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F EDERICO G USTAVO S UÁREZ

In document Hacerse Cargo Pm6 155 x 235 (página 180-184)

Nació en Mendoza, el 27 de febrero de 1952. Era maestra y estaba casada con Federico Gustavo Suárez. Tenían una hija. Según su madre, “Lela”, Liliana tenía dos caracteres:

“(...) Cuando quería ser pacífica no era mala, pero cuando tenía que sacar- lo, lo sacaba…

“Era preciosa, tenía un pelo largo, negro, ese pelo negro y brillante, pesa- do, un cabello divino. Cuando yo la peinaba me decía que tenía la mano pesada. ‘Que me peine la abuela’, decía, por la madre de su papá. Y le hacía unas trenzas que la hacían preciosa de verdad. No tengo muchas fotos, todas las tiene María, su hija. Era muy bonita, tenía un carácter muy dulce, muy suavecito… Era muy bonita.

“Estudió en la escuela Edmundo D’ Amicis y fue muy estudiosa. Patricia y ella estudia ban, pero los varones no; su papá se quejaba de ellos. Decía: ‘Pendejos,

las dos mujeres son las únicas que...’ Y… Con su papá se llevaba bien, de chica con todos era de buen carácter, con todos, pero cuando empezó con problemas en el Normal, cuando ya se sabía que andaba en cosas políticas, ya estaba en punta con el padre. A él no le gustaba la política y siempre tenían altercados. Elegían la hora del almuerzo

para discutir y yo le pegaba por abajo de la mesa para que se callara. Ahí descubrí que tenía pasta para ser abogada, porque discutía, discutía y no entraba en vereda.

“Su militancia empezó desde el Normal. Salió en el diario, había habido una revuelta yendo al Normal, en el último año, y habían cerrado los portones del Pasaje San Martín; se estaba subiendo para salir y ahí sacaron la foto.

“Para trabajar, se la rebuscaba sola. En el canal, no se cuál era si el siete o el nueve, hacía propaganda la tienda ‘A la ciudad de Buenos Aires’, y no se quién nos dijo: ‘Che, ¿no han visto la propaganda de a la Ciudad de Buenos Aires, en la TV? ¡Liliana salió en una propaganda de la Ciudad de Buenos Aires!’. ‘Ah, será parecida’. ‘No, si es la Liliana’... Cuando estaba en Santa Fe, también. Una vez, me acuerdo, hizo la promoción de una pasta de dientes, una cosa de esas; daban muestras gratis, no sé qué marca era.

“Cuando su hermano Carlitos se casó —fue su primer matrimonio—, ella era la madrina y tenía que venir a firmar a la iglesia. Carlitos se casó el 4 de noviembre del ’72; ella estaba en Santa Fe y no llegaba. Nosotros no teníamos teléfono; allí, en la esquina, en lo de Pezzutti, sabía llamar. El día antes del casamiento llamó y dijo: ‘Mañana llego, porque estuve en cana’. Habían allanado, estaba con otra chica en una pensión y estaba el Bocha, también y los habían detenido. Al día siguiente llegó lloran- do. La habían agarrado los milicos, no los militares, los habían detenido a los tres y la habían acuclillado sobre maíz y el milico la tenía así... En los pechos traía unos hematomas de los rodillazos de los milicos hijos de puta.

“Yo no quería que tuviera hijos… Veía a la nena del Polo, esa niñita que sufría, que cuando se iban ellos se le corrían las lágrimas… Había días de reunión y yo veía que andaban con los chicos, que viajaban para allá, con los chicos a la reunión… Entonces por eso era que no quería que tuvieran hijos. Les decía: ‘¿Por qué hacen pareja? ¿Sabés lo que sufren esos chicos? Ustedes no lo creen porque fueron bien criados por sus madres, por su familia’. Y ellos me contestaban: ‘Lela, el trabajo que nosotros hacemos no lo vamos a terminar, pero los hijos de nuestros hijos van a terminar la obra nuestra’. (Silencio largo)

“Esperé muchos años. Esperaba, sentía tarde bocinas de auto, de taxis y ya me parecía que me golpeaban la ventana. Sentía llamar el teléfono, pero era equivocado. Varias Navidades han pasado y llamaban y pensaba que eran ellos y era equivoca- do…”.

