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Bingo Bolger Bolsón da la fiesta,

DE G OLLUM Y EL ANILLO

[97]

He com entado que en esta etapa m i padre probablem ente sabía m ucho m ás que Bingo acerca de los Jinetes y el Anillo, o m ás de lo que le había perm itido decir a Gildor; y en el borrador m anuscrito m encionado en la pág. 67 se encuentran elem entos que así lo confirm an. En cualquier caso, el m anuscrito com ienza com o un borrador de parte de la conversación entre Bingo y Gildor, en la que hablan tam bién de tem as que m i padre elim inó en la versión m ecanografiada (págs. 84-87). De hecho, aún no se m enciona el nom bre de Gildor y al parecer es en este texto donde surge com o personaj e: desde un principio, Bingo hablaba con un grupo indiferenciado, « ellos» .

El pasaj e com ienza con una frase aparentem ente desconectada: « Ya que no les dij o a sus com pañeros lo que había descubierto, creo que no os lo diré» . (¿Se refiere a lo que le revelaban los Elfos a Bingo?) A continuación dice:

—Por supuesto —dij eron—, sabem os que andas en busca de Aventura; pero a m enudo sucede que, cuando crees que la aventura está delante de ti, te sorprende por la espalda. ¿Por qué elegiste este m om ento para partir?

—Bueno, en realidad fue inevitable —dij o Bingo—. Se m e había acabado el tesoro. Y pensé que el viaj e quizá m e traería nuevas riquezas, com o al viej o Bilbo, y que por lo m enos m e sería m ás fácil vivir sin dinero. Tam bién pensé que podría hacerm e bien. Me estaba volviendo sentim ental y lerdo.

—¡Sí! —rieron—, pareces un hobbit com ún y corriente.

—Pero aunque sé hacer algunas cosas, com o dedicarm e a la carpintería o a la huerta, no quería ganarm e la vida haciendo sillas o cultivando patatas para otros. Supongo que recibí una pizca de la m aldición del dragón. El oro m e convierte en un haragán.

—¿Entonces Gandalf no te dij o nada? No ibas huy endo en realidad. —¿A qué te refieres? ¿De qué?

—Del j inete negro —dij eron. [98] —No los entiendo en absoluto. —¿Entonces Gandalf no te dij o nada?

—Nada acerca de ellos. Hace m ucho tiem po le advirtió a Bilbo que tuviera cuidado con el Anillo, claro está.[53] « ¡No lo uses m ucho!» , solía decir. « Y úsalo solam ente con buenos propósitos. Lo que quiero decir es que no lo uses sino para hacer una brom a, o para huir de algún peligro o algún problem a; no lo uses para hacer daño o para descubrir secretos de otros, y por supuesto no lo uses para robar o con peores propósitos. Porque puede apoderarse de lo m ej or que hay en ti.» Yo no entendía.

» Vi m uy pocas veces a Gandalf después de que Bilbo se fue. Pero m ás o m enos hace un año apareció una noche, y le hablé del plan que había em pezado a hacer para irm e de Bolsón Cerrado. “¿Qué harás con el Anillo?”, m e preguntó. “¿Te estás com portando con prudencia? Sé prudente; si no lo eres, se apoderará de ti.” En realidad, casi nunca lo había usado; y después de hablar con él no volví a usarlo hasta m i fiesta de cum pleaños.

—¿Hay alguien m ás que sepa de la existencia del Anillo?

—No sabría decirlo; pero no lo creo. Bilbo lo m antenía m uy en secreto. Siem pre m e dij o que y o era el único que sabía de su existencia (en la Com arca),

[54] Nunca le hablé a nadie del Anillo salvo a Odo y Frodo que son m is m ej ores

am igos. He tratado de com portarm e con ellos tal com o Bilbo se com portó conm igo. Pero no les hablé del Anillo hasta que accedieron a acom pañarm e en este viaj e hace algunos m eses. No le hablarán a nadie del Anillo, aunque a m enudo hablam os de él entre nosotros. Y bien, ¿qué pensáis de todo esto? Veo que tenéis m uchos secretos, pero no puedo im aginarlos.

