Hambre de estímulos y de reconocimiento
Tal como lo han puesto en evidencia numerosas investigaciones (Bowlby, 1967),Spitz (1956), Sáez y Larrán (1991), una de las prioridades de todo organismo superior, es la necesidad imperiosa de contacto con el entorno. Este contacto, indispensable para todo ser humano, se verifica básicamente por un continuo intercambio de estímulos entre el individuo y su entorno, cuyos caracteres esenciales determinan la forma y la calidad de la interacción del ser con su alrededor, material y psico- lógico, al mismo tiempo que definen el sentido y el desenvolvimiento de la exis- tencia de la persona. En efecto, el ser sólo toma sentido y cuerpo en su contacto con la naturaleza y, particularmente, con sus semejantes, contacto que no sólo excita el sistema nervioso, al activar los sistemas sensoriales y motores del orga- nismo, sino que también impulsa al individuo hacia la toma de consciencia de sí mismo y de su razón de ser como persona y miembro de la comunidad humana. Los estímulos más importantes para el desenvolvimiento del ser humano son aquellos que se originan en la interacción con sus semejantes, desde la relación primigenia del bebé con sus procreadores, hasta la relación del adulto con los demás miembros de su comunidad. Estos estímulos, que se transmiten por con- tacto físico y por intercambio gestual o verbal de mensajes, encierran invariable- mente una intención específica hacia los demás de parte de quienes los emiten.En general, esta intención implica elreconocimientoy laaceptaciónde los unos por los otros. La naturaleza y la calidad de los estímulos identificados por Eric Berne como "caricias" son la base de todas las relaciones interpersonales y el srcen de la mayoría de las conductas humanas. Berne (1966, 1975) llama hambre de estímulos y hambre de reconocimiento para describir nuestra necesidad de reconocimien- to de nuestra existencia por otros. La elección de Berne de la palabra "caricia" se refiere a la necesidad infantil del contacto físico. De mayores, dijo Berne, todavía "ansiamos el contacto físico". Pero también aprendemos a sustituir otras formas de reconocimiento en lugar del contacto físico (Stewart y Joines, 2007, p. 98).
En el contexto de unas relaciones interpersonales sanas y positivas, el intercam- bio de caricias tiene como función primordial el bienestar de los protagonistas y constituye un estímulo para el crecimiento psicológico y social de las personas.
La caricia fue definida por Berne (1966) como "acto que implica el reconoci- miento de la presencia de otro" o "unidad fundamental de la acción social" (p. 17).
No obstante, el inconmensurable valor y potencial humano contenido en estas caricias positivas, la mayoría de los seres humanos no recurren a ellas al interre-
lacionarse con sus semejantes. En efecto, abrumados por un pasado, a menudo, opre- sivo y sojuzgados por una educación distorsionada, la generalidad de los individuos se rigen por un pensamiento, prejuicios y expectativas que no les permiten reac- cionar en forma realista frente a las situaciones de su presente, estableciendo con sus semejantes una relación conflictiva o antagónica, a partir de un intercambio de caricias negativas. Estas caricias negativas, en general de naturaleza agresiva, lasti- mera y sobreprotectora, tienen como intención y consecuencia situar a las personas en una posición ambigua o falsa con respecto a su realidad como ser humano, ya sea al sobrevalorar inadecuadamente una cualidad personal o un hecho, o al des- valorizar o descalificar al otro en su individualidad. Según su intención, estas caricias connotan, invariablemente, mensajes de rechazo, desconfianza o sobreexigencia, y tienen como efecto bloquear la manifestación espontánea de los potenciales individuales de crecimiento y desarrollo psicológico de los protagonistas del intercambio.
Expuesto desde la niñez a un entorno familiar y social a menudo carente de caricias positivas,y objeto más o menos frecuente de agresiones psicológicas de des- valorización o descalificación, el individuo aprende no sólo a recibir caricias nega- tivas sino que se hace "adicto" a ellas,toda vez que éstas son preferibles a no recibir caricia alguna de sus semejantes. Cualquier tipo de caricia es mejor que ninguna. Como consecuencia de ello, durante la infancia y la adolescencia, el individuo aprende a desarrollar preferentemente aquellas conductas que le aseguran la recepción y satisfacción de su ración esenc ial de caricias. De esta forma, la perso- na define el tipo, la naturaleza y la calidad de las caricias que estará dispuesto a intercambiar con sus semejantes, y que constituirán el elemento energético esen- cial para "recargar" su batería psicológica a partir de las experiencias y aprendiza- jes del pasado, y el estilo y significado personal de la vida conformado en función
de dicho pasado.