Eran cinco hermanos; militaban solo ella y Edgardo. Es él quien cuenta:

“Ella era flaca, pecosa… A los bailes que iba eran los que se hacían dentro de lo que fue la militancia. Fue más libre en Santa Fe; mientras estuvo acá, era más asenta- da, más tranquila. Nuestro padre era sindicalista, de Luz y Fuerza, pero indepen- diente. Quiero decir que estaba cerca del peronismo, pero siempre se mantuvo inde- pendiente, porque era crítico y más del sector peronista que estaba en ese sindicato. El viejo era ateo, y mi vieja religiosa, como todas. Yo empecé a militar acá, en lo que era la unidad básica, en 1972, en el barrio, en pleno ‘Luche y vuelve’, que era la campaña para traer al general Perón. Las fuerzas políticas estaban bastante fuertes en esa época. Estaba saliendo la JP17 de noviembre, estaba la Juventud ‘Casa’, los de la FAP, la Coordinadora, en fin, estaban todas las organizaciones, peronistas y las no peronistas. El ERP también, en pequeños grupos, pero existía.

cuando empezó la campaña de las elecciones, cuando Cámpora. En diciembre. O enero del ‘72. Después siguió su militancia en Mendoza. Nosotros nos encontramos recién al final, cuando los grupos se empezaron a achicar por pérdidas, entonces debieron reacomodar la gente… Nos encontramos y estuvimos en un grupo juntos, pero poco tiempo, solo un par de meses. No nos llevábamos muy bien. Yo pertenecía al Frente Estudiantil que estaba medio jodido… Al mes o dos volvió, cuando se reorga- nizó ese frente. Ella trabajaba en el barrio San Martín en un primer momento; después se trasladaron a un barrio de Guaymallén.

“En 1976 se fue de Mendoza a San Juan. Primero estuvo un tiempo en San Luis, volvió a Mendoza y otra vez fue trasladada a San Juan, que es donde presumiblemente cayó, en noviembre o diciembre de 1976, en la gran redada del ‘76 en San Juan; fue entonces cuando acabaron con la Regional, porque cayó casi la mayor cúpula de la JP en la región…

“Yo estuve con Gisella y ella me contó que Ana María Moral también estaba acá, en Mendoza. La única función que cumplí fue pasarla de una zona a otra; pasarla a otro contacto, quiero decir. Estuvimos charlando y algo me contó, pero en general, sobre lo que había pasado; que fue muy amplio, que hubo una barrida, una rastrillada total en San Juan, que no se sabía quién se había salvado y quién no. Y que, probable- mente, no se había salvado mucha gente. Mendoza y San Juan estaban interconectados porque la mayoría de la gente eran cuadros de Mendoza, de San Martín mejor dicho, del interior… Como la situación estaba tan jodida, los habían trasladado a San Juan. Así fue que se trasladó lo que quedaba de la organización en esa época, como te dije, de Mendoza a San Juan.

“Yo imagino que cualquier persona que lea sobre su vida, va a querer entender por qué una chica que estaba estudiando Derecho, que era tozuda, aplicada; por qué en lugar de hacer lo que era la cultura tradicional en esa época, como formar una familia, tener hijos, decidió participar en el cambio político del país… Es que en esos momentos se estaban viviendo cambios sociales a nivel mundial y a nivel nacional. Dentro de esos cambios sociales se daba una visión de un futuro diferente al ‘tradicio- nal’. A partir de eso, a falta de justicia y por tomar conocimiento real de la

situación que se vivía a nivel nacional, es por lo que se produce el cambio individual y de actitud, en cuanto a participar o no, por un cambio social.

Su hermana Patricia nació en 1963. Cuenta que Liliana se disgustó por- que era la única mujer hasta ese momento; todos los demás hermanos eran varones. Después de once años vino “a romper los esquemas” por ser ella la única hija y la única hermana, por ende, hasta el nacimiento de Patricia. Cuando pasaban los vecinos le preguntaban: ‘¿Qué tuvo tu mamá?” “Y, por desgracia, una niña”, contestaba. Cuando Patricia llegó a tener edad como para jugar, Liliana ya estaba estudiando en Santa Fe. Sin embargo, recuerda con cariño:

“(...) con ‘Fegus’ (Federico Gustavo Suárez), la pareja que tenía en ese momen- to, el padre de su hija, me llevaban siempre a las obras de teatro que hacían en los barrios carenciados. Me llevaban y me peleaban, también, porque yo era muy… exqui- sita, no me gustaba tomar el chocolate que tomaban todos los niños y comer los bizcochuelos esos que al por mayor daban entonces. Como el ‘Fegus’ en ese momento estaba como Director de Cultura, en el Teatro Independencia, siempre me llevaban a ver las obras…

“Me acuerdo de la noche en que le dijeron a mi papá que estaba embarazada de María... Él lo tomó muy bien. En ese momento qué tendría… unos veintidós, veintitres años… ¡Mi papá recién se venía a desayunar que estaba en pareja! Lo que recuerdo es que él decía que quien iba a sufrir era la niñita, por los abandonos de ellos, por salir o porque iban de un lugar a otro, que los niños quedarían en manos ajenas siempre, y el Fegus le decía: ‘No, no, nosotros sabemos muy bien lo que vamos a hacer”.

