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La historia del rey Yayat

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Como sabía que la aceptación del trono real lo podía volver ciego a la autorrealización, Yati se rehusó aceptar el gobierno del reino. En consecuencia, su hermano Yayati se volvió el rey y permitió a sus cuatro hermanos menores gobernar las cuatro direcciones.

En cierta ocasión, Sharmista, la hija del rey Vrishaparva, quien era inocente pero enojadiza por naturaleza, caminaba por los jardines del palacio junto con Devayani, la hija de Sukra- charya y otras jóvenes amigas. Los jardines estaban llenos de árboles florales y era habitado por pájaros de cantar muy dulce. Cuando las jóvenes llegaron a la orilla de un estanque con lotos, decidieron jugar en el agua. Después de dejar sus ropas en la orilla, las niñas entraron al lago y comenzaron a disfrutar; se arrojaban agua entre sí y nadaban.

De repente, una de las jóvenes vio al señor Shiva pasar por allí, montado en su toro portador, junto a su esposa Parvati.  Avergonzadas de su desnudez, las jóvenes, rápidamente, salieron del agua y comenzaron a cubrirse con sus vestimentas. En ese momento, la joven Sharmistha, inconscientemente, se puso el vestido de Devayani.

Cuando la hija de Sukracharya se dio cuenta de esto, aira- damente reprendió a la princesa Sharmistha: “¡Oh, sólo miren lo que esta sirvienta Sharmistha ha hecho! Ignorando toda eti- queta, se ha puesto mi vestido. Es igual a un perro que arrebata las ofrendas destinadas a una ceremonia. Nosotras estamos entre los brahmanas calificados, que han creado el universo por su austeridad, y quienes siempre mantienen la Verdad Absoluta en el fondo de sus corazones. Aún así, aunque el padre de esta joven es nuestro discípulo, ella se ha puesto mi vestido.”

Sharmistha se puso muy furiosa después de ser reprendida con palabras tan crueles. Mientras respiraba pesadamente y se mordía su labio inferior, respondió a Devayani: “ú, mendigan- te, sin conocer tu verdadera posición, ¿por qué innecesariamente hablas tanto? ¿Acaso todos ustedes no permanecen en la casa de mi padre, dependiendo de nosotros para su sustento, igual que los cuervos?

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Después, como represalia por estas duras palabras, la furiosa Sharmistha le quitó todas sus ropas a Devayani, la arrojó des- nuda dentro del estanque y regresó a su hogar, junto con sus amigas.

En tanto, el rey Yayati se acercó al estanque. Había deam- bulado por el bosque en una excursión de cacería, tenía sed y quería beber algo de agua. Cuando el monarca vio a la desnuda Devayani dentro del estanque, sorprendido, le ofreció, bonda- dosamente, sus prendas superiores y luego la sacó del agua, to- mándola de la mano.

Después de ser rescatada, Devayani habló a Yayati con una voz llena de amor y afecto: “Oh gran héroe, por tomar mi mano tú me has aceptado como tu esposa. Debido a que nuestra rela- ción ha sido dispuesta por la providencia, no permitas que tenga que ser tocada por otro”. En un principio, al rey Yayati no le gus- tó la idea, pero debido a que el encuentro con Devayani había sido providencialmente dispuesto y a que se sentía atraído por su juvenil belleza, el rey Yayati estuvo de acuerdo en aceptarla, de todos modos.

 Ambos, luego, partieron por separado. Devayani se dirigió a su hogar y, casi ahogada por el llanto, buscó a su padre. Cuando Sukracharya escuchó de labios de su hija acerca del mal compor- tamiento de Sharmistha, su mente se perturbó.

Se condenó a sí mismo por verse obligado a tomar parte en un asunto tan infantil y alabó la vida de aquellos que han renun- ciado a los asuntos mundanos. Entonces, Sukracharya tomó a su hija y ambos partieron hacia el palacio del rey.

El inteligente rey Vrishaparva pudo comprender que Sukra- charya iba hacia su palacio, aunque no sabía si era para castigarlo o para maldecirlo. Por lo tanto, antes de su llegada, salió a la calle y cayó a los pies de su preceptor en un intento por pacifi- carlo. Sukracharya estuvo ciertamente furioso por un momento, pero al ver el humilde y sumiso comportamiento de Vrishapar- va, abandonó su enojo y luego dijo: “Mi querido rey, por favor cumple el deseo de Devayani. Debido a que es mi hija no puedo descuidarla.”

