Las urnas, que estaban bien guardadas, volvieron a aparecer. A nivel nacional el Tío Cámpora arrasó con la fórmula Cámpora-Solano Lima, un viejo conservador. Los grupos más revolucionarios del Peronismo sintieron que estaban a las puertas de la patria socialista.
La estructura sindical corrupta nada había hecho para ese logro; la rama fe- menina era solo un sello y la estructura del partido estaba pero para la coyuntura, por lo que el triunfo era de ellos. Las otras organizaciones, armadas o no, carecían de tanto optimismo. Varias preguntas quedaron en el tintero: ¿Era el Viejo un conduc- tor revolucionario o un líder de masas?, ¿estaba realmente sano o eran sus últimos años?, ¿el pueblo era peronista o montonero? La consigna “Cada casa peronista es un fortín montonero”, ¿tenía asidero? Se tenía a Cámpora, al general Carcagno, a seis gobernadores, pero el General Perón ¿querría en realidad desactivar el poder alter- nativo generado por la juventud? Para él, las “Formaciones especiales del movimien- to” que tanto le habían aportado para derrocar a Lanusse, ¿debían disolverse, finali- zada su misión, según las tesis de Karl von Clausewits?
La historia dio las respuestas. Cámpora fue realmente una primavera. En Mendoza varios protagonistas explicaron la elección de Martínez Baca como candi- dato y el posterior armado de su gabinete. El libro Mendoza Montonera, de Hugo de Marinis y Ramón Ábalos (23) es un aporte de ese pequeño lapso donde se apostó sinceramente al cambio.
Según el Dr. Alfredo Guevara: “Martínez Baca como persona... qué se yo... era
un buen tipo. Venía del socialismo de Palacios. Usaba moño al estilo Jauretche. Y llega con esa influencia en su entrada al peronismo. No creo que hubiera choreado porque era un tipo de condición modesta, es decir, modesta en el sentido de gustos modestos, era honesto en serio. Por supuesto que fue un gobierno democrático y que la ortodoxia peronista se le oponía, pero la oposición concreta eran los gansos, la Iglesia”… (24)
ONCE DE MARZO DE 1973
ONCE DE MARZO DE 1973
ONCE DE MARZO DE 1973
ONCE DE MARZO DE 1973
ONCE DE MARZO DE 1973
CAPÍTULO VII
“El grupo CASA, mayoritariamente, le aporta los cuadros al gobierno de Martínez Baca y el contacto más importante que apareció fue el Gordo Guevara. A don Alberto lo conocí, precisamente, en la casa del Gordo Guevara —dice Daniel Peña—.Tuve la posibilidad de hablar cuando ya era candidato del justicialismo; ahí nos conocimos antes de las elecciones. Tuvimos una charla con él y ahí conocí tam- bién a la que nosotros llamábamos respetuosamente la Vieja —Susana Sanz—, y a Chávez, compañeros que venían del sur. Con ellos simpatizamos rápidamente, hubo una química rápida y ahí iniciamos todo un tema, que fue la formación del gabinete de Martínez Baca.
“Lo fundamental era el Ministerio de Gobierno para quemar los archivos de inteligencia, porque eso era importante. Sonaron varios nombres: el Gordo Guevara, la Susana Sanz, el Buby Cerutti, conocido popularmente como el Teta Cerutti. Fi- nalmente aparece Eduardo Zannoni, que era un académico muy respetado, alguien que tenía mucha simpatía hacia nosotros. Fue la forma de transar para poder poner al Teta como Subsecretario de Gobierno. Así que, de alguna manera, se queda con el Ministerio de Gobierno. En el Ministerio de Educación va el ‘Gordo’ Boris, que también era un simpatizante, pero no militante, y el ‘Peque’ Gil, que sí lo era, por ser parte de la ‘Orga’.
“En el Ministerio de Economía estaba el Flaco Morgante. Tenía simpatías con nosotros pero hasta ahí nomás. El Flaco criticaba mucho el tema; era un cuadro militante de la vieja resistencia, un tipo, como dije, que tenía alguna simpatía, pero era más por la cosa popular; en el fondo no era un militante convencido. Era amigo del Gordo Guevara. Y el Gordo respondía por él, esa era la realidad”.
Para Cueto, Romano y Sacchero “Mendoza no escapaba a la situación que en el
orden nacional presentaba el peronismo triunfante en las elecciones de marzo: las corrientes izquierdistas del marxismo y el trotskismo intentaron copar el histórico movimiento creado por Perón, mientras que los sectores de la ‘derecha’, los históri- cos, se resistían a ello, representados por el gremialismo y los llamados ‘ortodoxos’ o ‘viejos’ peronistas”.