—Bien —respondió el Elfo—. No es m ucho lo que sé acerca de esto. Tienes que encontrar a Gandalf cuanto antes; pienso que debes ir a Rivendel. Pero creo que el Señor del Anillo te anda buscando.[55]

—¿Eso es bueno o m alo?

—Malo; pero no sé cuán m alo. Es bastante m alo si lo único que desea es recuperar el Anillo (lo que es poco probable); pero aún peor si quiere una retribución; y m uy m alo en realidad si desea apoderarse de ti tam bién (lo que es m uy probable). Suponem os que después de m uchos años debe de haber [99] descubierto que está en poder de Bilbo. Por eso han preguntado por Bolsón.[56] Pero por algún m otivo no lo encontraron, y entonces deben de haber descubierto algo acerca de ti. Pero por algo que parece ser un afortunado azar diste la fiesta y desapareciste precisam ente cuando habían descubierto dónde vivías. Borraste el rastro, pero ahora están pisándote los talones.

—¿Quiénes son?

—Sirvientes del Señor del Anillo; [?gente] que ha conocido el Anillo. Lo anterior está al pie de una página y el texto no continúa en la página siguiente; pero m i padre las tenía j untas y en las dos escribió (posteriorm ente):

« De los Espectros del Anillo» . El segundo pasaj e tam bién es un fragm ento de una conversación, pero no se indica quién habla (quienquiera que sea, evidentem ente está hablando con Bingo). El pasaj e fue escrito m uy de prisa y es m uy difícil descifrarlo.

Sí, si el Anillo se apodera de ti, te transform as en un ser perpetuam ente invisible, y sientes una horrible frialdad. Todo se vuelve difuso, com o grises im ágenes fantasm ales contra el fondo negro en el que vives; pero tu olfato es m ucho m ás agudo que tu oído y tu vista.[57] Sin em bargo, no tienes ningún poder com o el que da el Anillo para hacer que otras cosas se vuelvan invisibles; eres un espectro del anillo. Puedes ponerte ropas. [> no eres m ás que un espectro del anillo; y tus ropas se ven, a m enos que el Señor te preste un anillo.] Pero estás baj o el dom inio del Señor de los Anillos.[58]

Supongo que han enviado a uno (o m ás) de esos Espectros del Anillo para arrebatárselo a los hobbits.

En tiem pos rem otos el Señor del Anillo fabricó m uchos anillos com o éste, y los envió a todo el m undo para tender tram pas. Se los envió a todo tipo de gentes: los Elfos tenían m uchos, y ahora hay en el m undo m uchos espectros elfos, pero el Señor del Anillo no los puede dom inar; los trasgos recibieron m uchos, y los trasgos invisibles son seres m uy m alignos y el Señor los dom ina; no creo que los enanos hay an tenido ningún anillo; hay quienes dicen que los anillos no ej ercen ninguna influencia sobre ellos, porque son m uy fuertes. Los Hom bres tenían unos Pocos, pero fueron derrotados m uy pronto y …… Los hom bres [100] espectros tam bién son sirvientes del Señor. Otras criaturas se apoderaron de anillos. ¿Recuerdas lo que contaba Bilbo sobre Gollum ?[59] No sabem os quién es Gollum ; ciertam ente no es un elfo ni un trasgo; probablem ente no sea un enano; m ás bien creem os que proviene de una antigua raza de hobbits. Porque el anillo parece ej ercer el m ism o poder sobre él y sobre ti. Hace m ucho tiem po [? pertenecía]… a una sabia, diestra y sedentaria fam ilia de gente pequeña. Pero desapareció baj o la tierra, y aunque usaba a m enudo el anillo del Señor evidentem ente lo perdió de vista. Hasta que Bilbo lo sacó otra vez a la luz.

Por supuesto, es posible que Gollum hay a oído nuevas —después de la batalla las nuevas se difundieron por todas las m ontañas— y que hay a tratado de recuperar el anillo, o que le hay a contado al Señor.

