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f Desarrollo territorial: pérdida y reconstrucción de capital social

El papel de las cooperativas en el desarrollo territorial y el impacto de los cambios macro- económicos de las últimas décadas sobre las mismas han sido abordados en varios trabajos recientes. Así, Lattuada y Renold (2006, pág.4), sostienen:

Entre los actores sociales que pueden tener un rol destacado como agentes de desarrollo territorial merecen destacarse las organizaciones cooperativas, que por más de un siglo han constituido un factor de enraizamiento de la economía en el territorio, un factor de desarrollo agrario y un referente social, económico y aún ideológico en las comunidades rurales donde se encuentran asentadas.

Respecto al impacto que el comentado proceso de fusiones y absorciones ha tenido en el caso de las cooperativas de la región pampeana, Carricart y Albaladejo (2005, pág.61) opinan: Estas instituciones de carácter inminentemente local se insertaron en la vida coti- diana de la mayoría de los pequeños y medianos pueblos del interior de la región pampeana acompañando una organización social de tipo comunitaria con fuertes lazos de solidaridad y compromiso con la vida social y económica local. Su pre- sencia dinámica y comprometida con un territorio en construcción les significó un reconocimiento social y un prestigio institucional. Puede sostenerse que, entre las décadas de 1950 a 1960, logran su esplendor en el paisaje rural pampeano (más de 600 cooperativas instaladas en los pueblos) siendo una parte muy activa del territorio con normas y convenciones locales socialmente aceptadas y estableci- das. ….Sin embargo, el proceso de fusiones y absorciones que se produjo en la región pampeana durante la década de 1990 fue tan significativo que condujo en muchos casos al abandono total de la organización local de las ancianas coopera- tivas…… El cambio en el tamaño ha conducido a profundas transformaciones en su organización, entre ellas a la creación de sucursales, que no son otra cosa que la ex cooperativa absorbida. Con estas incorporaciones se generaron lo que los actores más antiguos de las cooperativas sienten como profundas heridas en su relación con el territorio adonde pertenecen esas organizaciones. Una sucursal tiene casi los mismos servicios que la casa central, pero deben pasar años para que se reconstruyan las relaciones sociales de los miembros de la zona de influen- cia de la sucursal de la nueva cooperativa.

En la misma línea argumental, pero señalando el proceso de “recentraje” de los servicios de las cooperativas Barbero, Gorenstein y Gutiérrez (2000, pág.14) afirman que:

La operatoria del sistema cooperativo se ha especializado en las funciones de aco- pio y comercialización. Con ello se diluye el rol diferencial que detentaban para los pequeños y medianos productores, tendiendo a igualar a las cooperativas con for- mas de intermediación alternativas (acopiadores privados, corredores, grandes fir- mas exportadoras), pero además, junto con la fuerte reducción de sus planteles laborales, se produjo la dilución de otras funciones sociales, dado que han dejado de nuclear actividades complementarias para las coberturas de las necesidades básicas de las poblaciones del entorno.

Estos comentarios centrados en la experiencia cooperativa de la región pampeana (fuer- temente predominante dentro de las estructuras cooperativas) podrían extenderse a gran parte de la experiencia en el resto de las economías regionales.

El incremento en la escala, la dispersión territorial, el “recentraje”, la profesionalización de la gestión, la prevalencia del cálculo económico por sobre los criterios mutualistas, la pérdida de elementos simbólicos como instalaciones o razones sociales vinculadas a la historia local, la pérdida de la centralidad de la cooperativa como lugar de encuentro social por el resultado del desarrollo de otras instituciones, redes sociales y medios de comunicación, la creciente urbanización de la población, incluyendo sus pautas de consumo y estilo de vida, son todos elementos que han deteriorado el capital social con que contaba la cooperativa para influir sobre la dinámica del desarrollo de su territorio.

Sin embargo, la capacidad demostrada por cooperativas consolidadas para superar las cri- sis y articular en forma eficaz a pequeños y medianos productores con el mercado, a partir de la construcción de organizaciones democráticamente controladas, más el cambio en el con- texto de visiones y políticas prevalecientes, favorecen la reconstrucción de dicho capital social, a partir del desarrollo de relaciones interinstitucionales sobre los nuevos ejes centrales del desarrollo territorial.

