Capítulo 5 El chimpancé bípedo
4. Retrato de cuerpo entero de un australopiteco
Lucy era un individuo muy pequeño. Medía unos 105 cm y su peso no sobrepasaría los 30 kg. No es, sin embargo, un caso excepcional en su especie. Sin ir más lejos, los primeros fósiles que Donald Johanson descubrió en 1973, consistentes en la articulación de la rodilla (o sea, la extremidad inferior del fémur y la superior de la tibia), corresponden a un individuo de la misma talla que Lucy, como lo son algunos de los homínidos de la localidad 333 (como se recordará este conjunto de fósiles fue bautizado como la Primera Familia). Otros fósiles son más grandes y corresponden a ejemplares que medían en torno a 135 cm y pesaban unos 45 kg. Se piensa que los individuos pequeños, como Lucy, eran hembras y los individuos grandes, machos. En el Australopithecus africanus tal vez los promedios masculino y femenino estaban algo más próximos, pero en todo caso los australopitecos eran homínidos pequeños, cercanos en tamaño a los chimpancés.
Además de ser diminuta, Lucy tenía unas proporciones de los miembros diferentes de las nuestras, incluso de poblaciones modernas de tamaño muy pequeño, como en el caso de los pigmeos. El rasgo que más destaca en el esqueleto postcraneal de Lucy es lo cortas que eran las piernas (figura 5.6). El cociente entre la longitud del húmero y la del fémur (que expresa la proporción entre brazos y piernas) es de un 85%, claramente superior al humano, en torno al 71%, y netamente inferior al cociente de orangutanes, 129%, y gorilas, 118%, pero no tan alejado de chimpancés comunes, 102%, y bonobos, 98%. Los chimpancés tienen los antebrazos relativamente más largos que nosotros; la proporción entre el cubito y el húmero es en los humanos del orden del 80%, mientras que en el chimpancé se
sitúa en torno al 95% (en los orangutanes y gibones es aún mayor); en Lucy el cociente se estima en alrededor del 92,5%.
FIGURA 5.6. (Izquierda) Vista lateral del esqueleto de un esqueleto de un macho de Australopithecus afarensis. FIGURA 5.7. (Derecha) Vista frontal del macho de
Australopithecus afarensis. Se ha reconstruido la caja torácica con forma de embudo, como en los antropomorfos
Estas proporciones sugieren que los australopitecos todavía mantenían algunas de las aptitudes ancestrales para trepar por los árboles. Además, las falanges de los dedos de las manos y sobre todo de los pies del Australopithecus afarensis están curvadas, asemejándose a las de los chimpancés más que ningún otro homínido; esta curvatura de las falanges está relacionada con la capacidad para asirse a las ramas de los árboles y moverse por ellos. Todo esto, unido a que se les atribuye un hábitat forestal más o menos cerrado, hace que se piense que además de poder caminar como bípedos, los australopitecos todavía se subían a los árboles para
alimentarse, escapar de los depredadores o dormir. Los chimpancés construyen con ramas y hojas una especie de nidos individuales en las copas de los árboles para pasar la noche. Los gorilas también lo hacen, aunque, dado su peso, en el suelo. No sería extraño que los australopitecos todavía conservaran esta forma de dormir en los árboles (figura 11.2).
Pese a la extraordinaria información que nos aportan Lucy y otros fósiles, aún hay muchos rasgos del retrato de cuerpo entero de un australopiteco que permanecen borrosos. Ya se ha comentado en otro capítulo que el segmento lumbar de la columna vertebral de los grandes antropomorfos se encuentra proporcionalmente abreviado. Eso hace que las últimas costillas estén muy próximas a la pelvis. Los grandes antropomorfos carecen por tanto del estrechamiento característico de nuestra cintura. Además, en chimpancés, gorilas y orangutanes la caja torácica se va abriendo hacia abajo, tomando una forma de cono (figura 2.4).