El m anuscrito se interrum pe en este punto. Aquí encontram os un prim er atisbo de una historia anterior sobre Gollum , cierta indicación del origen de la búsqueda del Anillo y un prim er esbozo de la idea de que el Señor Oscuro les había dado Anillos a distintas gentes de la Tierra Media. Los Anillos perm itían volverse invisible y (com o al m enos se sugiere tácitam ente) esa invisibilidad se

relacionaba con el destino (o al m enos el peligro que corrían) de los portadores de los Anillos: se convertían en « espectros» y —en el caso de los trasgos y de los hom bres— en sirvientes del Señor Oscuro.

Ya en un prim er m om ento m i padre escribió un capítulo que no lleva núm ero ni título, en el que utilizó el pasaj e recién presentado, y éste es el prim er borrador de un fragm ento de lo que m ás adelante pasó a ser el capítulo 2, « La som bra del pasado» . Com o indiqué anteriorm ente, en el segundo de estos dos pasaj es en los que anotó « De los Espectros del Anillo» no queda claro quién habla. Podría ser Gildor, o podría ser Gandalf o (lo que tal vez sea m ás probable) ninguno de los dos sino alguien indefinido; pero en todo caso considero que, m ientras escribía el borrador del segundo capítulo, m i padre decidió no hacer que Gildor hablara de esos asuntos con Bingo (com o evidentem ente lo hace en el prim ero de estos pasaj es sobre el « Espectro del Anillo» , págs. 98-99), sino que los reservaría para los consej os de Gandalf, y que éste fue el punto de partida del capítulo que presento a continuación, en el que, com o y a he dicho, aprovechó el segundo pasaj e sobre el « Espectro del Anillo» . Es im posible afirm ar con certeza si escribió este texto en seguida, antes de escribir el tercer capítulo (el capítulo IV en este libro); pero el hecho de que se m encione a Marm aduque dem uestra que es anterior a « En casa de Tom Bom badil» , [101] capítulo en el que « Meriadoc» y « Merry » aparecen por prim era vez. En todo caso, m e parece adecuado incluirlo aquí.

Más adelante, m i padre definió este texto com o una « introducción» (véase la pág. 284), y no cabe duda de que fue escrito com o un posible nuevo capítulo inicial, en el que, poco antes de la fiesta, Gandalf le cuenta a Bingo en Bolsón Cerrado parte de la historia del Anillo, se refiere a algunas de sus características, a los peligros que encierra y le dice que debería irse de casa. Este capítulo fue escrito m uy rápidam ente y no es fácil leerlo. He intercalado los signos de puntuación necesarios y, en algunos casos, he añadido sin hacer ningún com entario las palabras que faltan. He om itido m uchas m odificaciones y agregados hechos a lápiz, porque son antecedentes de una versión posterior del capítulo, pero se incorporan al texto los cam bios que m i padre hizo m ientras lo iba escribiendo. El capítulo no tiene título.

Un día hace y a m ucho tiem po, dos personas estaban charlando en una pequeña habitación. Una de ellas era un m ago y la otra era un hobbit, y la habitación donde estaban era el salón del cóm odo y bien am oblado aguj ero- hobbit conocido com o Bolsón Cerrado Baj o la Montaña, en las afueras de Hobbiton, en el m ism o centro de la Com arca. Por supuesto, el hechicero era Gandalf y su apariencia no había cam biado casi nada, aunque habían transcurrido noventa años y m ás[60] desde la últim a vez que se lo m encionara en cualquier relato que ahora se recuerde. El hobbit era Bingo Bolger-Bolsón, el

sobrino (o, para ser m ás precisos, el hij o de un prim o herm ano) del viej o Bilbo Bolsón, y su heredero por adopción. Bilbo había desaparecido sigilosam ente m uchos años antes, pero en Hobbiton no se habían olvidado de él.