“Desde el comienzo de su gestión, Martínez Baca debió soportar los embates de la derecha encolumnada tras la figura del vicegobernador. Más aun, los principa- les representantes del vicegobernador le habían presentado una lista de diecinueve personas que, a juicio de ellos, no podían integrar el gobierno por su orientación marxista y/o trostkista. No obstante, decidió seguir con su proyecto revolucionario de izquierda, integrando una alianza con otros gobernadores provinciales de su mis- ma inclinación ideológica, tales como Ricardo Obregón Cano, en Córdoba, Oscar Bidegain, de Buenos Aires, Luis Adre, de San Luís, y Raúl Cepernic, de Santa Cruz”(25).
Para Daniel Peña, ex integrante del gobierno de Martínez Baca: “A nivel gobierno
empezó el problema que, prácticamente, ya venía desde antes de la fusión. Se man- tiene el concepto de Mendoza como un lugar de la ‘Tendencia’ hacia Martínez Baca; para algunos sectores, un gobernador montonero junto con Bidegain, Obregón Cano, Cepernic… El combate, entonces, fue muy importante. Y ahí empezaron las prime- ras fisuras a partir de la organización que había sido la CASA. Se produce una esci- sión muy importante porque el ‘Chango’ Díaz, que era de los bocones y cabeza visible del grupo CASA junto a Florentino Cortez, se van con el ‘Gordo’ Mendoza.
El ‘Chango’ Díaz queda como secretario legislativo, Boris como vicepresidente de la Cámara de Senadores y el ‘Gordo’ Mendoza como presidente. Y copan de alguna manera; empezaron con el ataque al gobierno y la cosa se dividió ahí. Del otro lado quedó Eduardo Molina como diputado y presidente del bloque. Hubo algunas disidencias que después se van a reflejar en el gabinete de Martínez Baca en abando- no; toma de posiciones y abandono progresivo de los compañeros que eran funcio- narios; compañeros de militancia, de la ‘Orga’, donde participaban todos”. “—Se quedaron como funcionarios, acota Walter”.
“—Se van de la ‘Orga’.
“—Se van de la ‘Orga’, no del gobierno.
“—El ataque fue muy, muy grande. Hubo un ataque importante al gobierno. Se empezó con que ‘Hay que ‘peronizar’ un poco el gabinete’, ‘Hay que sacar a los infiltrados’… Se desató una caza de brujas. Eso hizo que algunos, para conservar el carguito y los honores, siguieran estando ahí, pero otros se espantaron y se fueron, desaparecieron. Yo recuerdo que mucha gente se fue de la militancia; creyeron que aquello iba a ser otra cosa y se fueron. Todo un grupo que se abrió de eso fue el grupo Godoy Cruz, donde estaban el Carlos de la Rosa, el Negro Martínez, que eran del grupo fundacional de la CASA. El Patón, el hermano de De La Rosa y la Elenita todavía siguieron un poco más. Yo trabajaba en la Dirección de Minas, y a los pocos meses me llevaron a Godoy Cruz; Martínez me dijo: ‘Mirá, necesitamos que alguien se haga cargo de la parte oficial. Por qué no te venís a trabajar con nosotros a Godoy Cruz’, y allá fui.
“Cuando a finales del ’73 en el Ministerio de Bienestar Social se produjo la renuncia de Florentino Cortez, ministro puesto por la CGT, de nuevo el ‘Negro’ Martínez me dijo: ’Dicen algunos compañeros, no sé si te parece, que vayás a hablar porque te necesitan; parece que te quieren llevar a la provincia’. Desde la ‘Orga’ me pecharon y así fue que me pusieron como Director de Acción Social de la provincia, para que me hiciera cargo, de alguna manera, del control del Ministerio de Bienestar Social con Ruiz Villanueva, ministro que tenía cierta simpatía hacia nosotros. Termi- né yo como responsable, por parte de la ‘Orga’, en el gobierno; manejaba cosas y fui interlocutor con el gobernador. Habíamos quedado compañeros que manteníamos la cuestión, pero no teníamos puestos de gran relevancia dentro del gobierno, como asesorías, por ejemplo, en que estaban Raquel Izquierdo y el Lucio González. Mu- chos de los asesores eran abogados de los equipos del Ministerio que seguían mili- tando, seguían en la ‘Orga’. Así es que quedamos ahí hasta la intervención de Cafiero. Yo terminé después como subsecretario de Promoción Social hasta que se fue Cafiero. Entonces vino Luis Rodríguez y barrió todo lo que había quedado.
“En ese equipo de gobierno, Gianni Sgroi, el compañero del grupo que funcio- naba en la calle General Paz, fue nombrado director de la Terminal de Ómnibus — comenta Salinas— y en todo lo que era tránsito había un grupo de compañeros bastante grande, éramos como quince. Al principio no estuve; llegué a la semana porque me habló el Juanca para que trabajara con el Tano Sgroi; había situaciones difíciles de manejar”.
