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Formas de terapia de grupo dudosas

In document Logoterapia Elisabeth Lukas (página 78-81)

La psicoterapia de grupo existe desde hace más de doscientos años. En un informe redactado por un médico de París en mayo de 17847 se explica que en una casa bellamente'

amueblada de la Place Vendóme, cuyo arrendatario era el médico alemán de 50 años Franz Antón Mesmer, se reunían a la vez no menos de doscientas personas. En cada una de las salas de tratamiento había hasta una veintena de pacientes sentados en círculo alrededor de una cuba denominada baquet donde, según la teoría del terapeuta, se condensaba toda la energía magnética existente en el universo para ser transmitida posteriormente a los cuerpos de las damas y caballeros allí reunidos. Estas personas padecían las neurosis de finales del siglo xv, melancolía, hipocondría, y los llamados vapeurs, la típica dolencia de las damas de la época con molestias asmáticas, convulsiones y desmayos. La terapia magnética tenía mucho éxito. Los síntomas desaparecían después de que los pacientes pasaban por una fase de estimulación psicofísica intensa, llamada «crisis». Sin duda, los «remedios imaginarios» son los mejores para las «enfermedades imaginarias».

Pero no podemos reírnos con menosprecio de esta antigua forma de psicoterapia de grupo

79 mientras no demostremos que las nuestras son más serias. ¿Realmente lo son? Veamos el relato de la señora X.

Esta señora recibió la recomendación de participar en una terapia de grupo para dominar mentalmente mejor una discapacidad que afectaba particularmente a sus funciones motrices. La terapia empezó en pleno invierno, y la señora X a duras penas pudo avanzar por las calles cubiertas de nieve para acceder al lugar donde se reunía el grupo. Cuando llegó al lugar y el director de grupo saludó a los participantes, éste preguntó si alguien quería decir algo. La señora X se armó de valentía y preguntó si alguien del grupo vivía cerca de su casa y si podría llevarla en coche cuando las calles estuvieran resbaladizas por la nieve y el hielo, como sucedía entonces, porque tenía miedo de caer de camino a las sesiones. Cinco personas del círculo se ofrecieron espontáneamente para ir a recoger a la señora X cada tarde de terapia y llevarla después a casa. Pero el director levantó enérgicamente la mano y opinó que, antes de llegar a ningún acuerdo, las cinco personas dispuestas a ayudar debían examinar sus propios motivos y les preguntó cosas como: ¿Qué les había movido a tan rápida predisposición? ¿Quería alguno de ellos demostrar así su poder o exagerar algún sentimiento de inferioridad? ¿A alguien le resultaba molesto tener en el grupo a una mujer discapacitada cuya visión le recordara la fragilidad de la vida y quisiera compensar este sentimiento —del que se avergonzaba— con una actitud altruista? ¿O quizás alguno de los hombres sentía una atracción erótica inconsciente hacia la mujer?

En poco tiempo, el grupo se enfrascó en acaloradas especulaciones acerca de los motivos secretos e inconfesados que se ocultaban detrás de un favor a un compañero. Como resultado de ello, al final de la sesión, las cinco personas retiraron su oferta a la mujer discapacitada porque ya no estaban seguras de cuáles eran sus «verdaderos» motivos. La señora X se fue sola a casa con gran esfuerzo y lloró amargamente por el vergonzoso debate que su petición había provocado. Ya no volvió a asistir a la terapia de grupo.

Sucesos dolorosos como el anterior no son ninguna excepción y, por ello, Viktor E. Frankl recordó lo siguiente:

El desenmascaramiento es completamente legítimo. Pero éste debe concluir allí donde el «psicólogo desenmascarador» tropieza con algo genuino, con lo genuinamente humano del individuo que, precisamente, no se deja desenmascarar. Y si el psicólogo no se detiene ahí, sólo desenmascarará una cosa: su propio motivo inconsciente de envilecer y devaluar lo humano de la persona.

Es decir, la predisposición espontánea a ayudar puede ser más auténtica que el conjunto de hallazgos psicológicos de una ulterior y enérgica búsqueda de motivaciones ocultas. Muy probablemente, la risa, la alegría o el simple deseo de socorrer al alguien no son ninguna inversión de perversiones no reconocidas ni síntomas de complejos escondidos, sino que son exactamente lo que son. Y quien, desde un principio, los declara como falsos está rebajando los

80 motivos elevados a la calidad de abyectos; está humillando al ser humano.

El grupo de meditación logoterapéutica

La logoterapia de Frankl abre nuevos caminos en lo que respecta a la psicoterapia de grupo. No se trata de extraer, a base de lisonjas, las emociones ocultas y dictaminar sobre ellas, sino de dar paseos conceptuales a través de senderos filosóficos que amplíen horizontes. Los pacientes se introducen en una filosofía de la vida psicohigiénicamente sana sin que se vean afectadas sus creencias personales. Una filosofía positiva y optimista, y unas creencias sólidas conforman la espina dorsal y el sostén del ser humano, sobre todo en épocas llenas de preocupaciones, porque sirven de apoyo, soporte y protección incluso cuando todo se desmorona alrededor.

Por tanto, la logoterapia lo tiene fácil teniendo en cuenta que no existe prácticamente ninguna otra orientación psicoterapéutica que contenga tantos elementos filosóficos como ella. Ya he mencionado que la logoterapia coincide prácticamente con el tesoro inmemorial del saber humano, tal como éste sinos presenta en fábulas, leyendas, parábolas e historias, remitiendo siempre a actitudes justas, ideales audaces y sencillez natural. Si en las sesiones de grupo se consigue acumular algunas de estas «piedras preciosas filosóficas» y enhebrar en una «joya», el éxito psicológico estará asegurado. Los participantes hallarán sosiego, satisfacción y estabilidad. Vivirán con mayor vitalidad por un sentido y soltarán ciertas cosas anticuadas, superficiales y perturbadoras. Y quien suelta tiene las manos libres. Por ello amarran a su corazón algo distinto que les acompañará en adelante: agradecimiento, bondad y respeto.

A continuación, reproducimos algunos textos de muestra extraídos de ese tesoro del saber y que se utilizan en los grupos de meditación logoterapéutica:

No existe marco más bello

pero tampoco más adecuado para un gran dolor

que la cadena de pequeñas alegrías que nos damos unos a otros.

FRIEDRICH SCHLEIERMACHER

Lloraba porque no tenía zapatos,

hasta que encontré a un hombre que no tenía pies. HELEN KELLER

Esas personas a las que damos apoyo nos mantienen en pie.

81 MARIE VON EBNER-ESCHENBACH

Con las piedras que uno encuentra en el camino también se puede construir algo bello.

JOHANN WOLFGANG VON GOETHE Oh días luminosos...

No lloréis

porque hayan pasado, mas reíd

porque han sido. IMMANUEL KANT

Se cuenta de un antiguo emperador chino que quería conquistar el país de sus enemigos y destruirlos a todos.

Más tarde le vieron con sus enemigos comiendo y bromeando.

¿No querías destruir a tus enemigos?, le preguntaron.

Los he destruido, respondió,

porque los he hecho mis amigos. JOHANNES TAULER O. P., místico de la Edad Media

Quien sabe que existen formas de meditación en las que, incesantemente, se rumian sílabas sin sentido para ayudar a los que meditan a «vaciarse» interiormente, quizá podrá apreciar, por contraste, lo fructífero que resulta ayudarles a «llenarse» interiormente, es decir, a llenarse de buenos pensamientos. No hay mejor profilaxis para las recaídas.

In document Logoterapia Elisabeth Lukas (página 78-81)

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