a su significación, aunque sólo fuera por

LAS TRANSFORMACIONES DEL LENGUAJE 179 equivocación, que dentro de unos cuantos siglos ni el

más refinado jurisconsulto dirá ya whom did you see? Para ese tiempo, el whom será tan deliciosamente ar­ caico como lo es hoy el uso isabelino de his [‘su’, mas­ culino] por its [‘su', neutro].11 No habrá argumento lógico o histórico capaz de salvar al desventurado

whom. No bastará alegar el paralelismo gramatical

I : me, he : him, who : whom, pues, aunque siga siendo convincente en teoría, será despreciado en la práctica.

En mi opinión, cabe afirmar que ya ahora la ma­ yoría de las personas de habla inglesa quisieran, en el fondo, poder decir who did you see? Si alguna auto­ ridad divina, desentendiéndose de las amenazas de los pedagogos, diera carta blanca al empleo de esa forma, se sentirían inconscientemente liberadas de un peso. Sin embargo, no podemos anticipar con demasiada fran­ queza el cambio, so riesgo de perder nuestro prestigio. Debemos fingir no saber hacia dónde vamos, y darnos por satisfechos con nuestro conflicto interior: incómoda aceptación consciente del whom y deseo inconsciente del who.12 Mientras tanto, satisfacemos nuestro oculto deseo de la locución prohibida empleando el who en ciertos casos intermedios, y disimulamos nuestra falta

11 En un tiempo, el its era tan incorrecto como el who de

who did you see? Si logró penetrar en el inglés, fué porque a la

antigua separación entre masculino, femenino y neutro vino a unir­ se, lenta pero vigorosamente, una nueva división en cosas y seres animados. Esta clasificación resultó demasiado vital para que pu­

diera seguirse aplicando una sola palabra (his) a los seres masculi­

nos y a las cosas inanimadas («1 femenino tenía ya una forma pro­

pia: h ei). Fué forzoso que surgiera el its, creado por analogía con

palabras como man’s, a fin de satisfacer la creciente necesidad de

una forma. La corriente transformadora fué lo bastante fuerte para sancionar un desatino gramatical.

12 Los psicoanalistas reconocerán, sin duda, ese mecanismo. La “represión de los impulsos” y sus símbolos sintomáticos pueden ilustrarse con ejemplos tomados de los aspectos más inesperados de la psicología individual y colectiva. Una psicología más general que la de Freud llegará quizá a demostrar algún día que esos me­ canismos pueden aplicarse, no sólo a la vida de los instintos bási­ cos, sino también a la busca de la forma abstracta, a la ordenación lógica o estética de la experiencia.

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con una ligera justificación inconsciente. Imaginémo­ nos que estamos distraídos y que en ese momento al­ guien nos dice: John Smith is coming to-night [‘J-ohn Smith va a venir esta noche’]; no hemos oído bien el nombre, y en vez de preguntar whom did you say? de­ cimos who did you say? [‘¿quién dijo usted?’]. Quizá vacilemos un poco al emplear esta última forma, pero el precedente sentado por giros como whom did you see? no será, probablemente, lo bastante fuerte para impulsarnos a decir whom did you say? El gramático nos objetará que el ejemplo no es bueno, porque una frase como who did you say? no corresponde estricta­ mente a whom did you see? o a whom did you mean? [‘¿a quién se refería usted?’]. Dirá que se trata más bien de la forma abreviada de una frase como who, did

you say, is coming to-night? [‘¿quién, dijo usted, va a venir esta noche?’]. He ahí la justificación inconsciente de que hablaba yo, y por cierto que no carece comple­ tamente de lógica. Sin embargo, la cosa es más frágil de lo que creería el gramático, porque al responder a una pregunta como you’re a good hand at biidge, John,

aien’t you? [‘tú juegas muy bien al bridge, ¿verdad, John?’], John respondería un poco desconcertado: did

you say me?, y no did you say I? [‘¿dijiste que yo?’]. Sin embargo, esta última respuesta sería perfectamente lógica, como abreviación de did you say I was a good

hand at bridge? [‘¿dijiste que yo jugaba bien al bridge?’]. Lo que ocurre, de hecho, es que el whom no tiene su­ ficiente vitalidad para salir triunfante de pequeñas difi­ cultades gramaticales que el m e púede vencer sin más. La serie I : me, he : him, who : whom es válida desde el punto de vista lógico e histórico, pero frágil desde el punto de vista psicológico. Whom did you see? es co­ rrecto, pero hay algo de falso en esa corrección.