“Después, a fines de ese año, lo mataron al Fegus. Fue en San Luis. Mi familia se enteró por la televisión.

“Liliana estaba en San Juan cuando Fegus seguía en San Luis. Se había llevado la nena, andaba con María para tenerla con ella unos días; esa fue mi desesperación más grande. Carlitos salió a buscar a María porque ya ‘Fegus’ había muerto y sobre la nena nada, no se sabía dónde estaba. Mi papá y mi mamá empezaron a viajar; fueron primero a San Luis. Ahí, el policía o el comisario, no sé quién, les dijo que la nena había sido dada en adopción, cosa medio rara porque cuando al ‘Fegus’ lo mataron, había caído detenida la otra pareja de ese departamento; la niñita de esa pareja había sido entregada, pero de María no sabían nada. Empezaron, no sé cómo, a averiguar y apareció en Eugenio Bustos, en una casa. Fueron mi papá y mi mamá a buscarla; creo que se contactaron con la familia de la otra pareja detenida y ellos les dijeron que se la habían dado a otra pareja, también dentro de la misma familia, de Eugenio Bustos… La mami siempre cuenta que cuando la chica abrió la puerta de la casa, se escuchó un bebé llorar y la mami se largó, la agarró y era María… La chica le dijo que ella no tenía problema en entregársela. Dijo: ‘A mí me la dieron y dijeron que los padres, los dos, habían muerto y que no tenía a nadie esta niñita’. La trajeron y la criaron Carlitos y Franca. De todas maneras, ellos ya la habían tenido antes.

“El 6 de diciembre… sí, fue el 6, llamó tarde, ya estábamos acostados. Mi papá se levantó a atender el teléfono. Ya había terminado su cumpleaños… Como venían el 24 y el 31, a mi papá ella le había dicho: ‘Te voy a llamar para que pasemos una de esas fiestas juntos… (silencio)… y hablá tranquilo’, contó que dijo; mi papá no quería hablar mucho porque no sabía si nos estaban escuchando. Ese 24 y ese 31 no se movie- ron de mi casa. Mi papá se quedó esperando la llamada de Año Nuevo, pero nunca llegó… Después esperaron febrero, que era el de su cumpleaños y, como no se comuni- có, mi papá empezó a hacer los trámites para ubicarla.

“Mi hermano Edgardo estuvo un tiempo en la casa del Carlitos, en el barrio Cano, con Adriana, y de ahí se fueron a Brasil. Mi papá viajó a Brasil con Carlitos. Después, cuando de Brasil se fueron a Suecia, los fueron a despedir. Mi papá escribió a Córdoba o mandó los Habeas Corpus… Decía siempre: ‘Habeas Corpus, Habeas Cor- pus, pero noticias no’.

“… Habían llamadas a mi casa. Llamaban y colgaban. Yo he atendido llama- das con quejidos… sobre todo fue en la época… en el ’78; eran llamadas con quejidos, con llantos y colgaban.

“Con Angelita Moyano nos juntamos varias veces. No en mi casa, mi mamá iba con mi papá o iba mi mamá sola. Un día quedaron en ir mi mamá y mi papá para juntarse cerca de la Estación Belgrano, en Guaymallén… Angelita nunca llegó. Ya había desaparecido unos días antes. Pasaron por la florería y el hijo les contó. Se juntaban porque a Angelita le habían dicho que a Liliana la habían traído a Mendoza o algo así, pero nunca pudieron comprobar nada. Se juntaban también con la mamá

del Polo. Como si fuera una abuela más, qué sé yo, o una tía, con la señora D’Amico, (madre de Cristina D’Amico, desaparecida) y con Margarita Barrera Oro (madre de Jaime, desaparecido en Buenos Aires)… Era una contención afectiva, nada más. Y con Elsa y Claudio Sarrote, que ahora está en Francia”.

Los primeros meses del ‘77 fueron muy duros en Mendoza. Hoy no están Ricardo González, “Martín”, desaparecido el 16 de enero del ‘77 ni Osvaldo Sabino Rosales, “Pantera Rosa”, caído en Guaymallén el 17 de enero.

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