Carolina Young
Antes de mi primera sesión, la orientadora del establecimiento ya me había informado a grandes rasgos algunos datos sobre el caso, lo tenía calificado como el Nº 2 en su innumerable lista de alumnos que requerían atención psicológica urgente, debido a que el paciente asistió a cuatro sesiones con un psicólogo en práctica del liceo quien recomendó seguir ayudándolo, puesto que tenia varias confusiones sexuales y estaba enamorado de alguien que había conocido por Internet, quien vivía en otra ciudad, y que sólo lo limitaban asuntos de dinero para viajar, conocerse y estar juntos. Por esto, el joven había pensado en comenzar a realizar servicios sexuales con hombres mayores para reunir el dinero y viajar. Además ella me lo describió como un joven de carácter muy cambiante y víctima de burlas por parte de sus compañeros, donde en la mayoría de las ocasiones las recibía pasivamente y en otras, cuando lo sobrepasaban, él era quien molestaba y tiraba besos a sus compañeros.
La primera impresión que me dio, fue por decirlo de algún modo “tétrica”, mezcla de tristeza, rebeldía e indefensión. Era un joven de 14 años, alumno de 1º Medio, delgado, estatura media. Llevaba puesto el uniforme, pero encima un abrigo muy largo y negro, se mostraba en general aseado y peinado con gel al estilo gótico, con un mechón de cabello más largo a un lado y tapando todo el lado opuesto del
rostro en forma diagonal, tenía puestas unas mangas negras hechas por él que van por debajo de la ropa desde el codo hasta los dedos. Me llamó profundamente la atención su suave tono de voz, similar a la de una niña de unos 12 años que habla delicadamente, y su lenguaje formal, bien estructurado y con poco uso de “modismos juveniles”.
Dijo ser parte de los llamados “góticos” y hace dos años que se viste invierno y verano de negro, lo que le ha traído muchos problemas con su familia la que no acepta su estilo. Estableció como principal preocupación, sus bajas de ánimo y tristeza general. “Yo sé porqué es todo esto, lo que más me preocupa es algo que no puedo contar todavía porque no tengo la suficiente confianza, es algo que está siempre presente y que no me deja vivir, yo sería más feliz si dejara de pensar en eso, pero no puedo, despierto y me acuesto pensando en eso”
Me recalcó desde un principio que el no confía en la gente y que no contaría sus cosas íntimas a una persona que viene recién conociendo. Dejé que libremente me fuera contando acerca de su vida, sus relaciones familiares, etc. Cada cierto tiempo él se encargaba de recalcarme que había cosas importantes que le habían sucedido y por las cuales se sentía mal pero no podía decirlas. Yo paradójicamente le enviaba mensajes, donde le decía que apoyaba su actitud y que si decidía contarme a mi, debía sentirse bien seguro de hacerlo o si no era preferible que se lo siguiera reservando hasta que se sintiera preparado para hacerlo.
Se me ocurrieron varias técnicas para fomentar una buena alianza, pero pensé que lo primero era que él se sintiera cercano a mí. Le pregunté acerca de su tendencia
gótica y del por qué sentía que toda su vida estaba teñida de negro. En la siguiente sesión, decidí esperarlo sin el delantal blanco, vestida con jeans y polera negros, con la intención de acercarme más al paciente sin que este se diera cuenta y pudiera ir poco a poco depositándome su confianza. Además averigüé por internet la historia de su grupo musical favorito y desde ahí comenzamos a “enganchar”.
Creo que mi estrategia funcionó muy bien, no sé si fue algo en especial, si fue sólo la paradoja, el vestirme de negro o el averiguar sobre el grupo, pero me ayudó a construir una relación de mayor confianza con el paciente. La mejor prueba de esto fue que ese mismo día el paciente decidió contarme cuál era el gran problema que nadie sabía, que no lo dejaba vivir tranquilo y que lo mantenía en un estado de tristeza y angustia. Me dijo que había sido violado por un primo hace 10 años atrás. A esta situación él le atribuye sus constantes preocupaciones, malos recuerdos, angustias, penas y miedos. Debido a eso él siente que se ha identificado más con una tendencia homosexual que heterosexual.
Seguí utilizando la estrategia de la vestimenta durante todas las sesiones, pero de manera diferente, empecé a asistir a las sesiones igual que siempre pero a medida que pasaban yo iba cambiando el color de mi vestimenta, es decir para lograr acercarme al paciente utilicé su color favorito, el negro, luego que ya me dio muestras de confianza comencé a ir de café, luego de verde y así hasta llegar a diferentes colores.
Creo que mi intención detrás de todo esto, proviene de la línea de la psicología del aprendizaje, yo quería lograr que el paciente se identificara conmigo,
se sintiera cercano y luego empezara a imitar de manera inconciente lo que yo como terapeuta hacía. Los resultados de esto se evidenciaron en la penúltima sesión cuando él asistió con ropa de calle, esta vez igual vestido de negro pero sin su clásico abrigo largo sólo con un sweater que se sacó a mitad de la sesión y quedo con una polera manga larga, que no era negra, sino roja.
Afortunadamente, lo que se vio como un pequeño cambio o avance en algo tan simple como su manera de vestir iba acompañado de otros cambios y logros que el paciente experimentaba también en su manera de pensar, de sentir y de relacionarse con su mundo circundante.