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Mamíferos carnívoros y mamíferos herbívoros

Capítulo 7 Un homínido distinto

2. Mamíferos carnívoros y mamíferos herbívoros

Los mamíferos carnívoros han adaptado sus dientes a las funciones que tienen que realizar. Dentro de los carnívoros hay una gran diversidad de formas, pero en todos ellos existen unas piezas dentarias especializadas en cortar la carne, llamadas muelas carniceras (estas piezas son el último premolar superior y el primer molar inferior). Lo que caracteriza a las muelas carniceras es que proporcionan un filo muy

cortante que permite literalmente trocear la carne de los animales muertos (figura 9.1).

FIGURA 9.1. Arriba, mandíbula de león. Abajo, mandíbula de oveja.

Las proteínas y grasas animales son muy energéticas, tienen un alto poder calórico y, además, son fáciles de digerir. Esto quiere decir que no es necesario preparar este tipo de alimento en la boca antes de que sea engullido, por lo que la masticación no es prolongada y todo el trabajo consiste en reducir el cuerpo del animal muerto a trozos de un tamaño apto para pasar por el esófago. Las muelas carniceras funcionan como una cizalla, al modo de unas tijeras, quedando la carnicera superior por fuera de la inferior cuando se cierra la boca. Este movimiento de cizalla hace que se afilen entre sí las muelas carniceras, que al desgastarse la una contra la otra se van transformando en afiladas navajas. A diferencia de nuestros cuchillos de cocina, el uso mejora el filo de las muelas carniceras y aumenta su eficacia, en vez de embotarlo o mellarlo.

Los carnívoros también necesitan instrumentos para dar muerte a sus presas, y los caninos, que comúnmente se llaman colmillos, están muy desarrollados para cumplir esta función. El caso más extremo dentro de los carnívoros terrestres lo constituyen los félidos, la familia de los gatos, leones, tigres… En estos animales, los incisivos son pequeños, y los caninos muy grandes; las muelas carniceras están muy desarrolladas y son las últimas piezas de la dentición (aunque arriba queda por detrás un vestigio de molar).

Una dentición parecida a la de los grandes gatos la presentan las hienas, que en realidad comen lo mismo que los félidos aunque no siempre maten a sus presas (no obstante, se ha comprobado que las grandes hienas manchadas también son poderosos cazadores en grupo). Las hienas han añadido al repertorio dental de los félidos unos dientes cónicos muy desarrollados (el penúltimo premolar arriba y abajo), que usan como martillos para triturar los huesos de los grandes herbívoros. Cuando ya han terminado con su trabajo los depredadores y la mayor parte de los carroñeros, todavía quedan los huesos más resistentes, en los cuales se halla encerrado un material muy graso, y por tanto muy energético, el tuétano. Las hienas pueden acceder a este recurso con sus premolares especializados. A partir de un momento dado, otros animales empezaron también a competir por el tuétano contenido en los huesos de recias paredes de los grandes herbívoros; esta vez se trata de unos primates, los humanos, que aunque no disponen de medios naturales hacen uso de herramientas de piedra para partir los huesos.

Pero no todos los carnívoros terrestres están tan especializados en la dieta, y por tanto en la dentición, como los gatos. Los mustélidos (la familia del tejón, nutria, garduña, marta, visón, comadreja…), los cánidos (grupo de los zorros, lobos, coyotes, licaones…), los úrsidos (osos), vivérridos (como la gineta o el meloncillo), presentan unos molares situados por detrás de las muelas carniceras que ofrecen superficies de masticación en vez de filos cortantes. Incluso las muelas carniceras inferiores tienen una parte anterior más o menos cortante y otra posterior no cortante. Esto indica que en su dieta se incluyen también alimentos vegetales de más difícil asimilación, y que necesitan ser previamente masticados, insalivados y pre digeridos en la cavidad oral. El famoso oso de las cavernas, un gigantesco animal mayor que cualquier oso actual y que convivió con el hombre de Neandertal

y con el de Cromañón, era fundamentalmente vegetariano, como indican sus grandes molares.

Ni que decir tiene que los grandes herbívoros también han modificado sus dientes para la función que les corresponde realizar. Las grandes formaciones herbáceas, como las estepas, las praderas o las pampas, ofrecen enormes cantidades de alimento vegetal que, sin embargo, es pobre en el aspecto nutritivo porque las plantas que lo componen son ricas en fibras como la celulosa. Para asimilar este alimento hace falta una pre-digestión intensa en la boca, donde las fibras son reducidas a una pasta que luego será procesada en el tubo digestivo. Pero para ello hace falta el concurso de unos microorganismos simbiontes (básicamente bacterias), que viven en el intestino de los herbívoros y son capaces de hacer el milagro de descomponer la celulosa en hidratos de carbono asimilables por el herbívoro.

Estos mamíferos presentan un diseño crestado de la corona que aumenta la eficacia de sus plataformas masticadoras. El trabajo de maceración y reducción a pulpa de la materia vegetal se ve potenciado si las superficies que se frotan una contra otra tienen crestas, como en las muelas de los molinos tradicionales (figura 9.1).

Los premolares y molares de los herbívoros han de soportar un intenso desgaste, ya que los fibrosos tallos de plantas como las gramíneas llevan además partículas minerales que las hacen más duras y abrasivas; tienen en consecuencia coronas muy altas para durar más tiempo y amplias superficies de masticación, y no hay en ellos ningún filo para cortar la carne.