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RESPUESTA DE ANSIEDADRESPUESTA DE ANSIEDAD

RESPUESTA DE ANSIEDAD

Los terapeutas de la conducta han argumentado que si lo importante es ejercer control sobre las diferentes reacciones que supuestamente caracterizan a la res- puesta de ansiedad, entonces no es necesario un constructo inferido de lo que es la ansiedad. Se propone un análisis directo de las conductas ansiosas,en térmi- nos de sus interacciones funcionales con otros eventos igualmente observables, como las condiciones que de inmediato anteceden y siguen a estas conductas (Skinner, 1953; Keller y Schoenfeld, 1950).

En clínica, ciertos patrones o constelaciones de respuestas comúnmente consi- derados como ansiedad o angustia, pueden asociarse con al menos cinco situacio- nes (Goldfried y Davison, 1976): 1) Respuestas adquiridas por condicionamiento clásico o vicario. 2) Respuestas que se deben a un déficit del comportamiento o carencia de habilidades específicas necesarias para enfrentar de manera apropiada ciertas demandas del ambiente. 3) Desarrollo deautoverbalizacionesque generan ansiedad, por ejemplo, ideas asociadas a expectativas muy altas acerca de sí mis- mo. En tal caso, se asume que ciertos procesos cognoscitivos median la respuesta de ansiedad y los determinantes ambientales que no están inmediatamente pre- sentes (Goldfried y Davison, 1976). 4) Situaciones en las que una persona se

extralimitaen cuanto a asumir compromisos que no puede cumplir satisfactoria- mente de acuerdo con sus propios criterios. En estos casos, es bastante claro que

puede deberse a deficiencias del comportamiento a otro nivel, es decir, a dificul- tades para autoafirmarse (p. ej., "autoestima"). 5) Por último, situaciones en que la realidad circundante impone exigencias o demandas que van más allá de las posibilidades de respuesta del individuo.

Generalmente, hay consenso entre los terapeutas de la conducta en cuanto a considerar la ansiedad, de manera conductual, como una constelación de respuestas posibles a un cierto tipo de estimulación aversiva. Por tanto, estas respuestas son: 1) Un estado generalizado y transitorio de excitación fisiológica asociado princi- palmente a la rama simpática del sistema nervioso autónomo (Wolpe, 1958). 2) Cambios repentinos o alteraciones de la tasa usual de conducta operante como podría ser la cantidad o calidad de trabaj o, la cantidad de conversación, de inges- tión de drogas, frecuencia de relaciones sexuales, etc. (Estes y Skinner, 1941). 3) Conductas que tienden a evitar la exposición del individuo a una situación aver- siva, o bien a escapar de ella. 4) Finalmente, cambios en la conducta expresiva en general (verbal y no-verbal). Este tipo de respuesta incluye los informes verbales subjetivos de los individuos referentes a sus experiencias emocionales, así como a sus estados cognoscitivos asociados a los otros componentes de la respuesta de ansiedad (Reynolds, 1968).

Aun cuando los cambios en la magnitud de estas respuestas y de la perturbación subjetiva referida por los individuos expuestos a estimulación aversiva general- mente se correlacionan (Powers y Osborne, 1976), no es posible definir la res- puesta de ansiedad de manera precisa en términos de algún patrón particular de ocurrencia de estos tipos de respuestas o componentes. Esto se debe a varias razo- nes. Primero, las correlaciones encontradas en los diversos estudi os no son linea- les y pueden diferir según como se midan los componentes de la respuesta (McAllister y McAllister, 1971). Segundo, las mediciones de los diversos compo- nentes no necesariamente se correlacionan en todas las situaciones ya sea entre individuos o en un solo individuo (Wolpe, 1978; Rachman, 1978). Tercero, cual- quiera de las reacciones componentes puede también ser resultado de formas de estimulación diferentes a la aversiva (Rachman, 1978).

Por otra parte, parece haber poco desacuerdo con respecto a que la adquisi- ción de la mayoría de las respuestas de ansiedad se basan en procesos de condi- cionamiento clásico (Rachman 1978). De acuerdo con esto, un individuo puede "aprender a responder con ansiedad" ante estímulos o situaciones previamente neutras que de alguna manera se han asociado a situaciones aversivas o muy dolo- rosas o desagradables. La ansiedad, por tanto, podría ser conceptuada como un "paquete" de cierto tipo de respuestas posibles que son producidas por estimu- lación aversiva de tipo condicionado (Paul y Bernstein, 1973; Rachman, 1978; Wolpe, 1978).