“—Claro, había enfrentamientos muy grandes entre la gente que había allí dentro, de la pesada, de la derecha” — acotan.
litancia allí la añoro, pero con alegría, porque fue una cosa muy linda; los compañeros, la entrega, el tipo de compañeros que había y las cosas que hicimos en la Terminal. Se hicieron cosas totalmente distintas a las que se venían haciendo y éramos parte de eso. Me acuerdo del festival que se hizo por la inauguración de la Terminal. A esa inauguración oficial la hicimos nosotros, los militantes. Fue una cosa muy linda, duró dos días.
“Nosotros poníamos el aporte militante; nos pagaban por la función pero nosotros poníamos nuestro tiempo. Se organizó lo que fue el equipo de inspección voluntaria y de verdad era voluntaria. Se hicieron cosas como educación vial y esos voluntarios con brazalete eran de la JP. No nos venía más guita en el sueldo pero estábamos recontentos. Se hicieron áreas peatonales en Mendoza por primera vez en la calle San Martín, de Sarmiento a Las Heras, y la calle Las Heras, toda peatonal. Ahí estaban los compañeros de la JP ordenando y eso no salió de un repollo. Teníamos reuniones y los compañeros pensaban qué se podía hacer, algo distinto, algo útil, para aportar”.
En junio de 1973, Perón regresa al país acompañado por el presidente Cámpora y el ministro José López Rega. Por lo menos dos millones de peronistas lo esperaban en Ezeiza. En el palco levantado y custodiado por el coronel retirado Jorge Osinde, la derecha esperaba armada hasta los dientes la llegada de las columnas montoneras. Mendoza se hizo presente y entre los cientos de manifestantes estaba Renée Ahualli: “Fui a Ezeiza. Fue una experiencia terrible. Recuer-
do que teníamos una bandera de veintisiete metros, de las FAR, porque todavía esta- ban separadas las organizaciones. El Tincho andaba con un poncho que le había prestado yo. Cuando nos fuimos, tuve la sensación, en Ezeiza, de que nos íbamos después de una batalla, de que nos habían derrotado en la batalla. Íbamos tomados de la mano cuando empezó el tiroteo y todo el desparramo; me encontré con algu- nos compañeros de Tucumán en esa retirada. El Tincho no me soltaba la mano y me la apretaba como hacíamos en aquella época, ¿te acordás?, cuando bailabas y te apre- taban la mano para decirte ‘te estoy atracando’ ”.
A pesar del esfuerzo militante, a poco más de un año de su asunción, el 5 de junio de 1974, luego de quince horas de deliberaciones, la Cámara de Diputados, con el voto de los dos tercios de sus miembros, dispuso la suspensión del gobernador y la instrumentación del juicio político que debía realizar la Cámara de Senadores. No hay una fecha exacta que indique el avance de los depredadores; algunos suponen que en Puerta de Hierro ya estaba gestada la represión a los sectores juveniles. Perón habría mencionado delante de militantes de la llamada Tendencia Revolucionaria la necesi- dad de creación de un Somatén, especie de guardia armada con origen en Cataluña, que se reunía para perseguir o defenderse de sus “enemigos”. Otros suponen que a su regreso decidió domesticar las tropas; otros, que su muerte, el 1 de julio de 1974, detuvo el péndulo sobre la cabeza de la extrema derecha y se inició el fin. Lo que todos sostienen es que el cielo estuvo demasiado cerca.
Daniel Peña se lamenta: “En realidad, había mucho por hacer y hubiéramos
logrado una transformación. Martínez Baca en el gobierno hizo cosas muy impor- tantes. El Parque Petroquímico fue una cosa importantísima, por lo que ha sido y es para la provincia… Esas cosas que se pueden hacer en muy poco tiempo; o el tema este, de ahora, sobre la Vasija Vinaria que están desarmando; en ese entonces, había acumulación de vino y estaba la disyuntiva sobre si tirarlo o no, como hacían los conservadores. Todas esas cosas se planificaron en ese entonces. El único que tenía un manejo claro del gobierno era un allegado, Patroni, que, a la hora de defenderlo al
de Martínez Baca, fue el único que tuvo las pelotas bien puestas y dijo: ‘Agarremos los fierros y que vengan a sacarnos los de la UOM’. Habíamos varios ahí cuando dijo: ‘Acá tengo unas pistolas nueve milímetros y unas cuarenta y cinco, y hay una metra’. Nos miramos todos; yo jamás hubiera imaginado que él, que había sido mi profesor, antes, en la Facultad, tomara esa decisión. Pero era inútil porque ya no había nada que hacer; eso hubiera significado una masacre estúpida y tonta”.