Un número elevado de individuos carece,en forma más o menos crónica,de todos aquellos estímulos adecuados y necesarios para el logro de un crecimiento y desa- rrollo emocional óptimos, fenómeno que se hace evidente en el estancamiento psicológico y social de muchos grup os humanos. Esta situación, que se encuentra de hecho en el srcen de los múltiples ambientes humanos caracterizados por la hostilidad y la arbitrariedad que imperan en las relaciones de sus integrantes, corresponde con la instauración y retroalimentación constante de las llamadas "leyes de economía de caricias".
Steiner (1971) sugiere que como niños, todos somos adoctrinados por nues- tros padres con cinco normas restrictivas sobre las caricias. Estas cinco normas componen la base de lo que Steiner llama la economía de la caricia.Steiner (1971) afirmaba que al educar a los niños en la obediencia a estas normas, los padres ase- guran que "una situación en la que hay una disponibilidad infinita de caricias se transforma en una situación en la que el suministro es bajo y el precio que los padres pueden obtener por ellas es alto" (p. 179).
Las leyes de la economía de las caricias son: 1. No des caricias cuando tengas para dar. 2. No pidas caricias cuando las necesites. 3. No aceptes caricias si las quieres.
4. No rechaces caricias cuando no las quieras. 5. No te des caricias a ti mismo.
Sabiendo que las caricias son esenciales para la existencia, el niño aprende pron- to a conseguirlas actuando de la forma que la madre o el padre soliciten.
Como consecuencia de esta forma de pensar, la mayoría de las personas cul- tivan y mantienen sentimientos orebusques.Sentimientos reiterativos de carác- ter negativo que sustituyen a las emociones auténticas y son producto de las imposiciones educativas parentales y sociales. Tal es el caso de la ansiedad, angus- tia, depresión o desesperación que sustituye o encubre la tristeza. Impulsan a las personas, en última instancia, a maltratarse a sí mismas al alimentar caricias inter- nas de rencor o de impotencia e inutilidad que se fundamentan en las experien- cias y aprendizajes negativos del pasado, y en una percepción distorsionada de la realidad personal y social actual. Por medio de estas conductas internas, estos individuosse dan comúnmente a sí mismos caricias negativas que transmiten y retroalimentan una imagen propia en donde carecen de estima y de afecto que dichas personas profesan para sí y para los demás.
Respecto a lo anterior, la mayoría de estos individuos exteriorizan sus pen- samientos distorsionados actuando en su relación con los demás de forma neuró- tica, es decir, adoptando conductas no asertivas ni productivas de grandeza o de desvalimiento producidas por la activación, según el caso, del Niño Adaptado- sumiso o rebelde-del Niño libre o del Padre-Crítico o nutricio,negativas. Ope- rando desde las conductas negativas, mediante la manifestación más o menos consciente de comportamientos agresivos o dóciles y serviles, estas personas dis- tribuyen caricias negativas al mismo tiempo que invitan a los demás a responder- les también con caricias negativas. De esta forma, dichos individuos no sólo dan caricias negativas sino que laspideny lasaceptan,con lo cual se encuentran en condiciones propicias para confirmar el fundamento distorsionado de sus pensa- mientos, y justificar ante sí el cultivo y mantenimiento de los rebusques corres- pondientes, a través de los juegos psicológicos.
Además, y como complemento de esta actitud, dichas personas rechazan a menudo las eventuales caricias positivas proporcionadas por sus semejantes ya que, conforme con sus propios pen samientos, estas caricias y sus proveedores no pueden ser sinceros y deben obedecer a intenciones ocultas o manipuladoras. Esto es así porque el contenido del pensamiento gira habitualmente en torno a la desconfianza en relación con los demás como consecuencia de la carencia perso- nal de amor, dignidad y autonomía que caracteriza a estos individuos.
Agobiados por resentimientos sordos y profundos, y por un estilo de vida defensivo, falto de afecto y autodestru ctivo, estas personas cultivan y mantienen patrones de conducta y esquemas de pensamiento que los inmovilizan en su cre- cimiento emocional y que pueden ocasionarles enfermedad física y mental,o crear- les un ambiente lleno de conflictos, de intolerancia,de incomprensión y de dolencias orgánicas y psicológicas que les impida el disfrute de la vida y la felicidad.