por mi patria. A veces me da un
poquito de pena, pero
no lo tengo.
Además, toda la familia de mi madre está aquí, en el País Vasco. Tengo a mi abuela, cinco tíos y unos cuantos primos. Como mi madre estaba a gusto aquí, fueron viniendo poco a poco.
Nos solemos juntar para las Navidades, los cumpleaños y ese tipo de celebra- ciones. Y también quedo a veces a comer con una de mis tías.
A mí me gusta estar con ellos, aunque las comidas se suelen alargar mucho y yo quiero tener tiempo para hacer mis cosas después.
Solemos hacer comida colombiana, lo que pasa es que es muy elaborada y lleva mucho tiempo hacerla. Por eso mi madre se ha pasado a la cocina vasca, que dice que es más fácil y más sana. Allí en general hay mucho frito y poco pesca- do, sobre todo en Medellín, que es de donde son mis padres.
Algunos de mis primos han tenido más problemas para integrarse aquí. No sé si será porque vinieron ya algo mayores o porque son familias algo desestructura- das. A mí me parece una influencia muy positiva el que tus padres estén juntos. Además, yo creo que aquí se inculca mucho la educación. De hecho, mi herma- na y yo somos las únicas de mi familia, tanto de Colombia como de aquí, que hemos estudiado una carrera. Y me parece que en eso han tenido mucho que ver tanto mis padres como el colegio.
La cuadrilla de amigos de mis padres es de aquí, pero también han mantenido el contacto con algunos amigos de Colombia, que a veces les vienen a visitar. Justo ahora va a venir unos amigos de mi madre. Y está cambiando toda la casa para que lo vean todo perfecto. Yo creo que va a acabar cambiando hasta de familia.
Pero es que quiere que vea que ha triunfado, que tiene una casa muy bonita y que sus dos hijas han estudiado.
Yo empecé a salir con amigas del colegio cuando tenía unos trece años, y tuve mis buenos líos con esto. Aunque tengo que reconocer que mi hermana me abrió muchas puertas, porque a ella le tocó luchar muchísimo.
Pero como ella sacaba notazas y no fuma ni bebe lo tenía más fácil. Yo tenía peores notas y soy más contestona, así que eso lo complicaba un poco todo. Empecé, como todo el mundo, a salir por lo viejo de Donosti y a mi padre le dio un chungo. Como con esa edad no controlas, me agarré algunas borracheras monumentales y también empecé a fumar. Y a mi padre no le hacía ninguna gracia.
Y a partir de los dieciséis ya empecé a salir de noche. Mis padres me decían que podía salir una vez al mes y que tenía que coger el primer bus, el de las seis de la mañana. Y más me valía cogerlo, porque si no se me caía el pelo.
Yo intentaba lo típico de decirles que a mis amigas les dejaban más, pero mi padre siempre me contestaba que le daba igual la hora a la que volvieran las demás y que yo tenía que volver a esa hora.
94 La diversidad infantil y juvenil en la CAE Las (mal) llamadas segundas generaciones
También les decía que así volvía sola y que era más peligroso que volver des- pués con ellas. Y eso ya le convenció un poco más. A mí me parece mucho mejor volver a las ocho, porque ya es de día y está todo el mundo en marcha.
De todas formas, hasta hace unos años mi padre siempre venía a buscarme aunque fueran las seis o las siete de la mañana. Yo le llamaba cuando estaba llegando y él salía para ir a buscarme.
Todavía ahora, cuando voy para casa a las once de la noche, me hace llamarle al llegar y vamos hablando. Y me repite que mire a todas partes y que tenga cuidado.
Ahí tiene mucho que ver la cultura. Él tiene todavía mucho el chip de Colombia con lo de la mujer sola. Cuando empieza a anochecer una mujer no puede salir sola porque la pueden violar, la pueden atracar o la pueden matar.
Y también se nota la diferencia entre mi padre y mi madre. Ella también quiere que llame y eso, pero igual es algo más relajada. Es que mi madre es de una clase social media alta y en Colombia vivía en un buen barrio en el que no había tanta criminalidad.
Pero mi padre es de una familia humilde. Eran ocho hermanos y vivían en un barrio un poco más belicoso donde veía de todo. Amigos suyos que se echaron a perder porque veían la posibilidad de conseguir dinero fácil con el narcotráfico. O que se empezaban a meter y acababan fatal, en la cárcel o muertos. Ha visto muchísimas cosas y eso le queda ahí. Tiene la idea de que nunca pasa nada hasta que pasa.
Yo me llevé una vez un buen susto. Volvía a casa de madrugada y después de aparcar el coche cerca de casa se me ocurrió mirar para atrás y vi a un hombre. Salí corriendo y el tío también aceleró. Cuando llegué al portal de mi casa, nos miramos de lejos y él se dio la vuelta y se piró.
Esa vez tuve la suerte de que no me pasó nada, pero igual si otra vez no corro tanto a lo mejor le tengo que dar la razón a mi padre.
Cuando terminé el Bachillerato, mis padres me dijeron que si quería seguir estudiando, ellos me pondrían todos los medios para hacer- lo; pero que si no quería, me tenía que poner a trabajar. Me dejaron claro que en casa de gorra no iba a vivir.
Pero además yo ya sabía que hoy en día si no estudias tienes que trabajar en cosas en las que trabajas mucho y ganas muy poco. Y que es la única forma de hacer dinero y de vivir bien.
Yo tenía clarísimo desde pequeña que quería estudiar Derecho. Veía demasiadas injusticias y me parecía que era la única forma de poder ayudar a cambiarlas. A mi padre le pareció bien porque sobre todo lo que quería era que estudiase y porque él también estudió Derecho. Y mi hermana también ha estudiado Dere- cho. Como siempre, con muy buenas notas. Consiguió mantener una beca que