Vale la pena examinar las razones de nuestra cu­ riosa repugnancia por el empleo de locuciones en que entra la palabra whom, sobre todo en sentido interro­ gativo. Las únicas formas claramente objetivas que te­ nemos todavía en inglés son me, him, her (esta última un poco confusa por ser igual al posesivo femenino

her), us, thern y whom. En todos los demás casos, el objetivo ha venido a identificarse con el subjetivo (me refiero a la forma externa, porque no estamos tomando en cuenta la colocación de esas palabras dentro de la frase). Al recorrer la lista de formas objetivas, vemos en seguida que el whom está psicológicamente aislado. Me, him, her, us y them constituyen un grupo firme y bien integrado de pronombres personales objetivos, paralelo a la serie subjetiva I, he, she, we, they. Desde el punto de vista técnico, las formas who y whom son “pronombres”, pero no se les concibe como palabras pertenecientes a la misma categoría que los pronom­ bres personales. Es evidente que la posición de whom es poco sólida, porque las palabras de un mismo tipo tienden siempre a agruparse, y si una de ellas se queda rezagada, está en peligro de muerte; los demás pronom­ bres interrogativos y relativos (which, what, that), con los cuales debería agruparse el whom, no hacen distin­ ción entre formas objetivas y formas subjetivas. Es des­ acertado, desde el punto de vista psicológico, establecer una separación formal entre whom y los pronombres personales por una parte, y por otra entre whom y los demás pronombres interrogativos y relativos. Los gru­ pos de formas deberían estar simétricamente relaciona­ dos con los grupos de funciones, aunque no sean idén­ ticos. Si which, what y that tuvieran formas objetivas paralelas a whom, la posición de este pronombre sería mucho más firme. Pero, dadas las circunstancias actua­ les, la palabra tiene no sé qué de antiestético; hace pensar en la existencia de un esquema formal en el cual resulta que no pueden entrar las palabras afines. La única manera de poner remedio a semejante irre­ gularidad en la distribución de formas es prescindir to­ talmente del whom, puesto que el inglés ha perdido la facultad de crear nuevas formas objetivas y no po­ demos remodelar el grupo which-what-that para hacerlo paralelo al grupo más reducido who-whom. Una vez eliminado el whom, who se integra a su grupo, y nues­ tro inconsciente deseo de simetría formal queda satis­

fecho. Si nos irrita secretamente el whom did you see?, por algo será.13

Pero ese rechazo del whom tiene además otras cau­ sas. Las palabras who y whom, en su sentido interro­ gativo, se relacionan psicológicamente no sólo con los pronombres which [‘cuál’] y what [‘qué’], sino también con un grupo de adverbios interrogativos — where [‘dónde’], when [‘cuándo’], how [‘cómo’]— que son todos invariables y casi siempre enfáticos. Creo que se puede deducir, sin lugar a dudas, que en inglés existe una marcada tendencia a hacer que el pronombre o adverbio interrogativo, elemento típicamente enfático dentro de la frase, sea invariable. La flexión -m de

whom es como un peso muerto que estorba la eficacia retórica de la palabra; es preciso eliminarla si se quiere dar al pronombre interrogativo toda su fuerza latente. Y hay todavía otra razón, muy poderosa, para evitar el

whom. El contraste entre la serie objetiva y la serie subjetiva de los pronombres personales (T, he, she, we,

they: me, him , her, us, them) se asocia en inglés con una diferencia de posición dentro de la frase. Se dice

I see the man [‘yo veo al hombre’], pero the man sees

m e [‘el hombre m e ve’]; se dice h e told him [‘él le dijo’], pero nunca him he told [‘le él dijo’] ni him told

h e [‘Je dijó él’], construcciones que son decididamente poéticas o arcaicas, y que se oponen a la tendencia ac­ tual de la lengua inglesa. Ni siquiera en una frase in­ terrogativa se dice him did you see? [¿Jo vió usted?’]. Sólo en oraciones del tipo de whom did you see? se emplea una forma objetiva con flexión antes de un verbo. Por otra parte, el orden de las palabras en la frase whom did you see? no puede ¿Iterarse debido a

is Nótese que es distinto el caso de whose ['cuyo, cuyos’]. Sin

duda, esta palabra no se encuentra apoyada por formas posesivas análogas dentro de su propio grupo funcional, pero la fuerza ana­ lógica del gran cuerpo de posesivos de sustantivos — como man’s

[‘del hombre’], boy’s [‘del muchacho’], etc.— , lo mismo que la de

ciertos pronombres personales — his [‘de él’], its [‘de ello’]; y, como

adjetivos posesivos, hers [‘de ella’], yours [‘de usted'], theirS [‘de ellos’]— , basta para darle vitalidad.

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