• No se han encontrado resultados

Prefiero estudiar una carrera que me interese, aunque tenga pocas

salidas, que hacer otra sin estar

a gusto.

130 La diversidad infantil y juvenil en la CAE Las (mal) llamadas segundas generaciones

El primer año me llevé un chasco bastante grande y tuve mis momentos de dudas, pero ahora estoy contento. Aunque le puedo poner muchas pegas, la carrera me sigue gustando y es algo que me llena.

Me voy organizando para sacarla, porque suelo trabajar por temporadas, aun- que ahora estoy sin trabajo. Pero sigo buscando y tengo la disponibilidad que tengo, porque estoy metido en muchas cosas de voluntariado y también rela- cionadas con la música. Creo que son cosas que pueden dar mucho juego, ya veremos si encuentro alguna cosita por ahí.

Siempre he estado muy interesado en la música. Mis padres me metieron en la escuela de música cuando tenía ocho años y estudié solfeo y orientación al instrumento. Estás un año probando instrumentos diferentes y luego eliges el que te gusta. Yo me quedé con la guitarra y estuve unos cuantos años con ella. Lo que pasa es que yo iba a música un poco como al cole, obligado. Me habían apuntado mis padres y yo iba sin ganas.

Al tercer año de estar tocando la guitarra me di cuenta de que empezaba a so- nar algo y eso me hizo motivarme y poner más interés para seguir aprendiendo. Me metieron en una orquesta y estuve ahí varios años. Pero todo era muy clási- co y lo que a mí me gustaba entonces era el heavy metal y el punk.

Total, que me compré una guitarra eléctrica, dejé la escuela de música y em- pecé a estudiar por mi cuenta con Internet y con canciones, sobre todo para desarrollar el oído. Fui avanzando por ahí y hace unos años me dio por escribir medio rapeado, aunque nunca he sido cantante ni tengo buena voz, y con ins- trumentales de reggae. Coincidió esto con el inicio de mis inquietudes espiritua- les y cuando miro ahora esas letras, flipo con las cosas que escribía.

Después me junté con un saharaui y un vasco y empezamos a fusionar los di- ferentes estilos que teníamos, sobre todo reggae mezclado con hip hop. Me di cuenta de que mis canciones iban llegando poco a poco a la peña y seguí es- cribiendo y cantando un poco más. He tenido oportunidad de conocer a mucha gente dentro de este mundo, y ahora tengo también una banda. También he trabajado como técnico de sonido aprovechando el curso que hice en Mallorca. Con lo que más disfruto es con la música y además tengo mucha creatividad musical. Me resulta muy fácil sacar sonido a cualquier instrumento. No he ido nunca a clases de percusión, pero si me das unos bombos puedo seguir a cual- quiera sin problema.

Yo creo que ahí también hay un componente cultural. La zona de donde viene mi familia es de la que proceden un montón de músicos brasileños. Hay una cultura musical muy importante. En Brasil vayas donde vayas vas a encontrar a músicos tocando, y sin necesidad de permisos ni historias. La música está viva, te la vas encontrando por la calle y te cuenta historias de la calle.

De todas maneras, soy consciente de que solo de la música no se puede comer, para conseguir eso tienes que ser muy máquina. Y además tampoco sé si real-

mente me gustaría. Yo lo que quiero es disfrutar de la música y transmitir cosas. Con eso ya me vale.

A la vuelta de Canarias, me fui a vivir con mi madre. Pero solo aguanté un mes con ella y acabé yéndome a Getxo con mi pareja. Estuvimos en un piso con una pareja de chicas que también eran muy hippies, de un rollo muy parecido al mío. Una de ellas era de Nicaragua y ahora se han ido a vivir allí.

Me suelen escribir animándome a que me vaya para allá, me dicen que están seguras de que me encantaría. Hasta me han preparado una ruta de los sitios a los que me llevarían si por fin me decido a ir.

Mi pareja actual es de Amorebieta, que es donde vivimos ahora, y llevo con ella dos años. Tiene mucho coco y es una persona muy concienciada. Ha viajado varias veces al Sahara para ayudar.

Hace diez años que no voy a Brasil y estoy desesperado por hacerlo, por volver a estar en contacto con mi fami- lia y con mi país. Sobre todo después de ese despertar de mis raíces del que hablaba antes. Sé que lo iba a disfrutar mucho porque tengo intereses e inquietudes

relacionados con los orígenes de mi familia. Tengo mucha morriña.

Ella me apoya, me entiende y me ayuda en lo que puede. Hasta me pone en casa todos los días la radio de Brasil porque sabe que necesito ir allí y le doy pena. Me dice que a ver si podemos ahorrar dinero para que por lo menos pueda ir yo, y yo le animo a que se venga conmigo.

Hemos hablado muchas veces de esto y ella me dice que sus hijos tienen que nacer en Amorebieta. Y yo no tengo ningún problema con eso. Lo interesante, si tenemos un hijo, sería estar un tiempo allá, en Brasil o en Nicaragua, antes de la etapa de la escolarización.

Pero tendríamos que ir con las cosas bien organizadas, sabiendo en lo que po- dríamos trabajar allí tanto mi chavala como yo. Porque en general está bastante complicado, sobre todo de lo mío. Ella igual lo tendría algo más fácil, por la parte de educación, porque hay bastante demanda de esa clase de trabajos.

Yo no soy un tío que esté todo el día informándome de lo que pasa aquí, pero sí me gusta estar al tanto de la actualidad. Aunque la política me da un poco de miedo, sí que tengo inquietud por estos temas. Te guste o no, las decisiones que toman los políticos te afectan. Y por eso más te vale estar puesto.

Mi chavala es súper abertzale y está mucho más enterada que yo de todas estas cosas. Para ella, se tiene que parar el mundo cuando hablan los políticos.

Hace diez años que no voy a Brasil

Documento similar