Por supuesto, Bingo pensaba en él constantem ente, y cuando Gandalf lo visitaba solían hablar de Bilbo. Gandalf no había sido visto en Hobbiton desde hacía y a cierto tiem po: desde la desaparición de Bilbo sus visitas se habían vuelto m enos frecuentes y m ás secretas. De hecho, los habitantes de Hobbiton no lo habían visto o en todo caso no habían advertido su presencia durante m uchos años: solía aparecer sigilosam ente ante la puerta de Bolsón Cerrado a la luz del crepúsculo y entrar en la casa sin golpear, y sólo Bingo (y uno o dos de sus am igos m ás íntim os) sabían que había estado en la Com arca. Esa noche había entrado com o siem pre, y Bingo se alegró m ás [102] que lo habitual al verlo. Porque estaba inquieto, y necesitaba algunas explicaciones y consej os.[61] Ahora estaban hablando de Bilbo y su desaparición, pero m ás que nada del Anillo (que Bilbo le había dej ado a Bingo) y de extraños indicios y presagios de problem as que em pezaban a surgir después de una larga tem porada de paz y tranquilidad.[62]

—Todo esto es m uy extraño, y m uy inquietante y en realidad aterrador — dij o Bingo. Gandalf estaba sentado en una silla alta fum ando, y Bingo estaba acurrucado en un taburete cerca de sus pies, calentándose las m anos en una pequeña fogata com o si tuviera frío, aunque era una noche m ás bien cálida para esa época del año [escrito encima: fines de agosto].[63] Gandalf hizo un sonido sordo que podría haber significado « Estoy de acuerdo contigo, pero era inevitable» o bien « ¡Qué com entario tan tonto!» . Hubo un largo silencio.

—¿Cuánto tiem po hace que lo sabes? —preguntó Bingo por últim o—; ¿y le hablaste alguna vez de esto a Bilbo?

—Adiviné m uchas cosas de inm ediato —respondió Gandalf lentam ente, com o si tratara de recordar. La época del viaj e y el Dragón y la Batalla de los Cinco Ej ércitos y a em pezaba a parecerle algo m uy rem oto, parte de un pasado casi legendario. Tal vez aun él com enzaba finalm ente a sentir un tanto el paso de los años; y en todo caso había vivido m uchas aventuras m isteriosas y curiosas desde entonces—. Sospechaba m uchas cosas, pero poco después descubrí otras, porque, com o quizá Bilbo te hay a contado, fui a la tierra del Nigrom ante.[64] — Por un instante, su voz se convirtió en un susurro—. Pero sabía que Bilbo estaba bien —siguió diciendo—, Bilbo estaba a salvo, porque ese poder no podía dom inarlo, o eso pensaba y o al m enos, y tenía razón (aunque no del todo). Siem pre estaba pendiente de él y del Anillo, por supuesto, pero tal vez no fui bastante prudente.

consolarlo—. ¡Oh, m ej or y m ás querido am igo de esta casa, que tu barba nunca dej e de crecer! Pero la desaparición de Bilbo debe de haber sido un duro golpe.

—No, en absoluto —dij o Gandalf, volviendo súbitam ente a su tono habitual. Con un puf indignado lanzó una enorm e bocanada de hum o que se le enroscó en torno a la cabeza com o una [103] nube en la cum bre de una m ontaña—. Eso no m e preocupó. Bilbo está bien. ¡Lo que m e preocupa eres tú y todos los dem ás hobbits queridos, bobos, encantadores, necios y desvalidos! Sería un golpe m ortal que el poder oscuro se apoderase de la Com arca y que todos esos alegres, codiciosos, estúpidos Bolger, Bolsón, Brandigam o, Corneta, Ganapié y los dem ás se convirtiesen en Espectros.

Bingo se estrem eció.

—¿Pero por qué nosotros? —preguntó—, ¿y para qué querría el Señor esos sirvientes, y qué tiene que ver todo esto conm igo y con el Anillo?

—Es el único Anillo que queda —dij o Gandalf—. Y los hobbits son el único pueblo en el que el Señor no dom ina a nadie.