En los humanos, el segmento lumbar se ha hecho un poco más largo y como además el ilion se ha acortado mucho, tenemos una capacidad de rotación del tórax a ese nivel que nos es muy útil durante la locomoción bípeda, ya que, mientras que adelantamos la cadera por el lado del pie que avanza, los hombros giran en sentido contrario. Por otro lado, nuestra caja torácica tiene forma de tonel (figura 2.4). En los australopitecos el acortamiento pronunciado del ilion lo separaría netamente de las últimas costillas (figura 5.7; figura 5.8; figura 5.9; figura 5.10). Además, había más vértebras lumbares (cinco o seis) que en los grandes antropomorfos (tres o cuatro). Por todo ello, la capacidad de giro de la cintura sería mayor. Sin embargo, la forma del tórax podría ser más bien parecida a la de los grandes antropomorfos.
Aún falta la cabeza para completar el retrato de cuerpo entero de un australopiteco. Si queremos imaginarnos a uno de estos pequeños homínidos bípedos lo mejor es ponerle la cabeza de un chimpancé o de una hembra de gorila. A partir de aquí hay que matizar un poco. El cráneo se divide en dos partes: un cráneo facial, el esqueleto de la cara, y un cráneo cerebral o neurocráneo, donde se encuentra encerrado el encéfalo (que incluye al cerebro).
FIGURA 5.8. (Izquierda) Reconstrucción de la musculatura de un macho de Australopithecus afarensis. FIGURA 5.9. (Derecha) Aspecto de un macho de
Australopithecus afarensis
El tamaño del encéfalo de los australopitecos no superaría apenas el de los chimpancés, y por tanto el neurocráneo no sería mucho mayor. Hay, sin embargo, algunas diferencias. Ya nos hemos referido a la posición del foramen magnum, que guarda relación con la postura y separa a los australopitecos de cualquier antropomorfo, aunque el cuello estuviera algo inclinado y la cabeza adelantada en los primeros homínidos (figura 5.6).
En los orangutanes y gorilas machos, el desarrollo de los músculos temporales (que intervienen en la masticación y de los que hablaremos en su momento) es tan grande que necesitan más superficie ósea en la que fijarse de la que pueden ofrecerle las paredes del neurocráneo, con lo que llega a formarse una cresta ósea en todo lo alto de la bóveda craneal, a lo largo de su plano medio o plano sagital (figura 5.4).
En su punto más retrasado, esta cresta sagital confluye con otra cresta, esta vez transversal, que limita por arriba el plano nucal y resulta de un desarrollo igualmente exagerado de los músculos nucales. Estas crestas y los músculos que se originan en ellas dan un aspecto apepinado a las cabezas de los gorilas machos, los viejos dorsicanos, como tal vez el lector haya apreciado. En los machos de los chimpancés no es frecuente que se formen las crestas sagitales y nucales, que, sin embargo, sí se encuentran, aunque débiles, en algunos ejemplares de Australopithecus
afarensis que han sido considerados
machos, como A.L. 444-2. (Figura 4.1). No está claro si los machos de
Australopithecus africanus tenían crestas
sagitales comparables. Otro rasgo diferenciador entre australopitecos y antropomorfos es el toro supraorbital.
Éste es un reborde óseo sobre las órbitas que está bien individualizado y separado por un surco del resto del hueso frontal en chimpancés y gorilas, hasta el punto de que puede observarse bien en el individuo vivo (figura 2.2). En los australopitecos no existe un toro como tal, es decir, el reborde óseo no está diferenciado superiormente por un surco (comparar las figuras 4.1 y 4.2 con la figura 7.3).
El esqueleto facial sería poco diferente en los australopitecos y en los chimpancés y gorilas. Es decir, los australopitecos tendrían una cara muy proyectada hacia delante, con mucho prognatismo como se dice técnicamente, en la que no sobresaldría el relieve de la nariz porque los huesos nasales no formaban un puente óseo o caballete.
FIGURA 5.10. Aspecto de una hembra de Australopithecus africanus.
Por supuesto que existen otros muchos rasgos diferenciadores que interesan al especialista, pero, en pocas palabras, la cabeza de un australopiteco tendría el aire general de la de un gran antropomorfo africano, del tipo gorila o chimpancé, aunque con sus peculiaridades, entre las que quizá destacaría por encima de otras la pequeñez de los caninos.
Capítulo 6
Los parántropos, homínidos de campo abierto
Gert había encontrado y guardado en el bolsillo posterior de su pantalón cuatro de los más maravillosos dientes jamás vistos en la historia del mundo.
ROBERT BROOM, The South African Fossil
Ape-Men.
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