Me choca, porque tampoco creo
que tenga cara de mala persona.
124 La diversidad infantil y juvenil en la CAE Las (mal) llamadas segundas generaciones
No voy a negar que habrá chavales de este origen que la lían, yo mismo conozco alguno. Pero también la lía la gente de aquí y no se les prejuzga de esa manera. Como he tenido alguna pareja de origen latinoamericano, también he podido vi- vir de cerca el racismo con el que a veces les trata la policía. En alguna ocasión, llamaban a la policía porque alguien se estaba metiendo con su grupo y al final parecía que eran ellos los delincuentes por cómo les trataban.
En Brasil también hay mucho racismo, y tiene tela que sea así teniendo en cuenta que es un país muy mestizo. Si eres mestizo o medianamente blanquito no pasa nada; pero si eres negro o indígena, estás jodido porque vas a vivir muy pisado.
En mi familia hay una mezcla de negros e indígenas. Y no hay que remontarse muy atrás para encontrarse situaciones tremendas. Mi bisabuelo era esclavo y su padre era nigeriano robado de África. Y mi bisabuela era una indígena que no tenía papeles. Porque hasta hace 150 años los negros y los indígenas eran considerados salvajes y no tenían documentación.
Al empezar la ESO, pasé al mismo instituto que muchos de mis compañeros del colegio. Como se juntaban también chavales de otros colegios, la cuadrilla se fue ampliando y llegamos a ser cerca de treinta. Pero el que era mi mejor amigo en Primaria sigue estando ahora en la cuadrilla y eso es muy guay.
También había algún vacile, pero sobre todo de gente conocida en plan de broma. No es que se metieran especialmente conmigo ni mucho menos. Sí me acuerdo de que había un tío que siempre que me veía me decía «Jau» o cosas así. Hasta que un día me cansé y le di un golpe en el estómago, porque además era muy grande y me venía bien la altura. Y eso que yo no soy nada belicoso. Lo cierto es que ahora me llevo muy bien con él. Ya decía antes que creo que soy un tío que me hago querer bastante.
En cuanto a los estudios, ahí siempre he sido un poco un cero a la izquierda. No me iban mucho y no estudiaba.
En Bachillerato me di cuenta de que no sabía estudiar, nunca tuve una buena dinámica para eso. A pesar de que mi padre era maestro y de que mi madre me metía mucha caña con que tenía que ser el mejor. Aquello más bien me produ- cía el efecto contrario.
No me salía lo de ponerme a estudiar y no era muy aplicado, porque tenía la cabeza en otras historias. La verdad es que siempre he sido un chaval muy dis- perso y muy despistado.
Sabía que tenía unas cuantas asignaturas que aprobar, iba a clase, me lo pasa- ba medianamente bien de risas con mis compañeros y me parecía que aprendía algo. Pero luego me iba a casa, volvía a quedar con mis colegas y pasaba de estudiar. Bueno, salía cuando me dejaba mi madre, porque muchas veces no me dejaba.
Mi madre era muy exigente y dura con los castigos, pero tengo que admitir que yo no me lo montaba muy bien. No avisaba de que iba a salir y desaparecía.
Como entonces no había teléfonos móviles, se empezaban a preocupar y aca- baba cayéndome la bronca.
Luego estaba lo típico con la hora de volver a casa. Si me daba cuenta de que iba a llegar tarde, me pasaba el viaje en el autobús de vuelta a casa llorando y pensando en la que me esperaba. Creo que me desahogaba así para no perder fuerzas después, era una forma de defenderme.
También me cayeron buenos castigos cuando empecé a fumar un poco. Pero es que mi madre tiene un trauma con esto del cannabis, porque a un familiar le asesinó la policía delante de ella por llevar marihuana. Me llegaba a decir que prefería que fuera indigente antes que policía. Y mi aita tampoco les tenía mucho aprecio.
Hoy en día pienso que puede haber polis buenos también. Pero cuando me oyen decir eso, mi pareja actual y mi madre me dicen que si soy tonto.
Yo he sido muy prematuro en muchos aspectos y en ocasiones eso me ha pasa- do factura por relacionarme con gente más mayor.
Porque en Rekalde, que es donde vivíamos, también había mucha gentucilla. Y en aquella época el barrio me contagiaba mucho los gustos. Me gustaban mu- cho los coches tuneados y el jaleo.
Yo me asomaba al balcón y veía a los gitanos haciendo carreras con los coches tuneados. Había un montón de atropellos por eso. Por otro lado, también pasa- ba por ahí la Guardia Civil y también veía muchas historias con ellos. A veces increpaban un poco a la peña y de vez en cuando hacían redadas en los bares de la zona con perros y todo.
Todo ese entorno me influía, es lo que he mamado. Antes iba de hostia en hos- tia, y ahora me sigo dando alguna, pero de vez en cuando. Ahora voy con más cabeza y menos a cabezazos.
El barrio está mejor ahora, pero también ha habido al- guna cosa un poco fuerte. Han echado a los gitanos de la zona y los han llevado a otro sitio. Han hecho una au- téntica limpieza étnica.
En Amorebieta, que es donde vivo ahora, se ve que hay
inmigración, y a algunos les darán ayudas, pero mucha gente protesta y empie- za con el rollo de que vienen a aprovecharse de nuestras ayudas.
No digo yo que no haya casos en los que sea así, pero muchos de los que dicen eso son los que realmente se están aprovechando. No trabajan y están todo el día tomándose cervezas y fumando porros delante de sus hijos en la plaza. No sé por qué tenemos la costumbre de asociar cualquier cosa mala o que no ha pasado en mucho tiempo con los que vienen de fuera, cuando también hay mucha mala gente de aquí. Con esto de los rumanos se oyen muchos comenta- rios feos. Y en algunos casos, de gente que no me esperaba que los hiciera. Es una pena.