No se trata de volver a un modelo cooperativo superado, en todo caso un “paraíso perdi- do” donde las transformaciones de la cooperativa fueron solo una parte del conjunto de trans- formaciones de la sociedad en donde ésta se inscribía, sino de asumir un proceso de deconstrucción de las estructuras cooperativas que exige pensar nuevas prácticas y ejes en la relación de éstas con su territorio, como los siguientes:

Medio ambiente. Las cooperativas como empresas de comercialización, industriali- zación y provisión de servicios rurales y, paralelamente, organizaciones representati- vas de los productores agropecuarios, deben y pueden jugar un papel central en la construcción de prácticas ambientalmente sustentables en el territorio urbano y rural. Valor agregado en el territorio. Todas las propuestas que procuran un desarrollo

económico territorialmente equilibrado, y capaz de generar trabajo, remiten a la nece- sidad de agregar valor a la producción primaria en el territorio. Las cooperativas pue- den jugar, y de hecho en importantes regiones lo juegan, un papel central en dicho proceso. Profundizarlo requiere no sólo políticas públicas apropiadas, sino también modificar la institucionalidad cooperativa a los efectos de adaptarla a las necesidades de incorporación de capital (sistemas de capitalización, alianzas estratégicas con empresas de capital), y/o incorporar a los trabajadores como socios de los procesos de agregado de valor. Esto último, por ejemplo, a través de alianzas estratégicas con coo- perativas de trabajo agroindustrial o con la creación de cooperativas agropecuarias de producción asociada.

Diversidad productiva. Diversificar la producción primaria implica multiplicar las oportunidades de trabajo (rural y urbano) y fortalecer los circuitos autónomos de pro- ducción y comercialización en el territorio. La cooperativa como agente de diversifica- ción productiva puede jugar un rol central, no sólo a partir de garantizar los canales de comercialización, sino también de vehiculizar la transferencia de tecnología a los pro- ductores asociados, por ejemplo, a través de grupos articulados con los sistemas públicos de producción y transferencia de tecnología (universidades, INTA, INTI). La hipótesis de trabajo es entonces que las cooperativas podrán reconstruir o ampliar su capital social para participar en la organización de su territorio, en la medida en que cuenten con un fuerte sistema de relaciones interinstitucionales vinculadas al medio ambiente, valor agregado en el territorio y diversidad productiva.

A la inversa, una cooperativa centrada en la comercialización del producto principal de sus asociados, que no desarrolle ninguna política de articulación interinstitucional vinculada al medio ambiente, al valor agregado en el territorio y/o a la diversidad productiva, tendrá un capi- tal social irrelevante a la hora de discutir la organización del territorio.

Ello no implica que sea una cooperativa ineficiente, o que no cumpla cabalmente con los objetivos para los que fue creada. El tema es que los asociados deberán procurarse otros mar- cos institucionales para participar/disputar el diseño de la configuración de su territorio, o per- manecer marginados o subordinados a las estrategias que se impongan desde otro ámbito.

III.5.2. Análisis de modelos tradicionales y emergentes

Se ha caracterizado un conjunto de tendencias predominantes entre las cooperativas agro- pecuarias, como la concentración administrativa y dispersión territorial, con el consecuente pro- ceso de sofisticación de los sistemas de participación; “recentraje” de sus actividades; profesionalización de su gestión; prevalencia del cálculo económico y de relaciones contractua- les de largo plazo en el vínculo con los asociados; innovaciones en los sistemas de capitaliza- ción orientados a mejorar la previsibilidad en el tratamiento del capital; centralización de los sistemas de integración intercooperativa; pérdida de capital social para participar en la organi- zación territorial, o al menos un proceso de deconstrucción de las estructuras cooperativas que convocan a pensar en nuevas prácticas y ejes en la relación de la cooperativa con su territorio.

Sin embargo, la búsqueda de tendencias predominantes tiene como riesgo perder capaci- dad para visualizar la diversidad de prácticas concretas que proponen las distintas experien- cias. En la práctica, lo que se observa, más que una tendencia única, es la multiplicación de estrategias atendiendo a la diversidad de situaciones y problemáticas que plantea cada terri- torio. Y aquí importan tanto las prácticas y experiencias más habituales, como así también aquellas que si bien son marginales en términos cuantitativos, iluminan sobre nuevas trayec- torias institucionales posibles.

Para dar cuenta de ello, en esta sección del trabajo se propondrá un agrupamiento ad hoc de las cooperativas, distinguiendo categorías –no excluyentes– basadas en algunos rasgos sobresalientes de los distintos tipos que se observan, con el propósito de reflexionar sobre posibles estrategias en orden a su desarrollo y consolidación.

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