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Vrishaparva dio su consentimiento y esperó las palabras de Devayani. La hija de Sukracharya, luego, expresó su deseo: “Cuando me case por la orden de mi padre, mi amiga Shar- mistha debe venir conmigo como mi sirvienta, junto con todas sus compañeras.”

Vrishaparva, sabiamente, pensó que el disgusto de Sukra- charya sería peligroso, mientras que complacerle le traería ga- nancia material. Por lo tanto, cuando su preceptor dio a su hija en matrimonio al rey Yayati, el rey Vrishaparva hizo a Shar- mistha ir con Devayani, junto a las otras jóvenes que le acompa- ñaban, para que la sirvieran como esclavas. En el momento de la boda, Sukracharya le advirtió a Yayati: “Mi querido rey, toma mi consejo y nunca permitas que la joven Sharmistha se acueste contigo en tu cama.”

iempo después, Devayani dio a luz a un lindo hijo. Al ver esto, Sharmistha también deseó tener hijos. Así que se aproxi- mó a Yayati, en un lugar apartado y en un momento apropiado para la concepción, y le imploró que le diese un hijo. A pesar de recordar la advertencia de su suegro, Yayati consideró que la unión con Sharmistha era el deseo del Supremo, y tuvo relacio- nes sexuales con ella.

Más tarde, cuando la orgullosa Devayani supo, por varias fuentes, que Sharmistha estaba embarazada de su esposo, se puso frenética de ira. Después de alterar toda la vida en el pala- cio, partió hacia la casa de su padre. El lujurioso rey Yayati siguió a su esposa. Luego de alcanzarla, trató de apaciguarla con pala- bras muy dulces y con suaves masajes en sus pies, pero Devayani no podía ser pacificada por tales medios. Continuó su camino hasta llegar a la casa de su padre.

Cuando Sukracharya comprendió toda la situación, repren- dió airadamente al rey Yayati: “¡Idiota, mentiroso, codicioso de mujeres! Debido a tu gran falta, te maldigo. Inmediatamente serás atacado por la invalidez y la vejez.”

El rey Yayati suplicó: “Oh, erudito y adorable sabio, yo aún no he satisfecho todos mis deseos lujuriosos con tu hija.”

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favorable para su hija. Por lo tanto, él respondió: “Como conce- sión, tú puedes intercambiar tu vejez con alguien que esté dis- puesto a transferirte su juventud.”

 A través de Devayani, Yayati había procreado dos hijos lla- mados Yadu y urvasu; y a través de Sharmistha tuvo tres hijos llamados Druhyu, Anu y Puru. Yayati, primero, fue y pidió a su hijo mayor: “Mi querido Yadu, por favor, dame tu juventud a cambio de mi vejez e invalidez, ya que, aún no he satisfecho todos mis deseos sexuales. Si eres misericordioso conmigo, yo podré utilizar tu juventud y entonces disfrutar la vida por unos pocos años más.”

 Yadu estaba listo para aceptar el pedido de su padre, pero también deseaba ocuparse completamente en el servicio devo- cional al Señor y acelerar la aparición del Señor Krishna en su dinastía. emía que sus deseos insatisfechos pudieran llegar a ser un impedimento ara sus planes. Por lo tanto, le respondió: “Mi querido padre, yo no puedo darle la bienvenida a tu vejez e invalidez, porque, a menos que uno haya disfrutado la felicidad material, no puede alcanzar la renunciación.”

El rechazo de Yadu al pedido de su padre fue de acuerdo a sus principios religiosos. Por otra parte, urvasu, Druhyu y  Anu, sin tomar en cuanta la religión, se negaron debido a que consideraban su pasajera juventud como eterna. Luego Yayati se aproximó a Puru, quien era menor que estos tres hermanos, pero más calificado. El rey le dijo: “Mi querido hijo, no seas desobediente como tus hermanos mayores. Ese no es tu deber”. Puru respondió: “¿Quién en este mundo puede pagar la deuda que tiene con su padre? Es por su misericordia que uno obtiene el cuerpo humano, a través del cual uno puede volverse un asociado de la Suprema Personalidad de Dios. Un hijo que se anticipa a los deseos de su padre y luego los ejecuta, es de pri- mera clase. Uno que actúa solamente después de recibir la orden de su padre, es de segunda clase, y uno que ejecuta la orden de su padre irreverentemente, es de tercera clase. Pero, un hijo que se niega rotundamente a obedecer la orden de su padre, no es mejor que cualquier desperdicio del mundo.”