» En[65] tiem pos rem otos el am o oscuro fabricó m uchos Anillos, y se m ostró m uy pródigo con ellos, para así atrapar a gentes en todas las tierras. Los elfos tenían m uchos, y ahora hay en el m undo m uchos espectros elfos; los trasgos tenían varios, y sus espectros son m uy m alignos y el Señor los dom ina. Se dice que los enanos tenían siete anillos, pero nada podía hacerlos invisibles. En ellos sólo convirtió en llam as el fuego de la codicia, y en el fondo de cada uno de los siete tesoros de los Enanos de antaño había un anillo de oro. Así los dom inaba el am o. Pero esos tesoros han sido destruidos, y los dragones los han devorado, y los anillos se han fundido, o hay quienes lo aseguran.[66] Los Hom bres tenían tres anillos, y encontraron otros en lugares recónditos donde los habían arroj ado los espectros elfos; los hom bres espectros son sirvientes del Señor, y le devolvieron todos los anillos que tenían, hasta que finalm ente volvió a tener en su poder todos los anillos que no habían sido destruidos por el fuego, todos m enos uno.

» Ese anillo se le escapó de la m ano a un elfo m ientras atravesaba un río; y lo traicionó, porque iba huy endo de las antiguas guerras, y sus enem igos pudieron verlo, y los trasgos le dieron m uerte.[67] Pero un pez se apoderó del anillo y enloqueció, y com enzó a rem ontar el río, saltando por sobre las rocas y subiendo por las cascadas hasta que se lanzó contra una orilla, y arroj ó el anillo por la boca y m urió.

» Hace m ucho tiem po vivía j unto a la orilla del río una sabia, diestra y sedentaria fam ilia de gente pequeña.[68] Creo que eran [104] de raza hobbit, o que estaban em parentados con los padres de los padres de los hobbits. El m ás preguntón y curioso de esa fam ilia se llam aba Dígol. Se interesaba en las raíces y en los orígenes; se zam bullía en lagunas profundas, cavaba baj o los árboles y las plantas, abría túneles en los m ontículos verdes, y un día dej ó de m irar las

flores, la cim a de las colinas o los páj aros que se elevaban en el aire; llevaba la cabeza y los oj os siem pre hacia abaj o. Encontró el anillo en el barro a orillas del río, baj o las raíces de un espino; y se lo puso; y cuando volvió a su casa nadie de la fam ilia podía verlo cuando tenía puesto el anillo. El hallazgo lo entusiasm ó y ocultó el anillo, y lo em pleó para cubrir secretos, y puso ese conocim iento al servicio de fines m aliciosos, y adquirió oj o avizor y oído alerta para todo lo que fuera dañino. No es sorprendente que se hay a hecho m uy im popular, y que sus parientes se m antuvieran apartados de él (cuando era visible). Lo pateaban, y él les m ordía los pies. Se acostum bró a andar m urm urando entre dientes y gorgoteando. Por eso lo llam aron Gollum , y lo m aldij eron y le ordenaron que se fuera lej os. Vagabundeaba a solas rem ontando el río y pescando con los dedos en lagunas profundas y com iendo pescados crudos. Un día de m ucho calor, cuando estaba agachado j unto a un lago sintió que algo le quem aba la nuca, y una luz deslum brante que venía del agua le lastim ó los oj os. Se preguntó qué sería eso, pues casi se había olvidado del sol; y por últim a vez m iró hacia arriba y lo am enazó con el puño; pero cuando baj ó los oj os vio en la lej anía las cim as de las Montañas Nubladas. Y pensó de pronto: “Baj o aquellas m ontañas habrá fresco y som bra. El sol j am ás m e encontrará allí. Y las raíces de esas m ontañas tienen que ser verdaderas raíces, hay allí sin duda grandes secretos enterrados que nadie ha descubierto todavía”. Gollum viaj ó pues durante la noche hacia las m ontañas, y encontró un pequeño aguj ero del que salía un arroy o; y fue abriéndose paso com o un gusano hacia el corazón de las colinas, y desapareció