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El Experimento jesuítico se consolida y desarrolla durante un siglo y medio

Alejandro Marcelo Médic

25. El Experimento jesuítico se consolida y desarrolla durante un siglo y medio

La compañía de Jesús había sido fundada por Ignacio de Loyola en 1540. Se consagró jun- to con sus iniciales ocho discípulos a la defensa de la Iglesia y del Papa.

La compañía encabeza la contra reforma católica con una organización de tipo jerárquico y militar, de rigurosa selección de sus miembros, y estricta disciplina. La Orden gana adeptos rápidamente y extiende su influencia desde Europa hacia otros continentes. Su doctrina se extiende al ámbito universitario a través de Suarez y de Mariana, donde enfatizan las tenden- cias neoescolásticas, el poder lo recibe el pueblo de Dios, cediéndolo por un pacto o contrato que obliga a los gobernantes al bien común, y que se rompe si se transforman en tiranos u opresores, retrovirtiendo al pueblo. En caso de tiranía existe el derecho de resistencia a la opresión e incluso es legítimo el tiranicidio.Esta doctrina y su juramente de obediencia y fideli- dad ante el Papa, hizo sospechosos a los jesuitas desde el principio, ante las cabezas corona- das de Europa. Adversarios de las monarquías nacionales absolutistas, los jesuitas se convier- ten en defensores tanto de las prerrogativas de la Iglesia, como defensores de las viejas insti- tuciones medievales españolas.

El asesinato de Enrique III en Francia por un sacerdote, las tentativas de asesinato con- tra Luis XV de Francia y más tarde contra José I de Portugal, se atribuyeron a los jesuitas. Mientras esto sucedía en el Viejo Mundo, la presencia de la Compañía de Jesús fue nota- ble porque se hizo sobre un modelo diverso de la encomienda, la mita y la sujeción a la esclavitud de los indígenas. Pero que además generó un factor económico y social de gran importancia en la economía colonial. Tanto en la experiencia primera de Juli, sobre el lado Titicaca, en el Alto Perú, lo que hoy es Bolivia, como las posteriores en la Florida, en Moxos y Chiquitos, en Amazonia y Orinoco en Brasil, como especialmente en las famosas misiones repartidas en la zona del Paraguay, que entonces abarcaba parte del actual terri- torio de Argentina, así como de Uruguay y el Sur de Brasil, se trató de un régimen social y

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político diferente al del orden colonial español. La estrategia de evangelización basada en usar la lengua de los nativos, el diálogo, la asociación/negociación con los caciques, la tolerancia hacia las hibridaciones culturales, dio especial fruto en las relaciones con el pueblo guaraní. Máxime teniendo en cuenta el contraste con los encomenderos del Para- guay, y especialmente con las expediciones que partiendo desde Brasil, Sao Paulo, reali- zaban los bandeirantes, cazadores de indígenas para venderlos en los mercados de escla- vos.De hecho, Hernandarias, primer gobernador criollo en la zona del Rio de La Plata, soli- cita y fomenta la presencia de la Compañía de Jesus, como forma de ordenar ese territorio de nadie, en disputa permanente entre las colonias españolas y el avance de los portugue- ses constante más allá de la antigua línea del Tratado de Tordesillas, hacia el Oeste y ha- cia Sur, buscando una salida al Río de La Plata. Las Misiones Jesuíticas en el Cono Sur Indiano, se transforman en una barrera geopolítica importante que frena la expansión de los portugueses. La organización de las Misiones, en su funcionamiento interno, constituyó un régimen económico y social diferenciado que aprovechó la experiencia cultural e históri- ca de los guaraníes al comunitarismo y la reciprocidad. La educación en oficios y artes, el uso de la lengua guaraní, la satisfacción de la alimentación, vestido, vivienda de los habi- tantes de las misiones, la arquitectura fueron notables. Las misiones básicamente dividían sus tierras en dos: la hacienda de Dios, (Tupambae), que era cultivado por turnos rotativos por todos los miembros de la comunidad, cuyos productos eran para abastecer primero las necesidades básicas de la misma. Con ese régimen comunitario, primero las Misiones se complementaban en un régimen de trueque e intercambios, donde se complementaban recíprocamente constituyendo, en conjunto, federativamente, una organización económi- camente autosuficiente. Con esta organización se sustentaban decenas de miles de habi- tantes de las regiones misioneras. Los almacenes del Tupambae, proveían desde la carne y la yerba mate, hasta la ropa, todo lo necesario para la vida de los misioneros. Para eso, más allá de la zona urbana las Misiones tenían grandes vaquerías que eran objeto de codi- cia para los colonizadores españoles y para los bandeirantes portugueses. La última gran estancia que proveía vaquerías a las misiones, antes de la expulsión de la Orden, fue la adyacente a Yapeyú, que se internaba abarcando gran extensión en territorio de la Banda Oriental y el Sur del Brasil.Pero además, los excedentes de productos, empezando por la yerba, pero también los cueros, herramientas, orfebrerías que eran producidas en las Mi- siones se intercambiaban comercialmente con las ciudades y regiones del Virreynato. Los excedentes eran reinvertidos en la infraestructura de las propias Misiones. Esto fue gene- rando crecientemente el rencor con los encomenderos de Asunción del Paraguay, pero también con los del litoral rioplatense, como los de Santa Fe. Al mismo tiempo siempre estuvo presente la amenaza militar de los bandeirantes esclavistas portugueses que incur- sionaban desde Brasil, asediaban las misiones y disputaban, saqueaban las vaquerías.Este funcionamiento económico complejo desmiente la idea del aislamiento de las misiones, de hecho, los jesuitas se establecieron sobre pactos precarios con el poder político y religioso colonial, y con los caciques y líderes de las comunidades guaraníticas. Al tiempo que su

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tensión y desconfianza con encomenderos fue incrementándose durante su estancia en América. Esto hizo que las misiones devinieran un importante actor político militar, con disciplinados y formados ejércitos de guaraníes bien pertrechados e instruidos en la estra- tegia y la táctica de la guerra por los jesuitas, que participaron de al menos tres sitios y desalojos de los portugueses de la Colonia del Sacramento, avanzada portuguesa sobre el Río de La Plata. También frenaron la expansión hacia el oeste de los bandeirantes paulis- tas. Y se vieron también obligados a intervenir sobre Asunción, a causa de la disputa con los encomenderos y también cuando se produce la revuelta de los comuneros del Paraguay de Antequera y Mompox. De hecho, en las fundiciones de las misiones se produjeron tam- bién, desde mediados del siglo XVIII, cañones para la defensa.

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