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La Gran Dolina y los primeros europeos

Capítulo 11 La inteligencia social

3. La Gran Dolina y los primeros europeos

El yacimiento denominado Gran Dolina pertenece al conjunto de yacimientos cársticos (de cueva) de la Sierra de Atapuerca, muy cerca de la ciudad de Burgos, que se han excavado a partir de 1978 bajo la dirección de Emiliano Aguirre. Desde

1991 la dirección del proyecto corresponde a sus colaboradores Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell.

A finales del siglo XIX y los primeros años del XX, se construyó un ferrocarril para transportar mineral desde la Sierra de la Demanda hasta las inmediaciones de Burgos. El trazado del ferrocarril describe una gran curva a la altura de la Sierra de Atapuerca, entrando en ella y atravesándola. La trinchera que se construyó puso al descubierto una serie de cuevas rellenas de sedimento hasta el techo. Entre ellas se encuentra la Gran Dolina, que ofrece una impresionante secuencia estratigráfica de 18 m de potencia, con once niveles numerados desde abajo hacia arriba.

Un yacimiento es como un libro que se lee desde arriba hacia abajo, es decir desde el último capítulo hasta el primero. En la Gran Dolina la excavación (con una extensión de 100 m2) progresa lentamente en los niveles superiores, equivalentes a

los últimos capítulos del libro. Se ha excavado ya el nivel 11 (o TD11), que ronda los 300.000 años, y se va a acometer la excavación del nivel 10 (TD10), muy rico en fauna e instrumentos líticos y que se aproxima a los 400.000 años de antigüedad. Además, se han tomado muestras de toda la secuencia estratigráfica del yacimiento y se ha excavado una pequeña parte de los niveles inferiores, encontrándose restos de animales muy antiguos y algunos instrumentos líticos. Por eso, el equipo de investigaciones de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca sabía que en los niveles más bajos del yacimiento, en los primeros capítulos del libro, había indicios de una presencia humana muy antigua en la Sierra.

Igual que a veces no podemos resistir la tentación de echar un vistazo al final del libro para averiguar cómo termina, el científico que excava siente los mismos deseos de conocer el comienzo de su historia. La manera que tiene de hacerlo es practicar una cata o sondeo, que es un atajo para llegar a lo más profundo del yacimiento.

En la Gran Dolina se empezó un sondeo de 6 m2 en 1993, y en la campaña de julio de 1994 se alcanzó el nivel 6 (o TD6). En esa campaña y las dos siguientes, el nivel TD6 proporcionó unos ochenta restos humanos y doscientos útiles.

Cuando se encontraron estos fósiles humanos no se sabía aún su antigüedad exacta, pero estaba claro que eran más viejos que la mandíbula de Mauer. Esta

seguridad se basaba en la fauna encontrada en TD6, en particular en la presencia de un roedor fósil denominado Mimomys savini.

Hace unos 500.000 años esta especie de roedor dio paso a una forma primitiva de la actual rata de agua, llamada Arvícola cantiana. La mandíbula de Mauer y la tibia de Boxgrove se encuentran asociadas a Arvícola cantiana, mientras que en TD6 hay

Mimomys savini.

Se suele situar el comienzo de la época llamada Pleistoceno hace aproximadamente 1,7 m.a. (desde hace 10.000 años nos encontramos en un interglacial del Pleistoceno, que a veces se considera una época distinta denominada Holoceno). El Pleistoceno se divide en tres partes:

Pleistoceno Inferior, Medio y Superior. El final del Pleistoceno Inferior y comienzo del Medio se hace coincidir con un cambio ocurrido hace 780.000 años en el campo magnético terrestre, que pasó de tener una polaridad «invertida», a tener la polaridad actual o «normal». El Pleistoceno Inferior pertenece al cron de polaridad «invertida» llamado Matuyama, y desde hace 780.000 años estamos en un cron de polaridad «normal» conocido como Brunhes.

Los estudios de geología y paleomagnetismo realizados por Alfredo Pérez-González y Josep Maria Parés localizaron el cambio de polaridad magnética que marca el final del Pleistoceno Inferior y el comienzo del Medio por encima del nivel 6 de la Gran Dolina (TD6). De este modo, la edad de los fósiles humanos e industria lítica asociada supera los 780.000 años de antigüedad.

Esta evidencia obliga a admitir un primer poblamiento europeo mucho más antiguo de lo que algunos pensaban, aunque tal vez la presencia humana en el continente no alcanzara entonces la extensión y densidad del último medio millón de años. Los fósiles humanos de TD6 corresponden a diversas partes del esqueleto y al menos a seis individuos de diferentes edades de muerte. Habida cuenta de las escasas dimensiones del sondeo, se espera que este nivel proporcione, cuando se excave en extensión dentro de algunos años, una riquísima muestra de fósiles humanos y utensilios.

El conjunto de piezas líticas de TD6, sin bifaces ni hendedores, se considera del Modo 1. Esta atribución plantea un problema interesante, porque hay Achelense (Modo 2) en el este de África hace 1,6 m.a. y en ’Ubeidiya (Israel) poco después.

¿Por qué, entonces, los primeros fósiles europeos no aparecen asociados a este tipo de industria?

Este mismo problema se plantea con los yacimientos de China y Java, que también carecen de bifaces y hendedores. Hay varias posibles respuestas a esta pregunta. Tal vez los primeros pobladores de Europa y Asia abandonaron el estilo Achelense de tallar de sus antepasados; se ha dicho que las poblaciones del oriente lejano utilizarían con frecuencia otro tipo de materia prima para sus instrumentos, como el bambú, por ejemplo.

Tal vez, como proponen Eudald Carbonell y su equipo, las gentes que elaboraban en el este de África la industria Achelense poseían una cultura más avanzada que las que fabricaban una tecnología del Modo 1; en consecuencia, experimentaron un crecimiento demográfico y forzaron a ocupar áreas marginales del continente africano y finalmente a emigrar fuera de África a los grupos que no disponían de la cultura superior.

Por último, las nuevas dataciones antes comentadas para Java y China hacen viable un nuevo argumento: quizá los primeros asiáticos abandonaron África antes de que allí surgiera el Achelense. Para Europa esta misma explicación es posible, pero aquí no disponemos de fechas fiables tan antiguas para el poblamiento inicial. No lejos de Venta Micena, en Fuente Nueva-3, se ha encontrado recientemente un conjunto de utensilios líticos (sin bifaces ni hendedores) algo anteriores a los de la Gran Dolina, y siempre es posible que en un futuro aparezcan otros aún más antiguos en algún lugar de Europa. Por otro lado, los primeros fósiles europeos del Pleistoceno Medio como Mauer y Boxgrove sí están asociados a la tecnología Achelense. Cabe preguntarse cómo llegó el Achelense a Europa, si con una nueva oleada colonizadora o simplemente la técnica fue pasando desde África de unas poblaciones a otras, sin desplazamiento de gentes ni flujo de genes. El problema de si los cambios tecnológicos que se observan en un determinado lugar implican la llegada de un nuevo tipo humano es recurrente en Prehistoria, y nos volveremos a encontrar con él más adelante.