Se ha sugerido también que muchas conductas de ansiedad son mantenidas por contingencias de reforzamiento por el ambiente físico y social externo. Esto

es claro, por ejemplo, en casos en que ciertossíntomas de ansiedadcomo llanto, estar preocupado, "dolores de cabeza", etc., proporcionan al individuo ganancias secundarias muy necesitadas como el afecto, atención, tolerancia, perdón, etc. (Skinner, 1953). En otras situaciones, sin embargo, la conducta ansiosa parece mantenerse en ausencia de este tipo de reforzamiento o aun bajo condiciones de castigo físico o social como cuando el síntoma produce rechazo, despido de un trabajo, constantes agresiones, creando lo que podría describirse como una acti- tud "masoquista". Para situaciones como esta, una fuente adicional de reforza- miento sutil es postulada por la teoría de los dos factores de Mowrer (1960). Esta teoría sugiere que la ansiedad, como respuesta condicionada de dolor (como el miedo), puede operar como un impulso adquirido capaz de reforzar la conducta operante en la misma forma que la eliminación de un estímulo desagradable puede reforzar conductas de escape o evitación (vía reforzamiento negativo), (Hilgard y Bower, 1950). De este modo, por ejemplo, cualquier operante que per- mita a un individuo evitar con éxito exponerse a la situación aversiva, escapar de la situación, o hacer de alguna manera que los estímulos condicionados aversivos sean removidos de la situación, será negativamente reforzada por las reducciones del estado de perturbación desagradable producidos por los componentes res- pondientes de la respuesta condicionada aversiva.

La teoría de Mowrer (1960) postula que la eliminación de los estímulos con- dicionados (estímulos discriminativos) que señalan o anticipan un estímulo aver- sivo es reforzante debido a que éstos son seguidos por reducciones del estado de "estrés" característico de la respuesta de ansie dad. Así, para muchos individuos el alivio experimentado por la evitación o escape, compensa las consecuencias sociales negativas que a veces operan como castigo a los síntomas de ansiedad. Para Mowrer este es el factor crítico que explica la resistencia al cambio de muchas respuestas de ansiedad.

Es interesante señalar que otros psicólogos (Fantino y Logan, 1979; Catania, 1979; Rachlin, 1976) consideren que la teoría de Mowrer conserva en realidad un "sabor" mentalista debido a que se postula un estado de "experiencia pertur- badora" como mediador determinante de la respuesta de ansiedad vía reforza- miento negativo.

Estos psicólogos proponen mantener un análisis estrictamente conductual concentrándose, ya sea en los efectos de las diferentes contingencias de refuerzo sobre las conductas de ansiedad (o lo que el paciente refiera como ansiedad), o en los efectos de la estimulación aversiva sobre el flujo habitual de interacciones operantes evitando en lo posible el uso de constructos inferidos de ansiedad (Skinner, 1953; Catania, 1979; Ferster y Perrot, 1968). Para ellos, en contraste con Mowrer, el factor crítico en el mantenimiento de la respuesta de ansiedad es la propiedad reforzante de la eliminación o interrupción de los estímulos aversivos (Fantino y Logan, 1979).

Independientemente de que los reforzadores críticos de la conducta de evita- ción sean de naturaleza condicionada o incondicionada, la teoría de Mowrer ha sido útil para entender por qué la conducta neurótica de evitación es tan resis- tente a la extin ción (Rachman, 1978; Kanfer y Phillips, 1970). Con base en ella, se asume que una vez que un individuo experimenta el "reforzante alivio" de sus estados de tensión evitando todo contacto con la situación en forma irracional (p. ej., el estímulo incondicionado nunca está presente), es muy difícil que aprenda respuestas nuevas más apropiadas así como es improbable que la respuesta de ansiedad se extinga.

En resumen, una definición apropiada de ansiedad debe enfatizar que: 1) Es una respuesta compleja y transitoria producida por estimulación aversiva condi- cionada (Wolpe, 1958); 2) involucra un patrón interrelacionado de interacciones respondientes y operantes; y 3) tiene tres tipos de componen tes observables y manipulables. Estos componentes son: fisiológicos (tasa cardiaca o respiratoria aumentada); conductuales (conducta de evitación o alteraciones del flujo habi- tual de conducta operante); y expresivos o informes verbales de la experiencia subjetiva (Reynolds, 1968).

En la situación terapéutica el análisis de estos componentes en sus dimensio- nes físicas posibles (intensidad, duración, magnitud, etc.) y su relación funcional con las contingencias ambientales relevantes conducirá a una mejor comprensión y explicación de lo que ocurre tanto por el paciente como por el terapeuta, y pro- porcionará las bases para el diseño del tratamiento que sea apropiado (Blackman, 1977; Wolpe, 1976). Los diversos procedimientos clínicos que se han utilizado constantemente, enfatizan alguno de los componentes de la respuesta de ansie- dad que se han descrito. En el caso de la desensibilización sistemática (Wolpe, 1958) se enfatiza el control de las condiciones que "gatillan" la respuesta, por un lado, y por otro, los componentes fisiológicos de las respuestas. Otros proce- dimientos, como es el caso de laterapia de inundacióno flooding (Polin, 1959),

desvanecimientoo fading,formación de respuestaso shaping, y aproximaciones sucesivas (Skinner, 1953; Williams, 1973), enfatizan un análisis de las interaccio- nes operantes que están involucradas. En la práctica terapéutica, sin embargo, es posible que se trabaje tanto con respondientes como con operantes, y aún otros procesos de aprendizaje descritos, como se verá más adelante.

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