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Después de tomar la juventud de Puru a cambio de su vejez, el rey Yayati se volvió el emperador de toda la tierra, consistente en siete islas, y gobernó a sus súbditos igual que un padre afec- tuoso.

Con fortalecidos sentidos, el rey Yayati disfrutó de la mayor cantidad de felicidad material posible en la compañía de su que- rida esposa. Con su cuerpo, su mente y sus sentidos, acompaña- dos de diversas facilidades materiales, Devayani siempre daba a su marido tanto placer sensual como él deseara.

El rey Yayati también ejecutó muchas ceremonias sagradas y dio abundante caridad a los brahmanas para la satisfacción del Señor Supremo. Aunque, externamente, el rey Yayati parecía ser muy adicto al disfrute material, internamente deseaba volverse un eterno sirviente del Señor Narayana, para adorarlo sin mo- tivo material.

El rey Yayati gobernó la tierra por mil años. Aún así, a pesar de ocupar su mente y sentidos en disfrutar objetos materiales por tan largo periodo de tiempo, supo que nunca podría alcan- zar la plena satisfacción. Aunque el rey había sido muy apegado a las mujeres, en el debido curso del tiempo, se sintió disgustado con el goce sexual y de sus efectos adversos.

Mientras pensaba en renunciar al modo de vida materialista,  Yayati le dijo a Devayani: “Mi querida esposa, he sido cautivado por tu belleza, y por lo tanto, he olvidado la principal de las tareas: la autorrealización. Una persona lujuriosa no puede sa- tisfacer su mente, incluso, aunque posea cantidades suficientes de todo lo que es deseable, dentro del mundo entero. Así como cuando se le echa combustible al fuego este no lo disminuye, más bien lo incrementa más y más; el esfuerzo por saciar los deseos lujuriosos con continuo disfrute, solamente los agrava. Por lo tanto, uno debería, voluntariamente, cesar de tratar de complacer sus deseos de disfrute sensual, si es que tiene la es- peranza de liberarse de ellos. Por supuesto, es muy difícil, para aquellos que son muy apegados al disfrute material, abandonar tales actividades de gratificación sensual. Incluso, cuando uno es inválido debido a la vejez, no puede abandonar tales deseos

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de placer sensual, porque ese ha sido el hábito de toda su vida.” “Alguien que, verdaderamente, desea volverse feliz, debe abandonar tales deseos insatisfechos, y necesita saber muy bien que ellos son la causa de todas las perturbaciones. Uno debe ser cauteloso en el trato con el sexo opuesto. Los sentidos son tan fuertes que, incluso, aunque uno pueda ser muy avanzado en conocimiento, puede ser atraído por deseos sexuales.”

“Mi querida esposa, incluso aunque yo he pasado mil años de disfrute y gratificación sensual, mi deseo por disfrutar de tales placeres aún se incrementan, día a día. Por lo tanto, ahora debo abandonar tales deseos y meditar en la Suprema Personalidad de Dios. Libre de las dualidades mentales y desprovisto del falso prestigio, debo retirarme y deambular por el bosque. Alguien que sabe que la felicidad material, sea piadosa o impía, en la tierra o en el cielo, en esta vida o en la próxima; es temporal e inútil, no debería considerarla, ni hablar de ocuparse en ella. Él es el verdadero conocedor del ser.”

Después de hablar a su esposa, el rey Yayati, quien estaba ahora desapegado de todos los deseos materiales, llamó a su hijo Puru y le regresó su juventud, a cambio de su vejez. Yayati, luego coronó a Puru como el emperador del mundo e hizo a sus hijos mayores subordinados del rey en las diferentes direcciones. Incluso, aunque el rey Yayati estaba acostumbrado al dis- frute sensual, debido a que había sido indulgente por muchos muchos años, lo abandonó completamente en un solo momen- to, así como un pájaro vuela alejándose de su nido tan pronto como sus alas han crecido. Esto fue posible porque el rey Yayati se rindió a sí mismo a los pies de la Señor y alcanzó entonces su posición original de asociado del Señor. Después de escuchar de su esposo, Devayani comprendió el significado de sus palabras y también fue despertada a la autorrealización. Como una leal esposa, ella siguió los pasos de su esposo y, por lo tanto, también abandonó su imaginaria posición en el mundo material y fijó su mente en el Señor Supremo. Entonces, por la misericordia del rey Yayati, Devayani no fue solo rescatada del estanque, sino que también logró la liberación del cautiverio material.

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